Palabras necesarias y otros poemas

Poesía

José René Rigal

Jose-Rene-Rigal-orilla-OtroLunes34José René Rigal (Baracoa_ Cuba 1953) Profesor y Economista. Es miembro del Taller Literario “Pablo de la Torriente Brao” patrocinado por el escritor cubano Rafael Vilches Proenza. Ganó el concurso provincial de Talleres Literarios en el género de poesía con el poema “Remembranzas del Exilio”, obra que da título a un poemario que fue publicado bajo el título La profundidad del tiempo (Editorial El barco ebrio, España, 2013). Poemas suyos han sido publicados en revistas de la isla y el exilio.

 

*****

 

Palabras necesarias

A Lina, ahora que me duelo.

Mis palabras no podrán ser puentes para salvar atajos
ni camino impar después de tantas huellas de pureza.
Mis palabras son  desprendimiento de astros,
nueva canción que rompe el espejismo de la noche.
En mis palabras no hay señales de otro reino
ni brumas que entorpezcan el ritual a dueños del espacio.
Mis palabras están llenas de una tierra
que respira aguas hacia todas partes,
caminan y se hunden en un cuerpo sin vida que las tiñe de violeta.
Mis palabras son todo lo que fueras tú, y el verso entre dos mundos,
mitad de ti, mitad de mí, como nombrar la luz desde un barco
que se pierde en el naufragio.
Palabras no de fondo que denoten estrechez del alma,
tristeza no de manos,
paciencia comulgada con las tibias floraciones del entorno.
Estos días las palabras avanzan más rápido que de costumbre
para llegar al pan necesario, a las tantas formas de lo necesario.
Paso de hombre hacia la intemperie, aunque nada denote,
solo voces dolientes,
palabras para gritar rabia encadenada.

 

*****

 

El llamado del agua

He aquí el llamado del agua desenterrando la memoria.
Agua que se rompe bajo la densa bruma de la noche.
Lluvia que golpea sin espacio en manos sumergidas.
Aun no sé cómo las manos no mancharon el agua debajo de la noche.
Cada noche era una nueva madrugada,
cada madrugada otro día salpicado de gris.
Por la estepa del agua viajaban las horas cansadas de la misma cobija.
Una ola llegaba sucediendo a otra ola con el mismo desenfreno.
El trigo azul se mecía en el viento que bajaba por las faldas de las lomas.
En la planicie la noche destilaba murmullos de silencio.
Era una noche inmensa con las piernas abiertas pariendo madrugadas.
Todo era noche, todo silencio, todo madrugada.
Solo había un pedazo de cielo
salpicado por el brillo de unos ojos
desenterrando la memoria.

 

*****

 

Exilio

Hay miradas que se rompen
como beso que duele
cuando el hombre se hace frágil
límite profundo,
cuerpo que huye
imágenes que horadan,
golpe seco sobre  labios enfermos.

 

*****

 

Elegía del Pescador

Era una noche larga, oscura y aciaga como tantas.
La espera demandaba paciencia desacostumbrada.
El hogar, el vacío, la ausencia de pan.
El tiempo como un látigo batiendo sobre el tronco del naranjo.
Tendido bocarriba pensaba en el Cielo para aliviar mi soledad.
Pensaba en lo difícil que es la tarea de ser pobre.
Pensaba en la nada, cuando la nada también desaparece.
Pensaba en el brillo de los ojos,
en los párpados inertes,
en la voz del anchuroso azul.
Pensaba en el día negado después de tanto abandono de luz.
No pensaba en el sueño porque el sueño también llega subrepticiamente.
Ya estaba alta la noche cuando salió.
Sentí un terror paralizante.
Fue un sonido amargo, crujiente,
como cuando duele,
cuando duele de verdad,
no en carne  inanimada o en un trozo ahuecado de madera.
Pero dolió, quizás por el tiempo, las razones, las circunstancias.
Pero dolió como duele bajo un cielo donde nunca llueven las estrellas.
Luego el viento moliendo el silencio de las aguas,
perdiéndose en el camino de la noche,
y las sombras, solamente oyendo el eco de las sombras.
Luego la envoltura de la noche cubriéndome la tierra,
una tierra sin pausas, dura como el pan que horneaban mis manos.
Un dolor agudo de maderas labrando las costillas
y el abrir de unos ojos hacia la noche inmensa,
donde las sombras se parecen a un encierro
y la oscuridad nos corta los caminos.

 

*****

 

El muro

Yo que habito todas las sombras
tengo mil noches para suplir mi oscuridad.
Llevamos la miseria dentro,
nos consume su camino hacia la Nada.
El mundo baja despacio, odio que alimenta mi muerte.
Mi hijo aún no ha visto el mar, ignora el color de las gaviotas.
Lluvia que envuelve la ciudad sin otro resplandor que la tristeza,
mancha que nunca pasa, una palabra es la que tengo:
pagar bien caro el permiso de estar vivos.
Silencio tiene cuerpo: un amasijo donde beberse las palabras.
Delfines amaestrados, la inevitable circuncisión,
y entonces quedamos apagados
como quien pone un muro en los límites del cielo.
Abandonaré el dolor en el próximo abrigo,
en algún sitio indefinido,
en el instante más frágil del tiempo.
Llegará el cristal de las anunciaciones
cuando los arboles ocupen su sitio
y la ruta blanca alcance al cuervo
que castiga nuestros ojos.