Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Septiembre 2008. Antilde;o dos. Número cuatro

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Datos de la revista, mayo 2007, año 1, número 01
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Europa Centro-Oriental y Cuba: Experiencias intelectuales y sociales mutuas de la época socialista 1959-1989

Andrzej Dembicz

 

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Al analizar, con mis alumnos, las raíces de los estudios latinoamericanos contemporáneos en Polonia suelo, a veces, plantear la hipótesis, tal vez un tanto exagerada, pero no descabellada, de que yo mismo como americanista (= latinoamericanista), mis coetáneos y muchos de mis alumnos, así como también la formación misma del latinoamericanismo en Polonia, somos, no en poca parte, producto de la Revolución Castrista y del proceso social y político cubano iniciado en 1959. Una hipótesis semejante es permitido plantearla también en relación a los demás países, entonces “socialistas”, o sea de la órbita soviética de aquel entonces. Esto, porque un porcentaje significativo de los cuadros americanistas de aquella época se formaba sobre las experiencias directas o indirectas vividas en Cuba; porque hasta los mediados de los setenta (1970) el acceso a América Latina era predominante o únicamente a través de Cuba; porque la presencia (política, propagandista, cultural, demográfica – a través del estudiantado por ejemplo) cubana en Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Bulgaria, Rumanía era bastante notoria; porque la Europa “socialista”, una vez aclaradas las posiciones ideológicas mutuas y regularizadas la relaciones políticas, económicas, culturales empezó a estar presente de manera masiva en Cuba con sus becarios de pre- y posgrado, miles de técnicos y consejeros en ingeniería o docentes; finalmente porque empezaron a darse y con el tiempo proliferar vínculos familiares: casamientos, divorcios, dichas y desdichas, estas últimas resultantes principalmente de las profundísimas diferencias y brechas culturales entre las sociedades cubana y la polaca o checa, pero también como efecto de limitaciones y restricciones políticas. No es de olvidarse, y en el contexto arriba manejado menos, que entre el mundo “socialista” europeo y Cuba castrista los aviones aterrizaban en Irlanda y Canadá. Quedaban allí solteros, pero también pedían su asilo los casados, dejando sus otras mitades en condiciones a veces deplorables en Cuba o en Europa.

Dentro de este enorme mar, por momentos bastante agitados, de problemas sociales y humanos buscaban sus varaderos los intereses intelectuales americanistas. Los primeros aprendizajes sobre América Latina se daban (entre 1960 y 1975) en Cuba, en tanto que los “cursos superiores comparativos” (para algunos, por lo menos, como los polacos y los húngaros, ya que los checoslovacos estaban casi totalmente privados de tal oportunidad por la política represiva de este país) seguían luego, a partir de la mitad de los setenta en México, Perú, Panamá, Costa Rica y más en adelante en Argentina y Chile principalmente.

 

Viéndolo tan sólo cronológicamente, pudiera parecer que el hecho de la “Cuba revolucionaria” fuera decisivo para la proliferación de los estudios latinoamericanos a nivel mundial, ya que entre 1959 y 1975 fueron creados por lo menos 35 centros latinoamericanistas en las tres regiones: Europa, Estados Unidos, América Latina. Tal vez, como lo demostraremos más adelante, no fuera decisivo aunque si, se lo debe considerar un catalizador de muchísima importancia. Para sostener tal hipótesis hay que recordar que: en 1930 en Berlín fue creado el Instituto Iberoamericano; en 1939 en la Universidad de Gotemburgo (Suecia) fue fundado el Instituto Iberoamericano; en 1940 en Austin (Texas) se fundó el Instituto de Estudios Latinoamericanos (ILAS, hoy LLILAS); en 1942, en Sevilla - la Escuela de Estudios Hispano-Americanos; en 1944 en México - el Instituto Francés de América Latina; en 1945 en Collège de France - la Cátedra de Langue et Littérature de la Péninsule Ibérique et de l’Amérique Latine. Finalmente en 1948 surge la CEPAL, Comisión Económica para América Latina, hecho que abre de par en par las compuertas de los intereses latinoamericanistas y promueve una inusitada institucionalizacion de estudios regionales, siendo América Latina primero y África luego los objetos y objetivos principales de esta “racha” intelectual y burocrática. Lo político y lo burocrático sostiene y promueve muy bien lo intelectual, arraigado ya en el pasado cultural de muchas de las sociedades y naciones europeas. Es importante en el contexto aquí manejado estar bien consciente de que las inquietudes intelectuales por América (hoy Latina) surgen, se forman y maduran bastante antes de la mitad del siglo XX. Para demostrarlo veamos el caso de Polonia, un país que no disponía de tradiciones coloniales americanas y, además, en el siglo XIX no existió políticamente (desmembrado por sus vecinos en 1795 y resurgido a la existencia internacional en 1918), o sea caso semejante que él de la República Checa, por ejemplo.

Polonia, a pesar de su historia algo complicada, pertenece, sin embargo, a este grupo de países europeos que establecieron sus vínculos con América Latina hace ya casi 200 años y han ido cultivando paulatinamente sus intereses latinoamericanistas de manera progresiva.

      Así es que el interés científico por América Latina deriva en Polonia de diversas fuentes. Entre ellas cabe mencionar:

  1. Influencias ejercidas por viajeros y exploradores del siglo XIX y primeras décadas del XX, beneméritos muchos de ellos por sus descubrimientos y acercamiento cultural mutuo entre Polonia y América Latina. Buenos ejemplos de tales científicos polacos de la época son Ignacy Domeyko (Chile) y Witold Szyszłło (Perú).

  2. El éxodo de centenares de miles de emigrantes de las tierras polacas y su impacto demográfico y cultural para las relaciones polaco-latinoamericanas. A partir de 1870 los inmigrantes desde Polonia han formado áreas bastante compactas de colonización agrícola en el sur de Brasil (Paraná, Sta. Catarina y Río Grande do Sul) y en el noreste argentino (Misiones). El interés intelectual y político por sus venturas y desventuras, ha promovido notablemente el interés por América Latina.

  3. La emigración de profesionales polacos, principalmente en ciencias naturales y técnicas. Los ejemplos decimonónicos clásicos de la presencia técnica polaca constituyen: Ernest Malinowski, constructor del ferrocarril transandino Lima - La Oroya en el Perú, Edward Habich, cofundador de la Escuela Politécnica de Lima y, el ya mencionado, Ignacy Domeyko, durante 16 años Rector de la Universidad de Chile, llamado también "Padre de la minería chilena".

  4. La revolución tecnológica y el consecuente desarrollo acelerado de investigaciones científicas en el siglo XX, en combinación con las premisas anteriores, hicieron que los estudios latinoamericanos en Polonia llegaran a ser uno de los enfoques regionales de gran importancia. La latinoamericanística polaca contemporánea, a semejanza de otros países, partió hace décadas de estudios en antropología, geografía, historia, lingüística, para extenderse luego hacia las ciencias sociales, políticas y económicas con amplias preferencias por enfoques inter- y transdisciplinarios.

  5. El acercamiento político y económico entre Polonia y Cuba socialistas operado a partir de 1960 y manteniéndose hasta finales de los ochenta, influyó notablemente sobre el crecimiento de intereses populares e intelectuales por Latinoamérica, ofreciendo también grandes posibilidades de formación y entrenamiento de cuadros académicos.

  6. El „boom” de la literatura latinoamericana de los años sesenta y setenta del siglo XX y la conveniente política editorial estatal de Polonia constituyó una premisa importante para promover estudios literarios.

  7. Finalmente, a partir del año 1990, los estudios latinoamericanos en Polonia se ven favorecidos también por la transformación democrática y la consecuente normalización e intensificación de sus relaciones con los países de América Latina, América del Norte y la Unión Europea, cuya membresía Polonia logró en 2004.

  Si a lo anterior añadimos el hecho de un amplio mercado informativo, educativo e intelectual (Polonia cuenta en 2007 con unos 38 millones de habitantes), es justificado concluir que los estudios latinoamericanos en Polonia dispusieron en las décadas recientes de importantes premisas de desarrollo, siendo una de ellas, indudablemente, su historia política de las décadas 1959-1989 y sus relaciones con Cuba.

Por razones múltiples, como ya se ha dicho anteriormente, entre ellos el factor Cuba, pero también gracias al hecho de una liberalización de la vida social y académica ocurrida hacia finales de los cincuenta, la institucionalización de las inquietudes e intereses intelectuales latinoamericanistas empieza a proliferar en Polonia, igual que en las demás “democracias socialistas” en los años sesenta:

  1. en 1963, en el Instituto de Geografía de la Universidad de Varsovia, surgió la Sección de América Latina, luego, en 1988, transformada en el Departamento de Estudios Regionales sobre América Latina de la Facultad de Geografía;

  2. en 1965, en la Universidad de Poznań, empezó a darse el Seminario sobre la Etnohistoria de América Latina;

  3. en 1967, en el Instituto de Historia de la Academia de Ciencias de Polonia se creó el Laboratorio de Historia de América Latina;

  4. en 1972, en la Facultad de Lenguas Modernas de la Universidad de Varsovia fue creada la Cátedra de Estudios Ibéricos (hoy el Instituto de Estudios Ibéricos e Ibero­ame­ricanos).

Completan esta primera etapa de reconstrucción y formación disciplinaria de estudios latinoamericanos en Polonia la fundación de la revista Estudios Latinoamericanos (1970) y la creación de la Sociedad Polaca de Estudios Latinoamericanos (1977).

En Checoslovaquia, en 1967, en la Universidad Carolina de Praga se fundó el Centro de Estudios Iberoamericanos. En los años setenta fue fundado el primer centro de estudios latinoamericanos (hoy Departamento de Estudios Hispanos) en la Universidad de Seged (Hungría) y el Instituto de Economía Mundial (Academia de Ciencias de Hungría), que jugó un papel muy importante en la promoción y ejecución de estudios sobre Latinoamérica.

 

La hipótesis sobre el papel catalizador y no creador, o formador de Cuba para los intereses polacos, checos o húngaros es importante porqué, al existir premisas particulares locales propias, pudo haber otro tipo de relación intelectual y social entre las sociedades europeas y la cubana. Es que la “nueva semilla” caía en un suelo ya labrado y abonado pudiendo germinar más fácilmente y dar frutos no sólo más abundantes, sino también más interesantes.

Creo que esta parábola poético-bíblica está bien justificada ya que de este lado del Atlántico se necesitaba disponer de más información sobre las Américas no estadounidenses, contar con más adeptos de latinoamericanismo, más entendimiento entre las capas políticas capaces de tomar decisiones correspondientes, favorables. Y, lo que es muy importante, ir creando un clima, una atmósfera social de interés por América Latina. Todo esto era lograble con tanta más facilidad, cuanto más pronto se creaba una atmósfera de debate académico e intelectual favorable, lo cual se dio gracias a la pronta formación de los primeros centros académicos de estudios latinoamericanos. Aunque, por cierto, las élites políticas “socialistas” de aquel entonces no necesariamente eran muy dadas a entender la importancia de esta clase de estudios regionales básicos para el desarrollo del país. Desarrollo entendido como progreso productivo, ya que el progreso social, lo aseguraba el “socialismo” por sí mismo, en tanto que la economía de insuficiencia permanente constituía la preocupación mayor de la clase gobernante. Recuerdo que, una vez Edward Gierek, el entonces Primer Secretario del partido comunista polaco durante su visita en Cuba (1976) me preguntó (estuve yo en aquel momento desempeñándome de Colaborador Científico en el Instituto de Geografía de la Academia de Ciencias de Cuba) en presencia de Fidel Castro sobre las ventajas que ofrecía estudiar países y regiones terceras, en especial Cuba y las Américas. Dada la situación, se sobreentendía que el interrogado disponía de unos segundos de tiempo para responder. La respuesta pudo ser tan sencilla y lógica como banal. Y así fue. Creo, que en efecto, dejé en aquel dueño de la Polonia socialista una impresión bastante mediocre sobre la importancia de estudios regionales americanistas, o por lo menos sobre mi inteligencia. Sin embargo, una verdadera batalla por la conciencia latinoamericanista de las élites gobernantes fue dada a partir de 1989. Fue una batalla muy exigente de esfuerzo, de imaginación y de constancia. Creo, sin embargo, que gracias a las experiencias anteriores, ha dado unos resultados muy positivos, por lo menos en los años 1990 - 2005.

Volvamos, sin embrago, al objetivo básico del presente análisis, o sea las experiencias mutuas sociales e intelectuales entre Cuba y los “países socialistas europeos”. Creo que, para seguir adelante de una manera ordenada, sería conveniente distinguir algunos renglones o categorías de tales relaciones y mutualidades en cuestión. Ahora, entre ellas, dos son para mí de una mayor importancia: primero las académicas (o sea científicas, interuniversitarias, docentes a nivel de posgrado etc.) y segundo las técnicas, que incluyen al personal técnico, ingenieril y de administración empresarial de nivel medio, englobados en Cuba bajo el nombre común de “técnicos extranjeros”. Las dos categorías constituyeron, de ambos lados, los contingentes humanos más numerosos en cuanto a los contactos mutuos directos y, a la vez, aportaron mayor capital intelectual al mutuo entendimiento y, a la proliferación externa de conocimientos e ideas nuevas en las capas sociales más amplias.

 

Relaciones académicas: científicas, interuniversitarias, docentes a nivel de pre- y posgrado etc. Estas relaciones al inicio muy endebles y muy poco simétricas, con el tiempo empezaron a jugar un rol muy importante involucrando nuevas instituciones y un personal bastante numeroso.

La primera etapa, de tanteo y de mutuo reconocimiento de potencialidades y de demandas, se limitó prácticamente a aprovechar a Cuba como un polígono de prácticas lingüísticas y literarias y, apenas, a partir de finales de los años sesentas (1967-70) empezó Cuba ser percibida como un excelente lugar de prácticas de posgrado para los jóvenes agrónomos, antropólogos, biólogos, geógrafos, historiadores etc. Los contingentes de alrededor de unos cincuenta jóvenes posgraduados al año, procedentes de diversos países “socialistas” estaban compenetrándose con Cuba y, a través de ella, con ciertas bases locales de la cultura latinoamericana. Se puede calcular, que entre 1964, cuando inician esta clase de programas de intercambio de becarios posgraduados, hasta 1989, cuando dejan de existir, pasaron por esta experiencia de contacto con la sociedad cubana no menos de 1200 becarios de los países ex-socialistas europeos. Aparte habría que contar los becarios de la antes Unión Soviética, que disponían de arreglos y condiciones propias. Intelectualmente, los ex-becarios europeos en Cuba constituyeron un potencial intelectual enorme, especialmente en caso de docentes universitarios de importante irradiación formativa sobre el estudiantado polaco, checo o húngaro. En 2007, en la Universidad de Varsovia, en sus tres centros de estudios ibéricos y latinoamericanos, hay no menos de seis docentes que fueron becarios posgraduados en Cuba entre 1965 y 1989. Una situación semejante la hay en Hungría, y en menor escala en Praga (la República Checa).

Se ha señalado al inicio la asimetría entre Cuba y Europa socialista en el intercambio de estudiantes. Cuba necesitaba, principalmente, una acelerada formación de cuadros a nivel de grado, preferentemente en áreas de ingeniería de toda clase y de ciencias naturales y exactas. De ahí, que durante los años 1960 predominaron en los contingentes de jóvenes cubanos los destinados a estudiar ingeniería naval, ingeniería eléctrica, biología, geología, física, matemáticas. Posteriormente, la asimetría de nivel de formación y la asimetría disciplinaria fue sustituida por una asimetría territorial: Polonia, algo, o bastante, incómoda ideológicamente, igualmente que Hungría, fue evitada como lugar de estudios, siendo los países más sólidos en este sentido preferidos para enviar becarios tanto de pre- y de posgrado: República Democrática Alemana, Unión Soviética (Federación Rusa, Ucrania).

Sin embargo, e independientemente de los mecanismos y reglas formales e ideológicas que decidían la intensidad y destino del intercambio, miles y miles de jóvenes estaban conociendo las realidades sociales y las distancias culturales de los países puestos coyunturalmente sobre el mismo carril político. Las distancias culturales, a veces en forma de brechas, a veces de abismos influían sobre las formaciones mutuas. Con tal, sin embargo, que cuando a los jóvenes cubanos no les quedaba otro caso que aceptar las coyunturas, en tanto que los checos, los húngaros o los polacos disponían de otras, aunque limitadas, posibilidades de adquirir becas extranjeras. Especialmente a partir de la década de los setenta ya era esto bastante común para los jóvenes de Polonia y Hungría. Que sirva de ejemplo el caso del autor de este texto, quien fue becario del Gobierno español en 1973/74.

No se han realizado, ciertamente, los estudios sobre las percepciones e influencias culturales ejercidas por las sociedades anfitrionas sobre estas masas de jóvenes que, a menudo, maduraban en medios totalmente distintos de sus condiciones raíces, pero es de imaginar que tales influencias tuvieron que ser significativas: cuatro, cinco, seis años pueden constituir un lapso de tiempo decisivo para la formación de uno. Por cierto, los becarios cubanos nunca funcionaban como entes individualistas e independientes – siempre supervisados, controlados inclusive, siempre en grupo, con mínimas posibilidades de desobediencia e individualismo, salvo casos específicos. Y, a menudo, poco seguros de su futuro que no dependía de factores objetivos.

Independientemente, sin embargo, de estas características, la masividad del movimiento favoreció un paulatino proceso de mutuo conocimiento y acercamiento de las sociedades, tan distintas y tan distantes, como se ha dicho.

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