Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Septiembre 2008. Antilde;o dos. Número cuatro

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Datos de la revista, mayo 2007, año 1, número 01
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Europa Centro-Oriental y Cuba: Experiencias intelectuales y sociales mutuas de la época socialista 1959-1989

Andrzej Dembicz

 

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Una etapa superior de las relaciones académicas y científicas, iniciada tempranamente, pero que se avivaba e intensificaba gradualmente, al ritmo de irse convenciendo los ámbitos europeos socialistas sobre la validez de tales relaciones con Cuba, por una parte, y por la otra al ir creando en Cuba premisas y condiciones para tal intercambio, fueron las colaboraciones científicas disciplinarias interinstitucionales que abarcaron áreas de estudios muy variadas, principalmente de ciencias naturales, tales como geografía y medio ambiente natural, geología, biología, veterinaria, agronomía, física de cuerpo sólido y física nuclear (esta última prácticamente reservada como monopolio de la Unión Soviética), ingeniería civil. Participaban en este intercambio numerosos institutos de la Academia de Ciencias de Cuba y distintos departamentos de las universidades cubanas y sus homólogos de los países socialistas europeos, principalmente de la RDA, Polonia, Hungría, Checoslovaquia,, siempre siendo privilegiada la posición de los institutos soviéticos. En total, fueron centenares de personas que de ambos lados, durante unos 25 años participaron en este intercambio estableciéndose, a menudo, lazos humanos de mucho más allá de las meras relaciones académicas. Tal es el caso de las colaboraciones, de cierta comunidad de intereses y de amistades entre los geógrafos y los geólogos cubanos y polacos. Décadas de colaboración, de investigaciones de campo sobre las estructuras territoriales interioranas en Cuba, las publicaciones conjuntas, inclusive organización de prácticas estudiantiles y las experiencias del alumnado común, formó lazos  humanos muy fuertes. Lo mismo sucedía en caso de los geólogos, biólogos y otros grupos disciplinarios de diversos países. Todo esto, se desvaneció, sin embargo, entre 1989-1991, cuando las dos partes perdieron el interés político de seguir manteniendo las relaciones académicas, en tanto Cuba daba a conocer oficialmente que ya no estaba interesada en mantener sus relaciones de esta índole con “los traidores ex-socialistas”, bloqueando bruscamente los contactos personales que apenas muy posteriormente, a finales de los 1990 y siguientes pudieron ser recuperados parcialmente como efecto de una apertura formal cubana hacia los países terceros en general, promoviendo, inclusive, la exportación de cerebros adonde estos quisieran dirigirse. Obviamente, una buena parte de esta “exportación intelectual” fue sutilmente organizada por los servicios de seguridad de estado, siendo, sin embargo, este asunto ya de otra índole de intereses, mencionándose aquí no sobre las pruebas de estudios realizados sino sobre la base de experiencias personales de uno.

En fin, un cuarto de siglo (1965-1989) de un intercambio y colaboración científica entre Cuba y los países socialistas europeos (caso de la Unión Soviética aparte) promovió una densa red de relaciones interinstitucionales, una red sumamente densa de intensos contactos y relaciones interpersonales, de ambos lados coadyuvó la formación de numerosísimos cuadros científicos en áreas naturales y algunas sociales. En la geografía varsoviana fueron preparadas y defendidas varias tesis de doctorado sobre Cuba y defendida por lo menos una tesis de doctorado cubano. El mismo fenómeno, aunque con menor intensidad, se dio en geología e historia.

Las conclusiones en cuanto a estos roles mutuos de las relaciones entre Cuba y los países ex-socialistas europeos sobre los ámbitos académicos (a nivel cognoscitivo y humano) son, a mi juicio, unívocas. Abrieron mutuamente las compuertas a conocimientos nuevos, aportaron experiencias humanas nuevas, a veces inesperadas, ocasionalmente decidían sobre el curso de las carreras individuales, a veces influían sobre el desarrollo en áreas específicas de conocimiento e investigación y, al disponer de estudiantado ávido de novedad cultural gozaban de una evidente facilidad de extensión social de ideas y hechos.

Como se dijo, son unívocas estas conclusiones y, como, por suerte, el embargo político cubano para las relaciones académicas con Polonia, la República Checa y otros países de la región ha dejado de existir, es posible ahora restablecer parcialmente dichas relaciones. Tal es el caso de la iniciativa del CESLA – Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Varsovia que, al lanzar la idea de un proyecto editorial sobre los efectos del Medio Siglo de la Revolución de Castro, es posible aprovechar las relaciones sentadas hace algunas décadas. Algunos de los colaboradores siguen en Cuba, otros en Miami o California, sin embargo el proyecto es realizable en parte gracias a las experiencias habidas. Salvo que, antaño jóvenes, hoy resultamos muy maduros o excesivamente maduros. Pero, por suerte, la universidad es siempre un futuro.

 

Relaciones a nivel de intercambio del personal técnico y empresarial de apoyo. Esta categoría hasta 1989, aseguró una masiva presencia de los europeos centro-orientales en Cuba y un vehículo de transmisión de percepciones sobre Cuba, y de cierta manera sobre América Latina, hacia dichos países europeos.

Cuba, en 1960, estaba totalmente desprovista de personal técnico (ingenieril) medio y alto, salvo algunos renglones, tales como ingeniería azucarera e ingeniería civil, pero incluso estas categorías también se mostraban diezmadas por el éxodo de personas en desacuerdo con las ideas de Castro.

Así fue, que desde principios de los años 1960, y logrando su apogeo cuantitativo a mediados de los 1970 Cuba estaba saturada con miles de los llamados “técnicos extranjeros” que trabajaron en todos los renglones de la producción industrial y de montaje de maquinaria. Las áreas de mayor asistencia eran las industrias navales, minería, siderurgia, industria azucarera, ingeniería civil, especialmente hidráulica, montaje automotriz, ganadería genética, horticultura. Habiendo, inclusive, cierto tipo de división de trabajo entre distintos países aportadores del personal técnico. Los búlgaros se desempeñaban básicamente como agrónomos e ingenieros hidráulicos, especializados en hortalizas y construcción de represas (a veces con efectos poco satisfactorios, según cuenta la memoria popular), los polacos en la ingeniería naval, minería, siderurgia, montaje de vehículos automotores, los alemanes del Este y los húngaros cubrían diversos sectores de demandas técnicas. Los checos, al inicio muy numerosos, después de 1968 disminuyeron bruscamente en número. Durante las tres décadas de esta clase de colaboración miles de centroeuropeos trabajaron en Cuba, aprendiendo y, a veces, compenetrándose mucho con la cultura local y, además demostrando sus caras buenas y malas, positivas y negativas.  Los especialistas soviéticos, cuyos números ascendían a miles y su presencia en Cuba fue regida por reglas especiales, no se toman aquí en cuenta.

A lo anterior, hay que añadir que los técnicos de los países “socialistas” eran asistidos por representantes de empresas especializadas en tal “exportación de cerebros”, y además funcionaba en Cuba una red de representantes de empresas estatales europeas de comercio exterior, de transporte marítimo, transporte aéreo. Estos cumplieron, después de la ruptura de Cuba con los países ex-socialistas, un papel positivo como funcionarios en transición depositarios de tradiciones y experiencias culturales recogidas en estas tres décadas de tiempo. Varios de ellos desempeñándose después de 1990 como altos funcionarios de empresas estatales y privadas, ostensiblemente favorecían contactos con América Latina y las iniciativas académicas latinoamericanistas. Estas, por lo menos, son las experiencias polacas, y muy en especial del CESLA.

Para dar idea de cómo funcionaba aquel renglón de contactos intersociales e interculturales hay que constatar lo siguiente:

  1. En primer lugar, en su masa, los llamados “técnicos extranjeros” en Cuba se desempeñaban con gusto y satisfechos de las condiciones existenciales y sociales. Hubo muy pocos casos de descontento y de relaciones negativas con el medio social y cultural cubanos de su residencia y trabajo: tanto en La Habana, como hasta en los lugares más apartados y difíciles como Moa (la famosa mina de níquel en Oriente cubano).

  2. En segundo lugar, los “técnicos extranjeros”  demostraban un vivo interés en la naturaleza, cultura, sociedad cubanas y dedicándose mucho al turismo local, playas y la pesca submarina.

  3. En tercer lugar, estas miles de personas, a poco tiempo de su residencia en Cuba (la residencia promedio se puede calcular en 2 años) empezaban a hablar español, comunicarse fácilmente con su medio social, vecinos, hacer amistades, leer la literatura cubana y latinoamericana en general, coleccionar piezas de la cultura cubana – empezaban a volverse partícipes conscientes, en su mayoría, del medio cultural en que se desenvolvían y, como es natural, promovían la extensión de sus conocimientos hacia sus ámbitos familiares e institucionales en sus países de origen.

  4. En cuarto lugar, los “técnicos extranjeros” gozaban de condiciones de vida incomparablemente mejores que los cubanos, azotados por las limitaciones y reglamentaciones alimentarias y de cualquier tipo de abastecimiento. En tales condiciones era natural que los extranjeros les servían a los cubanos de fuente de abastecimiento adicional practicándose de esta manera entre los extranjeros y cubanos un contrabando interno promovido por ambas partes. Desgraciadamente, se dieron casos de proceder los extranjeros “socialistas” de manera coyuntural, intencionalmente comercializada. Hay que constatarlo con cierto dolor, pero así fueron las realidades. 

  5. Entre los fenómenos nocivos que se dieron entre los “técnicos extranjeros" y la sociedad cubana hay que mencionar aún dos fenómenos más que resultaron ser de cierta masividad. El primero fue la búsqueda, la adquisición y luego el acarreo del país (en la mayoría absoluta de casos ilegalmente) de objetos de metales y piedras preciosas, piezas de arte colonial, piezas de pintura cubana. El segundo fenómeno fue el contrabando hacia Cuba en cantidades “industriales” de piezas textiles (playeras, o sea t-shirts de toda clase, otras piezas de vestir) materiales semielaborados para cierto tipo de cosméticos etc.

Este último asunto, definido por mí como un fenómeno nocivo debe ser valorado, indudablemente, de manera muy especial y delicada. El ser humano, es tan sólo un ser humano. Las condiciones de vida en Cuba (para los cubanos) no eran de paraíso, al contrario, a finales de los sesentas y hasta mediados de los setentas resultaban muy duras, los “técnicos extranjeros” venían de países muy variados cultural y económicamente, y en general eran muy  sensibles para cualquier posibilidad de lucro de fácil adquirir. Y que hablar de los “técnicos extranjeros” rumanos o polacos, si lo mismo practicaban los diplomáticos, y no sólo de los países socialistas, sino los sólidos capitalistas que descubrían en Cuba etatizada enormes yacimientos de bienes a adquirir y extraer, en general ilegalmente.

Desgraciadamente, la sociedad cubana etatizada, fuertemente controlada y desprovista de acceso a bienes básicos de consumo, era muy sensible y fácil de corromper. En efecto, los casos de degradación social fueron evidentes y notables. En tal situación, la actuación de algunos técnicos extranjeros dejaba mucho que desear, la policía actuaba, varios de ellos pararon en las cárceles, otros fueron declarados personas non gratas y relegados a sus países de origen. En algún momento, al abrirse los archivos de la Policía Nacional Revolucionaria será posible estudiar y valorar el fenómeno. Mientras tanto nos quedan sólo reflexiones de carácter cualitativo.

También habría que hacer un estudio entre los cubanos, ojalá se haga en algún momento, mientras no sea demasiado tarde, porque el tiempo es implacable, de cómo percibían en sus ámbitos locales a los "técnicos extranjeros”.

e este lado del Atlántico tampoco se hicieron estudios sobre la percepción  de Cuba por miles de personas que se vieron involucradas en otra cultura y en actividades tan distantes de sus medios nacionales. Pero, al menos disponemos de observaciones y experiencias personales que nos indican, sin idealizar la situación, que la influencia cultural de Cuba sobre ellas y sobre sus medios familiares y sociales resultó, en la mayoría de casos, muy positiva y duradera. Funcionan grupos informales de “cubanos”, numerosos ex-funcionarios socialistas empresariales, en su mayoría hoy ya retirados, jugaron un papel importante en los años de transición hacia la democracia (1990- en adelante) como agentes de apoyo moral y material, a través de las empresas estatales que administraban, a las iniciativas latinoamericanistas nuevas. El caso de Polonia y del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Varsovia puede constituir un ejemplo clásico de tal asociación de intereses y de rendimiento muy positivo de las experiencias logradas conjuntamente en Cuba.         

 

Para finalizar nos restaría decir que estas notas, redactadas “al vivo” y medio espontáneas por encargo de los organizadores del proyecto en cuestión sobre las relaciones entre Cuba y los países ex-socialistas europeos, constituyen apenas una primera y muy somera aproximación al tema. Y que, al mismo autor le hicieron descubrir de repente la enormidad de tópicos posibles a tomar en cuenta. Un área de especial interés y de estudios sistemático debería constituirlo la producción literaria, por cierto muy abundante (entre la académica, de reportaje y de fábula) como efecto de contacto mutuo. Otro campo de gran interés y efectos significativos (positivos y negativos) debería ser el tema de las relaciones mutuas y su influencia sobre el medio ambiente natural de Cuba que, desgraciadamente, en caso de la plataforma costera fue en efecto de las acciones de turismo insensato fuertemente afectado.

Espero, que las relaciones mutuas se regularicen en los próximos años y va a ser entonces posible abordar los temas de interés sin presiones ideológicas y en condiciones de cooperación intelectual objetiva.


Andrzej Dembicz

Profesor del Centro de Estudios Latinoamericanos (CESLA), de la Universidad de Varsovia, Polonia.

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