

Graduado de periodista, Senel Paz (1950) destacó muy joven como autor de obras teatrales, novelas, cuentos y guiones cinematográficos. En sus textos aparece el drama cotidiano del cubano, con sus múltiples aristas. El diseño preciso de sus personajes y el cuidado de la prosa, hacen de él un narrador “exquisito” (al decir de Francisco López Sacha) que sin embargo se mantiene dentro de la tradición realista de nuestra literatura.
En 1980 Paz publicó el libro de relatos El niño aquel, al que seguiría la novela El rey en el jardín (1983) y los volúmenes de cuentos Los pequeños se divierten (1989), Las hermanas (1993). Guionista de las películas Una novia para David (1985), Adorables mentiras (1992), Malena es un nombre de tango (1996), continúa desarrollando una obra paralela entre la narrativa y la cinematografía.
Su relato “El lobo, el bosque y el hombre nuevo” ganador en 1989 del Premio “Juan Rulfo” de Radio Francia Internacional y base para la exitosa película Fresa y Chocolate, realizada por Juan Carlos Tabío y Tomás Gutiérrez Alea le dio reconocimiento en todo el mundo y marcó un hito en la narrativa cubana. El éxito del texto recreado en la gran pantalla, donde se presentaba sin maniqueísmos un tema antes tabú, abrió la saga de los cuentos sobre homosexuales y desató una etapa en que el relato cubano centrado en la realidad y en la crítica de la corrupción social reinante tuvo su boom editorial fuera de la Isla.
Antológico y renovador, “El lobo, el bosque y el hombre nuevo” desde su título enuncia la intención de dialogar con un ensayo programático publicado por Ernesto Che Guevara en la década del sesenta y titulado El socialismo y el hombre en Cuba, donde el ideólogo planteaba su tesis de que la revolución socialista debía formar “un hombre nuevo”, sin los vicios morales del individuo nacido y educado en el capitalismo. David, el protagonista de la pieza narrativa y de la obra cinematográfica, parece ser ese “hombre nuevo”, militante de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba quien, cual indefensa “caperucita roja”, perdido en “el bosque” de una sociedad habanera cada vez más alejada de los ideales fundadores, es sorprendido por el peligroso “lobo” de otra forma de pensar la Nación y las relaciones humanas, para algunos simplemente el personaje de Diego, “el homosexual”.
En una entrevista el narrador definió sus motivaciones para la escritura de este cuento mundialmente conocido por su versión cinematográfica: “La película y el relato original van destinados a enseñar que la actitud ante el progreso debe ser la única forma de distinción entre los hombres. […] Vivíamos momentos peculiares para la historia cubana y, más que por obtener prestigio o fama, escribí el relato para desahogarme, para compartir mi meditación. Creo que esa es la misión de todo creador que aprecie su oficio...” El “desahogo” de Senel Paz desató los vientos de la polémica y contribuyó desde el arte a la desaparición de las fronteras entre el antes y el después, el monólogo y el diálogo, los duros y los flojos, los idealistas y los pragmáticos, los desengañados y los engañados, “la fresa” y el “chocolate”.