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Me llamó mucho la atención en una novela corta que apareció en Cuatro nocturnos, "La dama de Urz", el profesor Souto, otra vez, cuando sale de la rutina, cuando abandona su camino habitual para ir a la editorial para comprar el periódico que se había agotado, es cuando se encuentra con la aventura, cuando se encuentra con lo extraordinario ¿Tú crees que esta sociedad de ahora mecanizada y alienante destruye nuestra imaginación y sólo saliéndonos de ella es posible la magia? ¿O por el contrario, la misma alienación lo que hace es fomentar la evasión y fomentar la imaginación y la fantasía?
No, yo creo que no. Ojalá. La sociedad en que vivimos ya no quiere que soñemos. Y, además, nos vende cosas que sustituyen a los sueños. Y está muy bien, porque nos da confort. O sea, podemos ya soñar que tenemos un coche velocísimo, aún no podemos ir más deprisa porque las carreteras no lo permiten, pero tenemos una sociedad que nos da sueños. A cambio de dinero, naturalmente, porque ese dinero es el precio de nuestro trabajo y toda esta cadena. Si queremos viajar a lugares exóticos, ya nos programa perfectamente el viaje. A lo mejor nuestros abuelos no podían haber ido a visitar, no sé, el Indostán; nosotros podemos ir, pero nos lo dan todo como una especie de tableta. Todo organizado, todo montado, todo esquematizado. Por eso yo defiendo tanto la literatura y la lectura, porque la lectura es una forma de evadirse, en el mejor sentido, es una manera de salir de excursión, en un sentido no predeterminado, en un sentido no dentro de los circuitos, porque ahora en el mundo todo son circuitos, todo son cosas absolutamente previstas. Hombre, hay gente que se evade, pero la mayoría no. Y estaría muy bien que la gente, de vez en cuando, desenganchase y soñase. Pero como se soñaba antes, sin necesidad de que te den un objeto que sustituya al sueño. Sueñe usted por libre. Si, además, todas las cosas buenas del mundo, incluso los objetos que nos vende la sociedad industrial están hechos de sueños. La gente ha inventado el ordenador, que parece un sueño, pero es absurdo que el ordenador, en vez de servirnos para soñar mejor y para evadirnos nos sirva para no soñar. Las cosas hechas con sueños nos quitan sueños, al mismo tiempo. Es una tremenda paradoja. Pero yo creo que sí, que hay que salir de la rutina. Y no hacerlo heroicamente, sino hacerlo con un poco de sistema. Decir, ahora me voy a salir de la rutina; esta vez no voy a seguir la autovía, voy a ver qué pueblo es ése que se llama... lo que sea, voy a ver qué es. Hay que salirse de la autovía.
Entonces, ¿crees en la capacidad subversiva de la literatura?
Sí, creo que la literatura es subversiva siempre. No hace falta que hable de revolución, todo lo contrario. Muchas veces la literatura que habla de la extrema realidad no es buena. La literatura tiene que transmitirnos siempre un mundo simbólico. La gran literatura, sea literatura realista o sea literatura fantástica, es la que nos manda contenido simbólico. El otro día, me encargaron una cosa en el Hospital Ramón y Cajal para que hablase de mi literatura y dije: "No, voy a hablar de Ramón y Cajal". A Ramón y Cajal le fascinaron, y él no supo porqué nunca, Robinson y Don Quijote. ¿Por qué? Porque Robinson es el hombre que coloniza la isla salvaje y Don Quijote es el hombre que lucha por sus sueños. Bueno, pues el personaje, seguramente, si lo analizas, ves que su obra, con un microscopio y sin medios, está hecha de esfuerzo, de talento, pero también de que él es un Robinson, y quiere ser Robinson. Y yo creo que la literatura siempre nos ayuda a formar esos símbolos que nos ayudan a vivir; y, seguramente, que nos ayudan a vivir a pesar del sistema, del mundo que nos rodea. La literatura no sé si es subversiva pero, desde luego, siempre nos ayuda a ver el mundo de otra manera, a relativizar las verdades absolutas, a criar un sano escepticismo, incluso a viajar de una manera que la realidad no nos permite. Además, yo creo que, cada vez, al ser humano le quedan menos elementos de estos. El arte y la literatura es lo poco que nos queda todavía de internacionalista, de subversivo, en ese sentido, de contestatario, de libre.
En Novela de Andrés Choz del planteamiento general (Andrés Choz escribe su novela en soledad pero va escribiendo a un amigo suyo cómo va evolucionando el texto) se deduce que expresas la necesidad de que la creación literaria sea algo o bien cooperativo o bien compartido, pero nunca un acto solitario y exclusivo del escritor. Es decir, que no debe ser algo que se guarde el autor dentro de sí. ¿Es así?
¿Quieres decir en el sentido de que la obra del autor tiene que ser leída?
No, me refiero a la hora de crearla, no sólo de comunicar lo que se ha querido expresar en el texto.
Yo quiero compartir mis ideas con la gente, pero eso depende de los lectores. Seguramente, si tengo muchos lectores compartiré mis ideas con mucha gente; si tengo pocos lectores, compartiré mis ideas con poca gente. Desgraciadamente yo escribo lo que escribo, no pretendo ganar lectores ni perderlos. Si tengo más lectores, bien; si tengo menos, es mi problema, pero no pretendo ganarme lectores. Yo pretendo expresar las cosas en que creo y que siento y pienso que, a lo mejor, sí son comunicables y son compartibles. Pero esa idea de compartir no es la idea que prevalece en mí a la hora de escribir. A la hora de escribir lo que prevalece en mí es intentar expresar eso que quiero decir. Es mi mayor problema; intentar poner en limpio, la idea que quiero decir. No sé si te he entendido...
Bueno, yo me refería un poco más a lo que ocurre con la literatura oral, lo que ocurre con el romance, por ejemplo. A mí siempre me ha llamado mucho la atención que es un texto que el pueblo lo va reelaborando y modificando a su antojo, con cada nuevo recitado. Pero, volviendo a ti, ¿te sigue entusiasmando tanto la literatura oral?
Sí, a mí me gusta mucho la literatura oral. Me gustan mucho los romances y las leyendas (he recopilado un libro de leyendas [se trata deLeyendas españolas de todos los tiempos, editado en 2000 por Temas de Hoy – nde]). Utilizo elementos que, seguramente, están en el imaginario colectivo desde hace mucho tiempo. Los pongo en forma de novela y los transmito. Porque la novela es un corpus literario, escrito, que hemos inventado hace unos siglos. Al fin y al cabo Los invisibles es un tema que está en La Ilíada y es un tema que está en Las mil y una noches. Y es un tema que está en H.G. Wells. Yo vuelvo a utilizar un viejo tema y ese viejo tema, a su vez, un día puede volver a ser utilizado por otro. Es decir, yo creo que, en literatura y en arte, nadie cierra nunca puertas. Yo creo que siempre quedan puertas abiertas. Por ejemplo, uno de los escritores más importantes del siglo XX, y, además, ya tenemos perspectiva para verlo, fue Kafka. Pues es un tío que ha influido muchísimo en el pensamiento, en la idea de lo tenebroso, en la idea de la extrañeza. Ha influido en los escritores del fantástico, en los escritores del realismo y de todo. Todos estamos influidos por Kafka. Pues, en cierto modo, "La metamorfosis" es hija de un tema tan viejo como el mundo, que está en El asno de oro, que está en Ovidio... Es decir, que yo creo que todo escritor está trabajando en una tradición; incluso los más rupturistas están aportado elementos a esa tradición.
¿Hasta dónde llega tu pasión por los mitos y la cultura precolombina?
Es muy grande. Mira, casi toda esa estantería está hecha de libros americanos. Pero a mí me gustan todos. Yo tengo una gran nostalgia del mundo mítico pero soy muy occidental y muy racionalista y no puedo conjugar las dos cosas. Además yo conocí el mundo mítico, no sólo en mis viajes en América o en la India, que es otro país que me fascina, sino en el mundo rural. Yo conocí el mundo rural que ya la gente joven como vosotros no habéis conocido. Seguía siendo un poco el mundo romano con un poco de modernismo medieval (si es que la Edad Media avanzó sobre el mundo romano, porque yo creo que la Edad Media es un retroceso sobre el mundo grecolatino). Ese mundo del mito, ese mundo de la idea del tiempo circular, de lo sagrado. Pero no estoy hablando de religión. Estoy hablando de la importancia de la conmemoraciones, del sentido de las cosas, del sentido de los objetos, del sentido del pasado. Pues todo eso a mí la verdad es que me fascina. Claro, yo al mismo tiempo soy racionalista, soy moderno y tengo que conciliar las dos cosas. A mí, en el mundo precolombino, me encanta la idea del tiempo; del no-tiempo. Cuando dicen: "Hoy es 15 de octubre de 1715 y llueve; y digo esto para que sepáis que cuando vuelva a ser este día, lloverá". Esa idea de que el tiempo es un círculo a mí me fascina totalmente. Porque yo, en el fondo, pienso así. El otro día, con la conmemoración del Madrid, veía a los jugadores del autobús recorriendo Madrid y pensaba que era como el César o el Faraón volviendo de una campaña. Cuando, si es verdad que ha sido Bin Laden y sus muchachos, vuelan las Torres Gemelas, están buscando un símbolo, están destruyendo un símbolo. Todo su esfuerzo no lo han puesto en destruir un depósito militar; está llevado, a parte de la terrible drama de toda la gente que muere, buscando un símbolo como si realmente Alejandro Magno cortase el nudo gordiano o como si un emperador chino destruyese el templo del dios tal. O sea, seguimos viviendo en el sistema simbólico. Y, a veces, dices: "Pues parece que somos el colmo de la modernidad y el tiempo es una flecha irreversible", pero nuestras actuaciones recuerdan mucho a los mayas y a los aztecas y a los mundos míticos. Y a mí esos mitos de la antigüedad, todos esos, realmente me interesan mucho y me fascinan. Me encantan.
¿La magia de los mitos es lo que te ha llevado a lo fantástico?
Pues, posiblemente, sí. Es que, a lo mejor, todo lo fantástico nace de la degradación de los viejos mitos. Por ejemplo, cuando te metes con el Ramayanna o con las grandes epopeyas indias, que son las "madres", digamos, de lo que fue luego La Odisea, etc., pues te encuentras que hay una serie de elementos que siguen vivos en nuestra cultura. Esas luchas entre el bien y el mal, esas cosas arquetípicas. Toda la filosofía india, la idea de que hay un elemento creador, un elemento conservador y un elemento destructor. Nosotros, en nuestra cabeza, no nos imaginamos eso, pero ellos tienen una idea mucho más sólida. La metafísica occidental no se puede comparar a todo eso. Brama crea el mundo, Visnú lo conserva y Shiva lo destruye. Y además ha habido siete destrucciones, que luego dicen los científicos: "Bueno, el Big Bang", efectivamente, puede que estemos en la séptima destrucción, pero es que para esa filosofía, la destrucción es tan importante como la creación. La vida es tan importante como la muerte; la vida y la muerte pertenecen a la misma categoría. Cosa que los occidentales no podemos aceptar. Nosotros para aceptar la idea de la muerte tenemos que aceptar la salvación, el más allá, el paraíso. La filosofía hindú no. Y no digamos Buda, que Buda ya... La teoría de Buda es: "Hay que conseguir salir de esta terrible cadena de la vida". Todo ese mundo mítico es fascinante. Yo, realmente, cuando pienso en los mitos del mundo y en los fundamentalistas digo, caramba, pero si los indios, los hindúes, entendían el mundo con mucho más sentido que nosotros, de una manera mucho más correcta ¿no? Y sabían cómo todo pertenece a una misma realidad, que al mismo tiempo es no-realidad. Y de todo eso posiblemente nazca mi gusto por lo fantástico. Ahora, mi gusto por lo fantástico nace de que a mí me ha encantado siempre los escritores fantásticos, los relatos fantásticos. Me lo he pasado muy bien leyendo y sigo pasándomelo muy bien leyendo. Dame un buen relato fantástico... Bueno, dame un buen relato. Si es fantástico, mejor.
La literatura fantástica siempre ha sido menospreciada y acusada de "populismo". Sin embargo, los grandes cultivadores clásicos del género (Edgar Allan Poe, E.T.A Hoffmann, Guy de Maupassant...) y otros más cercanos pero que poseen una línea más erudita (Borges o Cortázar) sí han sido muy valorados ¿Cómo explicas el aprecio que sientes por parte de la crítica académica en un país donde se desconoce tanto la fantasía autóctona?
Pues la verdad es que yo la agradezco. Eso siempre te estimula. Los escritores que dicen que pasan de la crítica pues será cierto, pero a mí me estimula que me lean y que valoren lo que escribo. Pero me parece algo raro en nuestro país, porque nosotros, que tenemos una cultura que ha tenido tradición fantástica, pequeñita pero importante, me remito al Conde Lucanor, que tenemos la gran tradición realista, hemos inventado El Lazarillo, etc., que tenemos El Quijote, que es una mezcla de las dos cosas, porque yo creo que El Quijote es tan realista como fantástico. Pues realmente no apreciamos nada lo fantástico. Al lector de por ahí lo de lo fantástico le parece un género bastante digno de desprecio. Si en España ha acabado gustando lo fantástico es porque rompieron aguas en el siglo XX los latinoamericanos. Si no hubieran existido los latinoamericanos, a lo mejor en lengua española seguiríamos sin apreciar lo fantástico. Porque aquí nadie apreció a Bécquer (Bécquer fue un oscurísimo individuo), a Álvaro Cunqueiro se le consideraba un escritor gracioso, o Joan Perucho... Los escritores que han hecho aquí género fantástico realmente han sido muy poco apreciados. Entonces, bueno, que a mí me aprecie la crítica y tal pues me parece estupendo. Creo que es reconocer algo que está en nuestra cultura. Es más, me han pedido un artículo sobre lo fantástico para Quimera. Yo tengo la teoría de que todo el arte del siglo XX, todo el gran arte del mundo, está firmemente impregnado de fantástico. Incluso cosas como la arquitectura, que ya sabes que hay una teoría que dice que la arquitectura, por su propia naturaleza, no puede ser fantástica. Bueno, yo creo que la arquitectura es un producto de la especulación de una manera tremenda, pero es que además sólo hay que ver el Guggenheim, o hay que ver un templo hindú para ver si son fantásticos o no. Ahora ya vas a una película y la atmósfera que se crea tiene un tono fantástico. En las grandes novelas del siglo también. Juan Rulfo crea un mundo de fantasmas, que eso es típicamente fantástico. Incluso William Faulkner. El profundo surpues no digo que sea directamente fantástico pero es un mundo de alucinación, de delirio. Es decir, que yo creo que todo el arte del siglo XX está impregnado de fantástico. Y que ya era hora que en España nos enterásemos de que lo fantástico no es una categoría menor sino, cómo te diría yo, un sonido de la literatura; es una melodía de la literatura. Pero, claro, en España ha habido un cerrilismo terrible empeñado en hacer incluso una lectura de nuestra tradición exclusivamente realista. Por ejemplo, el empeño de ver El Quijote como un libro realista. El Quijote no tendría tantas implicaciones como tiene si no tuviese ese poder simbólico y si don Quijote no fuese un soñador. Aparte de que, como yo digo, don Quijote tiene razón porque el que le está cambiado la realidad es el Cide Hamete Berengueli ese, el que está contando la novela. A lo mejor es verdad que vio un mundo de castillos y de gigantes y luego el narrador le está falsificando la realidad. Ahora, yo lo agradezco, pues soy un escritor que no he tenido nunca prejuicios para utilizar el material narrativo menos ortodoxo. Como los románticos. Yo, en eso, me considero totalmente hermano de los románticos. A mi cualquier material narrativo interesante me parece bueno para trabajar en literatura. Y si es fantástico, pues por qué no.
¿Cuál cree que son los principales "ventajas", por decirlo de algún modo, de trabajar con la literatura fantástica?
Hombre, yo creo que más que ventajas son inconvenientes, porque una de las leyes de la literatura es la verosimilitud. Parece que, trabajando exclusivamente con los datos de lo real, puedes hacer un texto más verosímil. Lo malo de lo fantástico es que tú tienes que ser verosímil utilizando cosas que no son reales. Pero lo que tiene es una enorme potencia poética. Y es por lo que me interesa lo fantástico. Y por eso me interesó también la fantasía científica, porque utilizando elementos de la tecnología tenía una capacidad de evocación fantástica o de sugerencia fantástica extraordinaria. Desventajas, que tienes que ser verosímil contando cosas que son imposibles. Ventajas, que estás trabajando con un material que está cargado de fuerza poética.
Me has comentado antes que la ciencia-ficción la tienes ahora un poco abandonada.
Lo que pasa es que uno en la vida... Ahora estoy releyendo a los novelistas del siglo XIX. Pero volveré a releer a mis clásicos de la ciencia-ficción. Es que eso son ciclos de la vida. No la tengo abandonada, me sigue encantando, por ejemplo, el cine de fantasía científica. Pero no soy un ávido lector porque, entre otras cosas, estoy despistado. Antes, yo sabía dónde estaban mis clásicos del fantástico. Ahora ya no sé dónde encontrarlos. Además, hubo un momento en que esto se terminó cuando empezó a nacer esto de "las espadas y brujería". "Las espadas y brujería" acabaron con la fantasía científica. Hay algunas cosas divertidas; Conan, el padre de todo aquello, algunas cosas de esta escritora que imita un poco a Tolkien... esto...
¿Margaret Weis? ¿La Dragonlance?
No, la del mundo de Terramar
Ah, Le Guin.
Ursula K. Le Guin, que algunas cosas estupendas; algunos cuentos fantásticos de interacción humana-animal. Pero todo ese mundo fue el mundo final de lo que fue, para mí, la ciencia-ficción digamos "racionalista", que estaba en la tradición fantástica ordinaria. Luego, de pronto, entramos en "las espadas y brujería" y yo ahí, he terminado.
Pues luego salió una corriente, el ciberpunk, que retoma, de una manera más sucia, el space-opera.
El space-opera en mi época no era lo mejor de la ciencia-ficción. Robert Heinlein, Doc Smith… Eran bonitos de leer pero no, los grandes no eran esos precisamente. Elspace-opera era un subgénero de la ciencia-ficción cuando yo era lector.
¿Qué te parecen gente como Robert Silverberg, Ursula K. Le Guin...?
Le Guin a mí me gustó antes de Terramar. Luego me interesó menos. En lo de Terramar fue un poco manierista. Es un mundo un poco clónico del mundo de Tolkien. Me parece que tenía más talento antes. Terramar es bonito. Es una concepción del mundo pero no me interesó tanto como otras novelas y otras cosas anteriores suyas. Leí algunas novelas inolvidables. Ella tenía una cosa...
La mano izquierda de la oscuridad, Los desposeídos...
¡La mano izquierda de la oscuridad! Bueno, es maravillosa. ¿No es una historia de un...? Bueno. Se me cruzan los cables. Me interesó muchísimo. No recuerdo muy bien ahora el argumento, pero sí.
Es un planeta helado en el que viven unas personas asexuadas, que entran en un estado de celos y se pueden convertir en un macho o en una hembra. En él, muchos conflictos que son derivados de conflictos de género no existen. Por ejemplo, no hay guerras...
Sí, ya la recuerdo. ¿Y Dune no pertenece a esa época?
Creo que es un poco anterior, me suena.
A mí es de lo último. Para mí los grandes son los clásicos. Los que yo leí eran todos estos: J.G. Ballard, Asimov... Asimov es una cosmogonía, y tiene novelas estupendas. No ya el mundo de los robots sino, por ejemplo, Los propios dioses, que es una de las grandísimas novelas de ciencia-ficción. Dos mundos paralelos que se comunican, que uno roba energía a otro. Hay una novela en la que la gente no se puede tocar, que se aborrece; todo el mundo vive encerrado en sus espacios individuales y sólo se comunica a distancia, a través de la realidad virtual, que es que te parece absolutamente premonitorio. Asimov es uno de los genios que recuperaremos. Y, bueno, ya dije antes Ballard, y había otros estupendos. Yo era un lector ávido de toda la ciencia-ficción. Pero ávido. Incluso cuando empezó a sacar Bruguera las antologías de ciencia-ficción soviética y todo eso, todo, toda la producción Bruguera, lo tengo yo.
¿Qué contacto has tenido con el fandom fantástico español?
Ninguno, porque incluso una vez escribí un cuento muy breve de ciencia-ficción que me pareció que era propio para mandárselo a Nueva Dimensión y ni me contestaron.