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Al modo formalista, el capítulo “Cómo está hecho el Ulises” extrema el análisis microscópico para enunciar una poética de la composición que encuentra la piedra de toque en la palabra perdida o sobreentendida. El sobreentendido emite guiños de inclusión entablando complicidades con un interlocutor que comparte códigos y referencias. El salto explicatorio, sobre el que funciona, indica a las claras la pertenencia a la misma cultura. Haciendo alarde de una sutileza extraordinaria, el ensayo plantea, en este punto, problemas de construcción del texto literario. Con perspectiva materialista, Piglia explica en términos económicos los fenómenos estéticos. Las argumentaciones aseveran el carácter utilitario de la literatura: “Se trata de un uso práctico de la literatura, una lectura técnica que tiende a desarmar los libros, a ver los detalles, los rastros de su hechura. Y que se interroga además sobre las utilidades y el valor de los textos. ´Cómo está hecho un libro´ y ´cuánto cuesta´ son las preguntas fundamentales. ´¿Cuánto vale un libro?´ es el correlato de la pregunta sobre su uso. La tensión entre el uso y el valor está siempre presente” (167).12
Dije que la pérdida acompaña a la restauración. ¿Cuál es la posición del sujeto restaurador?¿Quiénes son capaces de leer o escribir lo que se ha extraviado? Los que están aislados, los marginales o los que quedan fuera de las normas de sociabilidad. Los últimos lectores adoptan el perfil del perdedor, del loser. Hay una galería de ellos en el texto, o mejor, el último lector es un sujeto excéntrico, que el mercado ignora; inútil para el sistema capitalista porque su producción no genera plusvalía. Russell, una especie de científico loco que pasa meses encerrado en su casa reconstruyendo la réplica de la ciudad, el coronel Baigorria, que vive entre los ranqueles, las lectoras “Bartleby”, Dupin excluido del circuito económico, Marlowe, un detective en decadencia, Guevara, el guerrillero que se aparta de la sociedad y menosprecia el dinero13. Quizás la figura más emblemática corresponda a Robinson, “el héroe del ascetismo protestante, que reproduce la economía capitalista en un aislamiento perfecto, es antes que nada un lector solitario” (155). Los recorridos que emprenden estos lectores por los textos ajenos dejan huellas que podrían dar nacimiento a una historia literaria alternativa. El gesto optimista apuesta a un puñado de figuras que, por esa condición de perdedores, consiguen salvar el archivo. Hay en estos personajes una ética que cultivan a ultranza: no conceden, no negocian. Una definición de heroísmo.
La memoria preserva la realidad, sostiene Borges en Tlön...: “Las cosas se duplican en Tlön; propenden asimismo a borrarse y a perder los detalles cuando los olvida la gente. Es clásico el ejemplo de un umbral que perduró mientras lo visitaba un mendigo y que se perdió de vista a su muerte. A veces unos pájaros, un caballo, han salvado las ruinas de un anfiteatro” (440).14 Si el olvido decreta la extinción del mundo, el ser más insignificante ampara la existencia. Piglia opina que esa función compete radicalmente a los lectores.
Notas del artículo:
1.- En una entrevista de 1984, dice: “Se vive para escribir, diría yo. La escritura es una de las experiencias más intensas que conozco. La más intensa, pienso a veces. Es una experiencia con la pasión y por lo tanto tiene la misma estructura de la vida. No son muy diferentes la vida y la literatura”(24). En otro momento, sostiene: “El sujeto de la crítica suele estar enmascarado por el método (a veces el sujeto es el método) pero siempre está presente y reconstruir su historia y su lugar es el mejor modo de leer crítica” (18). La lectura de la ficción”. Entrevista de Mónica López Ocón. Tiempo argentino, 24 de abril, 1984. Incluida en Ricardo Piglia. Crítica y ficción. Buenos Aires, Siglo veinte, Univ. Nacional del Litoral, 1990.
2.- Piglia, Ricardo. Respiración artificial. Buenos Aires, Pomaire, 1980
3.- “La literatura y la vida”. Crítica y ficción, 191.
4.- Derrida, J. Mal de archivo. Una impresión freudiana. Madrid, Trotta, 1997
5.-En su ensayo “Duelo y melancolía”, Freud compara ambos procesos psíquicos que se originan en la pérdida del objeto amado. Las características son similares: “la cesación del interés por el mundo exterior –en cuanto no recuerda a la persona fallecida-, la pérdida de la capacidad de elegir un nuevo objeto amoroso –lo que equivaldría a sustituir al desaparecido- y el apartamiento de toda función no realizada con la memoria del ser querido” (1075). El trabajo de duelo consiste en que una vez que el sujeto comprueba que el objeto amado está irremediablemente perdido, debe retirar la libido de los vínculos que lo ligaban al objeto. El melancólico, en cambio, como no puede identificar la causa de la tristeza, queda en estado de inhibición. Freud, S. “La aflicción y la melancolía”. Obras completas. Vol I. 1075-1082.
6.- Bloch-Adorno. « Something´s missing : A Discussion between Ernst Bloch and Theodor Adorno on the Contradictions of Utopian Longing ». Ernst Bloch. The Utopian Function of Art and Literature. Cambridge, Massachusetts, The MIT Press, 1993, pp 1-17
7.- La proliferación de réplicas organiza, por ejemplo, La ciudad ausente con su máquina de fabricar relatos. Allí, Russo -el ingeniero que ayuda a Macedonio a armar la máquina y que colecciona autómatas- le explica a Junior: “Un relato no es otra cosa que la reproducción del orden del mundo en una escala puramente verbal. Una réplica de la vida, si la vida estuviera hecha solo de palabras. Pero la vida no está hecha sólo de palabras, está también por desgracia hecha de cuerpos [...] ” (147). En la condicional, se perciben los límites del lenguaje. Piglia, Ricardo. La ciudad ausente. Buenos Aires, Sudamericana, 1992
8.- Piglia, Ricardo. El último lector. Buenos Aires, Anagrama, 2005
9.- Derrida, J, Roudinesco, E. ¿Y mañana qué...? Buenos Aires, FCE, 2003.
10.- Borges, J. L. Obras completas. Buenos Aires, Emecé, 1974
11.- Dice Deleuze: “Bartebly es el hombre sin referencias, sin posesiones, sin bienes, sin cualidades, sin particularidades: es demasiado liso para que quepa colgarle alguna particularidad. Sin pasado ni futuro, es instantáneo. I PREFER NOT es la fórmula química o alquímica de Bartleby, pero puede leerse en el anverso, I AM NOT PARTICULAR, no soy particular, como el complemento imprescindible”. (106) G. Deleuze. “Bartleby o la fórmula”. Crítica y clínica. Barcelona, Anagrama, 1996, 98-127.
12.- En un pasaje de "Homenaje a Roberto Arlt" el narrador reproduce unas notas atribuidas al escritor en las que se cuenta un episodio de la revolución rusa incluido en la Autobiografía de Trotski: los obreros usaban los jarrones de Sevres como orinales ante el escándalo de Gorki. El “comentador Arlt” agrega: "(...) la belleza vale sólo cuando uno puede contestar ¿para qué sirve?, ¿cómo se puede usar?, ¿quién la puede usar? No hay belleza universal" (117). R. Piglia. Nombre falso. Buenos Aires, Siglo XXI, 1975.
13.- El ensayo coloca al personaje en el contexto primero, antes de que la figura del Che se convirtiera en espectáculo y su imagen y su palabra generaran un mercado inagotable. Si hay un personaje que ha producido plusvalía a nivel mundial, ése es Ernesto Guevara, devenido en mito.
14.-Borges, J. L. Obras completas. Buenos Aires, Emecé, 1974
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