Guillermo Vidal Ortiz

Dossier

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Guillermo Vidal Ortiz fue, sin dudas, uno de los cuentistas y novelistas cubanos más prolíficos. Su originalidad, acrecentada en una madurez asombrosa con cada nuevo título, lo convirtió en una de las voces esenciales de la narrativa cubana de fines del siglo XX e inicios del XXI. Su legado a las letras cubanas, en lo concerniente a la entrega a la literatura, al respeto por la página en blanco y al credo del acto de escribir como un sacerdocio de utilidad pública, hizo de él un ejemplo para quienes lo conocieron.

Considerado por muchos junto a Alejo Carpentier, José Lezama Lima, José Soler Puig, como uno de los sellos distintivos de la novelística cubana, gracias a su estilo peculiar claramente identificable entre el concierto de calidad de la narrativa cubana en la época que le tocó vivir, a esa marca de identidad se suma su interés por le eticidad dentro de la carrera literaria, su defensa de la literatura como un medio de pensamiento y no un simple juego ni un espacio para elucubraciones elitistas de falsa “alta literatura”, y, como lo atestiguan sus amigos y colegas, su honestidad, su limpieza y su fidelidad por encima de cualquier circunstancia política o de otra índole.

El reconocido escritor cubano Ángel Santiesteban Prats, en palabras que aquí presentamos, dice:

Este año se cumple el X Aniversario de su desaparición física. Y cada año, a pesar de que a algunos mediocres de la política y la cultura les conviene que se olvide, la impronta de Guillermo Vidal en la cultura cubana rebasa las fronteras y los regímenes políticos. Y se profundiza con el paso del tiempo, que era lo único con lo que no reía. Luchar contra el tiempo a través de la escritura era un ejercicio en el que apostaba su vida.

A ese hombre, amigo, hermano, maestro, dedica OtroLunes este dossier. Han pasado ya diez años desde su absurda muerte, en plena madurez creativa, cuando trabajaba en proyectos que, quienes hemos leído esos manuscritos aún inéditos estamos seguros, cambiarían (otra vez, pues ya el lo hizo con sus primeros libros) el curso de la narrativa cubana. Nos complace presentar a nuestros lectores a un clásico, aunque sabemos que allá donde esté, se estará riéndonos de lo picuda que le resultaba (y le seguirá resultando” “esa palabreja”.

Amir Valle
Director General

 

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