La forma de las palabras

Entrevista al escritor cubano Enmanuel Castells Carrión

Por Rafael Vilches Proenza

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Cuando a inicios de los años noventa Enmanuel Castells iba con destino a La Habana, la Capital de todos los cubanos, en busca de otras metas, otros sueños, familiares y amigos lo vieron partir con dolor y extrañeza. Se estaba marchando sin sospechar que quienes quedaban, o llegábamos por esa lejana e inolvidable fecha a su ciudad, con orgullo guardaríamos para siempre sus  historias de vida en esos años.

Él se retiraba de la ciudad con heridas que le ayudarían a superar los retos de entonces. Iba sin saber que dejaba tras de sí una estela de luz. Jamás hizo conciencia de que no pasó un solo día sin que los amigos dejaran de rememorarlo, realzando sus virtudes, elogiando su pasado, deseando que la vida le sonriera y retornara a nosotros como el hombre afable y reconciliador que todos recordaban y querían, al que luego conocí a través del escritor y periodista Carlos Manuel Pérez.

Yo me pregunto: ¿Dónde están ahora los déspotas, censores, extremistas de entonces, cuando el amigo retorna a la ciudad de Bayamo como el hijo pródigo que sigue siendo, a quien por suerte y fortuna el odio y el rencor no le ganaran los días ni el corazón?

Enmanuel Castells (Bayamo, Granma, Cuba en 1963). Fotógrafo, Escritor y Crítico de Arte. Sus fotografías forman parte de los archivos iconográficos de la Fundación Caguayo S.A. y del catálogo conjunto del fotógrafo italiano Giuseppe Lo Bartolo. Cuenta con las exposiciones personales: Fabulación de la Imagen (2007), Los ojos de Bayamo (2008) y Flor de Loto y otros espejos (2011).  Ha expuesto junto a Zaida del Río, Nelson Domínguez, Manuel López Oliva y Juan Moreira (Historias Paralelas, 2009). Ha publicado los libros de cuentos: Fabulación de la Memoria (Extramuros, 2004) y El ojo con que mira el ciego (Letrabierta, 2008), y Cercana lejanía (Eds Letrabierta, 2013). La novela: La otra eternidad,( El Barco Ebrio España, y Eds Bayamo 2014). Premio Vértice de Relatos Breves (Cuba, 2001) y Finalista del Premio Cuento La Gaceta de Cuba (2001). Ha ejercido la crítica de arte en: Literatura, Cine, Radio y Televisión, y ha escrito para catálogos de exposiciones de artes plásticas y medios de prensa plana. Radica y trabaja en La Habana, Cuba como Representante de la Empresa de artes gráficas Caribe Photo PostCard S.A.

Rafael Vilches Proenza, escritor cubano, autor de esta entrevista.

Rafael Vilches Proenza, escritor cubano, autor de esta entrevista.

Soy feliz cuando me reúno con el amigo en este instante sagrado: Hermano, contigo tengo una deuda. Una laguna que quiero llenar junto a los lectores, que pueden ser o no tus amigos.  Cuando llegué a Bayamo a principios de los años noventa, procedente de Vado del Yeso, Santa Clara o Las Tunas, ya no estabas en la ciudad, pero todos hablaban de ti. Yo no pude disfrutar de tu compañía en esos años duros, y crueles a la vez, pero hermosos por el grupo que logramos formar en esa bella aldea del oriente cubano. Un amigo común hizo que nos amaramos para siempre, como se ama a un hermano, nuestro caro e inolvidable Carlos Manuel Pérez, ahora en Kansas City. Por eso quiero destejer el hilo como quien se sienta a la mesa a degustar un buen café junto a los seres queridos. Quiero que me hables de la infancia, la familia y los amigos.

¿No te parecen tres demasiados grandes temas en una sola pregunta de iniciación? Mi infancia es casi desmemoriada, sin esos detalles del que recuerda el día que su padre lo llevó a conocer el hielo. Contrario a lo que mucha gente cree, yo nací en Santiago de Cuba y no en Bayamo, un 11 de Octubre de 1963, con los aguaceros del ciclón Flora y el chiste que siempre hago de la fecha es que yo debí haber nacido un 10 de Octubre, pero como es fecha feriada en Cuba, mi madre tuvo que esperar un día más para traerme al mundo. Dicen los que hablan por mí que yo era un niño “abstraído”, mirando siempre para el cielo, sentado en un balance pequeño, y mudo (el que me conoce ahora pondría en dudas esos elementos porque soy muy observador, casi con enfermedad de ojo de águila, sigo mirando el cielo porque al hacer fotografías de vez en cuando busco la posición del sol, y soy el ente más conversador del universo) De modo que lo de la niñez es un pasaje curioso, pero no definitorio. Recuerdo cosas aisladas, mi abuela materna que era un ángel de buena, y recuerdo que en 4to grado me matriculé en la escuela elemental de música de Bayamo y no di pie con bola en cuanto a apreciación musical; mi madre me compró una batería infantil y aunque todas sus amigas me celebraron, yo no hice otra cosa que caerle a batacazos a ese pobre instrumento sin sacar un sonido coherente y feliz al oído. Esto sí te lo puedo asegurar de la infancia: soy melómano desde que era bebé, ah… y que lo primero que hice con un lápiz fue pintar. Dicen que aviones, planetas, naves espaciales… quizás por eso miraba tanto al cielo, rememorando algún pasaje de mi vida pasada o preguntándome ¿cómo vine a parar aquí?

Mi familia, el núcleo central, lo componían mi madre Gladys Carrión, una mujer extraordinaria, con una inteligencia en muchos campos de la vida, cantaba con voz de mezzosoprano, fue alfabetizadora y trabajó todo el tiempo en Educación hasta jubilarse como metodóloga de círculos infantiles; era una excelente repostera, creativa en el arte de las modas pues se inventaba sus propias ropas que todo el mundo celebraba; sensible y romántica pues escribía poemas de amor. Teníamos una relación muy especial; ha sido y será la mujer más importante de mi vida; fue la primera persona que me regaló un libro: Los hilos invisibles y tenía un espíritu tan enérgico que yo sigo afirmando que su muerte tan pronto es el único error real que Dios ha cometido. Mi padre era un tipo tosco (me llamo igual que él), rudo, de pocas palabras pero sí de muchas lecturas. Nuestra relación nunca fue mala, pero mi madre era el personaje que se robaba todo el show. Cuando llegué a mi adultez y le di nietos, fue que mi papá se confabuló más con mis causas: escuchaba mis programas de radio, celebraba mis triunfos literarios y cuando me mudé para La Habana y esa ciudad no se cansó de siquitrillarme por los cuatro costados, mi padre fue el amigo que me tendió ideas y dineros para que su amado hijo no se muriera de hambre y sobreviviera el amargo período en el que me vi durante siete lacerantes años. En resumen, los dos forman mi derecha e izquierda, a cada uno les he dedicado un poema singular y de vez en cuando les hablo para no perder esa conexión que me hace sentir acompañado de sus espirituales presencias. El 4to Beatles de la familia es mi hermano Juan Manuel, siete años mayor que yo, y en definitiva el tipo más influyente del Castells que soy. Fue él y no otra persona quien me enseñó a tomar cerveza, el que me puso el apodo de Budy por el cual me conoce medio mundo, el primero a quien vi pintar un cuadro con una destreza increíble, el que me mostró el famoso álbum blanco de los Beatles cuando yo era un adolescente y a mi me pareció el disco más feo del mundo sin saber el material de  oro que contiene sus canciones. Es un ser humano a quien amo de una manera casi paternal pues ahora que tiene 55 años, parece hijo mío, me ocupo de algunas cosas de su vida y nos extrañamos mucho. Tiene un carisma arrollador y es un analista muy profundo de la realidad cubana y los derroteros de nuestra economía en todos los tiempos; estudió arquitectura y a la vuelta de muchos años, hemos terminado los dos como representantes de una empresa de arte (fotografía) que preside un importante fotógrafo italiano, radicado en Cuba. De los amigos y de mis dos hijos, déjame ver si te hablo más adelante porque ya de hecho, me resulta muy larga esta respuesta.

¿Admirando las cosas que haces quiero saber en cuál de los oficios que ejerces te sientes realizado? ¿Cuál de ellos te exige más, la fotografía o la literatura?

“Realizado” no es la palabra indicada, más bien es un proceso interminado si se trata de arte. Se dice que no existe la obra perfecta, el acabado final; por tanto creo que la respuesta sería que las dos me dan mucho placer, como me dan tantas angustias. Tú eres escritor y sabes que sudamos y sufrimos no solo la palabra precisa, sino la forma de las palabras, el punto de vista del narrador, la estructura expositiva, etc. Con la fotografía pasa lo mismo porque yo no soy de los que hago mucha foto estática, o sea, no soy fotógrafo de bodas y quinces. Me gusta la imagen viva, dinámica, pero me gusta también que de vez en cuando la foto me sorprenda, que me haga una seña y yo la capte o me sugiera un tema. Sufro mucho cuando veo una imagen genial y ando sin la cámara, o cuando en la inmediatez de coger un instante único, la foto salió movida o el sujeto varió y ya no es la foto que yo vi originalmente. Los dos géneros exigen mucho, pero igual ofrecen una satisfacción indispensable porque a fin de cuentas, son extensiones de ti mismo, de tu sensibilidad, de tu espiritualidad.

Los reconocimientos nunca están de más, por eso quisiera saber qué te aportó haber ganado algún premio literario, ser finalista de la Gaceta de Cuba, Premio Vértice, Manuel Navarro Luna.

Los premios literarios son importantes; aunque como dice la mayoría de los que compiten, uno no escribe para competir, para aspirar a ganar un premio. Hay premios que no solo te ofrecen un reconocimiento, sino que agregan valores metálicos y en buena suerte de editoriales extranjeras, lleva una especie de aparato publicista, pagos por no sé cuántas cosas, la posible internacionalización de tu obra, encuadernación de tu libro con una calidad súper,  etc.… pero lo que si pienso que aporta un Premio Literario es aumentar tu nivel de compromiso con la calidad de tu escritura, mandes o no mandes a un concurso. Uno debe tratar de escribir siempre bien, no importa el destino de esas letras. Lo otro que aporta un Premio Literario es que te conocen un poquito más y haces, a veces, nuevos amigos.

Hermano, ¿crees que el escritor debe  sentirse siempre escritor?

Primero que nada debe sentirse SER HUMANO y con ello, todo lo que implica su existencia en este plano terrenal. Hay escritores que son solamente escritores y no hacen otra cosa que escribir Y NADA MÁS. Hay otros que escriben, pero también pintan, comen fruta, son activistas sociales, cantan bien, hacen periodismo, criticas de arte, en fin… Hay otros que son todas esas cosas, pero también son alcohólicos, drogadictos, proxenetas, enfermos mentales…en fin. Vuelvo al principio: que se reconozcan primero que nada como seres humanos, lo cual con su determinada cultura acumulada, si está en espacio intelectual, sepa y pueda expresarse como tal y si está en el Agro comprando malanga sepa decir: Cojone, que cara está esta mierda. Si no se quiere bajar de su sillón intelecto puede decir: “el  tubérculo que el sistema agropecuario privado y estatal le ofrece a la humilde sociedad socialista cubana, muestra un precio abusivamente alto frente al irrisorio salario que percibe el trabajador medio”. Fuera de broma, un escritor en cualquier contexto puede ayudar al prójimo para el entendimiento de algo, desde cuál es el origen de una cosa hasta por qué a las tres de la tarde se le conoce como la hora en que mataron a Lola. Y además… ¿quién era Lola? Igual puede ser un látigo que fustiga todo el tiempo sobre los males del gobierno sobre su país o la proclamación porque un mundo mejor sea posible.

¿Entonces para ti cuál debería ser la ética del escritor?

La ética de un escritor es no traicionarse a sí mismo desde lo que él sabe es su escritura característica. Respetar y defender su trinchera. No hacer “sopas ni panfletos” que obedezcan a la complacencia de determinados órganos oficiales y mucho menos a mercantiles de la palabra, que en algunos casos, tienen sacos de billetes pero veneno en el alma. Si tú no eres un Corín Tellado, ni eres una marioneta del oportunismo y aspiras a respetar los consejos que te dio un día Onelio Jorge Cardoso en Bayamo, entonces tú ética siempre va a redondear en no vender tu alma al Diablo.

¿Qué ventajas le ha reportado la literatura a Enmanuel Castells?

La ventaja mayor que me ha reportado la Literatura es toda la enseñanza humana y  riqueza espiritual que modestamente acumulo. Debes saber que yo no soy un escritor que vivo de lo que escribo, ¿de acuerdo? Por tanto, esto si es amor al arte y algo que evidentemente me gusta porque así es la naturaleza de mi personalidad y del espíritu que encarno. La Literatura ayuda a mejorar la ortografía, a mejorar la proyección de tu expresión léxica, a organizar mejor tu mente a la hora de expresarte o largar un comentario de minuciosos detalles. Te enriquece de sabidurías internas y ajenas, y te da una posibilidad infinita de volar hasta el más descomunal delirio existencial. De esto último no tengas la menor duda.

¿Qué me puedes decir de la narrativa escrita por los jóvenes hoy en Cuba, y algunos nombres imprescindibles dentro de ese género?

Te voy a ser completamente sincero: no tengo una lista de los jóvenes escritores cubanos; aunque conozco a varios, pero es algo que me duele porque vengo de esas fuentes. Yo soy de la primera hornada del movimiento de los talleres literarios cuando Salvador Redonet y el chino Heras León recorrieron al país completico descubriendo las nuevas voces que venían después de las llamadas “vacas sagradas”. Conocí a casi todos porque yo era “el muchachito de Bayamo” que despuntaba en esos tiempos, esa es la época que se juntó gente como Abilio Estévez, Sacha, Reinaldo Montero, Arturo Arango, Victor Fowler con jóvenes como Alberto Garrido, Amir Valle, José Mariano Torralbas, Gumersindo Pacheco, Rolando Sánchez, y se fue agregando según avanzaba el tiempo gente como Carlo Calcines, Karla Suárez, Susana Haug, Ena Lucía Portela. Eso sin decirte que escritores como Senel Paz, Miguel Mejides, Rogelio Moya, Norberto Fuentes, Soler Puig, etc…estaban vivos y activos creativamente, y todos nos juntábamos lo mismo en Las Tunas, que en Cienfuegos, que en Santiago de Cuba. Parecía una carrera de relevo en que ellos nos pasaban el batón y nosotros a los otros, pero hace 20 años mi vida dio un vuelco cuando me votaron de Radio Bayamo y me fui de mi pueblo querido, entonces cantaron otros gallos, se iniciaron otros derroteros en la capital de todos los cubanos, conocí el polvo y como tal lo mordí, pasé hambre teniendo dos hijos que alimentar: yo en la Habana, ellos en Bayamo, y te juro hermano que no tenía energías para seguirle el curso a los nuevos escritores. Ahora esa es una de mis metas pendientes y la mejor manera en que podré ir saldando esas lagunas es recopilando todas las antologías que se han publicado en los últimos años, que aunque nunca van a ser certeras y completas, me dan un back ground de por dónde va la cosa.

Budy, ¿los blogs literarios  ayudan o deterioran la calidad de la obra literaria?

Los blogs literarios son eficientes portales digitales para dar a conocer (al menos una parte de) una obra. Es un vehículo más de lo mediático. Lo único malo es que todavía en Cuba eso no es boom porque la gente no tiene Internet ni navegación intranet desde todas las computadoras que hay en esta bendita isla. Los blogs por otra parte requieren de darse a conocer, casi siempre primero por su creador o autor, y luego dentro de la larga lista que de ellos hay en la Internet. No deterioran nada porque cada día se vive un mundo más digital, más promiscuo de inmediatez y publicidad e incluso estas vías soslayan los obstáculos que todavía predominan en los mecanismos editoriales, y mientras un libro se demora en salir en blanco y negro y a papel con carátula de cartulina, la obra en un blog ya le ha ganado tiempo al tiempo. El problema siempre será: ¿tenemos los cubanos Internet para acceder a esos blogs?

¿Qué fue lo primero que escribiste?

Empecé en la secundaria con novelitas de amor en las libretas. Las chicas hacían colas para leerlas, me preguntaban cómo terminarían los sucesos que yo montaba. Me da mucha gracia recordar ese período porque lo que me empujó a ESCRIBIR fue mi primera novia a la cual conquisté por una mentirosa  historia que monté mientras la enamoraba buscando el sí; la hice llorar haciéndole creer que mis padres no eran mis padres y que yo venía de un orfanato. Cuando vi el poder de convencimiento que ejercí sobre ella, al llegar al albergue me dije: Que va, yo tengo que escribir esto. Así empecé, pero fíjate si a mi la dignidad me acompaña de hace rato que esas novelitas eran de amor pero no al estilo de Corín Tellado, sino sobre historias que pasaban en la propia beca y lo relacionaba con la ciudad que nos quedaba lejos, los pases, las fugas, la primera masturbación, el profe empatado con la estudiante menor de edad… ¿No te suena familiar eso?

Sí, mi novela Ángeles desamparados, Ediciones Bayamo, 2001, y EL Barco Ebrio, 2012, una novela que reescribí más de diez veces y que fue revisada por varios amigos entre ellos Guillermo Vidal, que fue quien me dio el empujón para que la escribiera, una historia que fue gozo y sufrimiento a la vez, por eso quiero saber si trabajas tus textos hasta la saciedad.

Sí; pero no siempre. No soy tan perfeccionista como otros autores. Soy medio fabulador, medio místico, medio jodedor, medio profundo. Digo tantos medio que se nota que soy Libra, busco un equilibrio en todo. La mayoría de mis cuentos cuando los escribo en papel, ya estaban escritos en mi cabeza. Y no puedo llegar al final si antes no tengo el título del cuento; es algo que jamás me he sabido explicar pero así funciono yo.

¿Cuál crees sea el talón de Aquiles de la literatura escrita hoy en Cuba?

De la que se escribe en Cuba, como calidad, no tengo dudas de que es muy alta, muy buena. Cuba es una fuente inagotable de talento creativo, pese a los pesares y a las limitaciones que sufrimos todos los creadores y que en alguna manera pudiera desmotivar el espíritu creativo de un artista. Lo que me parece que no está bueno es su mecanismo de promoción sin tener que esperar llegar a las consabidas Ferias Internacional del Libro en La Habana anualmente. Y aún dentro de ese marco, no siempre tiene la promoción debida. No son todos los autores que llegan a alcanzar un nivel de popularidad como el Premio Nacional de Literatura Leonardo Padura ni todos se lo merecen, pero un buen escritor merece una debida y correcta promoción que lo de a conocer por el valor de su obra, a nivel local, a nivel nacional y a nivel internacional. Otra cosa a superar y me parece que ya es hora, es la calidad de las carátulas de los libros de provincias, de las editoriales territoriales, hacerlas todas a color y de buena factura, atractivas y motivadoras para ejercer el ejercicio de acercarnos al interior de la obra y en algunos casos que he visto por ahí, mejorar la tipografía, su diseño interior y exterior; hacer del libro una pequeña joyita como en los tiempos de antaño que todas las tapas eran duras y elegantes.

¿Cuál te parece que sea “la gran novela de América”?

La gran Novela de América es la suma de todas las grandes novelas que se han escrito de América y ni te atrevas a pensar solamente en Cien años de Soledad, El siglo de las Luces, Pedro Páramo o Gringo Viejo. Habría que remontarse 500 años atrás y leer el Diario de navegación de Cristóbal Colón, habría que repasar los ensayos de Alfonso Reyes, las escrituras de Rómulo Gallegos y por supuesto todos los artículos que sobre América esgrimió nuestro José Martí; porque te puedo afirmar que no existe “una novela” como tal, como género, sino todo un proceso vivencial, historiográfico, iconográfico, geo-cartográfico de esa América y de tantos hombres que la han vivido y compuesto en diferentes épocas y cada época con un pensamiento, con una política y una historia, con una filosofía cambiante según la dialéctica y la dinámica de toda transformación posible. ¿Cómo escribir la gran novela de un territorio tan basto y que al norte de ese continente un día hace 40 grados de calor y al sur de ese mismo día hace menos cero grado de frío? ¿Una gran novela de América porque fuimos colonizados por los mismos conquistadores y se supone que somos el mismo pueblo desde el Río Bravo hasta la Patagonia? No. Somos muchas Américas dentro de una sola América y nadie va a intentar escribirla así. Mira, en El amor en los tiempos del cólera, García Márquez logra algo genial; a Florentino Ariza lo caga un pájaro y cuando mira hacia arriba, descubre que la presunta ave se guarece dentro de un nido, cuyo nido junto a otros están creados y sostenidos encima de un largo cable eléctrico, y es justo en ese momento que Florentino Ariza repasa los años que le han pasado por su vida, que hasta entonces no se había percatado que ya vivía la era del servicio de luz eléctrica. Fue así como el Gabo dio una transición de lo antiguo a lo moderno, de lo inexistente para el hombre a cómo llegó ese desarrollo de las ciencias a las Américas, y así una sucesión de hechos que entonces si valdría la pena soñar con un texto original que nos diga quiénes fuimos, quiénes somos y hacia dónde avanzamos dentro de esta América enorme.

¿Amaste otra profesión o siempre supiste que ibas a ser escritor y fotógrafo?

Nunca supe lo que iba a ser. Tal vez en eso sea cierto aquello que dicen de mi niñez de que yo vivía abstraído, pero amé muchas profesiones. Parecía que iba a ser pintor porque me gustaba mucho pintar y estuve matriculado en una escuela de artes plásticas hasta que me cansé de pintar una mata de malanga alrededor de ella durante una semana para verle todos sus puntos de vistas con todas sus luces y sus sombras. Parecía que iba a ser cantante por aquello de que soy melómano desde niño y porque además entonaba bien; aunque no proyectara mucho la voz. Yo hasta formé parte de un grupito musical en el Pre al cual eufemísticamente nombramos “Star Blue” por el color del uniforme. Parecía que iba a ser locutor porque empecé muy temprano, siendo niño, en los círculos de interés de Radio Bayamo pero un día me quedé en blanco despidiendo un programa infantil y no volví nunca más hasta que tuve 30 años, pero entré a la radio como asesor; aunque sí hice conducción de programas míos. La fotografía me gusta desde pequeño y hasta fui ayudante de un fotógrafo de bodas en Bayamo, cuando todo era en blanco y negro y los montajes que ahora se logran en photoshop había que lograrlos recortando el negativo o creando moldes; me la pasaba en el cuarto oscuro durante horas, preparando químicas y revelando rollos e imprimiendo con una ampliadora enorme, pero en ese entonces yo no sabía que terminaría dedicándole más tiempo a la fotografía que a la misma literatura. Ahora hago más fotos que cuentos; aunque yo creo que mis fotos cuentan historias y que mis cuentos son fotografías abiertas a miles de interpretaciones. Difícil de desconfigurar las innegables ligaduras que conectan a un arte con el otro.

Amar es el verbo más polisémico que existe en el mundo. Nada hizo que yo amara mi profesión de escritor. Amo esa profesión como amo a mi mujer, a mis hijos, a mis amigos, en fin… la vida en sí.

¿Budy, cuándo y por qué comenzaste a hacer tus primeras lecturas?

Concientemente debe ser en la secundaria. A lo mejor en la primaria participé en algún concurso de español o recité “las montañas están llorando porque mataron al Che”, pero no sabría decirte cuándo. El por qué debe partir de que me gustaba el género quizás más que las matemáticas, la química y la física. Yo empiezo a leer con pleno conocimiento de causa durante la etapa del Pre-Universitario que es justo cuando gano también mi primer concurso Batalla de Guisa con un cuento que imitaba a un cuento de Emelicio Vázquez Tamayo, mi primer asesor literario, pero ya en la secundaria básica con aquello de que yo escribía novelitas de amor, mi profesora de Literatura, Teofila (aún viva y muy altanera) me citaba como un prospecto de futuro escritor, pero yo no le daba la suficiente importancia para creérmelo, porque en esa etapa yo era aún tímido y semi mudo, pero justo en ese período dejé de serlo y hay quienes consideran que se convirtió en una maldición pues no paro de hablar.

¿Cuáles son tus autores predilectos?

Predilectos es una palabra trampa. Me gustan muchos autores nacionales y extranjeros. Martí siempre va a estar porque Martí es inacabable y regenerativo; todos los días te dice algo nuevo, te enseña algo nuevo y a ése árbol siempre hay que arrimarse. Sin un orden de favoritos están también Jesús Díaz, Cabrera Infante, Hemingway, Alberto Garrido, Leonardo Padura, Milán Kundera, Paul Auster, J. D. Salinger, Julio Cortázar, García Márquez, Vargas Llosa, Carlo Calcines y una larga lista de autores de la llamada cultura oriental; he leído bien a Confucio, Lao Tsé, Buda, Krisnamurty, Ocho, Dalai Lama, Sai Baba…

¿Tienes una antología personal de cuentos?

No creo cometer ese sacrilegio nunca. Hay miles de miles de cuentos geniales, espectaculares, impresionantes, buenísimos, híper antologables.

¿Y de novelas?

Sigo teniendo una gran predilección por El Guardián en el Trigal de Jerónimo David Salinger. La leí una sola vez pero fue suficiente como para aprendérmela de memoria y no olvidarla jamás. Me marcó mucho, me hizo despertar como joven, como hombre y me catapultó definitivamente de frente a la vida; tiene un nivel de irreverencia increíble. Igual me pasó con Demian de Herman Hesse y La leve gracia de los desnudos de Alberto Garrido o lo mucho que me gusta El amor en los tiempos del cólera de García Márquez, Prisionero del agua de Alexis Díaz Pimienta, Habana-Babilonia de Amir Valle, me cuadra un montón las novelas de Vargas Llosa, es un genio en estructuras narrativas, Primavera con una esquina rota y La Tregua de Benedetti, La novela de mi vida de Padura, Rayuela de Cortázar, Las iniciales de la Tierra de Jesús Díaz, El reino de este mundo de Carpentier… son muchas novelas, de aquí y de acullá.

¿Me gustaría saber los autores y los libros que te formaron?

No hay un nombre ni título en particular. Si acaso hay una novela que me rompió la cresta fue El Guardián…de Salinger, pero la suma de tantos autores y de tantos libros (fíjate que no me acuerdo de algunos) es lo que me formó. Cada autor y su obra, si son buenos, forman algo nuevo dentro de ti.

¿Sobre qué le interesa escribir ahora a Enmanuel Castells?

En dos libros de cuentos y en una novela corta que tengo está todo lo que me ha interesado decir y exponer como creador, hasta el momento. Me he movido entre lo fantástico, lo existencial, lo onírico, y últimamente sobre temas nacionales porque sentí que escribía mucho sobre lo esotérico y lo metafísico  pero me faltaba contar desde mi nacionalidad más directa e identificable. No tengo problemas con los temas ni los géneros, no aparezco en muchas antologías y casi ningún crítico se ha detenido a valorar mi obra narrativa. Me considero un fabulador, un soñador, un medio loco que escribe con cordura o desatinos, un creador de mundos, historias, situaciones, etc. Eso sí, soy riguroso en el modo de plantear los temas porque ya “sobre lo posible se sabe demasiado” y aunque en estos tiempos es difícil escribir originales absolutamente originales, podemos darle un matiz novedoso a temas como la emigración, la crisis, los policías, las jineteras, los tatuajes, etc. Los temas siempre van a estar ahí; de uno depende el valor agregado al enorme campo de lo ya dicho. Creo que en esa humilde posición está mi libro de cuentos: El ojo con que mira el ciego del 2008.

¿Cuándo te sientas a escribir ya tienes la obra pensada o va saliendo con el proceso de escritura?

La mayoría de las veces ya tengo el cuento casi armado completo en la mente, pero siempre hay modificaciones sobre la marcha porque si es verdad eso de las musas o la inspiración, pues siempre hacen sus trampas y te llevan la historia para un costado o te la salvan de algún error original que a lo mejor el embrión contenía. Me ha salido algún que otro cuento sobre la marcha, he tenido vagamente la idea central y luego lo enriquezco con todos los elementos que la propia historia va agregando, pero he sido más de armarlo primero en la mente.

¿Qué acontecimientos, personas y lecturas, te marcaron?

Voy por partes: Acontecimientos: el nacimiento de mis hijos, la muerte de mis padres, la desaparición física de mi mejor amigo poeta: el Chino Ángel Miniet Zamora; de estar vivo hoy en día, sería una de las voces más importantes dentro del gran concierto lírico de este país. Me marcó y aún no me curo de la partida de mi hijo Enmanuel hacia los Estados Unidos en el 2001, pues ese año murió mi madre también unos meses después de la partida de mi hijo. Y nueve días después de su muerte gané el Premio Vértice de relatos breves y ella no estaba allí, aparte que lo del Premio ocurrió el mismo día de mi cumpleaños. Me impactó la maravilla de elogios que recibió mi hijo Juan Manuel el día de su graduación con Diploma de Oro incluido en Diciembre del 2011, se me hizo un verdadero nudo en la garganta, perdí el habla del orgullo. Me han marcado los fenómenos internos de Cuba relacionados con deficiente economía, su política migratoria como la del Mariel, la de Agosto en el 93 y ver después películas, documentales y entrevistas relacionados a eso y comprobar cuánto dolor y desarraigo lleva implícito dejar lo tuyo, lo genuinamente propio como idiosincrasia, cultura, gustos culinarios, afectos familiares, etc. Y me han marcado mucho las palabras de mis amigos, los consejos oportunos, las confesiones privadas, la incondicionabilidad de sus entregas, la alegría descomunal de nuestros encuentros.

Personas: Mi madre que aún después de 13 años de haberse ido para el cielo, sigue ahí alimentando mi fe de que todo sueño de mis humildes aspiraciones se puede convertir en un boom para mis emociones. Mi hermano Juan Manuel Castells, absolutamente mi mayor influencia. Mi amigo Walter Guerra, arquitecto en Las Tunas, un tipo brillante; un día me dijo: trata de que tus personajes sean un poco más inteligentes que tú. ¿Te imaginas mejor consejo indirecto que te obliga a mantenerte siempre superándote? Mi amiga María Herminia Zaldívar Machado, periodista; me dio el mejor consejo durante la secundaria para que yo superara todos mis complejos delante de las chicas, no te lo voy a decir porque va a sonar muy autosuficiente pero era algo así como Sácate todo ese torrente de amor que llevas dentro y ya verás… (el ya verás sustituye la frase original, la  cual, aparte de ser súper pretenciosa, causó un efecto tan revitalizador en mí que aún me dura después de más de 30 años poniéndola en práctica) Mi amigo Marcos Bedoya Saborit, realizador de cine; un día fui quejándome de amores mal llevados por determinados devaneos que me caracterizaban y cuando vio que me dibujaba como víctima del asunto me dijo: Acéptate como eres. Nunca nadie me había hablado así y en vez de aceptarme, su palabra lo que hizo fue que yo recapacitara y cambiara hacia la estabilidad, la armonía y el amor. Mi amiga Marisbel Aguilar, Humanista; fue ella la que me enseñó el camino de las ciencias y la energía positiva, me llevó a un grupo fantástico de personas muy humildes y con un corazón tan grande como el de Dios y durante dos años encontré respuestas a todas mis preguntas existenciales acumuladas hasta la fecha a través de esas personas y de mucha bibliografía relacionada con el ser humano y su tránsito en la vida. Existen más personas, pero dejémoslo hasta aquí.

Lecturas: definitivamente me quedo con El Guardián en el Trigal de Salinger. No es mi libro de cabecera; es el libro que escribieron para alumbrarme y transformarme; luego, lo que me ha tocado ha sido Vivir.

¿Qué tipo de fotografías son las que haces y cómo te inscribes dentro del panorama de la Fotografía Contemporánea cubana?

Me gusta la fotografía que muestre el alma de las cosas y de su autor. Yo adoro las artes plásticas y creo que mis fotos establecen un tipo de conexión con ese mundo fabulativo que tienen algunos pintores. Mis fotografías (y sobre todo mi Expo: Flor de Loto y otros espejos) es la muestra fehaciente de mi espiritualidad; hay quienes le llaman Madurez creativa porque se te ocurre ofrecer una propuesta novedosa, cuasi original, pero no es tan así. Yo vengo siendo el resultado de muchas sumas y creo ir mejorando cada día el tiro a la diana, pero recuerda que en materia de arte y de creación no hay punto final. Tengo fotos para todos los gustos porque trabajo en muchas direcciones desde y hacia lo visual, pero a la hora de montar una Expo no van todas las que son ni son todas las que ves.

Yo no sé en qué lugar o posición estoy dentro de la Fotografía Contemporánea Cubana. Como haz de saber, Cuba es un país que no para de dar talentos diarios en todas las manifestaciones del arte; y los jóvenes que vienen rompiendo cercos, tienen un arsenal de herramientas y miradas con un prisma de transgresión muy típico de lo nuevo, de lo naciente, del desenfado y el atrevimiento, del cuestionamiento y la rebeldía; y aunque algunos son muy tendenciosos al “bad pictures”, uno descubre una impronta  bestial en esas fotos. Yo llego algo tarde; aunque nunca es tarde si la foto  es buena  y trato de hacer lo mío a tiempo y sonriente. No tengo un sello particular; todo lo poéticamente captúrable por mi lente deberá llevar al menos un sello de calidad y sensibilidad. Por el momento tengo ya cuatro Expo personales, una colectiva junto a Zaida del Río, Nelson Domínguez, López Oliva y Juan Moreira y organicé la Expo más grande que se hizo en la historia de Bayamo para sus 500 años de su fundación en 2013; se llamó Todos los ojos Todos y cada fotógrafo bayamés mostró cómo ellos ven a Bayamo, pero incluyó a fotógrafos y artistas plásticos de la Vanguardia nacional y locales.

¿Qué criterio tiene Enmanuel de la crítica literaria?

Es necesaria dentro del panorama cultural de una nación. Martí ejerció la crítica literaria porque fue un excelente y agudo periodista. Hay críticas literarias que obedecen a una metodología y se tornan harto largas y lamentablemente insustanciales, el autor se pavonea en un sin fin de adjetivos híper rebuscados y frasecitas intranscendentes para que uno deduzca que tiene mucha cultura acumulada y  no van a la esencia de la obra en cuestión; se pierden en la subjetividad de lo analizable o responden a patrones institucionales sin atreverse a decir verdades que ayuden al mejoramiento de las obras, pero hay otras críticas que si son muy objetivas, enriquecen no sólo al lector, sino al autor analizado y su obra. Eso sí, ni la crítica literaria ni la de arte debe ser sobre la base de la complacencia porque estarás creando triple daño: una falacia, una adulación innecesaria y por ende una falta de contribución a los valores esenciales del arte. Podrá ser tu mejor amigo, pero si lo que escribió es una mierda, hay que decirle: Caballo, esto está malo cantidad; inténtalo otra vez.

¿Qué es para ti el acto de escribir?

Felicidad, angustia, parir, hallazgo súbito de una idea genial, decepción de un pasaje mal logrado, juego y azar entre los personajes no domesticables y mi intención conciente de llevarlos a un punto que quiero dentro de la trama. Nacer y morir, pero siempre naciendo otra vez.

¿Qué otra pasión tienes aparte de la literatura y la fotografía?

La música, el cine y las mujeres; pero mi pasión mayor es el ser humano, con todas sus complejidades, sus extremismos o recogimientos, parquedad o desenvolvimientos, mentalidad enfermiza o carácter angelical. Cuando estudiaba Filología, hice tres años de Psicología porque me interesaba saber cómo delinear el perfil psicológico de mis futuros personajes. Eso me ayudó a conocer e interpretar de primera mano a mucha gente que conozco y saber si el bicho bueno que me pintan delante no tiene algo de Satanás en las entrañas. Es un terreno tan seductor como enamorar a una mujer, encandilarla a un punto de delirios y después conquistarla. Hurgar en la psiquis humana de cualquier ser terrenal no es cosa fácil, pero intentarlo enriquece tu genio y desarrolla tus estados sensoriales. Me apasiona también la música. La música es el hombre escapado de sí mismo, dijo Martí. Después te doy mis favoritos y de Cine te hablo más adelante.

¿Budy, finalmente me hablarás de los amigos?

“Son tantos, que se atropellan… Se agolpan unos a otros y por eso, no me matan” parafraseando el bolerón de Sindo Garay, pero absolutamente en bromas. En verdad son muchos y cada uno vale su peso en oro dentro de mi vida. Esta respuesta podría llevarse más de veinte cuartillas si aparte de decirte sus nombres, te hablo de cada uno de ellos. Han llegado a mi vida y yo a la de ellos por diferentes vías, diferentes circunstancias, diferentes  etapas, diferentes razones y así sucesivamente; incluso sabes que uno casi siempre termina metiendo en el saco de los mejores amigos a los padres y a nuestros propios hijos, pero bueno…ya te dije algunos nombres entre las personas que me habían marcado (Marcos, Walter, etc.). El día que se presentó mi primer libro de cuentos en la sede de la UNEAC de Granma, el 11 de octubre del 2004, estaban allí casi todos mis amigos de diferentes etapas, los de la niñez y barrio, los de la secundaria y el Pre, los que hice cuando empecé a trabajar en una Empresa de la Construcción, los que hice en mi etapa de Radio Bayamo, los que coseché en Guisa y los de ahora que me acompañan hace ya más de 20 años que son Iliana Orozco, Libia Peña, Idania Pérez, Andrés Vázquez, Airelav Pérez (ninguno es Escritor) y están los amigos escritores que somos amigos porque nos da la gana del alma, no por ser escritores o periodistas como Carlos Manuel Pérez, Remigio Ricardo Pavón, Martha María Montejo, Michael Hernández, Amir Valle, un tal Rafael Vilches, †Gelasio Barrero, Zoelia Frómeta, Abel Guerrero Castro (el hombre que me mostró un Taller Literario y años después, me llevó a trabajar a la radio). Mi amigo más antiguo e incondicional y presente todo el tiempo en nuestras respectivas vidas es Jorge Alfredo Tawil Aviche, nos llevamos solo tres días de nacidos y nos conocemos desde que nuestras madres quedaron embarazadas (tampoco es escritor). Julio Martínez Frómeta, el mejor tresero joven de Cuba haciendo música excelente en Miami (ganamos un año el Gran Premio de la Radio por una entrevista que me concedió y tocó a Mozart y a Beethoven con el Tres como nadie se lo puede imaginar) Cada vez que voy a Bayamo estoy obligado a ver amigos como Fernando, Oscar, Rolando Morales, Norma, Lourdes, las madres de mis amigos ausentes o presentes, sus hijos que son mis sobrinos, en Guisa a Nelsy Rosales y Tony Miniet; en fin… “son tantos que se atropellan; se agolpan unos a otros y por eso, no me matan”.

Acabas de hablar del taller literario ¿Crees en los talleres literarios, los grupos y las generaciones?

En los Talleres Literarios sí, pero los de mi época de formación; aunque confieso que no sé por dónde y cómo anda eso en la actualidad. Ya te dije que soy de la primera hornada y te garantizo que aprendí mucho. De no ser por los Talleres, por su carácter formador e instructivo, tal vez yo no sería escritor ni redactara mediadamente bien un texto; porque en mi época, a mi me tocó ser asesorado por personas que sabían y saben de Literatura y tenían y tienen un nombre en el Parnaso de las Letras Cubanas como lo fueron Orestes Adán e Imeldo Álvarez, y lo son Abel Guerrero Castro, Emelicio Vázquez, Luis Carlos Suárez, Zoelia Frómeta, más todos los grandes que se daban citas con los jóvenes en los encuentros literarios como Guillermo Vidal, Heras León, Redonet, Onelio Jorge Cardoso, Ambrosio Fornet, etc.…  Lo de Grupos y Generaciones creo que eso les viene bien a los críticos y ensayistas que desarrollan tesis y antologías por etapas y estructuran los bloques narrativos por incidencias sociales, corrientes literarias, temas generacionales, nacidos en tales fechas. Tú sabes de esas cosas, ¿no?

Te confieso que no mucho. ¿Qué significa para ti la página en blanco?

A mí me encanta la página en blanco porque sé que la voy a llenar de palabras. No me da pavor como han dicho otros; todo lo contrario; yo hasta la sensualizo porque creo que por cada vez que le rasgo escrituras, le estoy haciendo el amor. ¿No te parece una imagen de absoluto frenesí?

Si la miro como a una chica, sí. ¿Te ha dado alguna complacencia la literatura?

El mero placer de enriquecerme cultural y espiritualmente. Admiro a los escritores que sepan volar la tapa de los sesos de sus lectores. Leer es un acto de fascinación. Y a veces de delirio y arrebato. Puede llegar a crear una adicción enfermiza. Pero más allá de cualquier mal, es saludable.

¿De dónde vienen las historias que has recreado en tu narrativa?

De todas partes posibles. Soy un auténtico ladrón de la Vida. No he vivido tanto como para escribir sobre mis experiencias; así como hacía Hemingway, ¡ojalá! pero me ha bastado oír una frase en una conversación familiar o ver una escena en la calle que enseguida le saco zumo a eso. También me han venido de la media locura que me asiste, esa de inventar completica la historia de pies a cabeza y ocurrir incluso en alguna zona de la más febril imaginación del autor, allá en los otros mundos posibles, como digo yo.

¿Tienes algún compromiso como escritor?

Claro, primero que todo: Escribir bien. Y después… seguir escribiendo bien. Sentirme responsable de lo que escribo; asumirlo con dignidad y principios.

¿Qué es lo último que has escrito?

Hace rato que no escribo, y lo último es un cuento corto que se llama Cibernauta, un tipo que da clic en el cartel que sale en su PC y activa la detonación nuclear que acaba con la humanidad. Debo haberlo escrito para los días en que el mundo se puso al borde del final por las amenazas que Estados Unidos lanzó contra Irán y se decía que este país tenía tantas ojivas nucleares que en su expansión explosiva acabaría con toda la existencia (todavía persiste el conflicto y ojalá cuando publiques algo de esta entrevista no haya estallado una guerra). No lo escribí concientemente pensando en eso ni traído por los pelos; de hecho ni habla de eso. Habla de un tipo pegado a su computadora sin darse cuenta que está muerto y que él ha sido el autor ejecutante del fin del mundo. El cuento no llega ni a la cuartilla y media.

¿Cuándo escribes,  te encierras?

No, para  nada. He sabido escribir un cuento mientras me traslado dentro de un camión que no para de dar tumbos y saltos. Igual dentro de la casa con toda la música a reventar. No necesito pre-condiciones; me bastan el papel y el Boli; aunque últimamente me he dado cuenta que soy tendencioso a trabajar mejor en la PC al amanecer y casi después de las 10 de la noche.

¿Cuál es la experiencia más excitante que hayas vivido?

Como la pregunta no especifica si es en el campo de la Literatura, mejor no te la voy a contestar, porque aparte de que es muy privada, es profusamente muy sensual.

Dices que eres melómano desde niño, ¿cuál es tu música favorita?

Yo podría decirte que amo tanto la música como tal vez no ame otra cosa en la vida. Y menciono primero la palabra “música” para después decir “canciones”. La segunda lleva letra, la primera está llena de melodía, armonía, compases, sonoridades, ritmos. A mi me gusta casi todo lo que le gusta a la gente común y corriente y puedo hasta sorprenderte si para los tiempos que corren, te dijera que me seducen algunos reguetones, pero mi preferencia siempre va a ser por aquello que toque fibras muy sensitivas del alma humana, canciones que enaltezcan la espiritualidad del Hombre y músicas de excelente ejecución, complejidad y resonancias. Pero no has de olvidar que soy cubano y aunque muchos intelectuales cubanos no prefieran la música popular bailable, a mí me fascina Van Van (tengo todos sus discos) y Adalberto Álvarez. Seguro que en mi lista está toda la cofradía de clásicos cantautores cubanos y extranjeros (Serrat, Silvio, Caetano, etc) pero me gusta mucho el rock, el pop, las músicas del mundo con una cantidad de nombres casi totalmente desconocidos para los cubanos. Voces raras como la nigeriana Sade, la portuguesa Marisa que tiene un disco FADO desgarrador, la inglesa Adele, cantaores españoles, música de jazz clásico como contemporáneo (que florean mucho los teclados y le dan menos protagonismo al bajo), tengo enésimas bandas sonoras de películas famosas o ganadoras de Oscar, música norteamericana de todos los tiempos hasta lo que hace Eminem, Lady Gaga, etc. Escucho la llamada música de relajación, la alternativa, los novísimos de la trova más joven, los tradicionales como María Teresa Vera, Matamoros, Sindo (los escucho de verdad, no es snob) me encanta Benny Moré, Polito Ibañez, Buena Fé, y ni te imaginas cuánto he arrollado detrás de ese sonido contagioso que producen los tambores, los cencerros y la corneta china de los carnavales de Santiago de Cuba. Categóricamente: “yo puedo estar un tiempo sin mujer, pero ni un solo minuto sin música”.

Sé cuánto amas y respetas a Pablo Milanés, y que bien hubieras podido escribir estas palabras escritas y sentidas por Luís Alberto García cuando quisieron empañar, enlodar su nombre, su historia, en este país que bien ama:

Puro: En medio del estruendoso silencio que tantos guardan, aprovecho para decirte que la amistad y la lealtad aún existen. Me honra ser tu amigo. Si respeto y amo mi país y mi historia y mi bandera, ha sido en buena medida por el regalo de tu magisterio. Los que no te conocen o no frecuentan tu casa, no pueden saber cómo piensas ni con qué denuedo batallas por mejorarte y mejorarnos. No saben de tu hidalguía. Se les escapa que sigues siendo un patriota. Sepárame uno de los sillones de tu portal. Creo en ti, bayamés. Pd: Ahora sí me queda claro que no les veré cantar juntos nuevamente y eso duele a mares. Lo borro de la lista que soñé públicamente. Me quedan otros sueños y espero que no sean quimeras.

Budy, después de esta muestra de cariño para y por un amigo bien vale tomarnos el café que nos ha hecho tu Sandra, y seguir creyendo en los amigos. Ellos no se esconden detrás del dolor o el miedo. Dicen de frente el amor que sienten. Hermano, sé que también eres así.  Por eso quiero que me digas ¿qué ha significado Pablo Milanés en tu formación con ser humano?

Pablito es ante todo un ser humano y como tal, tiene aciertos y comete errores. Hay hombres que desde el legado de su obra universal y por todo el aporte espiritual que le tributan a la humanidad se hacen impunes a determinados deslices. A mi no me interesa detenerme en si estuvo correcto o no lo que pasó con él en Miami, no todo lo que dijo fue un error, pero yendo a la esencia de tu pregunta, Pablo Milanés no solo me ha aportado humanamente la purificación de mi alma desde un canto y una letra que parecen venir de los arcángeles; él es un patriota, un revolucionario probado, un tipo con absoluta dignidad y valentía y creo que mucha gente no conoce casi nada de su vida en pos de este país porque solo han podido llegar hasta sus bellas canciones. Es un trabajador inagotable y un icono de lo mejor de la cultura cubana. Lo demás es puro error humano; no hay ser perfecto.

¿Háblame de los proyectos en los que trabajas ahora?

Yo siempre estoy trabajando en algo y es como una “maldición bendita”; lo mismo es una lectura, un catálogo, una próxima Expo, el libro de un amigo, las fotos para tal sitio digital, las fotos para tal producción de postales o afiches, las fotos para algún regalo especial, coordinando ideas con mis amigos escritores de adentro y afuera, yendo a algún evento de mejoramiento humano. Eds Bayamo acaba de publicar mi novela La otra eternidad, que ya fuera publicada por El Barco Ebrio en España en 2012. Por ahí andan mis proyectos.

¿Se puede ser original en estos tiempos?

Si. Es harto difícil, pero si se puede. El hombre es una minúscula partícula de lo que es Dios en su infinita totalidad. Si de verdad somos parte de eso y venimos de eso, hay infinitas maneras de ser originales. Es como entrar en el campo de la numerología, existen tantas y millones combinaciones de números y ecuaciones como existen tantas y millones maneras de contar una historia; solo falta descubrirlas y mostrarlas; por cada vez que enseñes una que no se había mostrado y además surta efecto, alguien te va a clasificar de original. Tal como en el Arte no hay obra perfecta, tampoco hay temas ni formas agotadas en el Arte; siempre espera más y más originalidad.

¿Trabajas en horas fijas o cuando llega la inspiración?

Ni una cosa ni la otra; sencillamente trabajo. Es algo que ya está incorporado dentro de uno; por eso no sé cuándo es inspiración ni a qué hora ocurren los hechos, pero no es menos cierto que el fresco del amanecer es agradable y el silencio de las noches también, pero ya te dije que he escrito cuentos a todo volumen de audio y a todo traca-traca del vaivén de un camión. Además, yo vivo en un solar habanero, ahí lo mismo te zumban una mala palabrota a las cuatro de la mañana que se desborda el motor del agua a las 12 de la noche y hay que oír los improperios más exquisitos de la sucia real academia de la lengua cochina. Bajo cualquiera de esos “contextos” yo escribo.

Si te tocara hacer un listado de los diez escritores latinoamericanos más importantes ¿A quienes elegirías?

Estas preguntas no me gustan porque las respuestas no son definitorias, pueden cambiar a través del tiempo; además, por allá arriba te dije cuáles eran los autores que más placer me dan al leerlos y no los dije todos. Hay muchos buenísimos en nuestra América que no he nombrado como Octavio Paz, Carlos Fuentes, Monterroso, Bioy Cáceres, Gelman, Dalton, Eduardo Galeano, Pérez Esquivel, Borges… Son muchos, Vilches, no son diez.

¿Un listado universal?

Sería hacer un largo listado, un inventario de imprescindibles que seguro va a empezar en Platón, va a pasar por Buda, después por Jesucristo y terminará en John Lennon, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Polito Ibañez y Alberto Garrido (fíjate que te relaciono cantautores con escritores y filósofos porque a mi me ayuda todo lo útilmente bueno y hermoso que venga del pensamiento y el sentimiento humano). Vilches, si yo te digo de cuántas fuentes le llegan a mi coco el agua, no vamos a terminar nunca.

¿Cuál es tu idea de lo que debe ser la literatura?

La Literatura debe ser siempre un instrumento de mejoramiento humano, de enriquecimiento espiritual. Luego, un divertimento porque siempre va a ser un vehículo para las inagotables fabulaciones que se nos gestan en la cabeza y refantaseamos con nuestra memoria. Pero la Literatura debe ser incluso un catalizador de espiritualidades, sabidurías y fascinación. Un puente que nos conduce siempre a una transición de la cual debemos salir enriquecidos.

Me ibas a hablar de cine… ¿películas favoritas? ¿Influye el cine en ti?

Yo nunca he podido sustraerme de la fascinación que produce la sala oscura de un cine y el sonido que sale de sus bafles en ambos costados de la pantalla; la dimensión inmensa con que se ven las cosas y de lo que te atrapa una buena trama. En ese caso, sigo siendo el mismo niño de siempre. Ahora se va menos al cine (por suerte, yo no me desligo de ese vicio) y todo se resuelve con el DVD en casa o en la misma PC.

El cine, por muy moderno que se ha puesto, no deja de tener ese encanto de llevarte de viaje por dos horas más o menos y atraparte de principio a fin como debe ser en una buena película y en la buena literatura. A mí el cine me lo aporta todo, porque te puedes fascinar por el buen guión, por las buenas actuaciones, por la buena fotografía, por la buena dirección de arte, por la dramaturgia montada, por la música que casi siempre es uno de los elementos que más me seducen y por supuesto, por la trama, el decorado, etc. Hay películas que son de cultos y otras que se hacen clásicas por el nivel de repercusión que generan ya sean para el mundo del entretenimiento como el caso de Tiburón de Steven Spielberg, como para la memoria afectiva que se da también en otro filme de Spielberg titulado: La lista de Schiller.

A mí el cine norteamericano me ha aportado mucho para los planos que trabajo en mis fotografías. Te diría que es mi mayor influencia. Y del cine cubano, tengo la suerte de ser amigo de quien llaman el mejor director del cine contemporáneo cubano, Fernando Pérez, pero te puedo garantizar que él no se demora en esas categorizaciones y lo único que le preocupa es hacer un cine auténtico y sincero. Yo tenía una trilogía invariable que son Memorias del Subdesarrollo, Fresa y Chocolate y Suite Habana, porque me parecen que son las tres películas medulares que mejor retratan a Cuba tal y como somos y como hemos sido y por los procesos que hemos pasado, pero vino Fernando con Martí, el ojo del Canario y completé a mis Beatles del cine cubano como tengo Beatles de la fotografía cubana que son Korda, Corrales, Salas y Liborio. Me encanta Chaplin, Roberto Benigni y admiro el alma latina que Pedro Almodóvar le inyecta a sus melodramas, es muy bueno en eso y es muy transgresor en sus filmes.

¿Hasta dónde es capaz de implicar el escritor su vida personal en la literatura que escribe?

Mucho si así lo decide o si así se lo deciden. En Cuba llueven miles de ejemplos y el que más conocemos tú y yo es el caso de Amir Valle que está pagando un precio muy alto por no claudicar jamás con el valor de lo que él escribe y que estando dentro de Cuba, se le empezó a complicar la existencia después que se dio a conocer de modo clandestino el contenido de su libro Habana- Babilonia (historia de la prostitución en Cuba), un libro de una honestidad y de un cuidado especial, mostrando todas las aristas de ese flagelo dentro de la isla desde las épocas de Cristóbal Colón, con un rigor de investigación profunda como todo lo que escribe Amir y que por cada línea de denuncia y exposición, llama y alerta sobre los peligros reales que eso genera  para una sociedad constructiva moralmente como la cubana, que eliminó todos los burdeles que Batista dejó y le dio a la mujer un protagonismo social en igualdad de derecho que a los hombres. Amir Valle ahora vive en Alemania, sin derecho de volver a su país, de entrar a él, del que salió un día representando a Cuba en un evento literario internacional. Y el precio alto que paga no es de carencias materiales ni falto de reconocimiento mundial a su obra que es buena definitivamente. El precio alto que paga es no besar y abrazar a su madre Marta todos los días al amanecer y no saber si volverá a verla con vida alguna vez; el precio alto que paga es que su padre no pueda cargar sobre sus hombros las piernas flacas y largas de Lior, su hijo más pequeño y que Berta, su esposa, no  pueda sentarse en el malecón a conversar horas y horas con su hermana Marina. Es lo potencialmente humano y únicamente divino lo que se jode cuando un escritor implica su vida personal en la literatura que escribe y es mal interpretado, marginado, desarraigado, expatriado y llueve sobre él un mundo de agonías interminables por lo que se atrevió a decir; porque aquí o acullá, las  palabras siempre van a quedar en tintas o digitales, y millones de ojos podrán leerlas como hemos hecho con el Quijote de Cervantes a través de los años, pero el lastre humano y sentimental de ese autor, las heridas que se haya tenido que coser a fuerza de sangre, silencio y lágrimas; eso solo lo podrá contar y sufrir en carne propia él; nadie más.

¿Crees que tu obra es una obra de denuncia?

No, para nada. Mi obra es de entretenimiento y fabulación. En mi novela corta La otra Eternidad lanzo algunos dardos pero no son más que inquietudes que todos los cubanos de alguna forma hemos manifestado lo mismo en una tertulia de amigos, que en una reunión del Partido, que en la cola de la guagua, que en la bodega al obtener esa infame cuota mensual. En este país todo el mundo sabe lo que es verdad y lo que es mentira, lo que está bien y lo que está mal. La literatura sirve para muchas cosas, entre ellas la denuncia; pero yo he sabido buscarme otros problemas fuera de la Literatura; quizás por ello voy a ella en otra actitud.

¿Alguna vez querer ser escritor te trajo problemas?

No, pero si puedes, enséñame los casos que conozcas porque me va a picar la curiosidad enterarme de toda la historia. Yo no quise ser escritor ni fotógrafo. Eso ya venía incluido en el estuche que soy y se despertó justo cuando tenía que empezar a materializarse. Claro que existen las quinicientas historias del que quería ser bailarín y su padre quería que fuera Ingeniero, pero a mí mis padres nunca me dijeron que soñaban verme de doctor o cosmonauta; nunca. Yo he sido lo que he querido ser sin que me haya traído problemas, ni tampoco el ser escritor me ha traído problemas. Todo lo contrario, Vilches, he sido feliz, excepto cuando tengo que sudar la palabra precisa, pero tú sabes que esa es la agonía más rica del mundo.

¿Para lograr una buena promoción de la obra, el  escritor debe congraciarse con el poder?

Dios te libre de hacer eso alguna vez, por muy desesperado que estés, por muy necesitado que estés. Si uno solo de los humildes se da cuenta de que te has convertido o eres profusamente un arribista, que utilizaste mecanismos de Judas para obtener la bendición de los delimitadores de las primaveras y de los nacimientos, el resto de la gente te odiará o tildarán de mierda para el resto de tu existencia. Para obtener una buena promoción a la obra de un escritor el único poder que debe existir es el Poder de la Promoción, gastárselas toda en anuncios, notas de prensa, invitaciones a la radio y la Televisión, publicidad. ¿Acaso dentro de Cuba no tenemos un ejemplo que se llama Leonardo Padura Fuentes? No es redondamente perfecta la promoción que se hace sobre sus libros, pero apenas se da, genera una avalancha de público, ávido por consumirlo que eso es fantástico. Lo otro jodido es cuando el Poder promociona con todos los yerros una obra que no vale ni un comino; ahí si estamos embarcados porque por mucho poder promocional que el Poder  use, la gente va a descubrir que el producto anunciado era mera porquería. Lamentablemente aquí estamos permeados de eso.

¿Qué me puedes decir de los dictadores y la censura?

Dictador debe venir de alguien que dicta algo, rige algo, manda sobre algo. Y la censura es aquella función que cercena una determinada acción, que mutila una determinada decisión, que prohíbe lo posiblemente lícito y permisible, que aniquila una viabilidad. Si estas dos cosas son únicamente relacionadas al campo de la política, yo no soy ducho para disertar sobre ello; pero puedo entender que un Dictador hace mucho daño en los destinos de los pueblos y en el de muchas personas; de hecho un Dictador es alguien que gobierna con plenos poderes. Si es en el campo de la creación, ten por seguro que seré un león fajándome por los derechos que la propia libertad de expresión que ofrece el arte son dados a los hombres de pensamientos como tú y como yo.

¿Cuáles fueron y son tus deseos y aspiraciones?

No me vas a creer lo que te voy a decir: Ya yo me puedo morir; se me ha concedido re que te mucho más de lo que alguna vez aspiré; porque honestamente yo era de los que se conformaban con bastante poco. Pero en la medida que he ido avanzando a través del tiempo, esas aspiraciones, deseos, motivaciones han ido tomando un perfil mayor en la medida de que los otros han empezado a verte o a relacionarte con la calidad de tu obra, con el talento que has logrado desarrollar y mostrar. Y eso, sin darme cuenta o conciente, me ha llevado a subirme la parada cada vez más y como tal, suben esos deseos, esas aspiraciones. Ahora bien, como soy hombre de la media rueda (50 años) mi deseo mayor es vivir más para poder seguir creando porque eso me da una mínima visión de lo que hace Dios todos los días como fuente inagotable de creación. Vamos a ver cuánto me concede de ese deseo; aspiro respondértelo dentro de 35 años. Y por otro lado tengo la responsabilidad de una familia y de unos hijos que aunque distantes, están muy ligados a mí y es obvio que con los hijos; aunque se hagan hombres y mujeres, nunca se termina; nunca. Por ende, ahora tengo muchos más motivos de vivir que hace 30 años atrás.

¿Se cumplieron de alguna manera algunos de esos deseos?

Se han cumplido con creces todos mis deseos y aspiraciones. Aquí aprovecho para hablarte de mis hijos y mis amigos. De madres diferentes, Enmanuel de 23 años vive en Estados Unidos y Juan Manuel de 20 años vive en Bayamo. Uno es mi físico exacto, con inclinaciones mayores a lo que fue mi padre en vida que le gustaba mucho el buen vivir y las cosas de extrema calidad (ése es Enmanuel) y el otro es mi alma total, mi espíritu calcado, repitiendo casi cada uno de mis pasos (ése es Juan Manuel) Pero cuando los uno a los dos, hacen mi yo total y no te imaginas la satisfacción que eso me da porque Enmanuel es harto familiar y Juan Manuel harto sociable, mis dos componentes más característicos. Tengo un tercer hijo que me lo trajo el amor a una mujer, mi mujer de hace 10 años (Sandra). Se llama Kevin y tal como rezan que no hay Kevin tranquilo, éste es el rey de las obsesiones, de la inconformidad, de lo inacabable; siempre necesita más y más y yo no estaba acostumbrado a eso. En 10 años a su lado he terminado siendo su padre real y nos amamos de una manera cómplice pues todo a lo que su madre dice no, yo vengo por detrás y lo convierto en sí; es el hijo que me ha tocado criar y al que le pongo todos los días el desayuno en la mesa y le compro todo lo que necesita. Yo aspiraba a tener dos hijos varones nada más y he terminado con tres. He publicado mis libros de cuentos y los libros de poesía de algunos amigos míos; he montado más de tres exposiciones fotográficas personales con resonado éxito. ¿Te das cuenta de cuántas maneras he sido bendecido? Después te hablo de los amigos porque eso entraña mucho para mí y no quiero hablar a la ligera de ellos y en eso también, Dios me ha dado lo mejor.

Sigue, sigue en eso, escribe sobre tu infancia, escribe con toda libertad, escribe de todo, incluso de esas cosas que crees que no tienen importancia, escribe aunque sospeches que no está bien lo que estás escribiendo, escribe y escribe, acuérdate de las cosas que has vivido y escríbelas, escribe y escribe, y no escuches a nadie. Eso le dijo Adriano González León a Luís Alberto Crespo ¿Qué le diría hoy Enmanuel Castells a un joven escritor?

Le diría casi lo mismo porque a mí nadie me las dijo. Yo fui erróneamente malcriado en mis inicios y menos mal que nunca me creí que era la estrella naciente; quizás por eso tengo menos libros que nadie, siendo ahorita el casi viejo hacia donde camina mi edad, pero es el fruto de mi dignidad y de mi inconformidad. Antes de que Borges se convirtiera en un boom, yo leí una conferencia de él donde les aconsejaba a los jóvenes que no se apuraran en publicar, que esperaran sentirse maduros para no arrepentirse luego de los errores publicados, y parece que ese sayo me cayó. Eso sí, hay que escribir y escribir y escribir, leer mucho, de todo y luego volver a escribir. Poco a poco, mano a mano, uno se va haciendo, encontrando, conformando, aceptando. Quizás a eso le llamen Madurez. Pero el camino del arte y la creación son inacabables, ¿no es verdad? Yo te propongo, hermano, terminar aquí y reencontrarnos a la vuelta de la esquina, al otro lado de la eternidad. ¿Te parece bien?

Sí, terminemos de paladear el café de Sandra y hagamos silencio como si nos refugiáramos en otra forma de las palabras.