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Malos pensamientos: Básicamente fue la pérdida de la virginidad. Rara vez la primera vez que uno hace el amor lo hace muy bien. Es incómodo, duele, da pudor. Este libro es así: todavía me produce pudor. Pero es inolvidable, y tenerlo en mis manos me produjo una emoción mucho más honda que los libros que vinieron después. Sí: igual a perder la virginidad.
Asuntos de un hidalgo disoluto: Ha sido mi mayor esfuerzo literario. El libro más cuidado desde el punto de vista del lenguaje, el más trabajado, el que más ambiciones de escritura ha tenido. Es también el rastro de una historia de amor fallido, y de unas lecturas: el siglo de oro español.
Tratado de culinaria para mujeres tristes: Cada libro mío lo identifico con alguna mujer. Este es el de mi primera esposa, Bárbara, una mujer que parece triste, pero no lo es. Fue un ejercicio poético, pues su primera versión la escribí en versos endecasílabos. Es mi libro más traducido y el que más les gusta a las mujeres mayores de cuarenta años. Me gusta cuando es irónico; me gusta menos cuando es melancólico.
Fragmentos de amor furtivo: Es el libro que menos le ha gustado a la crítica. Creo que fue incluso maltratado por la crítica. Sin embargo tiene una frescura e incluso una alegría que no he podido recuperar. La historia es mucho menos frívola de lo que han querido hacerla parecer. Y a las personas jóvenes les gusta. Tiene también detrás el tono humano de una mujer: Ana.
Basura: Este libro tuvo un gran padrino, Roberto Bolaño, que fue quien lo premió en España, junto con Cristina Peri Rossi. Es mi intento por hacer una narrativa más experimental. Empezó como una manera fácil de deshacerme de mis cajones llenos de desechos, pero después tuve que trabajar muchísimo, pues los desechos no servían para armar el libro, salvo excepciones.
Palabras sueltas: El libro se fue escribiendo a lo largo de los años, en varios periódicos, pero las notas que iban saliendo aspiraban a formar algún día un libro. Incursiona en un género que me gusta: el ensayo breve. También tuve que reescribir algunas partes.
Oriente empieza en El Cairo: Es el único libro que he escrito por encargo, y el único de ese género: la literatura de viajes. También es un libro al que le fue muy mal. Los editores no pudieron venderlo e iban a picar toda la edición. Yo tuve que comprarla y sigo regalando ejemplares a todo el que me los pida. Los guardo en el sótano de mi casa.
Angosta: Quise hacer una alegoría del mundo contemporáneo, con su norte y sur, sus visas, la separación casi medieval entre una pequeña casta de privilegiados y un mundo casi inmóvil, miserable. Fue mi apuesta más ambiciosa, pues pretendía construir un mundo paralelo. No es fantasía, pero tampoco es realismo; quiso ser hiperrealismo. Creo que es mi libro más raro. De hecho sólo les ha gustado a los lectores más raros: los chinos, que me dieron un premio.
El olvido que seremos: Este libro lo escribí por una necesidad personal. Tenía que escribirlo, era una de las pocas obligaciones de mi vida. La historia de una familia y de un hombre bueno, injustamente asesinado. Es una carta a mis hijos, y a una sombra, mi padre.
Las formas de la pereza: Aquí recojo un pedazo mínimo de los ensayos que he venido escribiendo a lo largo de veinte años de intentos. No soy un académico ni un erudito, pero ahí he intentado reflexionar sobre algunos aspectos de la cultura que me interesan: la lectura, la creación, el amor y el matrimonio…
Si esos críticos volvieran a leer ahora algunas novelas del llamado Boom, y al día siguiente leyeran la novela de algún joven escritor chileno, por ejemplo Zambra, notarían que tal vez no estamos estancados, que a cada generación le toca contar a su manera una historia distinta. Los críticos son conservadores, y hacen bien para no inundarse de novedades, pero no todo tiempo pasado fue mejor. Ahora, estoy de acuerdo en que sería muy raro, casi imposible, que hubiera un Borges y un García Márquez en cada generación. Eso sólo se da una vez cada dos o tres siglos.
(Medellín, Colombia, 1958). Escritor, editor y periodista. En su ciudad natal inicio estudios de Medicina, Filosofía y Periodismo, pero no concluyó ninguno. Finalmente estudio Lenguas y Literaturas Modernas en la Universidad de Turín, Italia. Se desempeña como columnista de la revista colombiana Semana. Entre otros, ha recibido el Premio Nacional de Cuento (1981), una Beca Nacional de Novela (1994) y el Premio Simón Bolívar de Periodismo de Opinión (1998). Obtuvo en España el primer Premio Casa de América de Narrativa Innovadora en el año 2000, y en abril de 2005 le fue conferido en China el premio a la mejor novela extranjera del año por Angosta.
Ha sido traductor, entre otras, de obras de autores italianos como Giuseppe Tomasi di Lampedusa; Gesualdo Bufalino; Umberto Eco; Italo Calvino, Leonardo Sciascia, Stefano Benni, Natalia Ginzburg, etc. Fue Director de la Revista Universidad de Antioquia de 1993 a 1997. Dirigió también la Colección Celeste de literatura, en la Editorial Universidad de Antioquia.
Ha sido columnista de las revistas Cromos, Cambio, El Malpensante, y de los periódicos El Espectador y El Colombiano. Es columnista dominical de El Nacional de Caracas. Ha publicado ensayos de tipo académico en reconocidas revistas de Colombia, España, México, Italia y Gran Bretaña.