Género, erotismo, magia y estilo literario
en “Dos Palabras”, cuento de Isabel Allende

Jorge Chavarro

jorge-chavarro-1-otrolunes32

“Dos palabras”1, la historia inicial y central de los “Cuentos de Eva Luna” de Isabel Allende, es un relato que explora las relaciones amorosas y sensuales, en las que el erotismo se enriquece con ingredientes de encantamiento mágico.

El relato propone además un prototipo de mujer atípico en su entorno que convierte a los hombres en personajes secundarios seducidos por Belisa, la seducción suya es universal porque el instrumento de su hechizo es ella misma, su cuerpo y su olor, y divide esos hombres en dos especies: los aceptados, representados por el coronel, y los rechazados que encarna el mulato.

Simultáneamente la historia de Belisa es una mezcla armónica de realidad y fantasía, el mundo de Belisa está construido de manera que los hechos de su mundo, por extraordinarios o fantásticos que puedan parecernos, no entran en conflicto con las leyes naturales.  Por eso la duda no tiene espacio en ellos, ni los hechos alcanzan el estadio de lo extraño o sorprendente.  Así no es posible cuestionar la posibilidad de vender el mejoramiento de la calidad de los sueños (11), ni el aprendizaje del diccionario “desde la A hasta la Z” (13).   A esto a se le ha llamado Realismo Mágico, y los “Cuentos de Eva Luna” de los que hace parte “Dos palabras”, están inmersos en esta controvertida definición2.

 

La relación mágico erótica

En “Dos palabras”, el erotismo se manifiesta en el discurso acompañado de elementos mágicos usados para seducir o rechazar.  Aunque los recursos nigromantes aparecen desde el comienzo cuando el narrador nos cuenta de la existencia de la palabra única y “secreta” usada “para espantar la melancolía” (11-12), ellos hacen parte de una mezcla de atributos eróticos y mágicos que marcan la historia de manera especial a partir del momento del encuentro entre Belisa y el coronel forajido, y ella logra percibir que se trata del “hombre más solo de este mundo” sorprendiéndose “por su voz suave y bien modulada” (15).  La atracción sensual que de inmediato despierta en ella ese “hombre más temido del país” y el miedo a la muerte a manos del mulato, se unen para decidirle a aceptar el encargo del discurso del coronel aspirante a presidente, pero lo trascendental en la decisión es el deseo erótico que le desencadena ese macho prototipo que la impulsa a desear “tocar a ese hombre” y “recorrerlo con las manos”, porque percibe “el palpitante calor” de su piel (16).   La ansiedad sentida en el primer encuentro se repite en el segundo, y es el momento esperado por Belisa para usar sus recursos de hechicera, reforzando la magia con el sortilegio de la palabra única y secreta que le permitirá atrapar para siempre al coronel no solo por el arte del embrujo, sino por la poderosa sensación erótica que le regala a él  el cuerpo de Belisa convertido en instrumento universal de arrobamiento, amarrándolo después con el filtro de amor de las palabras encantadas que ayudarán a hacer inolvidables el olor que desprendía y “el calor de incendio que irradiaban sus caderas, el roce terrible de sus cabellos, el aliento de yerbabuena susurrando en su oído las palabras secretas”, el filtro de amor brujo (17).

jorge-chavarro-otrolunes32-2Por ser universal la seducción de Belisa a partir de su cuerpo fetiche, el mulato al igual que el coronel también es conquistado, la diferencia estriba en que al coronel lo seduce por decisión propia, no son los hombres quienes deciden sino Belisa, el mulato no le interesa aunque note “sus ojos suplicantes de perro perdido” y decide expulsarlo de su entorno con la misma firmeza con que atrapa al elegido, el poder de su conjuro le permite apoderarse de quien quiera,  pero también utiliza la taumaturgia discursiva para detener al mulato cuando intenta tocarla, y él percibe el encantamiento hecho palabras que le espantan el deseo “porque creyó que se trataba de alguna maldición irrevocable” (17).

La magia subyugante se encadena al objeto erótico que es el cuerpo de Belisa, a su vez arma inicial de la conquista que le llega al coronel revestida del fetiche de su aliento y del olor de sus cabellos y su cuerpo.  Belisa no requiere bebedizos ni naipes para quitar el sueño y desatar la pasión, sus elementos mágicos intrínsecos, seducen, conquistan y retienen, formando todos juntos, palabras y fetiches, el filtro de amor que transforma al coronel en un esclavo obnubilado, un líder que pierde “los sentidos” y llega a caminar “como un sonámbulo” (19).  El conjuro de sus palabras solo puede ser curado en el ensalmo de su presencia, al entenderlo el mulato corre a buscarla nuevamente, a traer a la “bruja” que le dejo un “encantamiento susurrado al oído” (19), un embeleso que subyuga y obliga a vivir prisionero en sus confines, en el hechizo endemoniado que no puede deshacerse y hace entender a los hombres del coronel por qué se tornan mansos “los ojos carnívoros del puma”,  “cuando ella avanzó y le tomo la mano” (20)3.

 

Representación de género

La literatura latinoamericana, ha construido una serie de arquetipos femeninos paradigmáticos dentro de su entorno social, dichos modelos son en general unidimensionales y abarcan un espectro que va desde la princesa bella y virgen, hasta la bruja prostituta y vampiresa (Muñoz 11).  Igual ocurre con los arquetipos masculinos construidos en el modelo patriarcal, agresivo e insensible del macho.  La identidad de género en los personajes masculinos de “Dos palabras” parte de un escenario en que el macho encuentra el medio apropiado para la expresión de su masculinidad convencional.  Sin embargo, lo varonil se transforma en el curso de la historia a partir de la forma como esos hombres se relacionan con el personaje femenino (Muñoz 7).  A su vez, el personaje femenino transgrede el universo convencional, sustentando buena parte de su poder en la  argumentación inteligente sin abandonar lo emocional que se acredita a la naturaleza femenina, ni la capacidad de seducción a partir de “recursos de mujeres”4.

Belisa Crepusculario vende palabras.  El perfil que nos dibuja el narrador no hace referencia a su belleza física, estaría de más, sin embargo mantiene en lo descrito sus “firmes piernas” y “senos virginales” de las que el mulato no “apartaba los ojos” (16), para no romper de un solo tajo con los viejos paradigmas, pero el recurso lo utiliza solo para ayudarse a resaltar los elementos eróticos del argumento con los cuales logra Belisa hacerse omnipotente al sumarlos a su otra fuente de poder derivado de su racionalidad en el dominio del discurso, el cual no juega en detrimento de su condición de mujer emocional ni con su capacidad de seducción, por eso características consideradas masculinas como son la capacidad de controlar las emociones, y las decisiones de competir y de seducir (no de  ser seducida), hacen parte de los rasgos de Belisa.

La protagonista de “Dos palabras” asume tareas y objetivos masculinos sin poner en riesgo su femineidad, y es en esa caracterización femenina en que se inscribe su oficio desde el cual coloca a las mujeres en el terreno tradicional de lo intuitivo y a los hombres en el pensamiento lógico porque sus palabras son “capaces de tocar con certeza el pensamiento de los hombres y la intuición de las mujeres” (16), y por ser Belisa quien maneja la palabra y no un hombre, subvierte el paradigma tradicional femenino y masculino y se coloca  por la fuerza de la palabra y con su poder de seducción, asumiendo el liderazgo sobre los hombres de su entorno, hombres por demás esquematizados como viriles, protectores y fuertes.   La subversión que representa Belisa de los rasgos estereotípicos femeninos que como mencionábamos antes la hacen omnipotente, es puesta en entredicho de alguna manera por el objeto erótico que elige, al tratarse de uno que aunque se doblegue ante ella, es símbolo jerárquico, interpretable como una forma de respeto a las estructuras sociales en que vive el lector (Mendíbil 14-15).

La descripción inicial del mundo masculino se enmarca en el modelo convencional que describimos antes y del que paulatinamente van alejándose los personajes.  La hombría del coronel y sus hombres se sustenta en su retrato de guerreros míticos eternamente unidos “al estropicio y la calamidad” (14), leales al jefe y dirigidos por machos singulares: el mulato gigantesco símbolo de fuerza y obediencia, y el coronel fiero y solitario revestido de autoridad indiscutible.  Aunque Belisa es el instrumento final de la transformación del coronel y de sus hombres, él mismo ya había dado un paso en esa vía sin el cual el cambio no habría sido posible: quiere ser presidente para dejar de lado el fastidio que le producía “el terror en los ojos ajenos”, el ver huir a los hombres y el saber que abortaban las mujeres con el solo anuncio de la presencia de sus huestes, quería entrar en los pueblos “bajo arcos de triunfo” y “comer pan recién horneado” para poner fin a su dieta bandolera de “higuanas y sopa de culebras” (15) (Muñoz 24).

La transformación es paulatina porque el rapto de Belisa fue un estropicio más usado como el camino para liberarse del estigma, el modelo masculino se desliza hacia una masculinidad reestructurada tanto en el coronel como en sus hombres, que mutan su imagen de guerreros a la de hombres capaces de juntarse para escuchar y seguir con emoción el discurso escrito por Belisa  para el coronel, cuyos ojos amarillos también brillaban de entusiasmo (17).

Los hombres del coronel son también transformados a causa del discurso exorcista de Belisa, su palabra encantadora y mágica transforma no solo el objeto al que propone su palabra “única y secreta”, sino que su arenga logra alterar todo el universo en que se mueve, cambiando a los hoscos guerrilleros en simples ciudadanos ejerciendo el poder y el deber civilista del ejercicio electoral, acompañando al coronel en su periplo en el que “repartían caramelos y pintaban su nombre con escarcha dorada en las paredes” (18), así logra que su imagen se transforme ante los asustados habitantes de su mundo, y entra en sus pueblos triunfal, armado de “la lucidez poética de sus argumentos” que se hacían perdurables en la esperanza creada por su nueva figura que quería “corregir los errores de la historia”.

Finalmente el coronel sucumbe, es el macho domado que no teme mostrarse sensible, que necesita de la mano de Belisa para continuar andando.

 

Magia, fantasía y realidad en “Dos palabras”

El término “Realismo Mágico (RM)”, ha sido utilizado por más de seis décadas para resaltar las especiales características observadas en la novela hispanoamericana del siglo XX, peculiaridades que según Ángel Flores se advierten a partir de 1935 cuando aparecen los cuentos de Borges “Historia universal de la infamia” y la novela de María Luisa Bombal “La última niebla”.   Flores entiende el “RM” como la literatura hispanoamericana inspirada en la europea de comienzos del siglo XX y la define como “una mezcla de realidad y fantasía” con “gran preocupación por el estilo”.  Una década más tarde aparece el artículo también clásico de Luis Leal que propone el “RM” como “una actitud ante la realidad” que permite “el descubrimiento de la misteriosa relación que existe entre el hombre y sus circunstancias” sin pretender “copiar o vulnerar la realidad circundante” diferenciándose de realistas y surrealistas a pesar de la huella de estos últimos, porque su propósito no es reproducir la realidad sino “captar el misterio que palpita en las cosas”(Abate 148) sin la necesidad de crear mundos imaginarios para escapar de la realidad cotidiana (Mena 398).

La polémica se expande por la inclusión casi inmediata del concepto de “Lo Real Maravilloso Americano (LRMA)”, y en el encasillamiento de autores en uno u otro, lo que se ve agravado por la flexibilidad en el uso de los dos términos que va de la sinonimia a la diferenciación, y agrandada luego con la llegada a la escena del debate Mágico Realista de la preocupación por lo Fantástico y lo Maravilloso,  lo que ocurre inicialmente con Leal cuando desliga el Realismo Mágico de la Literatura Fantástica, y de los movimientos Modernista, Surrealista y Vanguardista (Abate 148), y que es posteriormente revisada cuando esa misma literatura es observada bajo el prisma que aportaron Todorov y años más tarde Barrenechea, lo que se ha convertido en el más importante punto de la controversia5.   Llarena en su “balance crítico” (Llarena 107), llama la atención sobre el origen del problema que comienza cuando se insiste en calificar al RM y LRMA como una continuación o variante de la literatura fantástica, lo que se pudo justificar al comienzo del fenómeno porque era urgente “darle nombre al proceso de <desrealizacion> de la nueva literatura” y no se encontró un mejor ni más cercana expresión para bautizarlo (Llarena 108).  La confusión acerca de la utilización de ambos vocablos traslada la falta de acuerdo a los parámetros para incluir en cada rango a los autores estudiados.  La propuesta de Llarena aunque trata de ser unificadora y sintetizadora de lo que se tenía al finalizar el siglo XX, establece una diferencia entre RM y LRMA, porque aunque las dos trabajan de igual manera el material fantástico y el espacio imaginario, son diferentes en “el proceso sistemático de verosimilizacion” y “la convivencia no conflictiva entre realidad y fantasía” y se queda con la denominación de magicorrealistas para los relatos que admiten materiales míticos en los que la verdad se determina por “el punto de vista prelógico, no diferenciado”.  Ubica además a Carpentier y Asturias en LRMA (Llarena 116).   Ángel Valbuena Briones, citado por Abate (148), lo ve como “una visión de un mundo sorprendente, de una realidad en que la fantasía y el mito forman parte de ella” e incluye en la categoría a Borges y a Cortázar.

Lucia Inés Mena haciendo un esfuerzo de síntesis de lo que hasta 1975 se había dicho, propone que el “Realismo Mágico consiste en una cierta penetración de la realidad, de parte de algunos autores, que hace que su cosmovisión sea más profunda compleja y poética.”  Y que sumergirse de tal manera en la realidad “produce el desdoblamiento de ésta” pudiendo mostrarnos no solo lo “objetivo de las cosas, sino también su lado oculto, ambiguo y misterioso.”   A partir de estos planteamientos propone como Mágico Realistas a Rulfo y García Márquez, quienes “anclados en su terruño nativo”6 crean “una problemática y una mitología” hispanoamericanas que supera los límites del regionalismo logrando además hacerse universales con el auxilio de su gran refinamiento técnico.  Mena también acepta la propuesta de excluir de la categoría a Borges y Cortázar por su creación de mundos imaginarios imbuidos “de un hondo sentido filosófico” e identificados con la Literatura Fantástica, e igualmente a Asturias y Carpentier dada la influencia del Surrealismo en sus obras, a pesar de reconocerles su anclaje al terruño y la mitología americanas.  Sin embargo, es unánime la aceptación de la influencia del movimiento surrealista en el Realismo Mágico por su “rebelión contra las normas”, “la búsqueda de lo maravilloso”, “el culto de lo absurdo” y “el uso de tiempos no cronológicos” (Abate 152).

Mena, apoyándose en la definición inicial de Roh, adjudica el realismo mágico al campo de lo maravilloso, porque su objetivismo le permite penetrar la realidad en mayor medida haciendo que sus misterios hagan parte de esa realidad que se complementa con lo misterioso y lo sobrenatural aunque lo maravilloso es solo un ingrediente del realismo mágico y no es suficiente para definirlo  (Mena 399-406).

Las propuestas se hacen más analíticas y desapasionadas a partir de 1980.   Es en ese contexto que aparece el trabajo de la Brasilera Irlemar Chiampi, que es considerado otra piedra angular en el debate a partir de su estudio de las relaciones semánticas y pragmáticas de los textos magicorrealistas, que le permiten proponer una lista de cinco rasgos constitutivos del RM  los que a continuación transcribo tomándolos de Abate (150):

  1. Efecto de encantamiento del receptor;

  2. Enunciación problematizada (función metadiegética de la voz y proliferación barroca de significantes);

  3. Remisión a un referente discursivo (lo “real maravilloso”) integrado a un sistema de ideologemas de americanismo, cuyo significado básico es la no disyunción;

  4. Articulación sémica no contradictoria de las isotopías natural y sobrenatural;

  5. Combinatoria sémica de las dos modalidades: desnaturalización de lo real y naturalización de lo maravilloso.

Después de este recuento teórico es importante hacer notar que el desacuerdo existe también en el establecimiento de las fronteras generacionales, porque no es posible observar entre lo que se denomina “boom” y “post-boom” un real límite en el rango de edad de los autores (De la Fuente 240 y 264), como tampoco ese frontera existe en la temática que los mismos autores del boom desarrollaron después de los años noventa del siglo pasado en la cual concuerdan con los autores del post-boom que continuaron escribiendo (De la Fuente 255 y 264).

Allende ha sido llamada “la discípula y contraparte femenina” de García Márquez entre otras cosas por “una hermandad obvia de estilo, técnica y temática” (Mendíbil 10-15),  pero no es lo generacional ni su comparación con García Márquez lo que hace de Allende una escritora de la que algunas de sus obras como sus “Cuentos de Eva Luna” y el que nos ocupa “Dos palabras”, deban ser entendidas como parte  del Realismo Mágico, sino el haber comprobado que ellas están inmersas en lo que hemos entendido como la caracterización de la categoría, vayamos de nuevo a la historia.

En “Dos palabras”, el narrador asume la historia de Belisa mostrándola inmersa en su particular universo, con el cual mantiene una misteriosa relación simbiótica a partir de sus especiales circunstancias, las que ocurren desde su nacimiento e infancia, envueltos en la realidad de la magia y la tragedia que la amarran a su mundo haciendo innegable y cotidiana cada cosa, sin necesidad de crearle imaginarios de otros mundos ni falaces escenarios.   Sus acciones desentrañan los misterios de su vida como parte de la magia inmersa en la vida misma, de manera natural, igual que si hubieran ocurrido de otra forma más corriente.

Esa forma de penetrar la realidad del mundo de Belisa por parte de Allende “que hace que su cosmovisión sea más profunda, compleja y poética” y que logra mostrarnos “su lado oculto, ambiguo y misterioso”, es el mismo descrito para caracterizar a Rulfo y García Márquez, y que hemos aceptado con el nombre de “Realismo Mágico (RM), por eso es ella misma quien busca su nombre “hasta encontrarlo” y vestirse con el (11), porque era tan grande la miseria en su familia “que ni siquiera poseía nombres para llamar a sus hijos” (12).

Lo misterioso y ambiguo se muestran desde su anclaje en el mundo real, del que paulatinamente y sin contradicciones y usando solo el arma retórica y poética de su discurso, va alejándose para adentrarse en el mundo de lo maravilloso y extraordinario.  Belisa emprende el viaje con el que burla a la muerte “siguiendo el espejismo del agua” (12), y no solo lo consigue sino que también descubre el destino transcendental de la escritura.   Años después, cuando es raptada por el mulato, al final del camino de tortura atada de pies y manos, “un sorbo de aguardiente con pólvora” le permite volver a la vida (14).  El discurso redentor que escribe para el coronel esta “hecho de palabras refulgentes y durables” para que no se hicieran ceniza con el uso, el coronel lo aprende y lo repite en cada pueblo dejándolo descansar entre jornadas,  pero lo que no abandona son las dos palabras secretas en las que reincide “cuando lo ablandaba la nostalgia, las murmuraba dormido, las llevaba consigo sobre su caballo, las pensaba antes de pronunciar su célebre discurso y se sorprendía saboreándolas en sus descuidos” (18).

Con todo, el universo de Belisa vive lejos de lo sobrenatural y lo fantástico, las leyes  que rigen su mundo son un todo coherente que aleja del lector la duda y la sorpresa aunque parezcan extraños, porque lo maravilloso y misterioso hacen parte de él porque de ellos el realismo mágico está embebido y ligado (Mena 406), además de estar sujeto a su terruño americano, de cuyos mitos ha extraído su naturaleza y su fuerza.

Bibliografía

  • Allende, Isabel. “Cuentos de Eva Luna”. México: Editorial Diana SA, 1997. Print.
  • Abate, Sandro. “A medio siglo del realismo mágico: balance y perspectivas.” Anales de Literatura Hispanoamericana. 26 (1997): 145-159. Web: dialnet.unirioja.es
  • Barrenechea, Ana María. “Ensayo de una Tipología de la Literatura Fantástica.” Revista Iberoamericana. 80 (1972): 391-403. Web
  • Carullo, Sylvia G. “Fetichismo, magia amorosa y amor erótico en dos cuentos de Isabel Allende.” Texto Crítico. Nueva época. 4-5. (1997): 125-132. Web: cdigital.uv.mx
  • De la Fuente, José L. “La narrativa del en Hispanoamérica: una cuestión de límites.” Anales de Literatura Hispanoamericana. 28 (1999): 239-266. Web: dialnet.unirioja.es
  • Llarena González, A. “Un balance crítico: la polémica del realismo mágico y lo real maravilloso americano (1955-1993)”. Anales de Literatura Hispanoamericana. 26 (1997): 107-117. Web: dialnet.unirioja.es
  • Mena, Lucia I. “Hacia una formulación teórica del realismo mágico.” Bulletin Hispanique. 77 (1975): 395-407. Web: persee.fr
  • Mendíbil, Aránzazu B. “Estereotipos raciales y sexuales en la narrativa del “realismo mágico”: la revisión crítica del .” 16 (2007) 1-16. Web lehman.cuny.edu
  • Muñoz, Ana Laura. “Representaciones de la masculinidad en Cuentos de Eva Luna.” Revista Destiempos. 19 (2009): 11-30. Web: destiempos.com
  • Rodríguez, Lydia. “Consideraciones teóricas: el realismo mágico y la ciencia ficción.” Hybrido: arte y literatura. (2006): 39-46 Web: dialnet.unirioja.es
  • Ruiz Serrano, Cristina. “El realismo mágico de las últimas décadas en Hispanoamérica y Rusia: ¿Hibridez o desaparición?” Goteborg University (2008): 175-193. PDF tomado de la Web: gupea.ub.gu.se
  • Umpierre, Luz María. “Unscrambling Allendes’s “Dos Palabras”: The Self, the Immigrant/writer, and social justice.” Mellus 27-4 (2002): 129-136. Web
  • Notas del artículo

    1. Allende, Isabel. “Cuentos de Eva Luna”. México: Editorial Diana SA, 1997. Print. Todas las citas que aparecen en el presente escrito relacionadas el cuento “Dos palabras” se refieren siempre a la paginación usada en esta edición, el número de página o su intervalo se encuentran entre paréntesis sin ninguna otra aclaración.
    2. La discusión acerca del Realismo Mágico comienza en 1925 a partir de la publicación del libro de Franz Roh “Nach-Expressionismus (Magischer Realismus)” en Leipzig, del que fueron traducidos al español algunos capítulos que se publicaron en 1927 en la “Revista de Occidente” Madrid, 16 (1927): 274-301, bajo el título “Realismo Mágico”. Roh se refiere al arte post-expresionista al que le atribuye un objetivismo que no copia la realidad sino que es una segunda creación que permite “descubrir los objetos partiendo del espíritu” y haciendo evidentes sus misterios. Fue la aplicación de estas ideas al campo literario lo que originó el debate y sus múltiples direcciones, los críticos de la literatura hispanoamericana adoptaron el nombre para denominar las nuevas tendencias de la novela continental. El fenómeno está tratando de ser definido desde entonces, Ángel Flores en su artículo clásico “Magical realism in Spanish America fiction” publicado en Hispania, 38 (1955): 187-192 lo plantea como esa mezcla armónica de realidad y fantasía, una década más tarde Luis Leal publicó su análisis–respuesta al trabajo de Flores “El realismo mágico en la literatura hispanoamericana” en Cuadernos Americanos 153 (1967): 230-235 tratando de totalizar lo hasta entonces publicado. (Mena 395-98, Abate 145-48).
    3. Carullo (126-28) compara los elementos fetichistas y los mágicos de la palabra secreta en “Dos palabras”, con los ritos del medioevo que utilizaban bebedizos, naipes y otros elementos como instrumentos de brujería, para lograr conquistar y retener, que son los efectos que se le acreditaban a la magia, la ñapa de la segunda palabra, es la barita mágica que induce la enfermedad amorosa y desata los síntomas de la obsesión.
    4. El florecimiento de las teorías feministas se ha complementado con la aparición de estudios que tratan de dilucidar las diferentes formas de la masculinidad latinoamericana, los modelos masculinos son menos discriminatorios y capaces de transformarse a partir de su interacción con las mujeres, de igual manera son capaces de borrar el culto a la virilidad producto del amaestramiento social (Muñoz 1-4, 11-14), (Mendíbil 2). La transformación de los personajes femeninos a partir de esa misma interacción de géneros, produce prototipos de mujer “que asumen sin perjuicios las tareas masculinas” inmersas en una femineidad que no se pierde nunca aunque le arrebaten a los hombres la habilidad de ser líderes (Muñoz 27-28), y que ejercen el poder adquirido sobre hombres fuertes, protectores y viriles, con quienes resuelven sus conflictos en contiendas de poder “generalmente expresados sexualmente” (Mendíbil 12-13).
    5. El desarrollo teórico parte del trabajo de Tzvetan Todorov: “Introducción a la literature fantastique” publicado en Paris en 1970 y de la reinterpretación propuesta por Ana María Barrenechea (Barrenechea 394-396). Barrenechea concluye que es la ausencia de problematización entre lo irreal y lo cotidiano lo que diferencia el RM de la literatura fantástica. Para Abate, la disyuntiva tiene como polos alternativos la ubicación del RM como una categoría subordinada a la literatura fantástica y una reacción antipositivista el realismo naturista del siglo XIX, opción planteada por Flores, Maturo y Planellsse, contra la propuesta de quienes le reconocen su génesis desde la unión entre lo verdadero y lo sobrenatural sin problematización de la causalidad como en la literatura fantástica y anclado al ámbito hispanoamericano que es lo que proponen Leal, Anderson Imbert y Chiampi (Abate 151).
    6. El anclaje al terruño nativo es un reclamo teorizado por los propios escritores cuando ejercieron de críticos y en ese campo se reconoce como aporte fundamental de Carpentier, Asturias y Uslar Pietri quienes reclaman nuestra América hispana como el espacio en que ocurre el discurso de lo “real maravilloso” (Abate 147) . A pesar de ese reclamo, algunos quieren ver el RM como un fenómeno inscrito en su similar europeo o en particular con el ruso (Ruiz 175). Para Maturo no es posible ignorar en el RM su “sentido religioso” y avanzando en el desarrollo de los postulados de Flores, lo entiende como un “realismo americano”, simbólico y mítico, que se asombra ante la naturaleza con misticismo, enlazando “el costumbrismo más descriptivo con la subyacente valoración del sentido religioso inherente a la vida tradicional” (Abate 149-50).
    7. Nos referimos a la cita que hace A. Llarena (109) del artículo de Irlemar Chiampi “Realismo maravilloso y literatura fantástica”, ECO, 229 (1980): 79-101, que fue luego ampliado en su libro sobre el mismo tema, cuya versión en español fue publicada en 1983 por Monte Ávila, Caracas bajo el nombre “El realismo maravilloso. Forma e ideología en la novela hispanoamericana”. Chiampi propone llamar Realismo Maravilloso al RM, que según las premisas anteriores es una “poética de la homología”, en que lo real y lo extraordinario son absolutamente equivalentes y cuyo encantamiento es también radicalmente diferente al de la literatura fantástica, esa homologación se logra con un trabajo retorico de persuasión “que confiere status de verdad a lo no existente” (Llarena 109), le reconoce además el sincretismo y la no-disyunción producto del mestizaje, resaltando su ruptura de lo “racional-positivista de la constitución de lo real”.

    Del Autor

    Jorge Chavarro
    Médico colombiano actualmente residente en Houston, Texas. En el verano de este 2014 termina la maestría de Literatura Hispanoamericana en Sam Houston State University, Huntsville, Texas. Forma parte del cuerpo docente del Departamento de Lenguas Extranjeras en esa universidad, como instructor asociado.