

No había nada alrededor, solo algunas chamuscas secas, raquíticas y polvorientas, dispersas aquí y allá, que se cruzaban con la sombra agigantada de algún que otro árbol. Pero quizá aquello no fuera como le parecía, sino que debían ser sus ojos, atemorizados, errantes, acaso miopes, ya que no sabía quien era, ni cómo había llegado hasta allí, un lugar inquietante, tenebroso y umbrío. Se encontraba totalmente perdido, desorientado.
Era todo misterioso... ¿De dónde venía…? Empezaron a temblarles las manos, y comenzó a tener miedo, mucho miedo, no sabia nada de él ¿Quién soy? -se preguntó- ¿Para qué estoy aquí…?
Sólo percibo una niebla que cubre todo lo que me rodea, y yo estoy dentro de esa nube. Y si me miro las manos, y me las acerco mucho a los ojos, pues en esta medio penumbra no se ve apenas, descubro que tienen algunas manchas, ¿de qué…? no logro saber de que pueden ser, están muy secas y no se quitan aunque las restriegue con tierra. Seguro que serán manchas de viejo, pero son grandes y las tengo también en los dedos, en la palma de la mano, en las muñecas, y si me fijo un poco más, en los pantalones, en la camisa... estoy todo lleno de manchas... Barro, eso es, deben ser de barro, aunque el terreno donde estoy sentado está muy seco.
El hombre queda un rato paralizado mirándose las manchas, se acerca a ellas, intenta rasparlas con las uñas pero no consigue quitarlas. Insiste, se hace algunos rasguños, de ellos manan gotitas de sangre, el hombre queda sobrecogido: ¡Sangre…! ¡qué miedo! Cierra los ojos, la visión de sus manos manchadas le inquieta. Se pone a temblar.
Tengo frío, y estoy con una camisa solamente, ¿por qué no tendré algo de abrigo…? De todas formas no hace mucho frío ¿estaremos en otoño…? Por aquí no hay hierba, está todo seco, aunque alguna brizna verde parece que toco entre los matojos... la siento, percibo su humedad, y lo suave de su textura, me gusta tocarla, la tendría siempre entre mis dedos, siempre… me recuerda a una piel de mujer, esa finura, esa tersura, esa suavidad... Al recordar la piel de esa desconocida, se me ha puesto el corazón a latir desmesuradamente, parece que me voy a ahogar... ¿quién puede ser? ¿ mi novia, mi esposa…? No sé nada....
Bueno, hay que seguir pensando, estoy convencido de que terminaré por averiguar quien soy y que hago aquí en este lugar desolado.
¡Lo encontré! ¡lo encontré!, un cuaderno, sí creo que es un cuaderno, aquí a mi lado, tirado en el suelo, ¿cómo no lo pude haber visto antes…? estaba tan cerca....
Voy a leerlo... pero no veo bien, esta niebla me impide distinguir lo que hay en sus páginas ¿Será que está oscureciendo…? ¿oscureciendo…? no, pues llevo algunas horas. ¿horas…? Quizá hayan sido días, ¿¡Qué puedo saber yo si no recuerdo nada de lo que me ha traído a este terrible lugar!?
Me vuelve el miedo, estoy temblando, el cuaderno baila en mis manos...tengo una gran curiosidad, pero no veo nada, si me fuera un poco más lejos, donde no hay árboles, seguro que habría más claridad...
No puedo, no se me mueven las piernas, me pesan, parece como si las tuviera atadas, esto debe ser del temor, pues me las toco y están libres... Y ¿qué hago…? Además tengo sed y por aquí no se ve agua alguna. Y tengo la boca seca, muy seca, como las manchas.
¡Dios mío qué angustia! estoy totalmente perdido, y lo peor es que tanto temor me da no saber nada de mí como saber. Saber todo... ¿No estaré ya muerto?
Qué tonterías, mis ojos ven, aunque muy mal, pero al menos distinguen, oigo algunos sonidos, aunque no parecen ser del lugar donde me encuentro, no sabría identificarlos, son ruidos muy raros... o quizá no sea así y yo me los estoy imaginando. Oler, no huelo nada, es más tengo la nariz obstruida como un pedazo de corcho, pero, sin embargo, me toco, me puedo tocar una mano y otra, y la cara, y el pecho… y además he visto este cuaderno y las manchas... ¿Las manchas? Debo quitarme las manchas, debo hacerlo, pero no puedo, me voy a hacer mucho daño, es imposible. Las olvidaré, no voy a llegar a nada, además ¿para qué?
Estoy desorientado, no sé quien soy... Es necesario leer este cuaderno. Cuánto me cuesta moverme, tengo la sensación de que estoy atado, pues me cuesta muchísimo hacer cualquier movimiento.
Ahí, un poco más allá, parece haber una rama de un pequeño arbusto, si puedo agarrarme a ella, me dejo caer y me arrastro un poco, estoy salvado.
Ufff, me duele el cuerpo, parece que lo tengo lleno de heridas, pero yo no me veo ninguna. Estos dolores deben ser de frío. Quizá lo que haya sucedido es que llegué aquí y me dormí y qué sé yo, ahora no me acuerdo a qué vine.
¡¡Al fin puedo ver un poco más…!! ¡¡¡El cuaderno!!! ¿¡¡Dónde dejé el cuaderno…!!? Dios mío, se ha quedado debajo de mi cuerpo, imposible acceder a él. ¡Con lo que me ha costado tumbarme!... Pero necesito leerlo, es la única forma de salir de esta desorientación.
Vuelve la angustia, se apodera de mí y me inmoviliza totalmente... Trataré de relajarme, lo necesito para coger fuerzas y alcanzarlo. Haber... mi cuerpo quieto, como muerto, tumbado, inmóvil... la cara aflojada hacia el lado que se vaya ella sola, la boca abierta, los brazos y los pies colgando...sin vida... los tobillos balanceándose a su aire...
¡¡¡Dios mío... la cama, la falda subida, las medias rotas…los brazos, las piernas colgando, las manchas de sangre…!!! ¡¡¡Sofía!!! ¡¡¡Era Sofía…!!!
-¡¡¡Dejadme salir de aquí, dejadme!!! Yo no quise matarla... Pero ¡¡¡déjenme, por Dios, quiero verla, quiero besarla!!! ¿Dónde está su cuerpo…? Sin ella no soy nadie ¿Por qué no me dejaron morir? ¿Por qué no respetaron mi última voluntad…? ¡¡¡Fuera todos estos cables, fuera!!!
-Quieto, por favor, se va a hacer daño, mucho daño.
-¡Enfermera ayúdeme!, el herido ha salido del coma y se está quitando todos los tubos. Hay que entubarlo rápido o entrará otra vez en coma - ¿Dónde están los policías?
-Están fuera fumando.
-Díganle que entren rápido en la sala, no podemos reducir al enfermo.
-¿No vienen?
-Deben de haberse ido al bar…
...Mi impulso aunque difícil y esforzado ha tenido éxito, he logrado rescatar el cuaderno de debajo de mi espalda. Ahora hay más claridad. Al fin voy a poder leerlo y sabré quien soy. Sofía, tú también me conocerás de nuevo, como antes, y nunca tendrás que buscarme en ningún otro hombre, porque no seré para ti un desconocido y tu deseo será estar a mi lado y no con ese hombre sombrío, extraño, malo...
Dios mío, ¿qué broma es esta? el cuaderno está en blanco, todo en blanco, de la primera página al final... blanco... ¿Quién soy…?
(Salvaleón, Badajoz, España). Doctora en Filología Hispánica y Licenciada en Ciencias de la Información, por la Universidad Complutense de Madrid. Catedrática de Lengua y Literatura, ha publicado varios libros, entre ellos, una edición crítica de San Juan de la Cruz, El Madrid de Carlos III, El costumbrismo español del siglo XVIII, Zugazagoitia precursor de la novela social, y La Literatura del siglo XX. Asimismo, ha publicado los poemarios Signos de sombra, En el confín del nombre, Nos+otros y Gramática de Luna. Su último libro es la novela Con olor a naftalina (2008).