

¿Conoce usted la historia de México? Bien, no hay mucho que saber.
Todo es polvo y sangre.
Alan Moore
¿Qué significa hoy ser mexicano? Quizá antes de responder esto es necesario contestarnos qué es lo mexicano. Busco una respuesta que se vuelve elusiva como pocas, sólo para descubrir que no es empresa que pueda abordar. No en cuatro mil caracteres. Apenas puedo bocetar algunos balbuceos, notas al pie de un ensayo inexistente (en franco plagio a Vila-Matas), parafraseando un título de Cioran. No tengo respuestas. Sólo más preguntas que acaso permitan atisbar algunas certidumbres.
1. Definir lo mexicano es tratar de enjaular en palabras la nada y el todo simultáneamente.
2. Quizá la dificultad de tal empresa resida en la relativa juventud de nuestro país. Apenas doscientos años (recordemos que antes de eso, pasamos por trescientos años de colonia y previo a ello, no existía nuestra nación como tal).
3. Casi me atrevería a parafrasear a Gardner Dozois y decir que lo mexicano no existe, pero hay imitaciones.
4. ¿No amo mi patria?, se lamenta José Emilio Pacheco en su poema “Alta traición”. ¿Su fulgor abstracto/ es inasible?, continúa. ¿Cómo amar setenta años de dictadura priísta? ¿Cómo creer en sus instituciones? ¿Cómo enorgullecerse de su mediocre selección nacional de futbol? ¿Cómo amar a nuestros líderes? Y sin embargo, cada uno de nosotros lleva, al igual que el maestro Pacheco, diez lugares suyos, cierta gente por la que daríamos la vida.
5. Ser mexicano, entre otras cosas, es ser multicultural. Herencia indígena, sangre española, raíces árabes, presencia judía, influencia anglosajona.
6. Definir nuestra nación como una nación mestiza de madre india y padre español es hacer un reduccionismo miope. Ambas raíces se bifurcan como fractales: mexicas, otomíes, yaquis, huicholes, tlaxcaltecas, zapotecas, mixtecos, entre muchos otros, por un lado, y celtas, vascos, moros, andaluces, catalanes, entre muchos más, por el otro.
7. Recuerdo una canción de los Churumbeles de España escuchada de niño en casa de mis abuelos: ¿Manito, manito, manito/ nos tomamos un tequila/ yo te invito/ manito, mano, hermano/ qué lindo debe ser/ ser mexicano?; y tienen razón.
8. México no es un águila devorando una serpiente sobre un nopal, ni es la virgen morena apareciendo sobre el Tepeyac sobre un antiguo santuario prehispánico, ni son las coloridas máscaras de luchadores, ni las películas de Pedro Infante, ni mariachis borrachos de tequila cantando a José Alfredo Jiménez hasta el amanecer en la Plaza Garibaldi, ni son los imponentes cielos de Gabriel Figueroa, ni los cerros de José María Velasco, ni los aguerridos murales revolucionarios de Diego Rivera, ni los chistes repetidos hasta la náusea del Chavo del ocho, ni los albures de carpa, ni los dulces tradicionales, ni todos los tonos de verdeazul que se pueden ver en el mar Caribe, ni los burros pintados de cebras de la avenida Revolución de Tijuana, ni los callejones de Guanajuato, ni el gusano que flota en la botella de mezcal, ni los volkswagen pintados de verde para ser taxis, ni los tacos de suadero, longaniza y tripa que chisporrotean en aceite del taquero de la esquina, ni las ruinas mayas, oaxaqueñas o mexiquenses.
9. Es la suma de todo lo anterior, y más. Y al mismo tiempo no lo es.
10. Soy producto de una generación de crisis; he padecido, como toda la gente desde principios de los setenta para acá, los estertores mortuorios de una dictadura. He asistido al nacimiento de nuestra incipiente democracia. Participo día a día en la construcción de un país que no pocas veces parece mal cimentado. Pero continúo poniendo ladrillos hacia arriba.
11. En la escuela laica me enseñaron a adorar a Morelos e Hidalgo. En el colegio católico me dijeron que Juárez era el anticristo y Maximiliano, un güerito bienintencionado. Aprendí que Porfirio Díaz era un dictador para después enterarme que no ha habido otro presidente con mayor afán modernizador. Una historia compleja, mucho más que polvo y sangre, que no acabamos de asimilar.
12. Dice Octavio Paz que el mexicano se avergüenza de su pasado indio y reniega del español. Me gustaría rebatirlo, pero no puedo. Lo que sé es que España es cada vez más lejana en la medida que se integra a Europa. Y que nuestras raíces indias se diluyen cada vez más, ya sea integrándose al mestizaje o desapareciendo, aisladas. ¿Seremos capaces de bailar por nuestra cuenta?, como se preguntaba Café Tacvba.
13. Se imita demasiado, y la salvación está en crear, escribió José Martí. En crear nuestra mexicanidad todos los días. Este vino nuestro no es agrio, sino agridulce, pero afortunadamente, es nuestro.