

Quién nos iba a decir que los videojuegos, esos comecocos del diablo que lo único que hacen es absorber nuestras ondas cerebrales para convertirlas en polvo espacial, se iban a convertir en un instrumento para la creación y el aprendizaje. No me he vuelto loco, ni mucho menos, simplemente hablo de la cultura popular, aunque personalmente el tema del que estoy escribiendo no me haya aportado nada a nivel espiritual.
Querría tomar un par de videojuegos que van a estar entre los más pedidos estas navidades: “Rock Band”, y “Guitar Hero: World Tour”. Ambos videojuegos consisten en lo mismo, interpretar con réplicas de instrumentos de plástico (en este caso, Guitarra, Batería y Voz), distintos temas de pop y rock, más o menos conocidos, mientras una tabla en la pantalla nos va diciendo que botones debemos tocar al ritmo de la música. Yo, que no había cogido una batería en mi vida, al no haber sido agraciado con el don de la coordinación, he aprendido más o menos a tocar una. Mi sorpresa es mayúscula cuando pienso en que ya soy capaz (más mal que bien) de tocar en un nivel de dificultad elevado. De algún modo, noto que mi propia coordinación corporal ha mejorado gracias a dichos videojuegos.
De la misma manera que yo tenía un interés por dichos juegos, pienso en que muchas futuras bandas de rock y pop puede que se formen a partir de dichos juegos. Chavales que no tenían ningún interés forjando cierta habilidad con los videojuegos y pasándose más tarde a los instrumentos de verdad. “Guitar Hero: World Tour” va incluso más allá, incluyendo un editor de canciones donde hay que jugar (aunque sea a un nivel muy básico) con distintas escalas y notas musicales. Esos mismos jóvenes que están fracasando en las aulas de los institutos en la asignatura de música con un método que puede que no fomente su creatividad.
Aparte de todo esto, hay una segunda buena lectura; los jugadores tienen la oportunidad de conocer y aficionarse a bandas que de otra manera nunca hubieran escuchado bien por pertenecer a otra época, por contar con poco apoyo promocional o porque no resultan bandas de un interés, a priori, generalista. He conocido a un número destacable de nuevos grupos jugando con estos videojuegos, y siempre estoy esperando poder descargar nuevas canciones que me sorprendan más que la anterior. Este nuevo canal de promoción es tan bueno como para las discográficas, que ganan nuevos consumidores, como para los propios oyentes, que ganan en variedad. Aunque los aficionados a otros géneros no estén muy de acuerdo. Quizá algún día veamos un Guitar Hero: Jazz edition.
Por supuesto, hay otras muchas maneras en que los videojuegos inciden en la música, como es la aparición en los últimos años de los sonidos de videojuegos retro en la música electrónica, u otros videojuegos musicales. Con esta explosión del mundo del videojuego musical, el límite está en la imaginación de los programadores. Esperemos que ello de lugar a productos que, aunque sea sin querer, inciten a la exploración artística de los propios jugadores.
(Madrid, 1984), es licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Antonio de Nebrija y actualmente dedica su tiempo a la fotografía y a la música, entre muchas otras cosas, después de haber tenido su propio espacio radiofónico en Radio Utopía y escrito críticas para Supernovapop.com. Recientemente ha presentado en Madrid su primer proyecto fotográfico, “Japón de cerca”.