
Mirtha Luisa Acevedo, una de las más fieles promotoras de la obra de Lourdes Díaz Canto.
«Una muchachita delgadita y bastante más esbelta que el resto de las niñas del barrio… De facciones agradables, melena trigueña que no llegaba a los hombros, ojos de un poco frecuente color glauco, muy expresivos, nariz pequeña, frente despejada —expresión de inteligencia—, rostro sonriente, de cutis muy blanco y labios de bordes afilados, muy dulce, de habla sosegada…».
Así la describe un amigo, compañero de juegos de su hermano Juan, quien asegura haber advertido desde entonces la capacidad creadora de la niña que ya, desde la temprana edad de nueve años, leía a aquellos poetas clásicos españoles cuando Carlota, la madre, le increpaba: «A ver, Coral, leamos unos versos», o en otros momentos la invitaba: «Ven, Brujita, que estos te van a gustar», y fue desde entonces asidua a la literatura e invitada por las musas a escribir sus primeros versos. Leer más…