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Es imposible seguir aquí todos los avatares por los que ha pasado aquella curiosa publicación. Por sus orígenes y financiación, Primera Plana está ligada a fuertes intereses económicos argentinos e internacionales de derecha; su actitud frente al Gobierno argentino (o a los sucesivos gobiernos argentinos) ha sido de crítica liberal, lo que le ha valido alguna vez la suspensión y hasta el cierre. Pero las secciones literarias han sido siempre (esto es bien característico de la prensa capitalista latinoamericana) mucho más de izquierda. Hasta cierto punto, Primera Plana tuvo, por lo menos hasta 1968, una línea cultural consistente con la promovida desde La Habana. Es cierto que inició sus series de perfiles literarios con uno sobre Borges (agosto 24, 1964), escritor al que sería imposible acusar de revolucionario. Pero la elección de Borges se justificaba en esa fecha en que desde París se lanzaba un inmenso volumen de homenaje, publicado por L'Herne, y con no menos de 60 colaboradores latinoamericanos y extranjeros. Por otra parte, a partir de Borges, Primera Plana se dedica a la promoción intensa de la nueva novela con perfiles de Leopoldo Marechal (escritor peronista, reflotado por la izquierda con motivo de la publicación, en 1967 de su segunda novela, (El banquete de Severo Arcángel), de Julio Cortázar (cuya adhesión total a la causa cubana equivalía a una conversión religiosa, y tenía la misma alta temperatura emocional), y sobre todo de los narradores exilados, a quienes se dedicó un brillante artículo periodístico, escrito por Tomás Eloy Martínez, en la edición de Julio 30, 1968.
Es cierto que Primera Plana no pudo realizar enteramente la tarea que se había propuesto. Problemas con la censura no oficial argentina impidieron que se publicase en 1967 un artículo de Leopoldo Marechal sobre su reciente viaje a Cuba, (el artículo fue hasta impreso y eliminado por diversas presiones a último momento). También es cierto que Primera Plana se apartó a veces de la línea cubana y hasta se atrevió a publicar un reportaje a Cabrera Infante (julio 30, 1968) en que el polémico novelista decía cosas muy duras sobre la Cuba de Fidel Castro. Para entender la importancia de esta publicación hay que recordar que ya entonces la línea oficial cubana, y de todos los que la respetaban, era el silencio total sobre Tres tristes tigres y su autor. Por haberse atrevido a romper ese silencio en El caimán barbudo (La Habana, 1968) tuvo ya entonces Heberto Padilla un anticipo de lo que en 1971 sería un caso célebre. Pero si Primera Plana se atrevió a publicar el reportaje a Cabrera Infante, también se atrevió a publicar un considerable número de cartas de escritores latinoamericanos que acusaban al autor cubano de toda clase de crímenes.
Otras publicaciones de los años sesenta acompañaron y hasta trataron de orientar el boom hacia un terreno más puramente crítico. Quisiera hablar de una de ellas, Mundo Nuevo, aunque me comprenden las generales de la ley por haberla fundado en París, Julio, 1966, y haberla dirigido hasta el número 25 (Julio, 1968). En su intención, no sé si en su realización, Mundo Nuevo se propuso entonces organizar y difundir a escala internacional una visión crítica de la nueva literatura latinoamericana. La empresa resultó difícil si no imposible por varias circunstancias. La principal, a mi juicio, por la negativa de los escritores cubanos, y de los latinoamericanos más cercanos a ellos, a colaborar en la revista. Aun antes de haberse publicado el primer número circularon desde La Habana manifiestos en contra de la nueva revista. La acusación de ser un órgano pagado por la CIA (y no por la Ford Foundations, como así era) fue reiterada infatigablemente, aunque sin aportar pruebas. Hubo un boycott previo, y ese boycott continuó hasta el último número que me tocó dirigir. En ocasión del Congreso Internacional del P.E.N. Club que se realizó en New York, Julio, 1966, circuló una "Carta abierta a Pablo Neruda', firmada por más de treinta escritores cubanos, en que no sólo se acusaba al destinatario de la carta, sino también a Carlos Fuentes y a mí de estar al servicio del capitalismo internacional. La carta omitía mencionar que los escritores cubanos habían sido invitados a dicho Congreso, que habían aceptado participar en él y que sólo a último momento, cuando el Congreso ya estaba funcionando, avisaron que no podían asistir.
Cuento estas cosas porque son muy fáciles de verificar (la documentación está en el P.E.N. Club, al alcance de quien se quiera tomar el trabajo de consultarla) y también las cuento porque son relevantes para lo que sigue. A pesar del boycott cubano, Mundo Nuevo pudo publicar textos inéditos de creación y de crítica de algunos de los más notables escritores latinoamericanos, incluidos Borges y Neruda, Paz y Parra, Fuentes y Donoso, Ernesto Cardenal y Joao Guimarães Rosa, Leopoldo Marechal y Mario Vargas Llosa, Clarice Lispector y Ernesto Sábato. También pudo Mundo Nuevo dar a conocer las primicias de algunos libros completamente desconocidos entonces, en el ámbito hispánico, y que cuentan ya entre los decisivos de esta década del sesenta: Cien años de soledad, de García Márquez (dos capítulos: en agosto 1966, marzo 1967); La traición de Rita Hayworth, de Manuel Puig (dos capítulos: abril, diciembre 1967); Cambio de piel, de Carlos Fuentes (octubre 1966); Tres tristes tigres, de Cabrera Infante (tres capítulos: mayo 1967); Blanco, de Octavio Paz (un fragmento: octubre 1967); De donde son los Cantantes, de Severo Sarduy (noviembre 1966, octubre 1967); Los aeropuertos, de César Fernández Moreno (un largo poema: junio 1967); El obsceno pájaro de la noche, de José Donoso (julio 1967). Sin contar, es claro, las numerosas antologías de nuevos poetas de distintos países del continente, el descubrimiento de nuevos narradores y nuevos ensayistas, la información sobre actividades culturales de todo el mundo hispánico.
Insisto: no hablo de la calidad sino de la intención, y si presupongo calidades sé hasta qué punto mi juicio puede ser calificado de parcial. Pero creo que no es posible discutir el boom, en su ámbito internacional, sin examinar la colección de Mundo Nuevo, por lo menos hasta el número 25. Paralelamente a Mundo Nuevo, y a veces en franca o sutil competencia con ella, otras publicaciones intentaron también el examen crítico del boom. Una de ellas, una de las más importantes, fue Amaru, dirigida por el poeta peruano Emilio Adolfo Westphalen y también patrocinada por la Ford Foundation. En París, un grupo de exilados voluntarios publicó en 1967-68 la revista Margen, que seguía de más cerca la línea cubana. Algunos de sus redactores, unidos a ciertos colaboradores de Mundo Nuevo (como el poeta paraguayo Ruben Bareiro Saguier), y al equipo parisino de Ruedo Ibérico (que promueven Juan Goytisolo y Jorge Semprún), han lanzado este año Libre. La revista, financiada por una nieta o biznieta de Patiño, el de las infamosas minas de estaño de Bolivia, congrega a muchos de los más notorios astros del boom en una producción realmente superestelar. El primer número vio su salida demorada por el Caso Padilla y por la escisión que este episodio ha causado en su equipo de redactores. Aun con ese tropiezo inicial, Libre ha decidido continuar su trayectoria. Es demasiado pronto aún para intentar juzgarla. Si la menciono aquí es porque en cierto sentido su publicación certifica que el boom, lejos de estar difunto, sigue alentando aún.
Es imposible en un espacio tan reducido como el de este artículo pretender una presentación cabal de este tercer boom, menos publicitado que el otro pero tal vez tan importante como él. Bastará señalar que la fecha inicial del mismo puede situarse en el año 1961, cuando un grupo de editores internacionales se reúne por primera vez para otorgar el Premio Formentor y decide repartirle ex aequo entre el escritor franco-irlandés Samuel Beckett y el argentino Jorge Luis Borges. La importancia del premio es que asegura la publicación simultánea del autor premiado en varios países europeos y en los Estados Unidos. Con sus Ficciones, Borges pasa de la categoría de autor leído casi exclusivamente en el ámbito hispánico, a autor leído en todo el Occidente. De allí derivarán las ediciones ordenadas de sus obras en Francia (por Gallimard, que ya lo estaba traduciendo en La Croix du Sud, dirigida por Roger Caillois, desde 1951) y en Estados Unidos (por E. P. Dutton, que a partir de 1969 ha lanzado ya tres volúmenes en una nueva traducción inglesa, revisada por el autor). En Alemania, no sólo Borges sino Guimarães Rosa y Jorge Amado han logrado éxito de público y de crítica; en Italia, Ernesto Sábato y Manuel Puig; en Francia, García Márquez y Cabrera Infante. Hasta en el cine europeo de esta última década la obra de los narradores latinoamericanos ha empezado a hacer algún impacto. En tanto que Antonioni, usa un cuento de Las armas secretas, de Julio Cortázar, como base de su Blow-Up (1967), Godard se inspira en otro cuento del narrador argentino para la situación inicial de su Week-End (1968; el cuento se llama "La autopista del Sur") y utiliza un texto clave de Borges para la situación central de Alphaville (1964): el enfrentamiento del protagonista con el cerebro electrónico que controla el mundo del futuro. En "El tema del traidor y del héroe", del mismo Borges basa Bernardo Bertolucci uno de sus últimos films, The Spider's Stratagem, que él ambientará en la Italia fascista.
¿A qué seguir? Los ejemplos son innumerables y variadísimos.
Todo esto parece crónica, y lo es. No puede dejar de serlo. Porque antes de escribir el epitafio del boom hay que hacer su historia, y aún antes hay que recoger la crónica de sus polémicos días. Para ello, no hay más remedio que empezar por el principio: recoger los materiales, estudiar sus distintas etapas, ver la sucesión de booms que la única y rotunda onomatopeya esconde, trazar coordenadas, buscar y aún rebuscar sus diversas fuentes, muchas de ellas muy poco literarias. Hecha esa tarea se podrá escribir algún día la historia, y el epitafio. Por ahora no queda sino conformarse con el panorama, provisional, tal vez parcial, seguramente arbitrario. Pero un panorama que abarque bastante como para saber que no lo abarca todo. Eso ya es algo."
Nota de los editores