Claudio Lahaba (Manzanillo, Cuba 1970). Sus poemas han sido publicados en varias revistas y publicaciones literarias, como el compendio Si el pez vuelve el rostro, Ediciones Safo, Bayamo, Cuba 1991, y Casa de las Alucinaciones del proyecto Banco de Ideas Z. La Revista Literaria Alforja de México, en una compilación que hizo el poeta Yoel Mesa Falcón publicó una selección de su poesía en la edición de abril de 1997. Poemas suyos fueron también publicados en la Recopilación de poetas del Evento Al Sur está la poesía (1998). En el año 2000 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Manuel Navarro Luna, de la ciudad de Manzanillo con su poemario Del Silencio y otros Corderos; libro que por razones extraliterarias nunca fue publicado en su país, y que recientemente salió a la luz bajo el sello editorial Black Diamond Editions, así como su libro de poesía de amor Torpeza de Amante, disponibles ambos por la librería virtual de Amazon. Fue miembro y fundador en 1993 del Grupo Literario Da Capo; grupo que estuvo integrado en sus inicios por jóvenes talentos de la Ciudad de Manzanillo, Granma, Cuba, y que continua funcionando como proyecto literario por medio de Facebook. Preside desde su fundación en el 2013 la Editorial Black Diamond Editions. Radica en Estados Unidos, El Paso Texas, desde el año 2001.
*****
Oscuros signos del regreso
“El que tiene oídos. Oiga”
Apocalipsis 2:11
Han intentado toda forma de libertad
para el más absurdo vuelo
desde la transparencia hacia un cielo indefinido
pero los ojos no pueden absorber la luz que no los guía.
No pueden las manos atadas al sueño desertor
estar al amparo de los más indescifrables designios
y el vuelo es sólo calcinado espacio de la memoria
que reconstruye su indefinidas formas del regreso.
Han escrito en cada piedra de las abominaciones
el limitado espacio del tiempo
como extraño anhelo de los perseguidos.
La palabra incrustada en los muros de todo lamento
para la gloria de un rey extinto
y sus fieles seguidores que siendo sombra de su propio miedo
un ilusorio esplendor enaltecen.
Han escrito un dolor como carne abierta al frío
en la mesa ajena que vuela en temida asfixia
el pájaro reconstruido en su ilusión de roto espejo
que no es manjar sino apetece
estar en la mesa de los que no han sido invitados
al banquete de la fruta prohibida
donde la torre en suspensión a sí misma se figura.
Han hecho del polvo un porvenir,
del ruido aterrador un canto de triunfo
arena movediza para el tributo de todo vacío
y cada lamento señal del fin
los espacios menos inhabitados
de un cielo que pedestal de su caída siempre ha sido.
Pero se advierte el recuerdo
como fronda amarga del sueño en disolución.
Sueño del dolor y los años del ajeno espacio
la ciudad y sus hombres
que cargan a cuestas la gran sombra de un dios muerto.
*****
Otras formas de exterminio
I
Duele el signo de la bestia
como mudo juego de aproximaciones
enlutado deseo de cada hora en que padeciendo
se alzan divergentes los muertos de entonces
van petrificados los ojos
el gesto ambiguo de toda angustia
como la más codiciada presa que en su boca
agua del minúsculo silencio apetece.
Duelen los dardos clavados hondo
El alma gastada como viejo espectro
de la oscura desidia de exterminio
donde no hay temor y el espacio es reticencia de muerte.
Muere el animal dominado
y su consumación es Vida
Árbol de Luz para el tiempo de las pérdidas.
Muere el tiempo y todo asombro es magnánimo deseo
de los aborrecibles espacios que lo nombran.
II
En prontitud del día los nuevos signos
Trono de la palabra en divergente discurso
De la muerte austera quien se eterniza.
Mueren los ríos que saliendo del pecho
un seco anhelo de aguas borradas
por el polvo nos recuerdan
En espacio cerrado para cada sitio
Para esa hora indescifrable
donde burlamos toda imitación de muerte.
III
Callados los corderos hacia el festín de muerte
Sus ojos son estrellas disecadas
la obediencia seca espina
que al alma del verdugo nunca hiere.
Callados, en mortal silencio van…
Llevados de la mano ciegos sueños
Van en filas primeros
todo abismo es sanación
Terminada angustia
Nuevo comienzo.
IV
Aquél que clama en el desierto
para proyectar toda Luz no ha venido
No hay tristeza, formas o extravío
Sólo un vacío del agua
que reteniendo nuestra sed nos olvida.
Nos olvidan los altos bosques
La pertinaz luz del manto adolorido
Para cubrir cada bestia distinguida
Nos olvidan y cada ilusión es rama podrida
Agua estancada para el más triste de los goces.
Aquel que clama en un desierto lleno de exquisitas frutas
Como espejismo del alma y el espacio de las más adorables tentaciones
Ha mirado la espesa blanca luz como un irrisorio cumulo de mentiras
Y su voz es hilo de agua que en la seca roca del olvido penetra.
Penetran las manos a espacio alguno
El cuerpo y la carne que se gastan y no puede el alma soportar
Todo peso de irreverente duelo
No puede el elemento que el signo de la bestia nos ofrece
Darnos el camino y la señal del fin.
V
En desventaja el sueño arrastrado por la más duce bestia
Su dolor es efímero sendero de comprensión
Y el impulso de verter sobre la nada todo auspicio
Es consumación y deterioro
Y los ojos que regresan sin conocerse a sí mismos
Y cada bruma del alma un puente tendido entre dos muertes
En desventaja sobre dos voces que no claman
Como caballos desbocados en delirio
Van los sueños arrastrados por viejos bueyes
que arando sobre un árido espejo
Ceniza de su propio anhelo fertilizan.
*****
Habrá un tiempo de luz, de olvido…
Nada, excepto la noche y los signos más oscuros que la rigen
como un estatua en disolución del espejo enemigo
la niña que fuiste alejada del bosque antiguo
se aproxima de nuevo a ti y los relojes que del mar
toda caricia a cercenar niegan.
Nada, salvo esas manos que invisibles
escriben un tiempo de signos oscuros
como velero en desventaja tragado por las aguas del olvido.
Nada, excepto a ti misma, niña de antiguas fábulas
cuyo corazón fue devorado por la misma indescifrable pregunta.
Nada, pero todo pacto de nunca saber crece
como la hierba en silencio
como los derrumbados arrecifes del viento
como el susurro de la voz que dentro llama.
Nada y el tiempo que se diluye.
El tiempo de las más codiciadas pérdidas
donde el extravío fue una deslumbrante respuesta
y la noche fue blanca a su merced de entender
cada estrella que lactando para ti su luz te obedecía.
La niña que fuiste y se llenaron tus ojos de mar oscuro.
De pálidos sueños para el más abominable espejo
donde desnuda te conviertes en mar
y tu corazón es un monumento coralino.
Ahí está el fuego y las palabras que el silencio ofrecía.
Ahí están los años de risas y llantos
la canción de cuna que la soledad protegería.
Tus manos han crecido como un árbol extinto.
Tu pecho para todo vacío
donde los pájaros transparentes hacen nido.
Nada, excepto un tiempo menos oscuro
donde se escriben todas las preguntas
que jamás responderá el más cruel de los olvidos.
*****
Altos tronos, tu cuerpo tendido
como la vasta noche…
(Fragmento)
I
Anonadado, como entusiasta pierrot de los días
temiendo al tiempo de las no celebraciones
sin voz y el alma llena de pájaros muertos
Como saltimbanqui de los días
va toda memoria en bruces
y el recuerdo de la nada en prontitud
Van tus manos secas de lluvia y olores
que establecen giros de aduladas manías.
Anonadado como mendigo ante el gran manjar
que jamás tendrá de ofrenda para su oscura boca
y los pálidos animales
de los ojos como puñales que se clavan
en un vacío espejismo de cuerpos invisibles
de desnudos pechos que un árbol pletórico
de exquisitos frutos recordaba….
Van los días
Van los ojos del ciego lamento
A tientas como pierrot de los días
Como el amor sacrificado por primera vez….
*****
Como el Ave Fénix
Polvo soy y hacia el polvo me dirijo
con cada ceniza del cuerpo construí una nueva casa
crucé los bosques incendiados
burle las más astutas trampas
del polvo y los estrados
que ungieron con lodo la cabeza
reconstruí un sepultado sueño
a patadas fue arrastrada mi alma
llevando a cuestas la gran piedra
como un Sísifo del canceroso y moderno tiempo
ay de mí que soy una especie de redentor
de lo que había muerto
ay de quienes sacándose un ojo desearon verme ciego
como el ave Fénix me levanto de las llamas
y cruzo los indomables fuegos
como un ave que sepultada en su ceniza
pudo alzar el vuelo.
*****
Los breves extrañamientos
Toda soledad entre dos vidas
de su gloriosa forma como maniático deseo
esa angustia de la espera
se apuesta al tiempo calcinado y los días van despacio
y toda noche es aproximación
de lo que ajeno se hace amargo
como velamen para los ojos del desacierto
contra una luz minúscula y perseguida
que se debate entre dos furias.
Vuela la mente suspicaz como ave mal herida
de su infecunda ala todo el extraño peso.
Toda soledad como barco
que ha dibujado en el mar su desatino
se hunde contra la noche en su propia desmemoria
amargo extrañamiento de su breve antojo
el asesino recuerdo.
Ha de ser la mente portadora del olvido
han de ser mis ojos del pájaro que muere
alimento de todo pacto ciego.
Y el pecho y cada árbol podrido
creciendo en su orfandad y deseo
y la vida que no basta para ocultar
el cielo ennegrecido.
Un tiempo de amor como una canción huérfana
como la mano del opaco espejo de la ira
como el tiempo de todas las pérdidas,
de todo sacrificio que nos concede un reloj enemigo.
Toda soledad y todo vínculo abismal
como el más preciado de todos los olvidos.
*****
Exilio de las aguas
A Felipe Gaspar Calafell
He vuelto como la escasa luz derretida en los ojos ciegos
como tropiezo que del bosque en agua pudre de sombras la mirada
de turbia mueca y hambre abismal de quien no la nombra.
Aguas que no sacian la sed del temido silencio
voz de lamer cada pregunta que el antiguo corazón confiere
y vamos indomables por espacios decapitados de los breves giros
por toda fauna consagrada del miedo
y ese letargo de perder lo nunca visto.
He vuelto y el hambre de mundo se hace vieja
como los más inhóspitos sueños
para cada fuego consumido y toda potestad del iracundo impedimento
donde soy quebrado espejo, basura del alba, hojarasca de la luz, pedazo de
escombro de sol que su luz en el agua diminuta vierte.
Soy labriego y aprendiz de aquel extractor de la noche
que una vez fui y ahora soy torva luz muerta en el desierto
oscuridad que alumbra a quien sentado sobre sí mismo espera
y aniquilando su esencia se levanta como derrumbado templo.
He vuelto desde la inconclusa mirada del mar decapitado
que nombra su tempestad de muerto cuerpo de soledad
para la sed del agua mustia de todo regreso.
Exilio de las aguas dadme cada trozo de paz
cada sedimento de lo que significa el no tiempo.
Quiero estar allí donde se une el dolor y lo enigmático es solo
beber del polvo todo llanto de la estatua
del derrumbado parque y el sepultado sueño
donde fui pierrot, bufón de los días lúgubres
arlequín de las noches
donde el ahorcado me invitaba a ser parte de su cuerpo
y ser así carne amarga de los días
donde aislado la condición humana entiendo.
Quiero beber de mi sangre la tierra infértil que se funde en mí
para cada lamento de quien nunca regresa.
Y ser parte del abismo. No lo contemplarlo.
Solo eso.
