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Una lectura de las reflexiones de Antonio Gramsci sobre las esferas culturales e ideológicas informa de la nueva crítica marxista del racismo, aunque la fenomenología Hegeliana o el materialismo dialéctico de Marx forman sus fundamentos. Entre el inconsciente político de Fredric Jameson y la sacro-soberanía del poder individual de Giorgio Agamben, residen las prácticas culturales con sus múltiples funciones de poder y a través de las cuales se producen las identidades y las circunstancias civilizadoras de la nación7. La diseminación de un conocimiento histórico a sujetos previamente desasociados de sus derechos y privilegios ciudadanos tiene un principal e importante valor político durante el período que sigue la creación de un nuevo paradigma nacional. La Revolución Cubana decidió desde un principio incorporar el poder de la población negra –aquel sector previamente marginalizado –en el nuevo proyecto nacionalista. Diferenciándose del liderazgo del movimiento independentista de finales del siglo XIX, los dirigentes de la Revolución de 1959 estaban conscientes de las consecuencias históricas del olvido y la discriminación de la población de color. Las estructuras políticas y culturales de la nueva nación se movilizaron para evitar una repetición de la Guerrita de 1912. Principalmente reforzada a través la política educativa y cultural, es importante comprender que en Cuba la instrumentalización de la literatura nacional desde 1959 ha servido en parte como herramienta para inculcar y re-inscribir la importancia de la esclavitud y del negro dentro de la conciencia colectiva de la nación. Esto ha permitido a un país perpetuamente asediado por imperios, como Cuba, de permanecer entero e indiviso. La Revolución Cubana ha fomentado un renacimiento cultural que rescató por su valor revolucionario obras previamente olvidadas como Francisco y Sofía, e igualmente ha promovido la creación de una nueva mitología nacional de ciudadanía a través de la lucha contra el racismo y la explotación humana (principalmente por medio de las obras de Alejo Carpentier y Miguel Barnet).
Mediante la re-interpretación de la historia pre-1959, la Revolución Cubanaha mostrado la subjetividad de ésta con relación al discurso dominante y su función ideológica; y leída junto a esta historia, la literatura del período revolucionario ha demostrado que un tipo de discurso influye sobre el otro. Sin embargo, leída junto a esta ficción, la historia revolucionaria revela la intencionalidad detrás de estos imperativos culturales. Las exigencias vinculadas a la literatura nacional por la ideología revolucionaria –la tentativa de limitar su significado a través de una uniformidad y/o conformidad con las estrategias del discurso del poder oficial –ha resultado problemática para la unión nacional, una vez que la relevancia de esta ideología se hizo evidente, y entre muchos otros resultados ha sido el truncamiento y desencanto de un vasto sector de la sociedad cubana del sueño utópico. Oficialmente, no ha habido ninguna imperativa cultural que promueva una literatura donde el mulato es protagonista, y no existe realmente una literatura que se discuta las realidades socio-culturales de éstos, ni dé voz a sus inquietudes e intereses. ¿Puede hablar este subalterno? El tiempo de los esclavos ya no es, y lo que permanece es una ruptura en la cronología de la experiencia nacional. El rol privilegiado de un sujeto subyugado por la historia, se ha localizado en un sujeto subalterno en el presente histórico. Aimé Césaire dijo que “la verdadera emancipación no es la que se te otorga, sino aquella que el hombre se gana él mismo a pesar de sí mismo; ésta no está detrás sino enfrente"8. Por tan necesario que haya sido y lo sea, la construcción de una identidad nacional basada en un cartografía interrumpida por brechas de una historia alternativa puede imaginar y codificar un continuo desde la esclavitud hasta la libertad, pero seguramente destruirá –involuntariamente –eso que nunca realmente ha existido y que podría dirigirlos nuevamente a un imperativo vital llamado Revolución.
Notas del artículo:
1.- Una amplia y detallada discusión de la trata negrera se encuentra en Olivier Pétré-Grenouilleau, Les traites négrières. Ed. Gallimard : Paris, 2004.
2.- ‘Mitos y cansancio clásico’, La expresión americana. FCE : México DF, 1993, p. 53.
3.- Op.cit. p. 56.
4.- Caribbean Discourse, UP Virginia : Charlottesville, 1992, p. 21.
5.- La isla que se repite. Ed. Casiopea : Barcelona, 1998, p.12-16.
6.- Le problème de la conscience historique. Ed. Seuil : Paris, 1996, p. 23.
7.- Ver Cornell West, Toward a Socialist Theory of Racism, 1988.
8.- Ver prólogo, Abbé Grégoire, De la traite et de l’esclavage des noirs, Arléa : Paris, 2007, p. 7.
(El Salvador, 1968). Escritor y profesor. Profesor adjunto en la Universidad de La Sorbonne, París-Francia. Especialista en literatura cubana y antropología visual, ha publicado y presentado artículos académicos en Europa, Latinoamérica y los Estados Unidos. Entre sus obras se encuentra un estudio de la vida nocturna en La Habana a través de la obra de Guillermo Cabrera Infante, Virgilio Piñera y Reinaldo Arenas. Es diplomado de la Universidad de París-Sorbonne, la Universidad de Princeton, y la Universidad de Oregón. Actualmente es investigador asociado a Casa de Las Américas y La Universidad de La Habana.