

Década a década, centrípeta, como muñeca rusa,
desempaco a estas mujeres impenetrables y brillosas.
Junto a un estanque, cuando por primera vez se me dio la gracia
de conocer la ignorancia, donde las ranas luchaban
en desesperado tumulto, mondé mi curiosidad
para probar algo más que el duro lustre de una manzana.
Fruto de sueño, la semilla cada vez más diminuta
dentro de la semilla, hasta llegar a la floración
de estas últimas mujeres impenetrables y brillosas.
Cogí mi matrona de madera. Y donde las rosas sin espinas
entretejían las cintas de su delantal, la abrí
por la mitad. Dentro de ella, su menor y sonriente melliza,
y luego dentro de ella otra, y de nuevo otra más. Entendí el juego, pero no le vi la gracia ni supe cómo terminarlo.
En una alterada calma, entre el glauco florecimiento
de huevecillos de rana, unos rostros de madera se bambolean
ante mí. Sus faldas respingadas, como chalupas que trajo el viento
desde unas costas acordonadas, giran en silencio, y giran. En torno a mi cintura las rosas sin espinas se entrelazan.
(Londres, 1958). Creció en las Channel Islands. Intentó hacer una carrera en música, pero prefirió estudiar Inglés en las universidades de York y Oxford. Su primera colección de poesía, The Rule of Three, fue seleccionada por la Poetry Society para la promoción New Generation Poets, en 1994. Su segundo libro, A Two-Part In-vention (1998), testifica, a través de su lenguaje y cadencia, el resurgir de la música como uno de los principales objetos de su vida.