Dos buenos cuentistas mexicanos:
Samperio y Parra

Marco Tulio Aguilera Garramuño

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Samperio

Palabras que se me ocurren mientras estoy leyendo los cuentos de Al fondo se escucha el océano (Editorial Educación y Cultura, México, 2014), de Guillermo Samperio: raros, atractivos, extraños, diferentes, imaginativos, despiadados, surrealistas; en ocasiones Carver, a veces Rubem Fonseca o Bukowski. Los anteriores podrían ser parientes cercanos de los cuentos de Samperio, pero no precisamente serían lo que habitualmente llamamos influencias.

Heterodoxos en todo caso los cuentos y heterodoxo el libro: un libro sorpresivo, del que uno no sabe qué esperar en el siguiente texto. A veces son especies de fábulas kafkianas como “El árbol de la no sobrevivencia”: inquietante e insinuante y sin un fondo transparente. Cuentos en los que uno sabe que hay más de lo que parece, dijo mi amigo Silverio (un buen lector, compañero de la Editorial).

Tremendo atrevimiento el de Guillermo Samperio el de encabezar un cuento con el título de uno de los más famosos de Borges, “Emma Zunz”. Y lo curioso es que no sale mal librado don Guille: es la historia de una mujer que es abusada y decide no vengarse (a diferencia de la protagonista de Borges, que perpetra una venganza memorable). Estoy por pensar que lo que dice Pedro Ángel Palou es cierto: que el mejor cuentista mexicano es Samperio. Y lo habría dicho, si no se me atraviesa el libro Desterrados, de Eduardo Antonio Parra, que ofrece cuentos magníficos, piezas maestras, una tras otra, sin caída alguna. El libro de Samperio sí que tiene caídas: textos que no están a la altura de los otros.

Otro asunto: Samperio afirma que sus cuentos le deben mucho a Carver: no lo creo: estos cuentos son autótrofos, no necesitan aire ajeno.

“Pompas”, un texto brevísimo y conmovedor, logra transmitir la sensación pavorosa de la separación del ser amado, que es de alguna forma, forma terrible, una muerte en vida. En ella se intuye al Samperio de carne y hueso y sus personales (y desconocidas) tragedias, tragedias por otra parte, que son el pan diario de todo auténtico creador.

marco-tulio-sobre-samperio-2-otrolunes32En el relato largo, casi noveleta llamada “Al fondo del jardín lo espera su cabañita de la intimidad” sí que se nota la influencia –altamente benéfica, de Carver y de Ambrose Bierce-: en una pequeña ciudad de Estados Unidos, Randall, un hombre en cuya cabeza conviven y disputan varios hombres (un hombre cuya cabeza alborotada es “un motor de ocho cilindros”), atraviesa su pueblo en busca de una especie de salvación y mientras tanto revive su vida, sus excesos, sus mujeres, sus prostitutas, sus borracheras y violencias. Tanto como la aventura metafísica del protagonista, Randall, en busca de la justificación de su vida, importa, me importa, en este texto, el viaje que le hace atravesar varias capas del infierno que es su pueblo. De nuevo relato muy bien desarrollado, magnífico, memorable.

“No hay edad para rejuvenecer” narra una venganza de un abuelo contra su familia, que lo margina e insulta. Sangre en abundancia, crimen atroz, contado con impiedad e incluso humor. Se reitera una constante que hallo en este libro: se va de sorpresa en sorpresa.

Los cuentos largos –y logrados- tienen intercalados breves textos, algunos más cuajados de otros, pero que aportan el atrevimiento, la ruptura de los cánones y la inteligencia.

Temas frecuentes: crisis de pareja, hombres y mujeres que viven entre el vómito, la basura y las colillas de los cigarrillos, personajes rencorosos, mujeres con aliento fétido, mortecino, hombres entregados a la droga, una humanidad destruida: escritores, hamburgueseros, pobres gentes, seres obsesionados por nimiedades, personajes que se hunden en el desamparo, sin dirección, que obscuramente buscan un responsable de tanta desdicha, antes de simplemente disolverse.

Importantes elementos en muchos de los textos: la bebida, los cigarros, los cerillos y los ceniceros. La bebida, el cigarro, la droga, como formas de escapar a las miserias de la vida.

Se repite el personaje Evelyn, compañera del protagonista, que es en ocasiones escritor y en ocasiones editor. Se repite el argumento del adulterio y la vida miserable.

“los ignacios zaragozas” (así con minúsculas) es una especie de descarado, o más bien despiadado, cuadro autobiográfico de un escritor que bebe buen cognac, recapitula su vida, las miserias vividas con sus mujeres, describe su habitación, hace inventario de sus libros preferidos. La virtud de este texto (llamarlo cuento sería abusar del género), es la descripción minuciosa, no realista, sino perspectivista: vemos las cosas no en sí, no como son, sino como las ve el protagonista, el hablante.

El libro está formado por elementos vinculados, agregados, no armónicos, sino dismónicos (no sé si existe la palabra pero suena bien: el significado sería “falto de armonía”), difusos.

En “El trailero” aparece por primera vez “la realidad mexicana” contemporánea: una escena atroz, típica de lo que está sucediendo en este país, contada con enorme frialdad.

En general la actitud de los protagonistas, narradores y personajes de estos cuentos ante la violencia, el crimen, la miseria, la desolación, el suicidio, es fría, distante, sin sentimientos o reacciones: como si el autor y sus personajes ya estuvieran vacunados contra la violencia, el crimen, la falta de sentido de la vida.

Hacia el final del libro comienzan a menudear los párrafos sentenciosos, algún texto que parece un discurso de Zaratustra, fragmentos de lo que parecen viajes astrales o alucinógenos (en general interesantes pero prescindibles).

Un libro atractivo, gratificante, de un cuentista de primer orden.

 

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Parra

Sobre la utilidad de perder el vuelo de Monterrey a Veracruz: pude leer con tranquilidad en el Hotel Istay el nuevo libro de cuentos de Eduardo Antonio Parra, Desterrados: he aquí mis primeras impresiones:

“Caminante”, el primer cuento del libro, parece escrito por una mezcla de Rulfo, Revueltas y Kafka. Si en algún cuento mexicano está cifrada la tragedia de los mexicanos migrantes, de su absoluta e irremediable tragedia, de su destino feroz y despiadado, es en este texto de dimensiones casi míticas.

“El festín de los puercos”, ambientado en tiempos de Porfirio Díaz, es tan terriblemente sangriento, tan inhumano, que se hace difícil leerlo, aunque su calidad sea suprema: me recuerda “La fiesta de las balas”.

“La costurera” me recuerda uno de los más hermosos relatos de Flaubert, “Un corazón sencillo”: la protagonista del cuento de Parra, la campesina María José, es (al inicio del relato) una mujer fea, rara, hábil y trabajadora, además contrahecha y bigotona, que establece una hermosa complicidad con un niño, hijo de la patrona de un taller de costura.

marco-tulio-sobre-parra-2-otrolunes32Lo destacado de éste y los otros cuentos, lo conmovedor, es la enorme carga de humanidad que se hace notable en el trato de perdedores natos e irremediables. María José me recuerda también a los personajes sencillos y significativos de Chejov. Y esto es común a los cuentos de Parra: el autor ama, comprende, convive con los personajes, lo que hace que todo resulte natural: no hay nada impostado en estos textos: es la vida en carne viva, sin afeites, sin alambicamientos literarios, la que nos presenta Parra. Lo que no quiere decir que los relatos sean rústicamente tradicionales y respeten las convenciones del género: al contrario, son flexibles, y perfectamente naturales.

El final de “La costurera” es enteramente sorpresivo, y además satisfactorio: un cuento cerrado, diría perfecto, si no fuera abusar de la palabra.

También me hace pensar en el libro de cuentos de Samperio ya comentado: en general Samperio es monotemático: cuenta su mundo, mientras que Parra cuenta el mundo de los otros. Llegué a decir que Samperio me parecía el mejor cuentista mexicano: me retracto: me parece que Parra es superior, o por lo menos me gusta más, no publica retazos o esbozos, sino textos redondos, logrados.

Hay dos cuentos eróticos maestros :”Mal día para un velorio” es uno; “Paréntesis” es otro. En el primero hay una violencia erótica medida que sucede en un triángulo amoroso: suegra, yerno e hija. El segundo es una pieza en la que se narra (o se vive) un encuentro erótico en un restaurante: hombre y mujer llegan a la culminación sin siquiera haberse tocado: es el furor desatado de la imaginación y de los sentidos los que los arrastran a violar las convenciones (por una parte lucir sus sexualidades en un lugar público; por otra, cometer una especie de adulterio imaginario).

Magníficos cuentos, impresionantes, superiores a cualquier cuento mexicano que haya leído recientemente.

Todos los otros cuentos de este libro tienen una calidad semejante.
Tengo que decirlo: estoy feliz de haber hallado este libro (me lo regaló el autor en Monterrey con una dedicatoria que me honra).

Yo que soy tan corrosivo en mis reseñas me confieso derrotado por el libro de Parra: nos muestra a un gran maestro en su plenitud.

Del Autor

Marco Tulio Aguilera Garramuño
(Bogotá, 1949) Autor de las novelas El amor y la muerte (Alfaguara), Los placeres perdidos, Las noches de Ventura/ Buenabestia (Planeta, México, Plaza y Janés, Colombia, La hermosa vida (CONACULTA, México), La pequeña maestra de violín (Universidad de Puebla), Mujeres amadas (Universidad Veracruzana) y Agua clara en el Alto Amazonas… Ha publicado, además, los libros de relatos Cuentos para ANTES de hacer el amor(Plaza y Janés, Colombia; Educación y Cultura, México), Cuentos para DESPUÉS de hacer el amor (Plaza y Janés, Colombia; Punto de Lectura, México y España), El pollo que no quiso ser gallo (Alfaguara infantil, México y Colombia), entre otros. Acaba de publicar la novela Historia de todas las cosas.Nuestra revista le dedicó el dossier de autor del número 30, que puede consultar visitando nuestra Hemeroteca.