Alguien de esa raza extraña de los suicidas

Sobre Hablar de Guillermo Rosales, de Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco

Luis de la Paz

Hablar de Guillermo Rosales
Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco
Editorial Silueta, 2013

 

guillermo-rosales-otrolunes32Dos jóvenes residentes en Cuba, Elizabeth Mirabal (1986) y Carlos Velazco (1985) han asumido la inusitada (y desde luego, también valiosa) tarea de rescatar para la memoria insular a escritores que fueron execrados en la isla por haberse exiliados de la tiranía castrista. El propósito sería muy altruista, si no fuera porque Velazco, asume este proyecto desde la posición de comisario del ministerio de cultura que es (se desempeña como jefe de redacción de la revista Unión de la UNEAC), e impulsa junto a su compañera Mirabal, una empresa que goza del beneplácito oficial. Desde hace algunos años, las autoridades culturales se han propuesto apropiarse del nombre y de la obra de escritores que han muerto en el exilio, incluso, atraer a sus filas a aquellos aún vivos que han demostrado la docilidad que una dictadura comunista exige: moderación y silencio cómplice. La joven pareja, con el ímpetu que aporta la juventud, parece ser la cara visible para estimular esta política cultural, que tiene en la mira robarle presencia a la labor desarrollada por los cubanos en el destierro.

Mirabal y Velazco ya incursionaron con éxito en ese empeño, con el manejo de la obra y figura de Guillermo Cabrera Infante, quizás uno de los escritores que con más devoción defendió la revolución castrista en sus primeros años, incluso dirigió el determinante suplemento cultural Lunes de Revolución, hasta que rompió con el régimen y se convirtió en un visceral anticastrista. En Sobre los pasos del cronista, los jóvenes ensayistas examinan la vida intelectual de Cabrera Infante durante su etapa en Cuba, o sea, hasta 1965. Resulta sorprendente que se hayan detenido en ese momento clave de la vida del autor de Tres tristes tigres, más cuando el grueso y la mayor resonancia de su obra se capitalizaron en el exilio. No sé si los ensayistas asumieron como prudente límite la fecha, o les pusieron freno desde el ministerio de cultura. Eso siempre será una incógnita.

De nuevo Mirabal y Velazco se acercan a otro cubano muerto en el destierro. A través de Hablar de Guillermo Rosales (Editorial Silueta, 2013) sondean a uno de los escritores más destacados del exilio; sin embargo, aunque la obra fundamental de Rosales es la novela Boarding Home, con la que ganó el concurso Letras de Oro en 1986, el peso del análisis lo lleva la labor desarrollada por Rosales en Cuba, durante sus años como redactor de la revista Mella, órgano de la Asociación de Jóvenes Rebeldes, y luego revista de la Unión de Jóvenes Comunistas. En el libro se destacan los exaltados artículos escritos para Mella, resaltando la labor revolucionaria de la juventud en la construcción de la nueva sociedad. En especial la serie Historias del Escambray, donde al decir de los ensayistas: “Todos los protagonistas serán adolescentes o jóvenes patriotas entregados por voluntad propia al enfrentamiento del enemigo”. Mirabal y Velazco también encaminan sus pasos para mostrar al Rosales cuentista, que en esa misma publicación dio a conocer sus primeras narraciones.

Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco estructuran su libro en dos bloques. En el primero, tratan de reconstruir con minuciosidad la vida de Rosales, algo que logran con acierto en lo que corresponde a la etapa en la isla, pero pecan de triviales en los datos que aportan tras la salida del escritor al exilio en 1979, donde vivió hasta 1993, cuando se suicida de un disparo. Esos 14 años fuera de Cuba, que fueron fundamentales en el escritor, no los manejan con el esperado rigor. Pienso que por circunstancias políticas (las mismas que forzaron a Rosales a salir al exilio), los jóvenes investigadores no acudieron a Miami para completar sus investigaciones, algo que se resiente en el conjunto del libro, pues le da un aire (y esa es la percepción general que se puede llevar el lector), de una obra inacabada y parcializada, algo que si se aúna a su anterior trabajo sobre Cabrera Infante, puede arrojar como resultado que se trata de estudios políticamente parcializados.

La segunda parte de Hablar de Guillermo Rosales, reúne entrevistas a escritores y personas que estuvieron cerca de él, entre ellos a su exesposa, Silvia Rodríguez Rivero, el cantante Silvio Rodríguez y los escritores Víctor Casaus y Norberto Fuentes. Vuelve la noria, personas que viven en Cuba o están (o estuvieron) muy cerca del castrismo. Se resiente la ausencia de conversaciones con quienes lo acompañaron en sus años de exilio.

En las entrevistas reunidas, todos coinciden en señalar que Rosales siempre tuvo problemas mentales y ese es un punto importante, pues hay quienes pretenden decir que se suicidó porque no pudo soportar el peso del exilio y no valoraron su obra a tiempo. Pienso que Guillermo Rosales formaba parte de esa extraña raza de los suicidas, como lo fue Juan Francisco Pulido (sin tener tiempo de dejar una obra significativa) y en gran medida Reinaldo Arenas. En fin, un estudio algo embrionario, pero aun así muy necesario sobre otro gran escritor cubano, que tuvo que hacer del exilio su última morada.