
El poeta y narrador cubano Rafael Vilches Proenza junto a su entrevistado, el también escritor Hugo Fabel.
Aunque nació en La Habana en 1983, ha hecho casi toda su vida en la ciudad de Bayamo. Se licenció en Estudios Socioculturales por la Universidad de Granma. Poeta, escritor, guionista de radio. Miembro de la Asociación Hermanos Saiz. En 2010 resultó finalista del premio Poesía de Primavera; en 2012 y 2013 mención en el Concurso Nacional de Poesía Fidelia. Aparece en la antología La calle de Rimbaud. Ha publicado en las revistas digitales e impresas, El caimán barbudo, Ventana Sur, Huesoloco, El cuaderno del tábano, y Cuadernos de Pensamiento Plural. Tiene por salir por Ediciones Bayamo La sopa y el cuchillo, libro que no ha salido porque el Director provincial del Centro Provincial del Libro y la Literatura en Granma utilizó los insumos de la editorial para imprimir planillas, ya que según él, la prioridad de dicha institución no es publicar a los escritores, es hacer sobre todas las cosas dinero a toda costa. A pesar de ello Hugo Fabel forma parte de una generación de poetas jóvenes que ya tiene un nombre asegurado dentro del mapa poético cubano gracias a las lecturas realizadas en eventos literarios a los que es constantemente un invitado de lujo por su rebelde y osada irreverencia, en años donde la incertidumbre de un destino literario es el norte de la literatura en Cuba. Por eso siempre será un gusto sentarse con este ser que, aunque él no lo crea, es único y especial, y lo hacemos en el portal del Café Literario Ventana Sur a mirar las palomas en la cabeza de la estatua del Padre de la Patria, y a charlar.
¿Qué te aporta la escritura? ¿Crees que la poesía tenga aún un posible lector?
La escritura se perfila a la par de la personalidad, identificándose de tal suerte que llegan a confundirse, a monopolizar prácticamente todo interés, proyección. Entonces hubo de existir ese punto indeterminado en el que fui más o menos consciente de las posibilidades de ese impulso.
La escritura como ejercicio es liberadora; como actividad humana tiene el encanto de sorprender incluso a quien la ejerce. Es también la vía de confirmar un aquí, un ahora desde la experiencia de vida, desde la palabra en sí misma. Pero la escritura es también límite, Cruz.
No hay método. Se aprovechan los aluviones; se acumulan los motivos hasta que llega la chispa, prende todo aquello. A veces es un punto que se inflama. En otras se trata de llenar tranquilamente el espacio de un cuadro previamente ajustado en sus extremos horizontales. Pero sobre todo prefiero irme a recoger setas y regresar con un león marino.
El poema puede llegar a resentirse en razón de su forma o acabado, incluso de su frugalidad tropológica, pero tendrá que fugarse, proponer una sustancia, una mística, un plus ultra. Y no hablo aquí de lo sensacional ni impactante, porque en ello se refugia a veces la mediocridad, el oportunismo; sino de ese ALGO que es la promesa de toda poesía.
Yo escribo porque no puedo pararme a decir sandeces en la televisión, dar un batazo descomunal en un estadio, pasarme la vida en un laboratorio. Yo escribo por narcisismo, inconformidad, no precisamente política (aunque tampoco la excluyo). Qué se yo, nadie que decida ponerse a escribir de pronto por dinero, reconocimiento, puede caminar un par de cuadras sin que le caiga un globo de mierda encima.
No tengo formación alguna. Soy lo que se dice un autodidacta 100 x 100. Tampoco tengo claro eso de los dones. En lo que sí creo es en la capacidad expansiva de la lectura, en la experiencia vertiginosa, en cierto impulso místico. En ocasiones me sonrojo, muchas veces ironizo cuando alguien me llama poeta, escritor.
Un amigo tiene un verso que reza: la poesía es otra cosa, claro está que no tiene que decir nada más. Después de aquella broma de Lezama sobre el caracol y el rectángulo de agua, la poesía para mí puede ser quizás lo que te decía arriba, salir a buscar setas al bosque y regresar con un espléndido león marino.
Yo creo que el hombre no debe hacer otra cosa, ya que el solo hecho de firmar el contrato que supone respirar, alimentarse, eyacular, sufrir, volver a eyacular, perder la virilidad hasta morir, habla por sí mismo de una esperanza. Porque defenestrar la ventana puede acabar a tiempo con esa lúgubre perspectiva que implica la vida en la desesperanza. Lo que no quiere decir que uno ande predicando una fe insulsa, un sueño ridículo. Lo que sucede es que todo está tan viciado por la religión, la política ,que terminamos diluyéndonos en su esencia. Siempre habrá un lector.
¿Qué autores influyeron en tu formación literaria?
Uno lee, rumia, balbucea, asimila, luego sale dando brincos unas veces con aciertos, otras no. Lo que se obtiene del alambique no responde ya a componentes individuales sino a la combinación. No obstante, Rimbaud fue para mí la confirmación de un trance devenido condición inherente de lo que hago.
Los otros: Baudelaire, T. S. Eliot, Melville, Lautreamont, Whitman, Faulkner, Pound, T. Man, Kerouac, Lezama, Cortázar.
Libros: Una temporada en el infierno, Iluminaciones, Moby Dick, Los cantos de Maldoror, Mientras agonizo, La montaña mágica, En el camino, Rayuela, El guardián en el trigal, El crepúsculo de los ídolos.
No creo que haya muchos libros con el poder de cambiar la vida. De los libros sale uno siempre como recién bañado en los lagos dorados con los que soñaba Alejandro, pero luego ahí está la vida, inexorable e irreversible, con esa gran respuesta escapándose que es la muerte al fondo.
¿Las obras literarias están en decadencia, crees que la tecnología, el e-book, van hacer que se retorne al gusto por la lectura?
Yo intento ante todo confirmar la poesía que nos habita y deshabita. Confirmar también la bruma que nos antecede, que quizás nos sucederá, en una mascarada desquiciante, consoladora. Hay en todo esto adrenalina, deseos de galvanizar al sapo de la palabra hasta que suelte el anillo.
Toda mi aspiración se reduce a hacer lo que me justifique ante mí. Asumir el fulgurante vértigo, la sedimentación de la vida. Luego dejar que el viento desmantele al coleóptero, con el pensamiento fijo en la próxima bombilla.
Yo creo que en sentido general lo que está en crisis es la consecuencia de la literatura en esta abrumadora era de las tecnologías, con sus dinámicas vertiginosas, la preponderancia mediática, en Cuba aún más porque tenemos una sociedad diluida en los imperativos de la subsistencia, en gran parte enajenada, escindida hacia adentro, hacia afuera, sus instituciones son diseminaciones de la negligencia, la ineptitud, por un equívoco político que condiciona todo hacia abajo. Pero la literatura no, la literatura está ahí, empecinada, terca.
Yo, que como tú y todos los cubanos que hemos nacido del 59 en adelante, he padecido los descalabros, apresuramientos a destiempo de un sistema que ha subvertido la disposición natural basada en lo particular, en nombre de una ilusoria, disparatada homogeneidad, sospecho de todo lo que tienda a colocarme de antemano en función del otro. Lo que no excluye de ninguna manera la solidaridad individual, gremial, la responsabilidad social. Sin embargo, considero que la revalorización de lo individual (que implica, en primera instancia, la responsabilidad para consigo mismo) puede conducirnos a un nuevo tipo de relación que recupere las esencias humanas dejadas atrás.
La experiencia es ambigua. Descubrir internet en cuanto a posibilidades de promoción, comunicación e información fue como un deslumbramiento. Pero luego vino la frustración de apenas poder servirse de esas facilidades. El monopolio mediático en Cuba tiene muy claro sus límites, las brechas que se permite. De ahí que yo y miles de jóvenes apenas podamos valernos de esa indispensable herramienta. Los E-book, en tanto, libros electrónicos me han servido solo eventualmente. La verdad es que hasta el momento no han significado mucho para mí, quizás por no poseer un dispositivo portátil que me permita llevar una biblioteca a todas partes, porque el libro sigue siendo para mí, además, un fetiche, un objeto de olores, poderes energizantes.
¿Sientes el desencanto de pertenecer a una generación anestesiada, mutilada por el poder de un sistema político cerrado?
Creo que mi generación fue el reducto (extinto ya) de la utopía. Es desesperanzador que hoy toda aspiración de la juventud se reduzca a la idea de emigrar, que la FEU sea una parodia inocua de lo que representó en la República, que la educación deje tanto que desear, que las propuestas artísticas más cuestionadoras se vean sometidas a la censura, limitadas a meros espacios de catarsis. En general, la sociedad padece ese anonadamiento, pero a pesar de todo hay considerables zonas de la juventud dentro de la Asociación Hermanos Saiz (AHS), en las universidades, en las esquinas, en los parques, que desmienten toda mirada apocalíptica sobre este asunto.
No lamento que mi ciudad no sea otra, sino que sea lo que han hecho de ella: el equivalente a una vieja honorable a la que maquillan ocasionalmente para celebrarle más que aniversarios, años de muerta. Bayamo actualmente (y duele decirlo) es una ciudad patética, es la estampa del desaliento. Es probablemente la ciudad más anticuada, retrógrada del oriente, el descrédito de instituciones como el CPL (Centro Provincial del Libro y la Literatura) corrobora una crisis que no parece tener solución, porque estos centros de la ineficacia se cimentan sobre equívocos conceptuales, sistémicos.
Bayamo es un misterio en vilo. Tú sientes ese hálito terrible del tiempo que solo las ciudades añejas poseen, desandar sus madrugadas puede ser una experiencia extraña, reconfortante. La capital cultural e histórica de este país es Bayamo, eso no deja de provocar orgullo en mí, que no nací precisamente en esta tierra pero que tampoco podría ser ya de otro lugar. En momentos lúgubres suelo hablar de su karma de ciudad quemada; pero el karma se modifica en el momento en que identificamos conscientemente sus condicionamientos y asumimos una voluntad de futuro.
He tenido que sortear la censura. Sí. Tengo un trabajo en el que abordo ese tema, es bastante sencillo. Los reclamos de una crítica eficaz, constructiva (recurriendo a un término oficialmente clásico) para estos “tiempos de cambios”, etc., responden a una quimera porque una crítica como la que presuntamente solicitan tendría que estar dirigida a la raíz de todo el asunto, que es de índole política, sistémica. Y ya se sabe que en Cuba la política exhibe un exoesqueleto mítico, un aura sagrada, que se traduce en Revolución. O sea que la tal crítica sería imposible y los reclamos de su pertinencia no pasan de ser otra falacia. En mi caso he sido testigo de los rejuegos y manipulaciones para simular una política más permisiva en mi provincia, pero a la larga afloran los mismos prejuicios y delirios de agenda. Nadie se ha acercado a mí para decirme que no puedo publicar aquí o allá (Y probablemente no lo lleguen a hacer), precisamente porque la censura se “sutiliza” y urde mil maneras de obstaculizar de la forma más cínica.
En estos momentos el escritor cubano más desvalido es Ángel Santiesteban, se encuentra cumpliendo 5 años de cárcel, muy pocos amigos e intelectuales se han proclamado a favor de su libertad. ¿Qué opinión te merece este hecho bajo y denigrante?
En realidad apenas conozco sobre él, mucho menos acerca de su caso. No obstante, yo me declaro a favor de la liberación de cualquier ser humano que padezca en Cuba y en el mundo condenas que no respondan a situaciones en las que esté en juego la vida de otros, mucho menos si el que se encuentra tras las rejas no ha hecho más que ejercer el derecho a disentir, en la práctica, con relación a concepciones políticas. Si Santiesteban ha sido víctima de otro intento de satanización por no comulgar con los intereses del oficialismo, entonces merece todo el apoyo; la indiferencia de los intelectuales, sabiendo de qué va el asunto, no sería otra cosa que complicidad en el crimen. Por otro lado, el libro Los hijos que nadie quiso es de lo mejor que he leído sobre los tópicos de balseros y prisión, me resultó placentero, revelador en cuanto a estilo.
¿Qué mensaje deseas trasmitirles a los cubanos donde quiera que se encuentren, sin importar ideologías, religiones, inclinaciones sexuales o sociales?
Qué miren hacia el país. Llámenle patria, tierra, Cuba o como mejor lo entiendan. Que en cualquier caso no sirve de mucho llevarlo en la lengua, en las costumbres o en la memoria si no se considera como algo esencial su futuro. Y el futuro de un país nunca estará garantizado por ningún gobierno sino en la gente que ha nacido en la tierra, que ha tenido que inhumar sueños y fraguar otros para no diluirse en la aparente futilidad del tiempo.