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Con esto llegamos a lo que Piglia llama "el segundo momento" de la fundación doble de Buenos Aires": "La muerte y la brújula" (1942). Se podría decir que, hasta cierto punto, Borges reproduce en esta ficción la contradicción que aparece en la generación del ‘37 con respecto a la doble fundación de Buenos Aires, pero que ahora Borges encuentra cierta síntesis a dicha contradicción a través de un uso inesperado de la traducción15.
El tema de Borges y Buenos Aires tiene una larga historia que ha sido ampliamente comentada16. Lo que habría que aclarar para nuestros objetivos aquí es que hay dos (o por lo menos dos) gestos diferentes de Borges con respecto a Buenos Aires, que corresponden a diferentes periodos de su obra: el primer Borges—el de los tres primeros libros de poesía, los tres primeros libros de ensayos, y Evaristo Carriego—sería el que crea la visión mítica de las afueras de la ciudad, con los compadritos, el tango, las orillas, etc. Este Borges, aunque desde luego las formas son vanguardistas, es relativamente realista, del punto de vista que las calles y los lugares geográficos que Borges nombra existen en un mapa topográfico de la ciudad. Luego, a partir de Discusión (1932), llegamos a lo que podríamos llamar el Borges maduro, que incluiría, por supuesto, a "La muerte y la brújula". Ahora, en el Borges de Ficciones y El Aleph, por ejemplo, aunque Buenos Aires persiste como un tema constante, no se puede hablar más de un esfuerzo de mimesis realista, sino de una textualización sustancialmente diferente.
Es así que, en "La muerte y la brújula" Borges logra de un modo inesperado la representación de la ciudad de Buenos Aires que había buscado antes en vano, según su propia estimación. En "El escritor argentino y la tradición" (1951), Borges declara:
Durante muchos años, en libros ahora felizmente olvidados, traté de redactar el sabor, la esencia de los barrios extremos de Buenos Aires; naturalmente abundé en palabras locales, no prescindí de palabras como cuchilleros, milonga, tapia, y otras, y escribí así aquellos olvidables y olvidados libros; luego, hará un año, escribí una historia que se llama ‘La muerte y la brújula’ que es una suerte de pesadilla, una pesadilla en que figuran elementos de Buenos Aires deformados por el horror de la pesadilla; pienso allí en El Paseo Colón y lo llamo Rue de Toulon, pienso en las quintas de Adrogué y las llamo Triste-le-Roy; publicada esa historia mis amigos me dijeron que al fin habían encontrado Roy; publicada esa historia, mis amigos me dijeron que al fin habían encontrado en lo que yo escribía el sabor de las afueras de Buenos Aires. Precisamente porque no me había propuesto encontrar ese sabor, porque me había abandonado al sueño, pude lograr, al cabo de tantos años, lo que antes busqué en vano. (OC I: 270-271)
Efectivamente, el cuento entero se puede ver como una re-articulación del mapa capitalino, en el cual los varios crímenes ocurren (o supuestamente ocurren) en un Buenos Aires artificiosamente enmascarado por topónimos y apellidos franceses, alemanes, judíos, irlandeses, y nórdicos17. De hecho, resulta que Borges traduce a Buenos Aires, pero en dirección inversa: pone los nombres europeos en vez de los locales, gesto que nos obliga a nosotros, a la vez, a traducir lo extranjero para recobrar lo argentino. Con esta operación doble, paradójica, se logra una síntesis que le permite a Borges, como él dice, finalmente captar el sabor de las afueras de Buenos Aires18.
En términos del contexto histórico que se viene delineando aquí, se podría decir que en "La muerte y la brújula" Borges capta las dos ciudades fundadas en el siglo XIX: tanto la europea como la criolla, tanto la futura como la del pasado. Además, al utilizar la traducción para lograr tal síntesis, Borges implica que la verdadera Buenos Aires es precisamente esta combinación híbrida—esta traducción mutua, efectuada desde una periferia sudamericana—de lo extranjero y lo local. Así, Borges implica que lo local y lo extranjero son inseparables, que Buenos Aires es la mezcla heterogénea políglota, que Buenos Aires es la yuxtaposición contradictoria, paradójica, de una ciudad futura y una del pasado. Como dice Borges en otra ocasión, Buenos Aires es: "Lo que se ha perdido y lo que será, es lo ulterior, lo ajeno, lo lateral" (OC 1010).
Dicho esto, lo que quiero sugerir es que Borges y Arlt, de un modo complementario aunque con estilos sumamente diferentes, rellenan la ciudad futura postulada por la generación del ‘37. En Borges y Arlt, Buenos Aires—la representación textual de Buenos Aires—logra cierta realización máxima de su potencial literario—mientras que la articulación de una novela utópica logra su postulación máxima con el Museo de la Novela de la Eterna de Macedonio. Pero en La ciudad ausente de Piglia de 1992, surge nuevamente la tensión entre las dos fundaciones de Buenos Aires y ahora lo que podríamos llamar la verdadera Buenos Aires—la del potencial literario, la que cruza a lo utópico con lo real histórico y político —se ausenta, se desplaza, hacia espacios menores y alternativos. Para decirlo de otra manera, en La ciudad ausente, Buenos Aires "goes underground". Veamos ahora, ya como conclusión, qué significa esto exactamente, cómo ocurre, y cuáles son algunas de sus implicaciones con respecto a la Argentina y su literatura en la última década del siglo XX.
Junior, el periodista investigador de La ciudad ausente, hace dos viajes: uno por los circuitos clandestinos de Buenos Aires, el otro por los cuentos de la máquina Elena, quien se encuentra en el Museo, centro de la novela y de la ciudad—aunque hablar de centro sea algo equívoco, ya que ni la novela ni la ciudad contienen una cartografía fija. Esta incertidumbre (o inestabilidad) formal se refleja en el hecho de que, si bien las referencias geográficas y literarias suelen ser verídicas, tanto la novela como la ciudad, por momentos, parecen vaciarse de estructura, como si se convirtieran en esqueletos de una novela / ciudad fragmentada. Además, de cierto modo los dos viajes de Junior son el mismo (en un gesto paralelo al de "La muerte y la brújula"): Junior (y el lector con él) lee los cuentos de la máquina como si estuviera recorriendo la ciudad, a tal punto que la ciudad se convierte en una metáfora de la novela, y vice versa ya que el mapa de la ciudad se constituye de la serie de ficciones que se originan en la máquina versa, ya que el mapa de la ciudad se constituye de la serie de ficciones que se originan en la máquina— devuelta, sin centro fijo, ya que la originalidad misma se ve como inestable. Así, la red de cuentos, a medida que estos se interrumpen y se cruzan como calles y avenidas, forman el enigma del texto y la textualización de la ciudad.
Pero entonces, ¿en qué sentido está ausente la ciudad en la novela de Piglia? ¿Qué ha ocurrido con la síntesis entre lo europeo y lo local que logra Borges en el mapa de "La muerte y la brújula", o con la ciudad-real que corresponde al mapa interior y exterior de los personajes de Arlt? ¿Por qué resurge la utopía anarquista de Macedonio de un modo tan intenso? En La ciudad ausente—a principios de los ‘90 —Buenos Aires parece haber sido nuevamente invadida, pero esta vez—a diferencia del caso decimonónico—no por la barbarie americana (concepto ya anacrónico y muchas veces re-trabajado), sino por el estado y el mercado, por la herencia de la última dictadura militar y de los desaparecidos, y por la invasión de las "instantáneas" y los simulacros de un neoliberalismo global19. De este modo, la ocupación de Buenos Aires ocurre ahora no con los cuerpos grotescos de "El matadero", sino con imágenes y palabras que efectúan una lucha por el lenguaje y la historia. En esta ciudad, en la ciudad ausente de los ’90, lo que parece surgir como opción son las voces y las microhistorias de una memoria colectiva parcialmente enterrada y casi—pero sólo casi—olvidada. La tensión se torna por lo tanto completamente discursiva: quien controla la lengua y la representación controla la realidad (o por lo menos su percepción) y la memoria. Es así que deberíamos leer, me parece a mí, el conflicto entre los aparatos estatales que intentan desconectar a la máquina—para imponer lo que entonces sería una visión oficial de la historia, una que permita el fluir del llamado libre mercado—y los que se revelan contra estas fuerzas a través de la reproducción y la circulación perpetua y a veces equívoca de las narrativas de la máquina.
Además, hacia el final de la novela sucede algo extraño con respecto a la ciudad que es importante señalar para nuestra discusión. El último viaje de Junior es hacia afuera de la ciudad: a "La isla", un sitio imaginario, utópico—basada en un cruce entre Joyce, especialmente el de Finnegans Wake, y Macedonio—en la cual se plantea a la lengua y la estética como operaciones que facilitan cuestionar fronteras (políticas, geográficas, lingüísticas) y problematizar el olvido20. Luego, en la última sección de la novela (titulada significativamente "En la orilla"), se desvanecen tanto el sujeto como la ciudad, y Piglia nos deja con el monólogo insistente, abierto, de una máquina—una entidad post-humana—que no puede dejar de narrar, que transmite y transforma, como si estuviera fuera de control, una combinación irreverente de referencias históricas y literarias, extranjeras y nacionales, hasta concluir, pese a la imposibilidad de su condición, con una nota afirmativa: afirmación uliseana que apunta al optimismo de Piglia en la narrativa misma, en la reproducción y circulación de ésta, en su traducción constante en contra y por debajo de un mercado que obliga a la ciudad a ausentarse y re-articularse en un nuevo mapa discursivo y clandestino. Es así que afirma la máquina al final de La ciudad ausente: "Estoy llena de historias, no puedo parar, las patrullas controlan la ciudad y los locales de la Nueve de Julio…, estoy en la arena, cerca de la bahía, en el filo del agua puedo aún recordar las viejas voces perdidas, estoy sola al sol, nadie se acerca, nadie viene, pero voy a seguir, enfrente está el desierto, el sol calcina las piedras, me arrastro a veces, pero voy a seguir, hasta el borde del agua, sí." (178)
Notas del artículo:
1.- Para una discusión sobre cómo Sarmiento transforma, adapta, y se apropia de lo que lee y de lo que necesita hacia su propio fin, desplazándolo a su contexto americano, ver Altamirano y Sarlo.
2.- Como explica Gruña: "La ciudad presente, vista desde adentro, es valorizada negativamente, mientras que la metrópolis futura o extranjera resulta la única portadora de la Verdad" (28) Y es esta la razón que la metrópolis futura—o extranjera—resulta la única portadora de la Verdad" (28). Y es esta la razón por la cual Sarmiento dice que, una vez que Buenos Aires es liberada, habrá que hacer todo lo que Rosas no ha hecho y reparar todo lo que ha destruido, para así construir un "porvenir tan bello" (Sarmiento 351).
3.- En "Sarmiento the Writer".
4.- Como dice Gruña: "Por medio de las descripciones, la ciudad histórica se pone de manifiesto en su concreta materialidad" (79).
5.- La localización de las orillas, de los suburbios, como sitio privilegiado de producción literaria resulta paradójica porque las afueras son, por un lado, el recinto de la chusma popular que el narrador de "El matadero" rechaza, y, por el otro, precisamente el sitio donde se cruza el narrador intelectual, europeizado, con lo popular americano.
6.- En "El matadero" se lee: "Simulacro en pequeño era éste del modo bárbaro con que se ventilan en nuestro país las cuestiones y los derechos individuales y sociales" (16). Ver también Gruña 81.
7.- Por otro lado, a diferencia de Echeverría, y especialmente de Sarmiento, en Amalia no se presenta un polo claro a la distopía actual, no se plantea la utopía del futuro, sólo se la sugiere implícitamente. Como dice Gruña: "En la visión de Mármol de Buenos Aires—en la oposición ‘ciudad-desierto’—no se presenta una solución imaginaria de las contradicciones históricas" (140).
8.- Entre los muchos cambios culturales que vivieron los escritores argentinos al pasar del XIX al XX cabe mencionar la transición de una tradición de bilingüismo (que empieza con el Salón Literario de 1837 y se extiende hasta Groussac), a una sociedad con múltiples lenguas. Aunque el francés se mantiene como la segunda lengua preferida por la élite educada por muchos años, al principio del siglo XX se podía escuchar castellano mezclado con acento italiano, yiddish, gallego-portugués, alemán, inglés, o árabe, entre otros, por las calles de Buenos Aires. Ver los estudios de Korn; y de Gutiérrez y Romero. También, para un estudio más amplio del diálogo pigliano con la generación del ’37, ver Demaría.
9.- Sin embargo, cabe notar que Macedonio representa a la ciudad de Buenos Aires de un modo diferente en No toda es Vigilialo de los Ojos Abiertos, adonde dice: "La siempre inteligente y soñadora ciudad de Buenos Aires" (Diccionario 21).
10.-Esto viene a representar una: "Maniobra anarquista con la literatura: entrar y, desde adentro, socavar…. Macedonio buscará con su gesto de Recienvenido cuestionar los códigos de la institución literaria y desordenar el marco de la novela" (Diccionario 25-6).
11.- Como explican Dapío y Gregorio: "El grito expresionista que articula el horror y el desgarramiento interior del hombre atrapado en un sistema que repudia, por un lado, y el entusiasmo futurista del hombre multiplicado por la tecnología, cruel y agresivo, por el otro, constituyen el par de fuerzas que hacen girar con vigor la obra arltiana" (435).
12.- "El personaje arltiano vive la ciudad", como dice Corona (97), y la ciudad es pintada por los sentimientos de los personajes arltianos. De paso sea dicho, en la misma entrevista con Piglia citada al principio de este artículo, cuando le pregunté sobre la ciudad en Arlt, Piglia contestó que Arlt está "más ligado a Joyce en el sentido de una ciudad cuya cartografía es visible y realista". La referencia de Piglia a Joyce no es nada sorprendente, especialmente si se tiene en mente el papel clave del escritor irlandés en La ciudad ausente.
13.- La ciudad-real que nosotros leemos/vemos está pintada por los sentimientos de sus personajes, la vemos con los colores expresionistas de sus habitantes, a través de descripciones de narradores que toman el punto de vista de sus personajes. Como dicen Dapía y Gregorio: "Así, cuando Erdosain, en [Los siete locos], luego de haber robado dinero de la compañía donde trabajaba, caminaba por las calles de Buenos Aires invadido por la angustia, el narrador adopta el punto de vista del protagonista: ‘Su vida se desangraba… y súbitamente tuvo la sensación de que caminaba sobre su angustia convertida en una alfombra’" (426).
14.- Sólo hay que mencionar, por ejemplo, que el Astrólogo plantea utilizar algunos de los mismos elementos perversos y marginales y modernos de la ciudad que quiere destruir: el plan del Astrólogo incluye, si nos acordamos, el uso de gases venenosos (referente a la tecnología bélica moderna) y es financiada por prostíbulos: donde se encuentran los delincuentes, los personajes siniestros y subalternos de Arlt—y de Piglia.
15.- Este vendría a ser un sentido adicional por el cual podríamos decir, siguiendo a Renzi (en Respiración artificial), que Borges es un escritor decimonónico, del punto de vista de que Borges retoma y clausura otra línea decimonónica (además de las de la gauchesca y la europeizante, como se discute en Respiración artificial): la de la contradicción de una doble fundación de la ciudad de Buenos Aires.
16.- Ver, por ejemplo, Goloboff; y Zito.
17.- Gene Bell-Villada explica que la ciudad de la ficción es, de hecho, la ciudad de Buenos Aires: "Artfully disguised by French, German, Jewish, Irish, and Nordic toponyms and surnames" (92). Borges también provee "a few topological elucidations" en el comentario que acompaña a la traducción al inglés de la colección The Aleph (ver Bell-Villada 268-269). Por otro lado, tampoco debemos tomar a Borges del todo literalmente, ya que hay muchos lectores que piensan que su obra temprana sí logra captar muy bien cierto sabor de las afueras de Buenos Aires.
18.- Las sustituciones, el doble desplazamiento—de los topónimos y apellidos europeos al mapa de Buenos Aires y de la escritura de las afueras de Buenos Aires sobre estos topónimos y apellidos europeos —funcionan a un nivel simbólico y léxico para re-inscribir a lo europeo en un contexto argentino borgeano. Dichas sustituciones ilustran los vínculos entre el desplazamiento borgeano y la traducción, ya que la traducción siempre trabaja con sustituciones, con el desplazamiento de signos y nombres, de una lengua a otra, de un sistema literario a otro. Además, como señala Derrida, la traducción de los nombre propios subraya tanto la imposibilidad como la necesidad absoluta del acto de la traducción, y recalca a lo intraducible y a la traducción ya presente en el original. Ver la discusión en "Des Tours de Babel". El uso particular de Borges de la traducción, incluyendo, desde luego, las sustituciones que Borges ejecuta en "La muerte y la brújula" (e.g., los desplazamientos irreverentes de fragmentos particulares) plantean a cierta practica de traducción—equívoca, selectiva—como un agente de transformación en América Latina. Ver Waisman, "Theorizing Translation".
19.- Utilizo aquí el término "instantáneas" de un modo semejante al de Beatriz Sarlo en su libro Instantáneas. Ver también Masiello.
20.- Discuto el cruce entre Joyce y Macedonio en mi artículo "Piglia entre Joyce y Macedonio".
Obras citadas
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Arlt, Roberto. Los siete locos; Los lanzallamas. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1978.
Bell-Villada, Gene H. Borges and his Fiction: A Guide to His Mind and Art. Chapel Hill: The University of North Carolina Press, 1981.
Borges, Jorge Luis. Obras Completas I. Barcelona: Emecé Editores España, 1996.
———. "Buenos Aires". Obras completas. Buenos Aires: Emecé Editores, 1974.
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Demaría, Laura. Argentina-s: Ricardo Piglia dialoga con la generación del ’37 en la discontinuidad. Buenos Aires: Corregidor, 1999.
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Goloboff, Gerardo Mario. "La ciudad de Borges". La selva en el damero: Espacio literario y espacio urbano en América Latina. Pisa, Italia: Giardini Editori, 1989. 215-223.
Graña, María Cecilia. La utopía, el teatro, el mito: Buenos Aires en la narrativa argentina del siglo XIX. Roma: Bulzoni Editore, 1991.
Gutiérrez, Leandro y Luis Alberto Romero. Sectores populares, cultura y política: Buenos Aires en la entreguerra. Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1995.
Korn, Francis. Buenos Aires: Los huéspedes del 20. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano, 1989.
Mármol, José. Amalia. México: Porrúa, 1971.
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———, ed. Diccionario de la Novela de Macedonio Fernández. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica de Argentina, S.A., 2000.
———. Entrevista con el autor. Buenos Aires, 25 agosto 1999.
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Zito, Carlos Alberto. "El Buenos Aires de Borges". Variaciones Borges 8 (1999): 108-120.
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