Para atrapar al buey y otros poemas

Poesía

María Eugenia Caseiro

Maria-Eugenia-Caseiro-orilla-OtroLunes34María Eugenia Caseiro. Narradora y poeta cubana. Reside en Miami. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas del Caribe, de la Unión Hispanoamericana de Escritores, de la Asociación Caribeña de Estudios del Caribe, Miembro Correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba en USA y Miembro Colaborador de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE). Integra la Muestra Permanente de Poesía Siglo XXI de la Asociación Prometeo de Poesía y el Consejo Editorial de La Peregrina Magazine. Ha participado como jurado en certámenes literarios. Ha obtenido reconocimientos por dedicación a la difusión de la cultura. Hollywood Diamond Hommer Trophy,1998; Premio José María Heredia, 2007; Primer Premio Narrativa Artesanías Literarias, 2007; Primer Premio Poesía Carta Lírica, 2011. Ha publicado el poemario No soy yo, en versión bilingüe, español y rumano, 2004; Palabras al dente, 2008; Nueve cuentos para recrear el café, en versión bilingüe, español y francés 2010; ESCAPARATE, el caos ordenado del poeta, que reúne varias épocas de su poesía, 2011 y Arreciados por el éxodo, Imagine Cloud Editions, 2013

 

*****

 

Para atrapar al buey 

Para atrapar al buey
la cuenca de la tarde en su hora pentágona.
Debe acudir al puente
del sueño en que confluyen
en la cuarta paleta del sino en su muestrario
el ritmo de la araña
y el tegumento longo de la rosa sombría
posado en un sextante de la cara del diablo.

El sol amoratado por la lluvia del polvo
y el diente del acaso hundido en la escollera
en que pastan los plazos
conferirán imagen a ese buey indolente
que observa desde el tiempo
y encabestra sin prisa el hierro en la guadaña
para volverse un nudo sobre nuestra cabeza
y perderla en el vilo de las horas que pasan.

Para atrapar al buey tendido en su cornisa
no es  posible arriesgar el oro entre las piernas
ni el dedo acusador del anillo en que bailan
las estaciones mudas de luz en la fijeza
al filo de la nada.

Solo en la caja oblonga que nunca despabila
de su espejismo arcaico las voces apagadas
en los conos del sueño
cabe la nada enorme del buey en su escenario
y un mundo que no gira sino en un paso solo
del tiempo que en la espera hace el camino andado.

Mas los bueyes augustos que auguran en las tardes
con la pisada sorda de candil apagado
la soledad del tiempo en que termina el juego
de la vida en el ciclo de sus grupas sin pasto
tienden vueltas y vueltas para enrollar el hilo
maldito de los pasos.

 

*****

 

Soledad 360

Habana maniobra de pasos circunscritos.
San Miguel distraído en antiguos ministerios
esquiva el Malecón desde el Quintín Banderas…
La calle Soledad enlaza caprichosa
a un Neptuno foráneo cuyo reino se aparta
mil y una brazadas de la rambla a San Lázaro.
Fui un arrecife en vilo detrás de los barrotes
con la escena varada en la visión curiosa
del piélago de tejas.
Allí ese catavento industrioso que ignora
la vida en sube y baja
ordenanza amarrada a un espigón del tiempo.
El  niño que en mi vientre traspone su cantata
no sabe de ciudades y del calor se queja.
Y frente a la ventana impasible desnudo
el único paisaje cuyo enjambre de luces
va cegando palomas que llegaron temprano
a construir el  nido de mis razonamientos.
Ya me dejo caer sobre la losa inerte
que alberga baraúndas de pisadas ociosas
grillos tabuladores sediciosos coleópteros
y almiquíes hambrientos.
El horno de mi vientre
arrima su envoltura al fresco de la losa.
Debajo de la losa el suelo y luego el eco
subterráneo en el fondo marino con sus sombras
encrespadas y audaces convocando a las moiras
y arrastrando mi sueño al pozo de sus fauces.
Y me dejo llevar con mi chiquillo adentro
mientras él se amodorra y arrellana la lanza
del piececito autárquico allí entre mis costillas
y el buey del tiempo calla como siempre es silencio
intangible desgrano de una interpolación.

 

*****

 

Redondez del Tipitaka

Hay días de tormenta, los días de aguacero
verdosos y extasiados días de Lianyungang
que no es Lianyungang sino un surco al sur
cavado con las cuentas de granizos lunares
cayendo en sus tres cestas.
Hay música de zinc.
Es de zinc esa música encima del tejado
aquí en Lianyungang analógica y surcada
en el centro del arco azul dominical.
Y el coro juglaresco obstinado de las ranas
musas desenfadadas de verdor temporero
se destuerce de enigmas budistas bajo el agua.
Días como el suspenso saturan lentitud
destilan placidez sobre el tablero
angular en que espera la estrella
cinco pies coloridos de espalda al Tipitaka
curiosa dama china
rodeando las redondas esferas redondeadas
por la concavidad de alegres pasarelas
cruzándose ante el brillo rodante de las ruedas
redondísimas alas de esferas coloridas
aparejando el coro del zinc al  de las ranas…
En el centro del arco hoy es domingo
aquí en Lianyungang.