Las nanas de Lourdes

Sobre el poemario Arrorró, Melanie

Por Julio Martínez Molina

L-Diaz-Canto-opiniones-7-OtroLunes34Solo la sensibilidad de Lourdes Díaz Canto puede explicar su fino tac­to y éxito en la elaboración de esas habituales nanas suyas que ha seleccionado para su nuevo libro. La escritora cienfueguera es sinónimo de ternura y únicamente de esta podría brotar ejercicio creativo semejante. Leerlo supone confiar en que el amor será capaz de salvarnos, todavía.

Arrorró Melanie (Editorial Me­ce­nas, 2014), escogida entre las Lecturas de Verano por el Centro Provincial del Libro y la Literatura de Cienfuegos, constituye el decimoséptimo libro publicado por la poetisa y narradora de 82 años, integrante de la UNEAC. Están compiladas aquí decenas de canciones de cuna, las cuales ella dedica a la niña del título —su biznieta—; a sus tres nietos y por supuesto a su hijo, Ricardo, quien fue el primero en inspirarlas.

Mirtha Luisa Acevedo Fonseca, estudiosa y experta en la obra de Díaz Canto, afirma en el prólogo de Arrorró Melanie que «la escritora incluye en sus textos a disímiles actores en una verdadera ronda de personas, ani­males, objetos o elementos de la naturaleza, un divertimento literario donde pretende dormir hasta lo más inusitado […] Si se trata de temas infantiles, el juguete se convierte en personaje».

Cuanto queda claro en todo el libro es la devoción y la importancia que en su vida creativa y personal Díaz Canto le concedió a esta manifestación poética. Si uno de sus textos pudiera hablar por todos, sería seguro el titulado ¡Adelante nanas!

Escribe ella aquí: «Mi puerta abrí a las nanas./Con su tanta ternura/me limpiaron el alma:/sacudieron el polvo en los rincones,/cuchichearon detrás de las mamparas,/les colocaron flores a mis búcaros,/baldearon debajo de las camas./No dejaron vestigio de desvelos:/¡ni siquiera una red en las arañas¡/Perfumaron el aire,/ oyeron música/de la que esconde mi cajita mágica/y se sintieron novias de Morfeo/después de estar escritas y cantadas./ Con las nanas entraron: la Alegría,/un ángel, y hasta un güije que volaba, para hacerme soñar con trampampojos,/para hacerme dormir con sus palabras».