Trazos breves y otros poemas

Poesía

José René Rigal

Trazos breves

Hay que poner cotas a la mordedura,
los perros de la sangre confían en un dios con cuernos en la frente.
No te dejes arrastrar a la manera de un frágil desconcierto.
Vierte leñas a la duda,
asume la pérdida a partir de un todo imaginable.
No adules, la adulación es una esquirla del oportunismo.
No mires atrás, las sombras del pasado son barcos errantes
en busca de un sitio donde llueva oscuridad.
El poema no necesita máscaras,
no restrinjas el verso estacionado en ti.
Cuelga orlas a la vida,
todo buen sofista advierte el peligro de falsas apariencias.
No trates de irte antes que la luz descienda sobre la eterna negación,
no le hagas el juego a lo inasible,
ni borres la imagen que refleja la intemperie del suplicio.
No te vayas sin antes dejar un coro de piedras
junto a sombras ocultas  en cuerpos encadenados.

 

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Disfraz de hombre

Después del espejismo el risco bifurca la palabra.
Por las tardes las penumbras deshojan promesas corazón adentro.
El alma de los pobres se aleja pobrísima.
Ellos quieren ultimar la parte que duele,
rejas labradas hasta la empuñadura,
fuga de ilusiones en la otra mitad de la sombra,
cambio de manos después del martirio.
Alimentarse de la razón tiene sus desventajas
en un mundo de infortunios
que mira desde cualquier sitio hacia otro sitio indiferente.
Ser el no ser los abandona ilegibles, absurdos,
respirando de otros la heredad.
La primavera extenderá su manto
cuando el polvo deje su fortuna
sobre la máscara del tiempo,
luego amanecerá temprano.

 

*****

 

Astillas de polvo

No tengo un grano de pólvora
con qué decapitar las verdades que a diario bebo.
Nos tienen injertados el estigma del arca
apagándonos la tierra.
La gente abriga un pedazo de tristeza,
escapan al sitio perfecto de la noche.
La lluvia arrecia,
jadea sobre los hombros,
se rinden los postigos,
entra el aire animal que nunca muere,
golpea contra el fondo
y deshoja pétalos de sol ante la arena.
Pero el mar es un grito,
aún después de la última oleada de silencio.

 

*****

 

Donde confluyen los vientos

                                                                                     A Lila

Los días anulan las edades y todos sabemos
que es Marzo cuando llueven primaveras.
El tiempo pasa distante y descubro la dicha
de salvar un verso estacionado en mí.
El reloj avanza hacia la plenitud de un sitio
donde escapan las sombras.
Este Septiembre llegará un nuevo otoño,
un abandono de isla quemando la memoria
y morirán los peces bebiéndose la tierra
desde el otro lado de la espera.
Puedo dejarte un día culpable de luz
o un pedazo de mí que ya no existe,
como la pobreza del verbo.
Puedo dejarte otro silencio de menor alcance,
el mismo que golpea el suelo para despertar ausentes.
Algún día ya podré arrancar el grito fundido a lo imposible,
más ahora tu ausencia brota de mi pecho como pájaro errante,
mientras  la noche se  apodera de mí para marchar a la estación
donde confluyen los vientos.

 

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Más allá del tiempo

                                                                       A Chely

Más allá de la distancia, una imagen,
un ayer que ya pasó. Aliento paralelo.
Huellas indelebles. Vertidos a las aguas.
No pensar en los caminos. Confluencias.
Orlas en el cielo.
Ren en la pupila, en el instante mismo del alumbramiento.
Un pez a la orilla de la playa.
Papeles amarillentos.
Eternidad paridora de sueños y porfías.
Creo en el aliento, júntese la luz.
Camino de adobe para salvar la historia.
Después del horizonte tímido consuelo.
¿Cómo creer que ahora regreso si nunca estuve de partida?
He aquí un trozo de tiempo sazonado por la espera.
El espacioso pan azul, trazos en la arena,
un nombre se extravía entre sueños y silencio.
El sendero asume y es signo con luz propia.
La verdad amanece con tramonte de lejana huella.
Estar y regresar, alas de otoño escanciando la memoria.
Perfil copioso, rígido como página en blanco.
Romper la copa de los tiempos,
romper lo inanimado.
Es todo un grito entre cielo y corazón.

 

II

Después del día me sumé a la curvatura,
el ancla afirmose en tierra blanda.
Me fui a vivir al fondo,
a media mitad de tu luz y mi sombra.
Hurgando más allá de estrellas apagadas,
he encontrado solamente el muro donde escribí tu  nombre.
Los pasos por la fronda del arte
se ahogaron en ceremoniosos estadíos
despoblados de oficio.
Ahora vuelvo sobre un corazón aupado por la entrega
añadiendo valores a mis versos,
raíces de parto
bajo cielo sumergido en la arena del tiempo.

 

III

Ángeles, desenterrada la memoria,
no es que sea otra la mano que me vierta,
ni otro el viento sonajero,
ni el sol que arranca mis pupilas,
o el desamparo de cruz bajo lo inmenso de la noche.
Es el Universo fluyendo por túneles del tiempo,
y me hundo levísimo como gota mecida
en brazos de la espera.
En ciudad apagada me remanso.
No volveré a pasar por puentes negros,
ni dejaré mi huella podrirse en ventanales.
Camino bajo luz del desamparo,
manos en el miedo,
era deforme,
estallido que no cae,
y pasamos juntos la edad de las constelaciones.
El cielo arde a pedazos y vibro
como cuerdas de sol ante mis ojos.

 

IV

Buscando un rostro, horas,
palabras,
aliento inmóvil,
impreciso como lluvias algodonales,
oficio de hilar, imágenes a la intemperie,
naipes cansados, “o verdeazules,
porque el aire de turquesa
encontró por fin un sitio,
y somos lo que somos”.
Camino sin dueño en estadía
posterior a un mañana que no existe,
y soportar todo el peso de la isla,
la noche quemando mi garganta,
manos sin color, brazas en la hoguera,
un río trabándose en mi lengua,
fuego que sube a la ventana,
el desamparo,
la distancia estéril,
y una voz de caverna que rema y rema sin parar,
y se asfixia, busca bajo los toldos y se muere.
Inexorablemente, algo habrá de morir.

 

V

Otra vez la lluvia, huesos quebrados, almas perceptibles.
Miro desde el tiempo y retorno a mi pez definitivo.
Ciego me sorprendo, o casi ciego,
desafiando colores a una estrella.
Me hundo en el naufragio,
sigo por los bordes de la ausencia
con el rostro apagado entre la hierba.
Somos viento o flor que ya pasó,
efímeros como la risa,
o distantes como voz de puerto prometido.
Un abismo se levanta, nada queda,
solo voces que no existen,
presagio ante el espejo,
siluetas que se pierden en los muros.
Descorrer las cortinas de tarot
hasta que veamos la sombra dilatarse en el cerrojo.
Volver a mi pasado, pureza inimitable,
lluvia quebrándome los huesos,
amanecer en vuelo adormecido….
Un mar distante se nos echa encima….
Nunca vimos sombras en alas de gaviotas
ni bogamos de espaldas al destino.
Somos pájaros en círculos concéntricos,
no escuchamos desde el sueño
el débil aletear de los días cansados.
Y otra vez palabras mágicas,
el cielo a borbotones,
verso tangible,
notas que no mueren,
espacio sempiterno en el altar del tiempo.

 

*****

 

De razones y memorias

Víctima de la razón y la memoria
aunque detente la luna
no le temo a la sombra que desolla mis días.
Vengan los faros mientras pasan las nubes,
el tiempo que habita en calles hambrientas,
las piedras con sabor a indiferencia,
el suelo que cobija un mañana que no tengo.
La marea se mece donde las manos enferman.
Sueños detrás de los juncos.
Escasean portentos para minar razones.
Muertos en infortunio,
alas rotas en el umbral de la mañana,
náufragos en un mar sin orillas”*,
peces inmóviles, árboles callados.
Harto de ser el no ser
especie sin otra forma
que un amasijo de barro en obediencia.
Como barco sin olvido
huyo de cuerpos que rozan el vacío,
de genes empíricamente succionados
por un silencio abúlico.
Huyo de estas muertes
que a cada paso respiro,
de odios que incineran la voz
del puerto donde vivo.
Me voy de los parques,
las esquinas, la ciudad vacía.
Quizás encuentre “un trozo de Dios en algún sitio”.

Del Autor

José René Rigal
(Baracoa_ Cuba 1953) Profesor y Economista. Es miembro del Taller Literario "Pablo de la Torriente Brao" patrocinado por el escritor cubano Rafael Vilches Proenza. Ganó el concurso provincial de Talleres Literarios en el género de poesía con el poema "Remembranzas del Exilio", obra que da título a un poemario que fue publicado bajo el título La profundidad del tiempo (Editorial El barco ebrio, España, 2013). Poemas suyos han sido publicados en revistas de la isla y el exilio.