Una madre
Alejandro Palomas
Siruela, Nuevos Tiempos, 2014.
Tiene arte y oficio Alejandro Palomas (Barcelona, 1967), periodista y traductor que ha publicado con anterioridad las novelas El tiempo del corazón, El secreto de los Hoffman, El alma del mundo, El tiempo que nos une y agua cerrada, que nos ofrece en Una madre el retrato tierno de una familia que se reúne alrededor de la madre que cumple 65 años y cuya mayor ilusión es sentar a la mesa en Nochevieja a su extraña familia formada por Fer, el narrador, que trabaja como locutor y doblador, tío Eduardo, un gay excéntrico y divertido, con mil anécdotas que contar, que amenaza con casarse con un travestido portugués negro, Shirley, la perrita de Amalia, la madre, las hijas Silvia, Sara, Olga, Emma -¿Serías tan amable de callarte un poco mientras terminamos de saber qué demonios quieren decir exactamente Olga y Emma cuando dicen que están embarazadas?
Mamá ni siquiera la miró. Quiso recoger ella misma el canapé, con tan mala suerte, y peor vista, que al agacharse golpeó con el codo la botella de Coca-Cola que tenía junto al plato y un chorro negro voló desde la boca de la botella con un siseo, empapando la bandeja de canapés.
Antes y después de esa cena, que parece un homenaje de Alejandro Palomas a Las horas de Virginia Woolf, y a la novela de Michael Cunningham llevada luego al cine, asiste el lector a la radiografía de esa extraña familia tolerante-el hijo es homosexual como el entrañable tío Eduardo Guapo o, más que guapo, apuesto, con una de esas aposturas de hombre clásico, siempre impecablemente vestido, pulcramente afeitado, con un pelo espeso y moreno como el del abuelo, sonrisa socarrona y un porte de dandi argentino que él reconoce y potencia desde siempre y donde quiera que va, y también lo es una de sus hijas casada con una amiga que espera un hijo-cuyo nucleo es la entrañable Amalia, trasunto de la madre del propio autor sin muchas dudas, atormentada por haber errado en la elección de pareja Cuando lo pienso me duele tanto haberos dado un padre así que no sé cómo pediros perdón, y narra Alejandro Palomas con infinita ternura ese lento declive mental del personaje de Amalia, a un paso de la demencia, que la convierte en un ser frágil y entrañable al que le lector acaba adorando.
Sé que Silvia no callará esta noche, que Emma llegará con sus bombas de relojería y que tío Eduardo torpedeará la mesa con alguno de sus desmanes. Y que habrá que recomponer, que zurcir y recoger cristales, porcelana y piel del suelo.
Alejandro Palomas dibuja a sus personajes con trazos a veces hilarantes Olga es ruido porque está rellena de él, como una casa abandonada llena de cacofonías dispersas que, encadenadas, asustan. Su risa es ruido. Su voz también. Habla como suena, no como piensa.
A mamá la incontinencia le llegó con el divorcio. O, pase ser más precisos, cuando por fin estuvo instalada en su apartamento con Shirley y pareció que tenía la vida más o menos organizada de nuevo. Primero fue la vejiga, después llegó el colon irritable y, a partir de ahí, llegaron incontinencias de otra índole que, aunque en un principio nos sorprendieron-y no tardaron también en alarmarnos, sobre todo a Silvia-, no nos llevó mucho tiempo comprender.
Con acertadas pinceladas, dominio del lenguaje y situaciones tragicómicas que salpimentean la narración, Una madre de Alejandro Palomas es, sobre todo, una declaración de amor de un hijo a una madre, prodigiosamente bien escrita con una prosa sensible, que sencillamente conmueve al lector.
Y es entonces cuando se me ocurre que este baile tan bien acompasado, este laberinto de gestos naturalmente hilados, todo este lenguaje fácil, reconocible, automático…,todo esto es lo que nos hace familia, historia común, comunidad.
Una loa en toda regla a la familia.
-Es que estamos embarazadas.
La piedra cayendo a plomo en el agua y el impacto provocando una ola quieta que se expandió desde la terraza de la cafetería hacia el este de la ciudad, anegando calles, plazas y avenidas hasta caer sobre mí como un aluvión de fango.