

En el año 2000, gracias al Programa de Becas de Traducción Literaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, de México, y a la colaboración y apoyo del Instituto Anglo-Mexicano de Cultura A.C. y de The British Council, la editorial Trilce Ediciones S.A de C.V, puso en circulación la antología La Generación del Cordero. Antología de la poesía actual en las islas británicas, realizada gracias a un profundo y muy profesional trabajo de selección, traducción y prólogo de los escritores Carlos López Beltran y Pedro Serrano.
Se trataba de un acto sin precedentes en la historia de los estudios literarios en español referidos a la poesía en lengua inglesa, y todavía hoy constituye el más serio, abarcador e importante acercamiento a ese fenómeno literario, desconocido en la mayoría de las naciones latinoamericanas y España.
En el prólogo a esa edición, que lamentablemente no se distribuyó en muchos lugares de América Latina, entre ellos, Cuba, donde existe una larga tradición en los estudios de la literatura en lengua inglesa, los antologadores escribieron que: “el término "generación" presenta problemas, lo cierto es que la producción de la mayoría de poetas aquí reunidos comienza, como ya lo dijimos, durante los años de gobierno de Margaret Thatcher y en muchos casos responde directamente a la realidad que entonces se vivía.
“Ese periodo produjo dos cambios significativos en la realidad social de la isla. Por un lado el desmantelamiento del Estado de Bienestar (Welfare State) creado a partir del consenso solidario al final de la segunda guerra mundial, y por el otro una mayor apertura de la Gran Bretaña a las corrientes culturales y sociales europeas y mundiales. Dos ejemplos simples: la sustitución del tradicional impuesto predial, en el que el pago era proporcional al valor de la propiedad, por un nuevo impuesto individual llamado poll tax, que variaría de acuerdo al gasto municipal. El resultado era que una familia numerosa en un departamento pequeño y en un barrio pobre tenía que pagar mucho más que un individuo solo en una mansión en medio de inmensos jardines. Además, debido a que los individuos pobres hacen mayor uso de las prestaciones del Estado, el impuesto individual en los barrios populares iba a ser más alto que en los barrios ricos. Este impuesto extremo, que terminó por ser derogado, provocó la caída de Mrs. Thatcher. Contradicciones del libre mercado. Esos años vieron también nacer lo que los británicos llaman la café society. Este término describe un singular cambio en esa sociedad: antes de los años ochenta era casi imposible encontrar un sitio donde tomar un expresso, pero a partir de entonces comienzan a proliferar los cafés de estilo europeo y aparecen las primeras terrazas en las calles. Se trata de una señal que indica cómo, poco a poco, la gente empezaba a tener vidas menos regimentadas. Esto, se dirá, es superficial. Pero es precisamente en la superficie donde la realidad presenta los síntomas de significaciones más profundas y complicadas. La sociedad británica sufrió durante los años del thatcherismo una transformación radical, y los hechos mencionados son efecto de ello.
“Durante ese periodo fue dando muestras de sí una comunidad de poetas que, como dijimos, cambió profundamente el rostro y las maneras de la poesía en el ámbito británico. Hay que señalar que no se trata de unos cuantos poetas aislados, o de un grupo cerrado y con programa. Por eso hablamos de una comunidad. Nos referimos así no a comunidades estáticas y tradicionales, sino a una red que vincula a un grupo de individuos, incluso aunque no se conozcan, y que no cancela ni su individualidad ni sus diferencias. No es un antecedente sino una conciencia. Los poetas reunidos en esta antología no crecieron y se formaron en un mismo ambiente, ni se dieron a conocer a través de cofradías y revistas generacionales. Esto, por supuesto, no quiere decir que todos ellos hayan escrito de manera aislada y aparecieran luego espontáneamente en las revistas y editoriales británicas. Es el resultado de un tejido social mucho más extenso. Por supuesto, algunos de ellos mantienen amistades desde la adolescencia, o se formaron juntos, o han establecido relaciones de pareja. Pero lo significativo es que, viniendo de distintos lugares y de distintas realidades sociales y culturales, están inscritos en un tejido que incluye no sólo a editoriales y revistas, sino que se extiende gracias a una continua exposición pública. Los poetas han salido del ghetto estático o cerrado de la modernidad y transitan por todos los espacios posibles y en compañía de todos aquellos que se acerquen, ya sea por voluntad propia o por el movimiento de los poetas mismos hacia la exterioridad. Es una poesía pública, no sólo porque no es ajena a la realidad social que le ha tocado vivir, sino principalmente por la comunicación que continuamente establece entre experiencia individual y experiencia social. Es una poesía política en el sentido amplio del término: surgida de la polis y en diálogo con ella.
“Tanto los orígenes como las actividades de estos poetas son muy diversas. Algunos estudiaron en las universidades y allí continúan, o no. Hay poetas que provienen de la clase obrera y poetas que han vivido siempre en el campo. Alguno es carpintero o terapeuta de niños con problemas. Unos han viajado y se nota; otros hablan casi exclusivamente de sus barrios y bares. O son hijos de inmigrantes de la India, del Caribe, de los países islámicos, que usan sus raíces. Lo que los acerca es el continuo trato con esos varios mundos y la búsqueda no sólo de su expresión sino de su conversación y conversión en materia poética. Pertenecen, como dijimos, a una comunidad en tanto que poetas, pero también a otras, y esto establece redes de comunicación muy extensas, cuya diversidad enriquece a la anterior.
“Para decirlo en breve, la compleja y mutante sociedad británica ha producido una generación de poetas que intenta reinventar el sitio y la función de la poesía en los tiempos movedizos que vivimos. Tiempos en los que nuevos y espectaculares medios electrónicos de transmisión de textos, imágenes, intuiciones, visiones, sonido, han proliferado, y han hecho que los espacios que en otros tiempos le correspondían por alcurnia y tradición a la poesía sean conquistados y revolucionados por más versátiles medios. Estos autores reconocen que la poesía, practicada con la vista en el pasado, se había ido quedando reducida a ocupar los estrechos ambientes de las academias y las sociedades meramente literarias hacia donde gravitaron los poetas, refunfuñando al descubrirse en un siglo equivocado. Al tender a ya no interesar a nadie fuera de ese universo cerrado, la poesía — se han dado cuenta— estaba corriendo un serio riesgo de volverse obsoleta e insignificante. Había de algún modo que superar, sin olvidarlas, las avenidas y puentes de la tradición, y sobre todo cambiar de actitud. Por más bien hecho que estuviese un poema, nada tenía que decir realmente si se limitaba a conversar con los muertos, si no sacaba las voces de la tradición (o de las tradiciones) y las revitalizaba.
“La respuesta de esta nueva generación de poetas británicos está sencillamente en sus textos, que se han venido sumando y acomodando hasta conformar un paisaje profuso y emocionante de piezas diversas que nos hablan de esta nueva vida del poema en aquellas islas. Han entendido en primer lugar que los dispositivos lingüísticos, las secuencias de palabras que suelen llamarse poemas, tienen aún muchas mutaciones que sufrir y veredas que recorrer antes de que se les consigne al gabinete de curiosidades del pasado; que los efectos estéticos e intelectuales de lo que ocurre cuando conjuramos los proteicos recursos expresivos de la lengua al armar esas pequeñas máquinas de ritmos y sonidos puede seguir incidiendo, día con día, en nuestra manera de vivir. Que, bien entendido, el espacio de un poema es lo suficientemente generoso y adaptable para que en él quepan las más dispares investigaciones sobre la vida humana, y los más heterogéneos y disímiles acercamientos. Que no hay en principio por qué excluir nada, ni delimitar, de un modo ceñido y ascético, el terreno de lo alcanzable por las redes del poema. Si los entramados de la vida hoy nos dan acceso a puntos de mira, a vocabularios, a sensibilidades, a experiencias y deseos no sólo cambiantes sino a menudo incoherentes entre sí, y casi siempre refractarios al diálogo transparente, el poema puede contribuir a allanar las distancias, a hacer nombrable y habitable la diversidad. Como lo muestran los autores que hemos antologado, un poema puede internarse en los pasadizos de la singularidad, como hace el etnólogo o el entomólogo, mirando con lupa los usos y costumbres de una tribu o las particularidades de un insecto, ya sea de la antigüedad, de un país remoto, o de un vecindario extravagante que puede ser el nuestro; o haciendo convivir las disonancias y heterogeneidades en un mismo espacio, de modo que se interrelacionen y modifiquen. Los temas que tratan pueden ser científicos o políticos o religiosos. Los animales, por ejemplo, tienen apariciones continuas. También las tienen los aparatos tecnológicos y el choque entre culturas. O el cierre de las fábricas. O la historia antigua. O la presencia de pordioseros en las calles. O la experiencia de la maternidad, la paternidad y la sofocación del medio social. O el desánimo de la vida amorosa. O la sordidez de la guerra de los sexos. Se trata casi siempre de poemas que no se separan de la urgencia de lo que acontece, pero que la transforman y la reubican a través de distancias y desplazamientos diversos, irónicos, líricos, estilísticos.
“Por supuesto, un movimiento así tiene consecuencias. A estos poetas se les ha acusado de tirar por la borda la experiencia de las vanguardias, de refugiarse en una parafernalia seudo-novedosa que no es sino un reciclamiento de la "Little England" de Larkin. Esto es injusto, empezando por Larkin. Lo que es en parte cierto es que en ellos la radicalidad de la voz poética de la modernidad ha dejado paso a una voz menos experimental y extrema —la voz, no la experiencia. El desorden del yo —que sigue existiendo— deja el universo claustrofóbico y altamente solipsista de las vanguardias y circula por otros caminos. No creemos, sin embargo, que este hecho signifique un rechazo de las intuiciones y aciertos de los mejores poetas del siglo XX. Lo que pasa es que esa experiencia está incorporada a otras realidades. El diálogo con el yo continúa, pero también aparece el diálogo con el otro, muy escaso y muy atormentado en la mayoría de los poetas anteriores, no sólo en lengua inglesa. Esto no quiere decir que aquellos poetas no hablaran de, como dice Machado, "lo que pasa en la calle". Esa exterioridad es central para la poesía moderna, desde Baudelaire. La diferencia es que en las vanguardias esa experiencia iba en una sola dirección, es decir hacia el espacio interior del poeta, y allí se vivía. En la poesía de la modernidad son los lectores los que tienen que encontrar el camino hacia ese universo, muchas veces doloroso pero también sublime. Modernidad, en este sentido, es aislamiento.
“La ruptura principal entonces radica en el tránsito que hay en estos poetas entre esos dos espacios. Y no sólo en ellos, sino también en el lector. Por eso nos importa hablar de comunidades. Pero las comunidades, hoy, tienen que ser flexibles y varias, y es indispensable que no sacrifiquen la individualidad. Ésta es la principal razón de la obsolescencia de la actitud de las vanguardias, que lo veían, pero que no encontraban el modo de conciliarlas. De ahí su inmersión en la experiencia solipsista.
Esta nueva realidad común no es exclusiva de los artistas y poetas británicos. Aunque en ellos los rasgos de esa nueva configuración pueden verse con claridad, lo que ahí pasa también nos pasa a nosotros, en el ecosistema de la poesía escrita en español, sea en México, en Uruguay, en España o en El Salvador. Compartimos una globalidad, distinta a la económica. Y la percepción de ese hecho es uno de los principales motores de este trabajo. Mostrar en el ámbito de la lengua española lo que otros también están haciendo, y ayudarnos un poco en nuestra propia redefinición y reconocimiento, no es un mal principio”.
Hemos escogido, entonces, cinco poemas de cinco autores, todos nacidos en Escocia, y todos miembros de la Nueva Generación Poética, según la Poetry Society, para que sirva de muestrario de esta antología que, creemos, debiera estar en todos los estudios sobre la literatura de lengua inglesa en nuestras Universidades. Ojalá alguna vez vuelva a editarse.
Poeta, ensayista, historiador de la ciencia, filósofo de la ciencia. Nació en Minatitlán, Veracruz, tres días antes del temblor de 1957. Se doctoró en 1992 en el Kings College de la Universidad de Londres con una tesis sobre la construcción del concepto moderno de herencia biológica. Como poeta es autor de Entre los intersticios (La Máquina de Escribir, 1980); "Ciudad erial", en Postales (SEP-CREA, 1986); y Las cosas no naturales (Trilce Ediciones, 1997). Sus trabajos académicos y ensayos están dispersos en libros colectivos, revistas y publicaciones periódicas, esperando su acomodo en libros propios. Ha sido integrante de las revistas Artes Visuales, Naturaleza, Cartapacios, y actualmente lo es de Fractal. Es investigador y profesor de la UNAM, en donde recibió la distinción para jóvenes académicos por investigación en humanidades en 1997.
Nació en Montreal en 1957. Estudio Letras Hispánicas en la UNAM y Letras Inglesas en la Universidad de Londres. Fue fundador de la revista de literatura Cartapacios, jefe de redacción de la revista México en el Arte, y es miembro fundador de la revista Fractal. Ha hecho crítica cultural, literaria y dancística. Editó una Antología de narrativa mexicana actual para la revista Storm (Jonathan Cape, Londres, 1992) y el catálogo México Hoy (Casa de las Américas, Madrid, 1992). Su ensayo: "La construcción del poeta moderno: T. S. Eliot y Octavio Paz" se publicará este año. Con el compositor Lúe LeMasnc escribió la ópera Les marimbas del exile/ElNorte en Veracruz escenificada en Francia y México en el año 2000. Sus libros de poemas publicados son: El miedo (El Tucán de Virginia, 1986) e Ignorancia (El Equilibrista, 1994). Ha participado en encuentros de poesía y publicado en revistas de diversos países.