Este libro, grande como un palacio, no debe salir sin una
NOTA INTRODUCTORIA
que es la ventana por la que podemos asomarnos, echarle un vistazo a la casa completa y tener una idea de cómo es, antes de entrar a visitarla.
Así que asómate conmigo y verás que cada uno de sus catorce salones aborda diferentes temáticas: el mar, la magia, los caballos, las ciudades, versicuentos, leyendas, ballets…; encontrarás graciosos trabalenguas como Trababallo y Camaronero; fábulas, adivinanzas (la del caballo de la baraja española); rondas, pregones y nanas, estas últimas cerrando cada parte del libro. Fíjate en las citas de cada una de ellas, porque son versos de otras escritas por poetas cienfuegueros; no dejes de admirar las ilustraciones, hechas por la propia autora, que son como los adornos de esta casa de letras.
Antes de cerrar la ventana quiero que observes que formalmente la dueña utiliza distintas métricas y estrofas: quintillas, tercetos, décimas, romances; algunos poemas son extensos y otros brevísimos; la rima es a veces consonante y otras, asonante, de manera que nunca nos aburrimos.
Por eso este libro, como la propia casa de Lourdes —que tiene entrada y salida, o dos entradas, o dos salidas, según se quiera ver— puede empezar a recorrerse por cualquier parte, se puede entrar o salir de él de la misma manera que de su hogar, allá por el Panteón de Gil y siempre hallaremos —en este libro, en su hogar y en ella misma—: talento poético, alegría de vivir, sabiduría, amor al terruño, a la familia y a la naturaleza.
Todo ello mezclado en esta obra dedicada a los niños, y por lo tanto, de superior estirpe literaria.
Nota introductoria a Deben ser los duendes, Ediciones Mecenas, Cienfuegos, 2005.