Tradición, creación e innovación

Carlos-Enrique-Cabrera-opinion-OtroLunes34

 

“No sigo el camino de los/ antiguos: busco lo que ellos buscaron”

BASHO

 

Hay quienes desde la más extrema soberbia pretenden borrar de golpe  el ingente y rico legado de siglos de los grandes maestros que nos han precedido (poetas, narradores, ensayistas), en nombre de una mal entendida libertad creadora, acogiéndose a la sacrosanta divisa de la innovación, del cambio, de la transformación, de la revolución  de formas, estilos y contenidos. Leer más…

Diagnóstico de la poesía centroamericana III (El Salvador – Primera parte)

Antonio-Cienfuegos-opinion-OtroLunes34

Hablar sobre poesía salvadoreña para mí es, en particular, difícil. No porque sea salvadoreño, sino porque es un país que me tuve que inventar, porque tuve que crear un lugar en el cual ceñir mi sentido de pertenencia y mi identidad, a diferencia de los algunos poetas de mi generación que crecieron allí, ellos tuvieron que olvidarlo. Como más de siete millones de exiliados que vivimos casi toda nuestra vida fuera, me toco crecer en una comunidad trasnacional y aprender el ontos centroamericano como migrante y expatríado, ahora doblemente en Chile: de El Salvador y de México. No fue hasta muchos años después que recorrí a pie toda Centroamérica, especialmente El Salvador, cuando hice un descenso por los nueve círculos de infierno, hice los recorridos infinitos de los migrantes, de ida y de vuelta, cruce ilegal/legal el río Suchiate, pasé por las balsas de Caronte que transitaban esas almas al Hades, por esos viajes hice muchos amigos, conocí muchas personas y me inventé otra Centroamérica, otro pulgarcito, otro Cuscatlán.

Este análisis diagnóstico deviene de lo que he conocido a lo largo de esos viajes, lo leído en festivales de poesía, así como en antologías, revistas, blogs, etc., tanto como en las muestras de poesía que he preparado. Es, por tanto, importante señalar que está basado en el sesgo de su autor, pero siempre fiel a lo que se ha estado escribiendo los últimos años. No pretendo hacer un panorama completo y totalizante, tampoco un ensayo exhaustivo de los poetas que ahora hay en El Salvador, mucho menos dar la última palabra; apenas sería el comienzo de una suerte de diálogo al que invito a todos los poetas que ahora están en activo, exiliados o no, para sumarse a la urgencia crítica que tiene la producción poética del país, urgencia crítica que deviene de una notable crisis de la cual, desde mi perspectiva, se empieza a salir; en ese sentido no puedo negar que la poesía comprometida (más allá de aquel paradigma Daltoniano), ha salido a dar la cara por la poesía salvadoreña, redefiniéndose a sí misma; es justamente esta poesía social y comprometida la que ha permeado de vitalidad no sólo a El Salvador, sino a casi toda Centroamérica, que día a día vive una guerrilla urbana con incontables víctimas; esta poesía social está muy alejada (o trascendida) de aquella poesía panfletaria de un Ernesto Cardenal, Roque Dalton u Otto René Castillo, hoy día ya no puede existir una poesía panfletaria por una sencilla razón: la poesía panfletaria se ceñía a ideologías, preeminentemente marxistas-comunistas, pero con la caída del muro de Berlín que metaforiza la caída de dicha forma de configurar el mundo, es imposible pensar que la poesía comprometida en la actualidad sea, de hecho, panfletaria; por el contrario resulta contestataria ante ciertas estéticas globalizantes que se adhieren más al ultracapitalismo y consumismo que a lo regional. Es en este sentido que entiendo la poesía socialmente comprometida, como resistencia, al menos discursiva, ante una enajenación y poscolonialismo derivados en primera instancia de los países anglosajones, en segunda por las cabeceras culturales de Iberoamérica (España, México y Chile), que siempre tienden a imponer cánones y pautas sobre Centroamérica.

Tanto en la poesía salvadoreña como en toda Centroamérica, hay un antes y un después de la obra de Roque Dalton, no preciso explicar su importancia en este texto, sin embargo sí es importante señalar el puente entre Dalton y los poetas jóvenes que hoy día están produciendo, dicho puente fue representado por los poetas del taller literario del Xibalbá, cuya importancia histórica radica fundamentalmente en ser el único taller en los tiempos de guerrilla, empezado en 1985, y del que salieran dos poetas míticos, ahora mártires de la poesía salvadoreña: Amilcar Colocho y Arquímides Cruz, y de cuyo mejor exponente sea el poeta Otoniel Guevara, a quien se le suman otros dos poetas con más currículum que calidad: Álvaro Darío de Lara y Javier Ala.

 

Generación de postguerra

Como en todos los países de Latinoamérica, la poesía de El Salvador se conforma por grupúsculos y cotos de poder igual de pequeños que el país, son grupos conformados en su mayoría por Talleres, en ese sentido es fácil identificarlos, si bien la tradición de los talleres se remonta a mediados de los setenta, no es sino el taller Xibalbá el que hace de puente entre esa generación anterior a la guerrilla y a la generación de postguerra, ahí radica su importancia. Para los años noventa y luego de firmados los acuerdos de paz en Chapultepec en 1992, al año siguiente comienza el taller TALEGA, que reúne a tres poetas importantes: Alfonso Fajardo (quien para mí es referente obligado de la poesía, no sólo salvadoreña, sino centroamericana), Edgar Iván Hernández y  Eleazar Rivera; para el 94 comienza el taller TECPÁN, donde encontramos a Mariano Guzmán, Luís Angulo y Noé Lima, éste último el más sobresaliente; otros talleres son Cuervo, con William Alfaro, Osvaldo Hernández y Carlos Clará (que actualmente dirige la editorial Índole) y La fragua; por último en esta década encontramos al grupúsculo con mayor poder simbólico dentro de El Salvador, al grupo que más redes de amiguismo y sectarismo ha constituido a lo largo de Iberoamérica, al epitome de lo que se puede lograr con mafia y conexiones políticas en Centroamérica, el grupo de Jorge Galán, que se reuniera en torno a la UCA (Universidad Centroamericana José Simeón Cañas), estaba integrado por Roxana Méndez, Carlos Serpas y Mauricio Courtade, y tendrían como maestro, entre otros, al escritor Francisco Andrés Escobar. Ya para la década del dos mil, comenzó lo que sería una tercera generación de talleres, (impartidos en su mayoría por esos poetas de los talleres de los noventas) como: La rosa negra, Quino caso, Perro muerto, Casa del escritor  y El taller del parque.

Existe un grupúsculo en especial, por demás lamentable, poetas que no nacieron de ningún taller, poetas que en lo personal considero que ni siquiera han nacido como poetas, que son un lastre y cliché de la poesía centroamericana, que no sólo tienen todas las desventajas de haber crecido en un país con un bajo nivel espitémico, sino que, además, se alejan las únicas cualidades de haber nacido en El Salvador: la ética y la ideología, cuando no se tiene ideología se puede olvidar fácilmente una guerra (como el caso de Elena Salamnca), cuando no se tiene ética el poeta corre el terrible riesgo de volverse un zalamero cultural (como Lauri García Dueñas), y el mejor promotor de estas dos “poetas” advenedizas emigradas a México en San Salvador es Vladimir Amaya, que no cesa sus esfuerzos por encontrarles espacios de promoción y lectura. No es menor su postura política de derecha, con la cual me hace sentido su poética conservadora; son una dualidad eximia de autopromoción y autoayuda literaria, el problema no radica en los espacios que puedan cooptar o no, ni siquiera en la baja calidad de sus textos, ni en la abrumadora necesidad de reconocimiento y legitimación que ellas buscan, basta conocer el nombre del blog (Landsmo(r)der, que luego de que le hiciera ver que no tenía sentido alguno en ninguna lengua y pese a su estulticia de que en “sueco” significaba “asesina de la patria”, ahora le quitó la “r” y apeló al “noruego” para decir que significa: madre de la patria), vaya lo malo no es eso, sino las barrabasadas que ahí publica (como burlarse ramplonamente de la gente pobre) con un tono de  endeble autoridad Elena Salamanca; por otro lado la poeta Lauri García Dueñas ha alcanzado la fama autopromoviéndose por todo México a lo largo de casi una década, lo cual la ha llevado a figurar en antologías y festivales independientes desde México hasta Chile donde este mes de octubre tuviera una penosa participación en La Chascona (la Casa de Pablo Neruda); que estas dos poetas hayan decidido olvidar (o desconocer) la tradición poética centroamericana, que se ciñan cabalmente a los cánones estéticos y tradiciones literarias mexicanas, no tiene realmente relevancia alguna, pueden imitar los estilos poéticos suecos, japoneses, finlandeses, canadienses, chilenos o el que sea, el problema real es que, en palabras de Pound, no tengan una logopea consistente, esto significa que escriban poesía rosa en el caso de una, y poesía inconexa y disparatada en el caso de la otra; que los reconocimientos y espacios obtenidos lo hayan logrado a partir del compadrazgo y zalamería, dos prácticas, de más, habituales en México.

Por otra parte, existen poetas que no olvidan la tradición poética salvadoreña, que se hacen eco del barrio y de la violencia que hoy día vive el país, que entienden la poesía a la par de la cotidianeidad, que viven como escriben, que respiran por las heridas de sus costados, poetas de la urgencia, que en sus versos corre la poética del machete, que sajan la selva (sí esa selva salvadoreña que no existe o que sólo existe para mi imaginario) con su pluma, poetas que no se fueron exiliados a ningún lado, poetas que están comprometidos con nuestro pueblo salvadoreño, que dan talleres y lecturas, que participan activamente en la construcción social de la cultura del país, esos poetas son los que respeto, los hijos de la guerrilla que no tienen miedo a sacrificar la estética para decir lo que se necesita decir, esos poetas que aún con estéticas limitadas en algunos casos, rezuman en conceptos abigarrados de violencia, de patetismo, de  desesperanza, que son críticos sociales antes que poetas, y no buscan la fama ni el protagonismo, aquellos poetas que escriben por la simple necesidad de hacerlo. Destaco entre este grupo a escritores jóvenes como Pablo Benítez, Luís Borja, Erik Tomasino, Duke Mental, Rebeca Enríquez, Noé Lima, Erik Jalagua y Tomás Andreu. De quienes ahondaré en mi próxima columna.

Las marismas

Uriel-Quesada-opinion-OtroLunes34

 

Nunca he podido escribir sobre el viaje a las marismas, aunque el tema lo he cargado entre pecho y espalda por casi diez años. Es posible que el texto que ahora escribo y que ustedes leen no sea fiel ni al recuerdo ni a los sentimientos ni a los impulsos. En breve, puede ser simplemente una mentira, mi mentira. Me miento a mí mismo para decir que ahora sí, finalmente puedo escribir sobre el viaje a las marismas de la costa de Luisiana. Quizás por eso mismo este ensayo desde ya está condenado al fracaso,  pues cuando uno escribe se oculta, pero difícilmente se miente a sí mismo. También éste es un escrito sobre la vergüenza, la de tener miedo, o peor aún: darse cuenta con los años de que no había trascendencia alguna en ese viaje de julio del  2005, que fue una experiencia menor, como ocurre con la mayoría de nuestras desgracias, la medida de nuestra pequeñez de seres humanos. Leer más…

Sucedió en La Habana

Marco-Tulio-Aguilera-opinion-OtroLunes34

Esto que voy a contar sucedió hace muchos años.
Pero estoy seguro que sigue sucediendo milimétricamente.

 

Estoy en el Tropicana. Una vez terminado el show la orquesta interpreta canciones bailables. Cerca de la mesa de los miembros de nuestro tour hay una chiquilla que ha estado haciendo escándalo desde hace un buen rato. Lleva una cinta en torno a la cabeza y eso le da un aire entre indígena sioux y odalisca griega. Su rostro es redondo y bello, como de virgen bizantina. Desde su silla lleva el ritmo con todo su cuerpo, aplaude, grita. Su alegría se me antoja excesiva. Leer más…

El coronel y el Quijote

Arturo-Gonzalez-Dorado-opinion-OtroLunes34

 

El Padre Carlos Manuel de Céspedes, quien fue amigo íntimo y confesor de la gran escritora cubana, premio Cervantes Dulce María Loynaz, cierta mañana en el Instituto de Lingüística en La Habana, disertando sobre la obra de Dulce María, contó al auditorio una anécdota que la escritora le había narrado. Leer más…

Veinte años después, Onetti regresa a Santa María

Jorge-Martinez-Jorge-opinion-2-OtroLunes34

 

Era noche de viernes y el doctor Díaz Grey había elegido el lugar más oscuro del bar del Plaza, lejos del mostrador ocupado desde temprano por Marcos, sus amigos y las mujeres. Desde allí le llegaban voces airadas alternadas con susurros, junto con las miradas furtivas que hablaban de política y de barrer basuras que estarían llegando a sus mismas casas y era menester limpiar con presteza. Leer más…

Una historia (de balseros) infinita

Edgar-London-opinion-OtroLunes34

 

Este no es un artículo literario, menos un panfleto incriminatorio. Es, en el mejor de los casos, una revelación tardía de mano con una confesión necesaria.

Así debe leerse.

Y así fue.

Recuerdo que sucedió en un pequeño concurso municipal de Talleres Literarios en Cuba, a finales del siglo pasado. Yo participaba junto con un grupo de aspirantes a escritores que debíamos leer nuestras historias frente a un jurado que determinaría, en juicio sumario, el ganador que pasaría a la siguiente ronda. Leer más…

Hablando de sí mismo en esta novela.

El manuscrito Durruti
Gonzalo Navajas
Alfar, 2014

 

G-Navajas-Librario-Narrativa-OtroLunes34Puede que la de Buenaventura Durruti, cuya aura  mítica quedó acrecentada por su muerte misteriosa en el frente de Madrid—tema que trató Pedro de Paz en la novela El asesinato de Durruti por la que ganó el premio José Saramago—, sea una de las vidas más azarosas de los líderes que combatieron en la contienda civil. La corta existencia de este anarquista y hombre de acción, de escasa formación pero ideas muy claras, estuvo trufada de sobresaltos. Él y sus camaradas se enfrentaron a tiros con los pistoleros de la patronal en una época en que Barcelona no distaba mucho de la imagen que tenemos de Chicago años 30—lean Cabaret Pompeya de Andreu Martín y se pasearán por esa ciudad—y también cometieron algún que otro cruento desmán durante la guerra civil. Leer más…

El Proust de Noruega

Santiago-Gamboa-opinion-OtroLunes34

Fue el escritor y crítico argentino Alberto Manguel el primero en comparar con Proust la obra del novelista noruego Karl Ove Knausgard (1968).

Y como suele suceder con Manguel, es un absoluto acierto, pues si bien podemos ver en Proust el origen de eso que hoy se suele llamar “autoficción” —El olvido que seremos de Héctor Abad, Tiempo de vida de Marcos Giralt Torrente, El cuerpo en que nací de Guadalupe Nettel—, es poco frecuente un empeño tan claramente proustiano como el de Knausgard, el cual consiste ya no sólo en aislar un episodio de su vida y narrarlo, sino en trasponer a la escritura la totalidad de su vida para verla al trasluz, darle vuelta y analizarla, interrogarla con las armas de la literatura y, en particular, de la novela. El propio Knausgard denominó su obra global Mi lucha, título obviamente provocador, de la cual se han publicado en español los dos primeros tomos, La muerte del padre y la muy reciente Un hombre enamorado.

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No hay en mis días esa soledad infinita

Rafael Vilches Proenza: "Disfruto incluso el olor de cada nuevo libro".

Rafael Vilches Proenza: “Disfruto incluso el olor de cada nuevo libro”.

 

Conversando con el amigo escritor Otilio Carvajal Marrero en la sala de su casa en Santa Clara, me movió el mundo bajo los pies, viró mis días al revés al decirme:

Tú tienes demasiados amigos. Tienes el corazón demasiado ocupado. Yo solo tengo cuatro, y esos me bastan: Francis Sánchez, Jorge Luis Mederos (Veleta), Ángel Santiesteban, y tú (Los Tres Mosqueteros y D’Artagnan). Deberías repensar quienes son los tuyos, y reducir de una vez en una mano, ese enjambre de nombres que galopan en tu mente, que lo único que ocasionan son dolores de cabeza, y una soledad infinita. Una cosa son los socios, y otra muy distinta, los amigos.

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