Desde hace algún tiempo el nombre de Venezuela ha venido apareciendo frecuentemente en los medios de comunicación sociales. Ello es debido a la heroica lucha que los partidarios de la democracia y los derechos humanos, especialmente los estudiantes, están librando contra la dictadura espuria y totalitaria de Nicolás Maduro, sus compinches y corifeos.
Cuando los venezolanos hablan de su democracia siempre se refieren al año 1958 cuando se derrocó la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, sin embargo, creo que es necesario conocer la vida política de Venezuela para así tener una idea de conjunto de su evolución política y quizá de las posibilidades de restablecer los fundamentos de una democracia en su futuro próximo.
Como es bien sabido, Venezuela debuta en la comunidad jurídica internacional al desprenderse de la Gran Colombia, fundada por el libertador Simón Bolívar, el 19 de noviembre de 1829. Al igual que la inmensa mayoría de las naciones iberoamericanas (salvo Brasil y Paraguay) el siglo XIX se caracterizó por las luchas intestinas entre liberales y conservadores, federales y unitarios, clericales y laicistas, etc. En Venezuela las luchas fueron entre godos y liberales, popularmente conocidos como lagartijos y patones. Fue una época de caudillos. En Venezuela hubo dos grandes: José Antonio Páez, llamado el Centauro de los Llanos al principio y Juan Vicente Gómez a comienzos y hasta casi mediados del siglo XX. Los caudillos se sucedieron en el poder. Así Páez (1830-1846) los hermanos Monagas (1846-1861), Páez de nuevo (1861-63), Guzmán Blanco (1870-1887), Crespo (1887-1898), Castro (1891-1908) y Juan Vicente Gómez (1908-1935). La gran lucha fue entre federales y unitarios, un poco como en la Argentina de Rosas. Triunfaron los federales y los documentos oficiales terminaban con la frase “Dios y Federación”; después venía la fecha ordinaria seguida de año x después de la Independencia y año xx después de la Federación. Además, por mucho tiempo el país se llamó oficialmente Estados Unidos de Venezuela. Sin embargo, como bien afirma el profesor Jacques Lambert de la Universidad de Lión en Francia el federalismo venezolano siempre fue falaz[1] pues si bien es verdad que en todos los Estados había asambleas legislativas electas, los gobernadores o presidentes eran designados por el jefe del Estado.
Voy a referirme dentro de la brevedad propia de un artículo a los dos principales caudillos: José Antonio Páez y Juan Vicente Gómez, aunque brevemente mencionaré también a varios menores.
José Antonio Páez Herrera
Nació el 13 de junio de 1790 en Curpa en el estado Portuguesa. Se dice que provenía de una familia pobre y numerosa, probablemente de origen canario aunque un hijo suyo que estudió en West Point se quejaba de que los trataban de mulatos. Fue un excelente jinete, experto en el manejo del lazo y la lanza y se dedicó inicialmente al oficio de llanero, es decir, domador de caballos salvajes. Por ello fue llamado el Centauro de los Llanos. En 1809 se casó con Dominga Ortiz y se dedicó a la compraventa de ganado. Con alrededor de veinte años entra en las luchas políticas de su país y dentro de los ejércitos patriotas se hace de una gran reputación castrense. Lucha al lado de Bolívar y vence al general realista Pablo Morillo en la batalla de Las Queseras del Medio (1818). Por este triunfo fue condecorado por el Libertador. Participó destacadamente en la Batalla de Carabobo, la cual selló la independencia de Venezuela. Los españoles que sobrevivieron se refugiaron en el castillo de Puerto Cabello, su último reducto en territorio venezolano. De allí fueron expulsados en 1823 por el propio Páez. Destituido de su cargo por el movimiento de La Cosigta resultó confirmado tras ser indultado por Bolívar en 1823, y ratificado por el Libertador. Sin embargo, a finales de 1829 se reveló contra la autoridad de Bolívar y proclamó la separación de Venezuela de la Gran Colombia. Páez fue de inmediato nombrado primer presidente de la nueva república, apoyado por los terratenientes y los militares contrarios a Bolívar. Fue elegido por el Congreso para un segundo período, como ya se apuntó. En el desempeño de su cargo llegó a amasar una considerable fortuna, lo cual le permitió viajar fuera del país. Visitó Filadelfia, Nueva York, Nueva Jersey, Baltimore, Washington, DC, así como México, Francia y Alemania. Este viaje fue el producto del destierro que le impusieron los Monagas. A la caída de estos el nuevo gobierno le encargó de la jefatura del ejército y de la pacificación del país. En 1859 participó en la Guerra Federal como jefe de operaciones pero renunció al cargo por no obtener las facultades que pretendía. En 1860 el presidente Manuel Felipe de Tovar lo nombró jefe de los ejércitos del Gobierno. A De Tovar lo sustituyó en la jefatura del poder ejecutivo Pedro Gual, quien fue derrocado por Páez. Entre 1862 y 1863 Páez lucha contra los federalistas pero es derrotado en abril de 1863. A mediados de junio de ese año sale de Venezuela por última vez y establece su residencia en Nueva York, donde le sorprende la muerte el 6 de mayo de 1873.
Como se ve este caudillo no gobernó ininterrumpidamente. Tuvo sus altas y sus bajas. Entre 1830 y 1902 Venezuela tuvo cincuenta guerras civiles. Algunas como la Guerra Federal o Guerra Grande, causó tantas pérdidas al país como las guerras de emancipación. Páez fue el caudillo típico de esta época. A él los cubanos tenemos que agradecer su buena disposición para invadir e independizar la Isla según los planes concebidos por Bolívar en la Carta de Jamaica, planes que el Libertador nunca ejecutó[2].
Antes de entrar en la vida de Juan Vicente Gómez, quiero mencionar que entre 1873 y 1888 gobernó Venezuela Antonio Guzmán Blanco. Durante su mandato José Martí pensó radicarse en Venezuela pero desistió cuando comprobó cuán poco liberal era este sujeto que se hacía llamar liberal. Un eminente polígrafo mexicano ha afirmado que Guzmán Blanco le dio a escoger a Martí entre la adulación y el exilio.
Juan Vicente Gómez
Cuyo nombre completo fue Juan Vicente Gómez y Chacón nació el 24 de julio de 1817 en La Mulera, en la región de El Táchira, tierra de algunos otros dictadores venezolanos. Vio la luz en el seno de una familia numerosa pues tuvo doce hermanos de ambos sexos. Solo recibió la instrucción primaria: leer, escribir y las cuatro reglas. A los veinte años, a la muerte de su padre, como hijo mayor se puso al frente de la familia. Se dedicó a la explotación de sus propiedades rurales. Ya adulto nunca había estado en Caracas ni visto el mar. Nunca contrajo matrimonio y de hecho practicó la bigamia, procreando, además, alrededor de noventa y tantos bastardos.
Entró en la vida política nacional apoyando a su compadre Cipriano Castro Ruiz en una revuelta contra el gobierno constituido, lucha en la cual resultaron vencidos debiendo exilarse en Colombia. En su región natal, próxima a la frontera, todos eran familiares, amigos o enemigos y no se distinguía pulcramente entre venezolanos y colombianos. Vivió en Colombia entre 1892 y 1899. En este último año regresaron Castro y Gómez y pronto se alzaron contra el gobierno de Caracas y esta vez se hicieron con el poder. Juan Vicente Gómez fue designado segundo vicepresidente de la República. Al estallar la llamada Revolución Libertadora se le nombró jefe militar defensor del Gobierno. Obtuvo numerosos triunfos y un tiro en una pierna. Recuperado de su herida Gómez vuelve a brillar militarmente en la toma de Barquisimeto y otras batallas que pusieron fin a las guerras civiles de Venezuela. Cipriano Castro, de quien era compadre, le concedió el título de Pacificador de Venezuela. Ocurre entonces una sorda lucha conocida como La Conjura en la que se enfrentaron los partidarios de Castro con los de Gómez a quien se suponía conspiraba contra su compadre. Debido a ello entre 1906 y 1907 Juan Vicente Gómez permaneció en la ciudad de Maracay, separado voluntariamente de todas las actividades oficiales aunque sin renunciar a la vicepresidencia de la República, ni ser destituido por Castro.
Resquebrajada la salud de Castro se hizo necesario que viajara a Europa para ser intervenido quirúrgicamente. Era la primera vez que un presidente en ejercicio abandonaba el territorio nacional. La oportunidad fue aprovechada por Juan Vicente Gómez para apoderarse de la primera magistratura la cual conservó durante veintisiete años.
Durante las casi tres décadas que gobernó conservó las costumbres de su época de hacendado y revolucionario. Vivió con gran sencillez y desconfiando de las camarillas de enemigos y aduladores. Mantuvo una relación directa con todo tipo de gentes así como gran habilidad para utilizar en su administración a los más connotados intelectuales del país que se prestaren a ello.
Gobernó Venezuela como una gran finca. Aunque mantuvo aparentemente las instituciones democráticas (Parlamento, Tribunales, etc.) no permitió a sus conciudadanos el disfrute de las libertades públicas propias de una democracia y llenó las cárceles de opositores; utilizó una despiadada policía política especializada en las torturas y propició una vasta red de espionaje y delación. Tuvo la dicha de que durante su gobierno (1917) se iniciara la industria petrolera aunque se negó a que se destilara el petróleo en suelo venezolano. Cipriano Castro había tenido que hacer frente a varias potencias extranjeras por haberse negado a pagar el servicio de la deuda externa nacional y las reclamaciones por daños y perjuicios de numerosos extranjeros perjudicados por las revueltas y algaradas internas. Ello llevó al bloqueo de ciertos puertos venezolanos por navíos europeos y fue necesaria la intervención de los Estados Unidos para acabar con el conflicto. Gómez por el contrario favorecido por la bonanza petrolera pudo pagar toda la deuda externa venezolana que se arrastraba desde el siglo XIX. Ello lo realizó mientras tenía lugar la crisis económica mundial de 1929.
Durante la Primera Guerra Mundial se declaró neutral aunque en el fondo era germanófilo y sus ejércitos se vestían y entrenaban a la prusiana.
Como muchos dictadores de su época era amigo de la civilización de piedra y cemento y llevó a cabo notables obras públicas. Entre ellas cabe destacar la Plaza Bolívar de Maracay, su ciudad predilecta y el monumento a la Batalla de Carabobo, así como de numerosos puentes y edificios públicos. Se ocupó mucho de los transportes. Creó la compañía Aeropostal Venezolana (también la Fuerza Aérea Nacional); construyó numerosos aeropuertos: Coro, San Antonio del Táchira, el de Mérida, etc. Creó asimismo las primeras líneas de autobuses interestatales y las correspondientes terminales de autobuses y construyó también la Carretera Transandina.
Juan Vicente Gómez como quedó dicho gobernó por casi tres décadas. Creó el ejército de tierra y una academia para formar la oficialidad, con lo cual puso término a los ejércitos personales y regionales, semejantes a las mesnadas medievales dependientes de los señores feudales.
Como Francisco Franco murió en su cama de causas naturales. Aunque había tratado de designar a su sucesor, no lo había al momento de su deceso y fue sucedido por el general Eleazar López Contreras, su ministro de Guerra y Marina. Este militar y su colega el general Isaías Medina Angarita conforman lo que pudiéramos llamar la transición entre los caudillos semianalfabetos del siglo XIX y la Venezuela del multipartidismo propia del siglo XX, interrumpido por el septenio de Marcos Pérez Jiménez y finiquitado hasta ahora con la irrupción de Hugo Rafael Chávez Frías en 1999.
Eleazar López Contreras
Hijo único de un general pero educado por un tío materno sacerdote católico, defendió el gobierno de Gómez durante su carrera militar, aunque por mucho tiempo no gozó de la privanza del dictador. Cosa rara entre militares, escribió y publicó nueve libros[3]. Dentro de su obra de gobierno se destacan la creación de la Guardia Nacional, inspirada en la Guardia Civil española; y el Banco Central de Venezuela. Ofreció asilo a los judíos europeos que huían de la persecución nazi. Instituyó los ministerios de Sanidad y Asistencia Social y el de Agricultura y Cría, el Museo de Bellas Artes y el Instituto Pedagógico Nacional para la formación de maestros de enseñanza primaria. En otro orden de cosas negoció y firmó el Tratado de Delimitación de Fronteras con Colombia.
Exiliado vivió en Miami, Florida, entre 1945 y 1948. De regreso a Venezuela recibió la primera réplica de la espada de Bolívar y fue electo senador vitalicio. Aunque López Contreras democratizó la escena política venezolana su sucesor no fue elegido por el voto directo sino por el Congreso.
Isaías Medina Angarita era el ministro de Guerra y Marina de su predecesor. Tenía fama de simpatizar con Mussolini y de hecho no le declaró la guerra al Eje hasta el 15 de febrero de 1945.
Medina Angarita dio amplia libertad de palabra y concedió el voto a la mujer. En su época empezaron a funcionar los partidos políticos de la Venezuela de hoy. Se ocupó mucho de la legislación obrera y convirtió a Caracas en una ciudad moderna, donde edificó la ciudad universitaria.
Su gobierno fue derrocado en 1948 por una conjura forjada entre la oficialidad joven de la Fuerza Armada y los cuadros de Acción Democrática. El hombre fuerte de esta junta era Marcos Pérez Jiménez, depuesto diez años después para dar inicio al período democrático en Venezuela[4]. El mismo terminó, como se indicó, con la aparición en 1999 de Hugo Rafael Chávez Frías y sus herederos.



