Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Septiembre 2008. Antilde;o dos. Número cuatro

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Datos de la revista, mayo 2007, año 1, número 01
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Desnudar la condición humana.

Voces de la nueva novela negra hispanoamericana

Leonardo Padura
Rolando Hinojosa Smith
Antonio Lozano
Jorge Franco Ramos
Ernesto Mallo
Elidio La Torre Lagares
Juan Hernández Luna

Página 1

“Del mismo modo que para conocer y entender a fondo la Francia de Balzac es casi obligatorio leer sus novelas, para conocer y entender a fondo la realidad hispanoamericana actual hay que leer la nueva novela negra que hoy se escribe en España y el resto de los países latinoamericanos”.

Paco Ignacio Taibo II

«Así es, y en esa nueva novela negra, llamada también neopolicial latinoamericano (o iberoamericano si se incluye a España) es posible transitar, entre otros asuntos, por el mundo de los caminos de la droga en México, la marginalidad social de los pequeños pueblos del Norte, la fauna y las costumbres éticas de supervivencia de esa fauna marginal de las grandes ciudades mexicanas; podemos observar los bordes del abismo en la sociedad colombiana, el trauma del sicariato, las relaciones de podredumbre e intercambio de poder entre el paramilitarismo, las mafias del narcotráfico y los gobiernos; tenemos acceso a cómo se vinculan en la sombra (con métodos absolutamente marginales) los poderes supervivientes de los trágicos tiempos de la dictadura con el poder económico actual en la Argentina; o cómo el comportamiento marginal crece en las distintas esferas de la escala social en las grandes ciudades, e incluso descubrimos la traslación a escenarios latinoamericanos y europeos de los dramas sociales y la desesperanza del pueblo argentino; nos damos de cara, en el caso de Cuba, con la marginalización de la sociedad a escala nacional, el develamiento de la corrupción nacida dentro de un stablishment que se niega a aceptar tales corrupciones por absurdas ideas de barricada, y la entronización en el pensamiento social de la ética de la marginalidad como única forma de supervivencia social. Y así por el estilo, en otras naciones latinoamericanas.

Conocedores de todo lo anterior, es importante saber qué piensan los protagonistas de este fenómeno literario que ha matizado y dado un vuelco a la novela escrita en lengua española. Por ello entrevistamos al cubano Leonardo Padura, al chicano Rolando Hinojosa Smith, al español Antonio Lozano, al colombiano Jorge Franco Ramos, al argentino Ernesto Mallo, al puertorriqueño Elidio La Torre Lagares y al mexicano Juan Hernández Luna, todos con un reconocido prestigio internacional dentro de las letras y, especialmente, dentro de la novela negra.»

¿Qué entiendes como novela negra?

Leonardo Padura: Como presumo que no tenemos demasiado espacio, no podré responderte con la profundidad y los matices que un concepto como el de novela negra exige. Pero hay tres o cuatro esencias que no puedo dejar de mencionar: la novela negra es la vertiente realista (verosímil, diría Chandler) del viejo y todavía actuante modelo de la novela detectivesca que patentó Poe. Es una literatura que desde la investigación de un hecho criminal, se propone una mirada sobre una sociedad, unos individuos, un período histórico, con intenciones artísticas y, a la vez, con voluntad de develamiento y de participación. Es una literatura, por lo general, de un cierto compromiso -y no me refiero aquí al político, aunque puede tenerlo- sobre todo, social, que se acerca a la criminalidad y al delito como formas de manifestarse la vida en las sociedades modernas. Y no puede perderse de vista algo que dije antes, como de pasada: su voluntad artística. Mientras otras modalidades del policial o del relato detectivesco se centran en la creación inteligente de un enigma, en la novela negra, entendida como tipología propia, hay por lo general una postura estética que, al menos para mí, le da su sustento y validez literaria más definitiva.

Rolando Hinojosa Smith: Yo la entiendo, y la veo, como un género que trata de todo tipo de violencia y que toca y cubre todas las capas sociales. Dentro de ella cabe todo aquello de lo que el ser humano es capaz: homicidio, fratricidio, estupro, venganza, la política, lealtad y deslealtad, abnegación, traición, etc. No hay límite para la novela negra. Creo que el mote proviene del francés cuando se habla del cine, el llamado film noir. No creo que pueda haber una respuesta específica ya que existen subgéneros dentro de la llamada novela negra. Bien puede ser un thriller, o novela de suspense, una procedural, o un who done it, todos provienen del primer murder mystery. Uso los términos en inglés ya que así se denominan en este país y todo lo que se haya escrito bajo esa rúbrica lleva consigo lo mismo: casi siempre un homicidio y sus consecuencias. La negra también se parece más a la vida misma porque el bandido, homicida, ladrón, equis, no pocas veces se sale con la suya.

Antonio Lozano: La novela negra es un género literario de larga tradición, construida sobre unos elementos básicos que son el crimen, su investigación, su desenlace, aderezada con grandes dosis de misterio y de suspense, y que a lo largo de las décadas se ha ido enriqueciendo, transformando, diversificando en un recorrido que lo ha llevado por todo el planeta –de sus orígenes anglosajones ha pasado a tener carácter universal, a ser cultivado en los cinco continentes- hasta llegar a convertirse en un instrumento indispensable de la realidad social.

Jorge Franco Ramos: Inicialmente la relacionaba con la novela policiaca, sin embargo, en la medida en que iba leyendo más novelas del género me di cuenta de que iba más allá de unos policías buscando a un criminal. De hecho, descubrí que en la novela negra no hay héroes, más bien todo lo contrario. Y si bien la muerte es la protagonista, creo que lo que predomina en la novela negra es la desesperanza.

Ernesto Mallo: Los géneros literarios son un invento de quienes se dedican a la crítica. Dicho esto sin ánimo peyorativo. Es una manera de circunscribir un hecho literario para que el lector entienda rápidamente de qué se trata. En cierta medida, algo más relacionado con el marketing que con la creación artística. De algún modo, tiendo a considerarlo de la misma manera que a la división de los humanos en razas. En el fondo, la clasificación racial me parece una falacia peligrosa, prefiero pensar en una sola raza, la humana; en una sola nación, la tierra. Repito lo que muchos han dicho antes, en literatura no hay géneros, sino buena y mala literatura. A pesar de todo, los géneros existen; y lectores, críticos y editoriales lo toman en cuenta y uno también se ve forzado a pensar sobre ellos y de algún modo adscribir a alguno. Pero lo más interesante es adscribir críticamente, cuestionar las supuestas reglas del género, problematizarlas, no como un ejercicio teórico, sino desde la misma escritura. Es una manera de entender no sólo la literatura, creo que puede hacerse extensivo a la vida en general. Hechas estas salvedades y para responder concretamente a tu pregunta, diría que una novela es negra cuando un personaje ha sido asesinado y otro tiene interés o deseo de saber quién fue el asesino.

Elidio La Torre Lagares: La novela negra suele tener una plurivalencia de lecturas, aunque esto no sea tan evidente. Por eso me gusta decir que la novela negra tiene varias capas de pieles. Más que un mero relato sobre un acontecimiento policíaco, o el desarrollo de una trama en torno a la resolución de un crimen y su inherente misterio, es una forma de novela política y hasta filosófica. Ciertamente, si la novela negra requiere de un ámbito social específico o de ciertas características, también clama por la resolución de una búsqueda, o la revelación de una verdad en la que es importante entrar el la psiquis de los personajes, sus emociones intrínsecas, defectos, virtudes, fortalezas y debilidades. Es la forma más fiel de representar a perfección una realidad que no es perfecta.

Juan Hernández Luna: Un territorio literario donde aparece un crimen. No tiene que ser precisamente un asesinato, puede ser el desvío de despensas o un secuestro. Si la obra está construida a la altura de Thompson o Easton Ellis, permitirá la reflexión sobre la condición humana, de lo contrario quedará en mero divertimento.

Los temas en la literatura son pocos: amor, infancia, soledad… poder. Existen hoy día tragedias políticas en nuestros países que son Shakespeare absoluto. Hamlet, Macbeth y Enrique IV son representados una y otra vez por nuestros lamentables políticos. ¿A dónde quiero ir con esto? Shakespeare no es novela negra. No existía el aparato civil de justicia o la figura del detective. Todo se basa en la ley de ojo por ojo, ajusticiamiento, venganza. Sin embargo, un buen escritor, es capaz de armar una buena novela negra/criminal en un escenario “shakesperiano”, basta con situar la acción en una república bananera donde la ley la dicte un tirano. En este sentido me vienen a la mente autores como Yasmina Kadra o Tahar Ben Jelloun.

La novela negra o criminal tiene otro par de ángulos que me emocionan, lo cual me permitirá definir mi concepto de manera más completa. Me refiero a lo que se ha dado en llamar neopolicíaco. Ahí los géneros se mezclan con los mismos géneros y los géneros metidos en otros géneros. Sus recursos son de lo más variopinto, ahí se reúnen el folletón con la novela de aventuras o el gore o el terror urbano con realismo sucio y realismo mágico… Esta vastedad de recursos lo convierten en un terreno capaz de ser sembrado por las más disparatadas coherencias, un amplísimo océano de posibilidades y redefiniciones.

Me gusta también la posibilidad de que en el neopolicíaco la resolución del crimen/asesinato/robo pasa a un segundo y hasta tercer o cuarto plano. No es el motivo que alimenta a la gran mayoría de los nuevos escritores policíacos. El crimen/robo/asesinato son un magnífico pretexto para narrar ciudades, mostrar un estado de cosas, aparatos de justicia fallidos, pobreza, corrupción y en donde la figura del héroe o protagonista deviene en una suerte de venganza del inconsciente colectivo contra los ojetes, de que por fin aunque sea en una novela, en la ficción, nosotros como sociedad le podemos poner un chingadazo a los malos. Ah, en las buenas novelas negras el chico bueno no sale indemne. Siempre sale lastimado y jamás debe quedarse con la chica.

¿Qué sientes cuándo escuchas decir que la novela negra es un “género menor”?

Padura: Siento indignación, pero luego pienso que en muchos casos es ciertamente un género menor, porque una enorme cantidad de novelas del "género" son menores. Pero la indignación persiste, porque se está generalizando injustamente -como casi siempre que se generaliza. La novela negra ha demostrado con muchísimos autores y obras su capacidad literaria, su bondad artística, su posibilidad de comunicar, su vocación de participación social, su intención de volar estéticamente. Se ha dicho con razón -y ahí está uno de los grandes problemas del género- que nada se parece más a una buena novela policial que una mala novela policial. Pero que se parezcan no quiere decir que sean iguales, y, menos aun, que no existan magníficas novelas negras. No voy a citar ninguna, pues seguramente olvidaría muchas, pero creo que todos hemos leído e identificado muchas de esas buenas novelas. Y creo que todo depende de la actitud del escritor: primero, cuánto se respete como artista; luego, de su capacidad de hacer literatura dentro de una modalidad narrativa que tiene ciertas reglas -violables todas- dentro o fuera de las cuales se puede hacer arte. Si el escritor no se siente menor, no tiene por qué pensar que lo que escribe es menor.

Hinojosa Smith: Eso de “género menor” tiene tufo académico; a los críticos literarios, y muchos son mis amigos ya que soy profesor universitario, se les es más fácil asignar rangos, a veces para identificar los géneros. No siempre se salen con la suya porque recuerdo que cuando aparece el Pascual Duarte de Camilo José Cela, usaron la voz “tremendismo”, así como en el siglo diecinueve acuñaron el “realismo” y el “naturalismo”. Cela dijo que no había tal cosa y eso del tremendismo murió casi al nacer. Tú, yo, todos los escritores que yo conozco tomamos nuestra labor como cosa seria y no andamos bautizando géneros; ¿me molesta? No.

Lozano: Es una estupidez que afortunadamente no tiene hoy ningún crédito. A superar ese prejuicio, nacido de una concepción elitista de la literatura –del arte en general- por parte de cierta intelectualidad narcisista, ha contribuido decisiva y definitivamente el hecho de que sea cultivado hoy por grandes escritores, y en España, concretamente, que en las últimas décadas hayan recaído sobre novelas negras varios de los más prestigiosos premios literarios del país. Ya la gente, por fortuna, no tiene que esconder la novela negra de la que está disfrutando, la puede sacar a la calle sin complejos.

Franco Ramos: Odio hablar de géneros y mucho más cuando se habla de mayores o menores. Entiendo que los géneros son necesarios para los estudiosos de la literatura, pero como escritor y lector prefiero hablar de un sólo género: la literatura, que, por supuesto, varía mucho en cuanto a temas y estilos.

Mallo: Me da risa. Es un pensamiento que sólo puede provenir de una mente solemne. De esas personas que ven al Arte, así, con mayúsculas, que creen pomposamente que la gran literatura es aquella que se expresa con grandes palabras. La solemnidad es el enemigo número uno de la creatividad. Desconfío de las jerarquías en todos los campos. La jerarquización, así como los géneros, tiene más que ver con el ejercicio del poder que con la auténtica apreciación de una obra. Las obras hablan por sí mismas, deben defenderse solas. La máxima prueba, como se sabe, es la del tiempo. Lo que importa en todo caso es algo que los autores no veremos: si su obra lo sobrevive, si continúa siendo vigente después de la muerte del escritor. Podemos pensar, de acuerdo a la definición que di en la pregunta anterior, que las piezas de los reyes de Shakespeare son policiales o negras y hace más de quinientos años que siguen hablándole al presente. A nadie se le ocurre que pertenecen a un género menor. Esta comparación puede parecer forzada. Pero si escritores de la talla de Jorge Luis Borges disfrutaban de las novelas negras, si seguimos leyendo a Conan Doyle, Poe, Hammett y tantos otros, es porque han superado la prueba del tiempo. El asunto es si el autor tiene algo importante para decir, un punto de vista original, una reflexión interesante sobre su tiempo, si su escritura ha tocado un punto esencial de la condición humana. El género, en todo caso, es una coartada, el vehículo para expresarse como testigo del momento que le ha tocado vivir.

La Torre Lagares: La categorización de la novela negra como género menor obedece a todo un proyecto que en su momento pretendía aglutinar ciertos valores sociales, artísticos, y por ende, literarios, bajo el parámetro de la alta cultura, totalizadora y homogénea. Después de todo, su factura es moderna. Por supuesto, con el tiempo se convirtió en “branding” de las grandes empresas librescas, un asunto de mercado, como decir un Western Spaghetti, o una Novela Rosa, o de Fantasía, o de Ciencia Ficción. Es como transponer al plano literario las especializaciones que invaden el mundo laboral capitalista y las ciencias para inicios del siglo XX. Es todo parte del mismo programa. Pero ya Conan Doyle, Borges, Cortázar, Chandler, entre otros, han demostrado que en un género que todavía no ha terminado por definirse (como decía Bajtin sobre la novela), es poco consecuente hablar de subgéneros.

Hernández Luna: Es un mote que se ha ganado a pulso dada la cantidad de títulos que se publican al año y donde la mayoría muestran facilidad en su trama y los recursos literarios son cosa por demás lamentable. Sin embargo, aquí se puede devolver la pelota. La cantidad de títulos de mierda que se publican en la novela negra es exactamente proporcional a la cantidad de mierda que se publica en la otra literatura.

He leído a Thompson, Fonseca, Capote… como literatura, no porque estos autores hayan pasado por el género. El asunto es de contrapesos. Hay que leerlas por sus valores literarios independientemente del género. Una novela como El hombre malo de Bodie (Welcome to the hard times) de E. L. Doctorow ¿es menor porque se trata de un western o es mayor porque se trata de Doctorow?

Se reconoce que la novela negra es un divertimento y una satisfacción a la necesidad de intriga que tiene el ser humano. Pero se ha dicho que la novela negra latinoamericana tiene otros ingredientes. ¿Cuáles, en tu opinión, serían esos ingredientes?

Padura: Creo que sería bueno hablar de iberoamericana más que de latinoamericana, pues los del lado de acá del Atlántico (incluidos los brasileños, con Rubem Fonseca como gran gurú) y los españoles (con Vázquez Montalban como máximo ejemplo) compartimos muchas de esas características. Para empezar, es una novelística que se nutrió de tradiciones foráneas y luchó mucho por naturalizarse. Y lo logró por varios caminos, y uno de ellos fue su absoluta "urbanización", en países donde las ciudades tienden al gigantismo, al caos, a la violencia, a la convivencia del gran lujo y la mayor miseria. Eso ha hecho de ella una novela urbana y además social, pero con un fuerte contenido de denuncia, con una voluntad de participación. A eso se le debe añadir su vocación literaria. La mayoría de los autores iberoamericanos son escritores, y eso marca una gran diferencia. Entre nosotros es muy difícil que surja alguien como Donna Leon, por mencionar un caso de mucho éxito. Más bien, son escritores como Fonseca o Montalbán, que se colocan, desde la novela negra, en el main stream de la literatura de sus países.

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