Las Canciones de Cuna también llamadas Nanas, por aquel origen lingüístico de la Nana Nenia, aparecen en la cultura de los pueblos desde sus primeras expresiones registradas en los cancioneros populares como parte de su tradición oral. Esta invitación al sueño del niño ha sido motivo temático para los poetas en diversas latitudes y son consideradas composiciones literarias.
Para el poeta español Federico García Lorca resultan «[…] una pequeña iniciación de aventura poética. Son los primeros pasos por el mundo de la representación intelectual».
Esta aseveración se ha cumplido sabiamente en la colección de Nanas que la prolífera imaginación de la escritora cienfueguera Lourdes Díaz Canto (1932), ha puesto a disposición del receptor infantil y del adulto, porque como bien asegura Mirta Aguirre: «Un buen libro para niños o adolescentes es el libro que puede leer con gusto el adulto cultivado».
Juego, canto, sueño, todo aquello que en los textos tradicionales los escritores han revelado en las más diversas lenguas, esta autora logra conciliarlo en sus composiciones para recrear ese motivo temático, en más de cien textos de los cuales se ha realizado esta selección.
La minuciosidad y la exquisitez de Lourdes han sido los presupuestos para la confección de esta selección y el índice. No se trata de una compilación arbitraria, pues podemos advertir desde el primer texto, cómo la autora ha convertido la nana en su guía para lograr este interesante y tierno libro.
La escritora incluye en sus textos a disímiles actores en una verdadera ronda de personas, animales, objetos o elementos de la naturaleza, un divertimento literario donde pretende dormir hasta lo más inusitado.
En un derroche de imaginación prevalece la relación dialógica con los personajes de la Literatura, en el intento de convocar al sueño desde el Platero de Juan Ramón Jiménez hasta el Segismundo de Calderón de la Barca, y apunta a los reconocidos cuentos de Las mil y una noches o la bellísima Sirenita evocada en la literatura universal, junto a aquellos más contemporáneos que merodean en los juegos o comics.
Si se trata de temas infantiles, el juguete se convierte en personaje. Ese elemento lúdico, tan socorrido para otros autores, en estos textos se alza con una fantasía que ofrece al receptor, incluso, hasta una imagen de transculturación cuando refiere en «Para tres Muñecas», a la muñeca negra, la muñeca china y la cubana.
Entre los recursos literarios está la personificación de elementos de la naturaleza como son las flores o las frutas, con la colocación de mayúsculas como una sutileza ortográfica en su intención.
El rumor de las olas, o los maullidos nocturnos, unidos a la percepción del perfume o los diversos sonidos, son imágenes sensoriales enriquecedoras de la imaginación infantil.
Sin embargo, no es literatura llena de pájaros cantores o mariposas relucientes, también están esos animales nocturnos como el búho o la lechuza, aunque no bellos, que pueblan nuestro entorno y requieren de atención.
Hay en esta selección una referencia notable a los integrantes de la familia de la autora, en cuyo sabio tratamiento no resalta una consideración estrictamente personal, antes bien, pudiera ser la familia de cualquier lector, junto a las alusiones religiosas como parte de la cultura cubana.
La obra recrea en una diversidad estructural los diferentes textos, como afirma Federico García Lorca en su conferencia: «No aludimos que el objeto fundamental de la nana es dormir al niño que tiene sueño. Son canciones para el día y a la hora que el niño tiene ganas de jugar».
La intención inicial de esta selección pudo resultar un homenaje a la autora en sus venerables 80 años, y se convierte en un regalo de Lourdes Díaz Canto para los lectores de este libro.
Prólogo a Arroró, Melanie, Ediciones Mecenas, Centro Provincial del Libro y la Literatura, Cienfuegos, 2013.