OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Enero 2010. Antilde;o cuatro. Número once

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Datos de la revista, enero 2010, año 4, número 11
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José María Merino

 

por Alberto García-Teresa

Página 1

Esta entrevista se realizó el 30 de mayo de 2002 para aparecer en el número 6 de la revista 2001(septiembre/octubre 2002), aunque el texto que allí se recogió sólo contenía un tercio del total de la entrevista grabada.<

Accesible y entrañable, Merino nos recibe en su casa y nos lleva a su estudio para mantener allí la entrevista. Se trata de una habitación no muy grande pero atiborrada de libros, tanto en estanterías como amontonados en el suelo. Su gato negro, que estaba allí dormitando, decide, ya que habíamos interrumpido su siesta, comenzar en ese momento su carrera de modelo tratando de llamar la atención y posando ante la cámara mientras Merino habla.

El escritor, sereno aunque con una viveza tangible, se muestra como un entusiasta lector abierto y sin prejuicios, sediento de buena literatura provenga de provenga. Además, cuenta con la mágica capacidad de transmitir ese entusiasmo a quien le escucha.

El literato comienza hablándonos de su afición por la ciencia-ficción.

 

José María Merino: Fíjate, en la época en la que yo era lector había cantidad de revistas... por ejemplo, de Nueva Dimensión tengo prácticamente completa la colección. Aquí no, porque tengo otro sitio donde tengo los tebeos y la ciencia-ficción. Lo tengo todo allí. Yo tengo muchísimas novelas de Nebulae, de todas aquellas colecciones, incluso de aquellas que hacían estos americanos, Novaro, los de La pequeña Lulú y todos estos... Tú esa época no la conocías porque no existías, claro, pero ahí estaba Novaro que tenía cosas muy interesantes, por ejemplo, cuentos de Fredric Brown. De gente muy buena, muy buena. Eran unos libros malísimos pero con unos contenidos buenísimos.

 

Antes de nada una duda. Tú naciste en La Coruña pero siempre te reconoces como leonés...

Yo soy leonés de La Coruña. Nací en La Coruña  por azares de la Guerra Civil, de que mi padre se fue allí y conoció a una señora de Galicia, pero yo soy leonés y he vivido mucho en León, aunque también he vivido en Galicia y Asturias. Al año ya me fui para León. Digamos que mi vinculación sentimental es sobre todo leonesa.

 

Sobretodo a partir de Los invisibles se detecta cierta evolución en tu particular interpretación de la realidad, al presentarnos los hechos desde el elemento fantástico y no desde el mundo empírico. ¿No tienes miedo a repetirte al hondonar continuamente sobre los mismos temas?

Hombre, yo creo que las obsesiones son de uno. Las ideas de referencia que tienes sobre el mundo son las que determinan un poco lo que haces en la escritura, así que seguramente uno siempre anda dando vueltas a los mismos temas. Y, por otra parte, yo creo que los temas ya se han contado siempre; son los mismos temas. Los mitos con los que empezamos a entender el mundo, cuando empezamos a imaginarnos los símbolos los seres humanos, siguen siendo exactamente los mismos. Y yo creo que el repertorio de todo está seguramente en La Odisea o en el Ramayana. Ahí está todo, todo lo que nos podemos imaginar. Pero yo creo que, cada generación, vuelve a dar vueltas, otra vez, a los mismos temas porque, en definitiva, los problemas del ser humano son los mismos. Y siempre serán así. Todos los problemas de la inseguridad en el mundo, la enfermedad, la muerte, la injusticia, la crueldad.... Y no, no me da miedo, porque a mí lo que me gusta es cambiar siempre de género o de estilo. Cuando acabo una novela, hago otra cosa completamente distinta. Siempre me he encontrado cómodo en ello. Lo que he visto con los años es que, seguramente, cuando uno se va haciendo viejo, ya tiene una cierta perspectiva para conocerse mejor a sí mismo y para poder manejar mejor su trabajo. El tratar un tema no es algo preterintencional. No es que yo me diga: "Voy a escribir una novela sobre la pérdida de la identidad". Por ejemplo, la novela que voy a sacar en febrero del año que viene, que se llama El heredero. Pues yo no pensé en escribir una novela sobre la identidad. Se había acabado el siglo XX y me apetecía hacer una novela que fuese la historia de una familia en el siglo XX: un abuelo que emigra a Puerto Rico y el bisnieto que cuenta la historia, que va a ir a trabajar a Estados Unidos. Me gustó contar esa historia, de cuatro generaciones, pasando por el medio la Guerra Civil y todo lo terrible que fue el siglo XX español, con todas las cosas que tuvo. Yo comencé a escribir esa novela y cuando terminé me di cuenta de que es una novela sobre la identidad.

 

Sí, que salió solo.

El indiano que regresa es un tema perfecto para hablar de identidad. El chico joven que, por razones de trabajo y tal, se va afuera, al sitio que sea; el emigrante, tiene un problema de identidad. Las guerras que ha habido en España, los conflictos que hemos tenido a lo largo del siglo XX son conflictos de identidad y todavía en España los estamos viviendo: que si la identidad vasca, que si la identidad catalana... Yo creo que son temas que están en el mundo y, cuando trabajo, resulta que acabo cayendo, más o menos, en el tema. Pero, cuando veas esa novela, te darás cuenta de que no tiene nada que ver con ninguna de las que he escrito antes.

 

Tú ya lo has comentado, se te ve una persona muy inquieta: has trabajado novela, novela juvenil, novela infantil, cuento, poesía, periodismo... Nunca te has ceñido a nada. Digamos que no te has conformado con nada, ¿no?

Yo no presumo de ello, pero siempre que hablo con gente joven lo digo: profundizad, no perdáis la curiosidad. La curiosidad es fundamental, en el mejor sentido; el intentar entender las cosas que nos rodean, conocer otros sitios, conocer más gentes, saber cómo es la vida. Y yo es que sigo teniendo muchísima curiosidad. El día que pierda la curiosidad, se perdió el motor. En literatura me pasa igual, me gusta intentar cosas nuevas. Es una manera de experimentar. Ahora, después de Días imaginarios, he empezado a profundizar más en los cuentos cortos. De terror, algunos, si se pudiese llamar así, de fantasía científica o cercanas a la fantasía científica... Porque son cosas que nunca había hecho antes, y yo creo que, en literatura, la cosa más aburrida del mundo sería acabar una novela y empezar otra. He terminado esa novela que voy a sacar, voy a estar trabajando todo este año en relatos cortos y luego probablemente me meteré en otra novela. Estoy empezando a darle vueltas, lentamente, en la cabeza. Pero, a mí me gusta cambiar y hacer algo que no haya hecho antes. No sé si será un mérito o una virtud, pero a mí me ayuda a funcionar. Si me tuviese que repetir otra vez, me aburriría como una ostra. Porque yo escribo, entre otras cosas, porque me lo paso muy bien escribiendo.

 

El cuento siempre ha gozado de una dedicación especial por parte tuya; sobre todo si tenemos en cuenta tu labor de recopilador de Cien años de cuentos. Antología del cuento español en castellano (1898-1998) y Los mejores relatos españoles del siglo XX.

Sí, en realidad a esta última yo no la llamé así. Son diecisiete relatos que recopilé pensando en que la pudiesen utilizar los estudiantes, que fuese una cosa para que pudiesen entrar en la literatura, pues yo pienso que el cuento es una puerta estupenda para la literatura. Sí, el cuento me parece "el género humano". Los seres humanos empezamos contando cuentos y si algún día, desgraciadamente, desaparecen los libros y la literatura y volvemos a las cavernas, seguiremos contando cuentos. Eso está en nuestra condición. Luego la novela es otro aparato literario, por supuesto, no inferior ni superior. Pero yo siempre digo que el cuento es la sal de la literatura; en el cuento está la sal de la literatura.

 

¿Cuánto hay de ti en el pensamiento de tu personaje el profesor Souto?

Yo diría que el profesor Souto es una sombra, es ése que no quiero ser pero que va conmigo. Es un poco mi, modestamente -porque no ha cometido, por ahora, que sepamos, ningún crimen-, Mr Hyde particular [risas].

 

Se va viendo que cada vez va cogiendo más protagonismo. ¿Esto va a derivar en un protagonismo absoluto en una novela o todavía no?

Por ahora lo tengo controlado. Aunque, últimamente, por ejemplo, me encargaron un cuento sobre el tabaco y resulta que el protagonista que me salió es el profesor Souto, que había dejado de fumar. El profesor Souto es algo que, de pronto, se aparece como cualquier persona por ahí. Tú estás pensando en algún cuento y dice: "Chist, ése es mío".

 

¿Apoyas tu interpretación de la realidad como algo inestable y confuso en alguna teoría filosófica o sólo la utilizas como material literario o un poco de todo?

Hombre, es mi simpatía con determinadas teorías. Hay un cuento precioso, que ha sido importantísimo para todo el bagaje fantástico occidental, que es el cuento chino de Chuan Tzu, muy viejo, que seguramente conocéis. Dice que Chuan Tzu soñó que era una mariposa y cuando despertó no supo si era Chuan Tzu que había soñando ser una mariposa o una mariposa que estaba soñando ser Chuan Tzu. Yo creo que de ese cuento sale muchísimo pensamiento, muchísima fantasía; que en ese cuento está un poco el origen de todo lo metaliterario. La mezcla de la realidad y de la vigilia y de la realidad y el sueño, la realidad que tocamos y la realidad que soñamos. La realidad virtual y la realidad real. Pues a mí ese cuento y cuentos de ese estilo siempre me han fascinado. Por otra parte, simpatizo mucho con el pensamiento oriental, con el pensamiento hindú. No en vano tengo ahí a Shiva encima de la mesa. Esa idea de los occidentales, gracias a la razón y a la lógica, tan dura, tan perfecta y tan construida del mundo, yo siempre la pongo en duda. Yo creo que el mundo, la realidad, es bastante más misteriosa y escurridiza. La realidad no es de una pieza. Eso sí, el dolor, el terror... Todo eso sí es de una pieza, pero se inscribe en una realidad mucho más confusa. Vivimos en un mundo en el que todos podríamos ser felices y la inmensa mayoría de la gente es infeliz, pero no hay razón para ello; el mundo podría ser un sitio de felicidad.

 

¿Llegas a ver posible lo que ocurre en "Las palabras del mundo", donde el profesor Souto enloquece y desaparece al interpretar todo como una cacofónica sucesión de sonidos?

Las palabras dejan de tener significado, y al perder significado, la realidad desaparece. Yo creo que sí, que es cierto. Los seres humanos nos hemos apropiado del mundo con las palabras, dando nombres a las cosas... Contando cuentos. El cuento, la narración, la ficción, es fundamental para hacernos con el mundo. En definitiva es el símbolo; los seres humanos nos hemos apropiado del mundo a través de los símbolos. Cuando prevalecen los malos símbolos, en el nombre de los cuales la gente mata a su prójimo, horrible. Pero todo, los cuentos, las ficciones, las historias, están hechos de elementos simbólicos. Si los seres humanos perdiésemos los símbolos, volveríamos al mono. Yo creo que el símbolo y la ficción, las palabras, son las que nos han hecho Homo sapiens. Si perdemos las palabras, perdemos nuestra condición, de eso estoy convencido [este concepto está más desarrollado en el texto "Homo narrans" contenido en Días imaginarios- nota del entrevistador]. Ese cuento es, un poco, una alegoría de ese asunto.

 

En tus textos se ve que sigues una estructura muy estudiada, tratada con mucho cariño, llena de premoniciones, de símbolos... Yo siempre he hablado que lo que hay es unfatum fantástico ahí. ¿Qué vinculación tienes con la tragedia griega?

La de lector. Toda la vinculación que tengo con la literatura es la de lector y soy heredero, mejor o peor, de todo lo que he leído. Incluso de lo que no he leído. Yo creo que, en una cultura como la nuestra tan llena de arquetipos literarios hasta los que no leen están empapados de literatura. A mí los griegos me han interesado mucho, pero he leído más el Siglo de Oro, por ejemplo. Pero claro, el Siglo de Oro está también empapado de elementos de la Antigüedad. Yo siempre digo que los que trabajamos con lo fantástico tenemos la servidumbre de que los elementos de lo fantástico son cinco o seis. No hay más. A veces, la ciencia-ficción abre una línea diferente. La ciencia-ficción se construye como una utopía, juega con elementos de lo posible; proyecta. Pero, en definitiva, los temas son, seguramente, el doble, el fantasma, la metamorfosis, la invisibilidad, los cruces espacio-temporales, el monstruo, los objetos cargados de posibilidades, las casas cargadas de posibilidades, los escenarios cargados de posibilidades mágicas... Todos los que trabajamos con lo fantástico trabajamos con los mismos ingredientes. Es una cocina donde ya están dados los ingredientes. Cada uno la maneja de una manera o de otra.

 

Entonces te parece bien la clasificación que hizo Louis Vax, no recuerdo bien, sobre los temas de lo fantástico, que son casi los mismos que tú estás enumerando.

Pues sí, hay unos cuantos temas de lo fantástico. Yo siempre cuento que Borges hereda una visión tremenda de un cuento de Patronio en Libro de Patronio y el Conde Lucanor, que es "Don Illán y el deán de Santiago", que es uno de los cuentos inmortales del género fantástico. El deán de Santiago va a ver a don Illán para que, con la magia, le ayude a mejorar, a ascender. Éste dice: "Muy bien". Entonces llaman a don Illán y dicen: "Deán, es usted obispo". Pero el mago ha quedado con él: "Yo le ayudo a usted pero cuando llegue a donde va a llegar me va a ayudar a mí". Llega a arzobispo, llega a cardenal, llega a papa. Y el día que está en la silla gestatoria le dicen que viene un mago a verle. El mago dice: "Bueno, ya ha llegado usted a papa, ahora, a ver. Yo tengo un sobrino que está en el paro, a ver si me puede ayudar". Y entonces dice: "Usted es un mago indecente y voy a ordenar que lo quemen". Y entonces dice el mago: "Pues entonces me voy a cenar yo las perdices que me está preparando la cocinera". Y, de pronto, desaparece todo, no están en Roma, están en el estudio del mago y todo ha sido una proyección mágica, pero como don Illán no nos cuenta eso, el lector lo lee como si realmente hubiera habido en el tiempo esa proyección y, de pronto, el tiempo se cortase y retrocediese. Bueno, pues ese cruce espacio-temporal, que seguramente es de origen indoeuropeo, seguramente de la India; eso, ha influido muchísimo en Borges. Él y también Cortázar tienen cantidad de cuentos así. Y la ciencia-ficción está llena de cuentos donde hay un cruce espacio-temporal. Pues realmente eso, fíjate, proviene del siglo XIII. En el siglo XIII, ya un señor recogió esa historia que, no sé, seguramente, no se la inventó, que era una historia popular que estaba en los cuentos populares. En la panoplia fantástica llevan muchos años los fantasmas, los aparecidos, los monstruos... Pues están ahí desde Homero, o antes. Cada época le da un aire nuevo. Y, a partir de los románticos, yo creo que los escritores hemos metido lo fantástico en la realidad, en lo cotidiano, cosa que antes era menos común. Antes todo era más maravilloso. Yo recuerdo un cuento árabe recogido por Irving, en el que hay unas jugadas de ajedrez y el juego de ajedrez se corresponde al juego del mundo, al juego de las batallas [incluido, junto al cuento de Chuan Tzu, en la Antología de literatura fantástica seleccionada por Borges, Ocampo y Bioy Casares y publicada por Alianza - nde]. Es decir, que esto es seguramente un arquetipo que tengo ahí metido o a través de lecturas o casi inconscientemente.

 

Novela de Andrés Choz me parece una propuesta muy arriesgada como primera novela y como primer trabajo narrativo de un, hasta entonces, poeta. A mí personalmente, me llamó mucho la atención la cantidad de reflexiones sobre la creación literaria, sobre la teoría de la literatura... Recuerdo cuando Choz grita: "¡Abajo todo! ¡Viva la literatura!"... Además, está muy elaborada, muy trabajada... Aparte del Premio Novelas y Cuentos, ¿qué respuesta tuvo y qué relevancia ves tú que le han dado?

Pues tuvo una repercusión en pequeños círculos. Ahora me ha hecho enorme ilusión cuando el otro día me llamó un amigo y me dijo: "Oye, acaba de salir un libro con los mejores libros de ciencia-ficción", que no lo tengo, "y meten la Novela de Andrés Choz" [se trata de Las 100 mejores novelas de ciencia-ficción del siglo XX, La Factoría de Ideas, Madrid, 2001 – nde] Caramba, hay que vivir treinta años para ver eso. Porque en realidad yo escribí una novela que era metaliteraria. Efectivamente, fue un experimento. Yo era entonces un devoto de la ciencia-ficción. Me había leído todo. No es que no lo sea ahora pero ya no encuentra uno los Brian Alddiss o los Arthur C. Clarke o los Fredric Brown, los Asimov, ya eso no. Los grandes clásicos fueron aquellos. Bueno, pero quise hacer una novela que, si uno la leía desde la literatura, fuera una novela literaria, y, si uno la leía desde la ciencia-ficción, fuese una novela de ciencia-ficción. Yo la hubiese ilustrado con un dibujo de Escher, de esa realidad que por un lado tiene una perspectiva y por otro lado mantiene la misma perspectiva pero totalmente contraria. Eso lo quise desde el primer momento. ¿Cómo fue recibida? Le dieron el premio, la respetaron mucho, tuvo buena crítica, empezaron a estudiarla en Estados Unidos, porque es una novela que empezaron a estudiarla como metaliteratura, pero nadie, jamás, la había mirado como novela de "fantasía científica", como me gusta decir a mí más que "ciencia-ficción". A mí eso me hace ilusión porque pienso que en España la gente ha vuelto a leer ciencia-ficción e incluso, los de la ciencia-ficción, se han leído una novela tan dura de pelar como ésta [se ríe].

 

El libro está publicado por La Factoría de Ideas...

Sí, La Factoría de Ideas. Me lo han dicho hace un par de días, que he estado de viaje, pero lo quiero buscar para comprarlo porque me apetece tener ese libro, como es natural. Cuando la escribí, quería las dos cosas porque sabía que en España no había, por supuesto, nivel de conocimiento como para leer como Novela de Andrés Choz laNovela de Andrés Choz porque la gente que leía ciencia-ficción era muy de género. Pensé, a lo mejor algún día alguien es capaz de hacer la doble lectura de la novela. O sea, que ahora la han hecho y, realmente, me han dado una alegría.

 

En ese mismo libro, el escritor Andrés Choz hace vivir a su personaje el Hermano Ons una sensación de soledad, de melancolía, como la que está él viviendo; y, además, le enmarca en un conflicto amoroso similar al que el propio escritor está sumido. Yo, por un lado, deduzco que defiendes que la literatura, irremediablemente, tiene que ser autobiográfica. En el hecho de que Andrés Choz, al crear un personaje, esté reflejándose a sí mismo o la situación que está viviendo, veo -en la poesía es obvio, pero también en la novela- que el autobiografismo es algo irremediable.

Bueno no, no creo... Lo que pasa es que la literatura se nutre siempre de la experiencia personal. No quiere decir eso que lo que le pasa a tus personajes te pase a ti, pero qué duda cabe de que tú te alimentas de lo que ves, de lo que escuchas, de lo que conoces, de lo que vives. Te alimentas de eso, aunque luego lo transformas en otra cosa. Yo creo que hay que distinguir claramente vida y literatura. No me enteré de la clave deAndrés Choz hasta después de haber terminado de escribirla. A mi lo que me gusta de las novelas es que descubro cosas que yo no he previsto en el plan. La clave de la novela es que Andrés Choz y el Hermano Ons son el mismo personaje. El personaje se suicida convirtiéndose en un ser humano y el ser humano que aparece es el que va a escribir la historia de ese personaje. Entonces, claro, tiene mucha importancia la autobiografía, digamos, de Andrés Choz porque Andrés Choz es la forma humana en que se ha suicidado el Hermano Ons.

 

Yo la había visto como que había una similitud, pero no una confluencia...

Tenía que haber sido más explícito pero no quise serlo. Pero esa novela es, primero, una novela de ciencia-ficción y una novela literaria al mismo tiempo, que la puedes leer desde los dos lados. Segundo, un personaje escribe una novela y el personaje de la novela que escribe es el mismo que el personaje. Toda ella está pensada para que todo esté confluyendo continuamente. Y de esa confluencia yo no me enteré hasta que no terminé el primer borrador. Cuando terminé el primer borrador me di cuenta de que este tipo está escribiendo la historia de él, sin saber que él es ese. Aquello que fue, de lo que él estaba escribiendo, transformado es él.. Ahora, si la gente la lee y tampoco ve eso, me da igual, porque muchos de los lectores leen cosas que los escritores no hemos puesto y muchas veces los lectores no ven cosas que nosotros hemos querido poner. Pero esa es la clave de la novela.

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Sumario

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El flamenco y América Latina: un habla de ida y vuelta

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Condenado por tener hambre: Pánfilo, el estado peligroso y la situación de los cubanos negros

Leonel A. de la Cuesta

Contra la impunidad

Sanjuana Martínez

Por una nueva concepción de la Sociedad, el Estado y el Derecho cubanos

Faisel Iglesias

¿Quién es Herta Müller?

Esther Andradi

La nueva utopía: Un día sin mexicanos & A wonderful world

Alfredo Antonio Fernández

Unos escriben

José María Merino

Otros miran

Gustavo Acosta

OtroLunes conversa

con Alejandro Aguilar

“No soy un escritor de academia”

con Alberto Chimal

“Renunciamos a nuestro libre albedrío para eludir responsabilidades”

con Lina de Feria

“No me arrepiento de nada”

con Manuel García Verdecia

“Nací en Marcané, en el batey de un central azucarero”

con Armando León Viera

“Viví diecisiete años como exiliado en mi ciudad natal”

con Juan Aparicio-Belmonte

“Mi fuerte no está en lo romántico”

Punto de mira

Ese imaginario llamado América Latina

 

Antonio Caballero
Antonio Skármeta
Eduardo Antonio Parra
Fernando Butazzoni
Javier Reverte
Leonardo Padura
Moacyr Scliar
César Verduguez

Cuarto de visita

Literatura Guaraní

En la misma orilla

El Diván, de Narrativa
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Volar y Casting

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Fragmento de Novela

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Cine y literatura

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La tragedia de Regina

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Relato

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Manual para niños rusos

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El Socialismo es Inviable, según las propias leyes de la Dialéctica Marxista

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De lunes a lunes

Anunciados en La Habana los Premios Alejo Carpentier y Nicolás Guillén

Actividades de cierre del 2009 en la editorial Iduna

Anatomía de un instante, de Javier Cercas, libro del año 2009 en España

Círculo de Bellas Artes de Madrid acoge la poesía de Juan Antonio Villacañas

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La pasión según Georg Trakl: Poesía y expiación

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Pájaro relojero. Poetas centroamericanos

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