Cuba no es un país en el cual la práctica religiosa pueda compararse con las de otras naciones iberoamericanas como Colombia o México, donde la Virgen de Guadalupe ha sido y es un símbolo tanto religioso como político desde los tiempos coloniales.
De los cuatro grupos étnicos principales que han habitado el archipiélago cubano desde el siglo XVI a nuestros días, dos nos dejaron huellas importantes en el campo religioso. No hay trazos significativos de la religión de nuestros amerindios (siboneyes, taínos y guanahatebeyes). Tampoco de los chinos, salvo algún cementerio. Mucho menos de los indios yucatecos traídos a la Isla en la antevíspera de la abolición de la esclavitud negra. Han perdurado las religiones traídas por los españoles (el catolicismo, por supuesto) y los norteamericanos (el protestantismo en sus multiformes manifestaciones)1. También, las importadas por los africanos: Regla de Osha, Regla de Palo Monte y Regla Abakuá. En un grado muchísimo menor perviven religiones de cuño europeo como el espiritismo, la teosofía, el judaísmo y el cristianismo ortodoxo (griego y ruso) a quienes, por cierto, el Gobierno actual les regaló no hace mucho una hermosa catedral en La Habana. Quizás haya más, pero se me escapan a la memoria.
Lo que personalmente no sabía es que en Cuba había tenido origen una Iglesia cristiana no católica2: el Bando Evangélico Gedeón, popularmente conocido como los “Batiblancos”3.
Los antecedentes históricos de esta denominación me han llegado a través de publicaciones de la propia Iglesia. Se trata de una mezcla de datos concretos y positivos con otros de la más rancia tradición esotérica, o, al menos, con cierto sabor sobrenatural. Como se verá, faltan muchos datos.
Su fundador fue un oscuro comerciante norteamericano establecido en La Habana. Su nombre: Ernest William Sellers. Nació el 30 de agosto de 1869 en Portage County, en el estado de Wisconsin. Su familia era metodista. No sabemos nada sobre su estado civil, ni si realizó estudios, ni a qué nivel. Tampoco, si participó en la Guerra Hispano-cubano-americana, ni cómo llegó a La Habana. Sabemos que su comercio en la capital de la Isla estaba ubicado en la Habana Vieja. Hombre piadoso, Sellers organizaba por las noches una escuela de estudios bíblicos que llamaba Escuela Preparatoria de Discípulos. Hasta aquí los datos más o menos comprobables y claros de su vida, aunque escasos e incompletos.
Según narran las publicaciones de la iglesia, un día Sellers recibió la visita de un norteamericano que dijo llamarse George Smith. Este le manifestó que en Los Estados Unidos había recibido un mensaje divino para él. Debía vender cuanto tenía, repartírselo a los pobres, y dedicarse en lo sucesivo a la predicación como los frailes mendicantes medievales. Algo parecido a la experiencia de san Francisco de Asís. Sellers desconfió y Smith (del mismo común apellido que el fundador de los mormones) le dijo que podía comprobarle la veracidad de su mensaje y le curó una afección de la columna vertebral que aquejaba a Sellers. Sabemos que Sellers y Smith tuvieron otra conversación ocurrida al poco tiempo, pero desconocemos la temática de la misma. Sellers, después de este episodio casi sobrenatural, cambio su nombre por el de Daddy John y comenzó a organizar seriamente su iglesia. Un buen día se le presentaron dos hombres desconocidos, quienes le manifestaron que tenía que rehacer todo lo hecho y destruir todo aquello que reprodujera figuras de creación (seres humanos, animales o plantas). Daddy John les creyó y el 30 de septiembre de 1928 se quemó todo lo que reproducía imágenes desde fotografías hasta colchones y ropas de bebé. Así aplicaba los mandatos del Éxodo de manera más radical que los hebreos o los musulmanes fundamentalistas de nuestros días.
Credo de la iglesia
Tal como aparece en el expediente de inscripción de la denominación, efectuada el día 25 de marzo de 1930 en el Registro de Asociaciones del Gobierno Provincial de La Habana, esta denominación se basa en:
1- La doctrina de la vida eterna por la fe y no por las obras, predicada durante la Reforma Religiosa por Martín Lutero.
2- Observan el sábado como día de reposo bíblico al estilo de los Adventistas del Séptimo Día y las leyes dietéticas del Antiguo Testamento, como lo hacen otras iglesias protestantes.
3- Creen en la unción del Espíritu Santo en la forma en que lo practican los pentecostales.
4- Siguen reglas muy estrictas con las mujeres, en cuanto a las ropas, joyas, adornos y maquillajes. Se trata de una moda puritana parecida a las de otras denominaciones protestantes y, hasta cierto punto, a las de las monjas católicas preconciliares. Los misioneros visten de blanco, hombres y mujeres, por lo cual son popularmente conocidos como los batiblancos, como ya se indicó.
5- Como se dijo, no se fotografían y no tienen nada que represente, ni siquiera artísticamente, seres de la creación divina. Parece que en otras épocas no podían usar dentaduras postizas ni relojes de pulsera, pero estas últimas prohibiciones han caído en desuso.
La iglesia es jerárquica como los episcopales, metodistas y luteranos. Los que desempeñan labores de gobierno, aparte de los misioneros, deben vestirse de blanco y llevar insignias propias de su rango, un poco como en el Ejército de Salvación. La iglesia está regida por un Concilio Supremo que preside un Apóstol-director. Algo semejante a la estructura jerárquica de los mormones. El obispo Miguel Rodríguez ocupa el cargo de Apóstol-director desde el 20 de mayo de 2008.
Como puede apreciarse, la iglesia no tiene ninguna doctrina propia ni muy diferente de las de otras denominaciones protestantes; esto puede comprobarse de la lectura del libro American Originals del profesor doctor Paul K. Conkin, Distinguished Professor of History, en Vanderbilt University, en los Estados Unidos, que estudia las denominaciones cristianas no católicas surgidas en la Unión Americana.4
Es decir, Sellers no escribió ningún tratado religioso como Joseph Smith (Mormones), Mary Baker Eddy (Ciencia Cristiana), Ellen G. White (Adventistas del Séptimo Día) o Charles Taze Russell y Joseph P. Rutherford (Testigos de Jehová). Por otra parte, tuvo una vida ejemplar sin los escándalos de Mary Baker Eddy o Joseph Smith, ni hizo el ridículo con lema como aquel de Millions now living never die (millones de los que hoy viven, no morirán) de Rutherford. Fue un fundador modesto y, quizá por ello, poco conocido.
Desenvolvimiento de la iglesia
Después de su inscripción, esta iglesia instaló sus oficinas centrales en la Avenida Primera y calle 36, en Miramar, La Habana. Este ha sido y es un barrio aristocrático, pero no hay que olvidar que cuando Sellers liquidó sus bienes recibió un millón de dólares de la época. Más tarde, estas oficinas se trasladaron a la playa de Baracoa, municipio de Bauta, provincia de La Habana, un lugar muchísimo más modesto. Al momento del deceso de su fundador en 1953, a los ochenta y tres años, la iglesia no solo se extendía por Cuba sino también por México y Panamá. Contaba con un seminario de formación teológica, auspiciaba un programa radial y publicaba una revista titulada El Mensajero de los Postreros Días, que alcanzó antes de la muerte de Daddy John una tirada de 250 000 ejemplares por edición.
La llegada del castrismo en 1959 y la proclamación del ateísmo como “religión de Estado”, determinaron una persecución de los misioneros que fueron apedreados en muchos sitios y tuvieron que dormir a la intemperie en no pocas ocasiones. Su vistosa manera de vestir, los hacía blanco perfecto de las turbas comunistas.
Al morir el fundador, le sucedió el obispo Ángel María Hernández Esperón. A la muerte de este, fue designado Apóstol-director el obispo Arturo Rangel Sosa. En vista de la situación de falta de libertad religiosa y verdadera persecución, la iglesia trasladó sus oficinas centrales a los Estados Unidos, primero a Tampa y después a Miami, ambas ciudades en el Estado de La Florida. En buena medida, este traslado lo determinó un curioso hecho. El día 16 de agosto de 1966, el Apóstol-director Arturo Rangel Sosa, acompañado de su hermano carnal José, también obispo de la iglesia y del evangelista Heliodoro Castillo, salieron hacia la provincia de Matanzas y desaparecieron sin dejar rastro. ¿Quiénes llevaron a cabo el plagio? ¿Cuáles fueron los motivos? ¿Qué hicieron con los cuerpos? No se sabe a ciencia cierta. La desaparición de estos tres jerarcas resulta muy extraña por las razones siguientes:
Primero, la distancia entre La Habana y Matanzas es de poco más de 100 kilómetros. En la época, siguiendo la Vía Blanca se hacía en una hora larga, y algo más de dos horas si se seguía la Carretera Central.
Segundo, el territorio a cubrir no presenta lugares propicios para un plagio. Claro que los pudieron haber apresado a la salida de la playa de Baracoa.
Tercero, en todo caso, hubiera sido más sencillo detenerlos y enviarlos a las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción) donde, encerrados en un sistema de campos de concentración inspirados sin duda en las ideas de Himler, estuvieron numerosos creyentes, desde Testigos de Jehová hasta altos dignatarios actuales de la Iglesia Católica, como el Cardenal Jaime Ortega, Arzobispo de La Habana y su obispo auxiliar Mons. Alfredo Petit y Vergel. Junto con ellos se encontraban homosexuales, santeros y babalaos, intelectuales disidentes y otros elementos considerados antisociales por el régimen.
A mi parecer, la desaparición fue un medio de aterrorizar a la iglesia con la esperanza de que detuviera o al menos disminuyera su acción pastoral.
No tengo noticias de que ninguna otra denominación haya sufrido un ataque similar dirigido a lo más alto de su jerarquía. Este hecho recuerda a la misteriosa desaparición del comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán, aunque la motivación desde luego fuera distinta. Ello hizo temer por la seguridad de la cúpula de la iglesia.
Por otra parte, en el año 1971, la iglesia se vio obligada a cambiar de nombre oficial debido a una reclamación de Gideons International. Esta organización protestante se dedica a colocar ejemplares de La Biblia en los hoteles. No se trata de una iglesia, sino de una organización de laicos piadosos (muchos de ellos, hombres de negocios), algo parecido al Ejército de Salvación. Debido a este pleito civil, la iglesia cambió su nombre oficial al de Gilgal Evangelistic Band International y, en 1974, a Soldiers of the Cross of Christ Evangelical International Church (Iglesia Evangélica Internacional de los Soldados de la Cruz de Cristo), nombre con el que aparece en los registros públicos de los países donde la denominación desarrolla sus actividades. Hoy en día, son quince y se extiende por los Estados Unidos, Centro, Suramérica y Europa. Tras la promulgación de la Constitución cubana de 1998 que sustituyó el ateísmo oficial del país por el laicismo de Estado, la iglesia en Cuba ha vuelto a desarrollarse y los ataques han disminuido, sin desaparecer. En la World Christian Encyclopedia publicada en 1982 por Oxford University Press, la iglesia aparecía, según su editor David B. Barrett, como una organización religiosa clandestina. Por cierto, que se refería a ellos como “los batiblancos”. Además, el hecho de haber sido fundada por un gringo, no le daba ninguna ventaja sino todo lo contrario. Especialmente, si consideramos que el Gobierno comunista ha acusado a todas las iglesias, inclusive la Católica, de ser agentes del imperialismo yanqui.
Dada la política religiosa actual del Gobierno de La Habana, destinada a captar a antiguos enemigos (por ejemplo los homosexuales, hoy protegidos nada menos que por Mariela Castro Espín, hija de Raúl Castro y Vilma Espín), no sería de extrañar que el Bando Evangélico Gedeón recibiera en lo sucesivo un trato más racional.
En resumen, Cuba cuenta en su historia con la fundación de una denominación evangélica creada por un oscuro comerciante americano, con tres posibles mártires y con numerosas víctimas de una persecución generalizada que hizo pasar al clandestinaje a la institución. Lo menos que yo habría podido esperar…
Post scriptum
En Cuba, durante el siglo XIX, hubo de hecho un cisma dentro de la Iglesia Católica que pudo haber traído como consecuencia la instauración de una iglesia cismática nacional como ocurrió en la Islas Filipinas con la iglesia Aglipayana, al finalizar la soberanía española en aquellos territorios.
Aunque el caso requiere un estudio más pormenorizado, baste señalar que el cisma duró año y medio y afectó a la Arquidiócesis de Cuba, nombre con el que se conocía a Santiago de Cuba. Allí, el presbítero Pedro Llorente y Miguel, con el apoyo del gobierno civil formado por librepensadores liberales, se apoderó del gobierno de dicha mitra tras ser nombrado por el rey, pero sin tener la confirmación papal ni haber recibido la ordenación episcopal. Fue un momento de crisis entre España y la Santa Sede, determinado por el ascenso al trono de Amadeo de Saboya. Este rey italiano era de la misma dinastía que propició la unidad italiana y dio al traste con los Estados Pontificios. No tuvo mayores consecuencias, pues en ningún modo implicaba un cambio en la dogmatica católica sino que era un caso de indisciplina. Quizás en un futuro me ocupe de este raro acaecimiento dentro del marco de la historia de la Iglesia Católica en Cuba.
