Para la cienfueguera Lourdes Díaz Canto (1932) la décima y el soneto son fundamentales en su obra (aunque no desdeña el verso libre). En 1988 publicó una plaquette con el sugestivo título La tristeza, que incluye seis estrofas independientes y una serie de tres. Además, tiene un libro aún inédito, «En la voz del viento», del que el Indio Naborí ha expresado:
Es un conjunto de décimas que se caracterizan por un tono delicado, auténticamente poético. Aquellas que se refieren a temas autobiográficos son de una suave y profunda intimidad. […] Las glosas arriban victoriosamente a sus pies forzados y dejan constancia del paisaje en la que la autora canta […]. En conclusión, consideramos que hay mucha poesía en este decimario, donde la décima reivindica su origen lírico, intimista, elegíaco y amoroso.2









