María Teresa, Gran Duquesa de Luxemburgo

Leonel Antonio de la Cuesta

 El 14 de Febrero de 1981, día de los enamorados, se unían en matrimonio los hoy Grandes Duques Enrique y Mª Teresa de Luxemburgo. Se había conocido en Ginebra, cuando ambos estudiaban la carrera de Ciencia Políticas, ella hija de un banquero cubano y él hijo de los Grandes Duques Juan y Josefina Carlota de Luxemburgo.

El 14 de Febrero de 1981, día de los enamorados, se unían en matrimonio los hoy Grandes Duques Enrique y Mª Teresa de Luxemburgo. Se habían conocido en Ginebra, cuando ambos estudiaban la carrera de Ciencia Políticas: ella, hija de un banquero cubano y él, hijo de los Grandes Duques Juan y Josefina Carlota de Luxemburgo.

 

Entre los hijos de Cuba que se han incorporado por matrimonio a las casas reales europeas, la que más alto ha llegado es María Teresa (Née Mestre Batista-Falla), gran duquesa de Luxemburgo, y por ello, obviamente, consorte de un monarca constitucional.

Antes de continuar me parece conveniente aclarar el término gran ducado cuya significación es prácticamente desconocida para la mayoría de las personas, inclusive las más instruidas.

Un experto en materia de monarquías ha expresado que: “Los títulos utilizados por la realeza europea han sido, por orden descendiente: Emperador (Káiser en Alemania y Austria, Zar en Rusia), Rey, Gran Duque soberano, Duque soberano y Príncipe soberano. Los príncipes españoles y portugueses se titulan infantes; los austriacos archiduques, y los más importantes príncipes rusos grandes duques (que equivale en su lengua a grandes príncipes)1.

El más famoso de los grandes ducados fue el de Toscana en Italia donde están ubicadas las célebres ciudades de Florencia y Pisa y es la cuna de la lengua nacional italiana.

Por su parte, Luxemburgo con algo más de 2600 km2 y situado en el centro de Europa Occidental (entre Francia, Alemania y Bélgica), con alrededor de medio millón de habitantes es uno de los países más pequeños de la Unión Europea y de los más ricos. Su renta per cápita ronda los 30, 000 dólares. En sus registros mercantiles figuran inscritos más de 200 bancos internacionales y se le considera como un paraíso fiscal.

La actual dinastía se inició en 1890 con el gran duque Adolfo de Nassau al que sucedieron en el trono Guillermo, María Adelaida, Carlota y Juan, quien abdicó en el año 2000. La familia gran ducal a partir de 1986 trocó el apellido Borbón por el de Nassau y se encuentra entre las más conservadoras de Europa muy lejos de las excentricidades de las familias reales belga, española e inglesa, tanto en su vida privada como en su vida pública. El mayor “escándalo” fue el de Juan, hermano del actual monarca, quien renunció a sus derechos sucesorios en 1986 para casarse con la plebeya francesa Hélène Vestur; Henri, el actual soberano, subió al trono el 7 de octubre del año 2000 por abdicación de su padre. El 14 de febrero de 1981 hubo de contraer matrimonio con María Teresa y han tenido cinco hijos, cuatro varones y una mujer. Son por orden cronológico de nacimiento: Guillermo (1981, gran duque heredero), Félix (1986), Luis (1988), Alejandra (1991) y Sebastián (1992). Se trata, como se ve, de una familia numerosa y con prevalencia de los varones, cosa muy apreciada en las monarquías sobre las cuales pesa, o al menos amenaza la Ley Sálica.

María Teresa nació en Marianao, La Habana, el 22 de marzo de 1956, hija de José Antonio Mestre Álvarez, banquero y de María Teresa Batista-Falla, de una connotada familia habanera, como se verá.

Los Mestre son originarios de Sitges (Cataluña) donde aparecen empadronados ya en el siglo XVII. Pasaron a Cuba en el XIX para “hacer América”, cosa que consiguieron pues en 1959 José Antonio Mestre Álvarez era un exitoso banquero. Los Batista son una vieja familia que aparece mencionada en Espejo de Paciencia, la primera obra de la literatura cubana escrita en 1608 y original del escritor canario Silvestre de Balboa.

Estos Batista no tienen relación de parentesco alguna con el dictador del mismo apellido. Es posible que este último descendiera de los esclavos de la familia ya que en Cuba los esclavos llevaban los apellidos de sus amos. Entre los Batista del siglo XX se destacó Agustín Batista y González de Mendoza, también banquero, y connotado mecenas en las áreas de la música y la educación universitaria. Favoreció extraordinariamente a la Universidad Católica de Santo Tomás de Villanueva, donde aparte de numerosas becas, creó la gran medalla de graduación que llevó su nombre y que se otorgaba al graduando de todas las facultades y escuelas que más se hubiera destacado en actividades culturales de carácter extracurricular. Este es el abuelo de María Teresa. La madre de la gran duquesa, también llamada así, tuvo cuatro hermanos: Agustín, Julio, Laureano y Víctor. Laureano fue una persona que tuvo una vida relativamente breve (1935-1991) pero altamente constructiva. Políglota, se graduó de doctor en Derecho y obtuvo después un máster en Ciencias Políticas. En el último año de su vida fundó en Miami la revista Raíz de carácter cultural, asimismo en Miami participó activamente en la fundación del Instituto Jacques Maritain y también en esta ciudad en la del Partido Demócrata Cristiano cubano en el exilio. Encima de todo esto organizó varias expediciones armadas a Cuba con la esperanza de provocar un alzamiento contra el régimen castrista; desgraciadamente no tuvo éxito en este empeño2. El otro tío, Víctor, residente en Madrid, es el único que está vivo. Fundó y administra en la capital de España la Editorial Colibrí de gran prestigio; anteriormente había fundado en Nueva York la Editorial Exilio y la revista del mismo nombre, una de las pocas publicaciones serias de la diáspora cubana. Ambos hermanos han ayudado económica y moralmente a numerosos jóvenes cubanos que se destacan en las Letras y en las Artes.

Al advenimiento del régimen comunista, los Mestre-Batista-Falla se exiliaron3. Primero en Nueva York donde la futura gran duquesa cursó estudios en Marymount School y el Lycée Français. Más adelante la familia pasó a Santander (España) y de ahí a Ginebra (Suiza) en cuya universidad María Teresa se matriculó en la Facultad de Ciencias Políticas. En este centro docente conoció a un joven apuesto e inteligente con quien pronto simpatizó. Estudiaba él con un nombre supuesto pues el gran duque heredero de Luxemburgo prefería pasar inadvertido. Surgió el romance y Henri le propuso matrimonio a la criolla. Ella aceptó pero se hizo difícil que la familia del novio consintiera. Ellos esperaban que su vástago, libre de escándalos y amoríos nefastos y con una excelente genealogía4, se casase con alguna de las princesas europeas en edad de merecer. Finalmente accedieron y los felices novios contrajeron matrimonio el día de San Valentín de 1981. De esa unión, como ya se indicó, el mayor, Guillermo, nacido nueve meses después del matrimonio de sus padres, es el gran duque heredero. Hasta el momento no se le conoce novia. Ninguno de los cinco ha dado escándalos de ninguna clase.

Siguiendo los pasos de otras cubanas expatriadas en Europa, como Antoñita Domínguez y la Condesa de Merlín, María Teresa regresó recientemente a Cuba. El viaje realizado en compañía de sus hijos Félix y Luis fue totalmente privado. No se reunió con la crápula gobernante y se vinculó con quienes quiso ver a través de Jaime Cardenal Ortega, arzobispo de La Habana. Como quiera que María Teresa5 salió de la Isla en plena infancia su reencuentro con la patria de sus mayores le produjo una fuerte emoción y como Heredia pudo contrastar las bellezas del físico mundo con el decaimiento moral de la población cubana y su hábitat producto de más de medio siglo de régimen comunista. Como se ve se trata, como ya dije, de familias de old money, pero que no se han dedicado solamente a mantener y aumentar el patrimonio heredado de sus mayores, sino que también se han preocupado de promover la educación y la cultura, tanto desde el punto de vista institucional como el individual. Se dice que María Teresa visita Miami con cierta frecuencia para ver a sus familiares radicados en esa ciudad. Los viajes son de incognito total.

La gran duquesa María Teresa es feliz en su matrimonio y se puede sentir satisfecha de dejar una progenie numerosa en el corazón de Europa.

Con esta semblanza cierro el retablo de figuras cubanas que se han introducido legítimamente en las monarquías europeas. A pesar del buen número de nobles de origen cubano, prácticamente todos estos intrépidos criollos brevísimamente biografiados han sido plebeyos, o al menos sin título de pergamino. Otra muestra más de las paradojas de la historia cubana.

 

A guisa de epílogo

Los artículos que he publicado en esta revista creo que prueban que la idea de un gobierno monárquico no es ajena al continente americano. Ni lo es ni lo fue en el siglo que vio la independencia de casi todos los países del hemisferio. El caso del Brasil es quizá el más notable pues la casa de Braganza dejó un buen recuerdo en el país carioca; el menos el de Haití a pesar de haber tenido dos emperadores y un rey casi de novela: Henri Christophe. El más duradero y firme: el Canadá, pues, inclusive, su minoría francoparlante enarbola la bandera de los luises de Francia y no la tricolor republicana. Recordemos igualmente que además de Belice y las Antillas Menores que reconocen a Isabel II de la casa de Windsor como soberana, los países centroamericanos (excepto Panamá independiente desde 1903) formaron parte del imperio mexicano de Iturbide.

Por otra parte el caso de Cuba es contradictorio, o quizá pudiera llamársele paradójico. A pesar de contar con una nobleza de pergamino notable nunca se consignó en los proyectos constitucionales del siglo XIX la posibilidad de implantar una monarquía en la Isla. Y sin embargo, ha habido más cubanos (y sobre todo cubanas) en las casas reales que en ningún otro país del Nuevo Mundo. Desde José Güell y Renté, casado con una infanta de España hasta María Teresa Mestre y Batista-Falla, actual gran duquesa de Luxemburgo6. En adición dos damas de la Isla se casaron con el hijo primogénito de Alfonso XIII y otro par contrajeron matrimonio con miembros menores de la propia casa de Borbón española. Igualmente se provocaron cambios dinásticos y religiosos en un país como Holanda casi sin conexión con Cuba, salvo por los piratas y corsarios de esta rebelde colonia de España en siglos que ya nos parecen remotos.

Con la dispersión de los cubanos por todo el planeta, producto de la dictadura castro-comunista que sufre el pueblo cubano desde hace cincuenta y cinco años, no sería de extrañar que otro criollo o criolla (blanco, negro, mulato o chino) se “colara” entre la realeza europea, africana o asiática. A lo mejor inclusive entre la realeza musulmana, previa conversión al islamismo. Hay quienes afirman que desde el 2006 en Cuba se implantó una monarquía al traspasar el máximo líder (un monarca absoluto a todos los efectos prácticos) sus poderes, tanto en el Estado como en el Partido a su hermano Raúl, sin tomar en consideración a sus propios hijos. Sería por tanto una monarquía de corte matrilineal como lo son las monarquías musulmanas donde en muchos casos heredan los sobrinos del monarca. Claro que los cubanos no son los primeros en crear una monarquía roja, pues ya antes se había hecho en Corea del Norte, aunque allí si heredan los vástagos varones del “monarca”. Otro país comunista no ha establecido una monarquía pero si una nobleza roja. Se trata de China. Esta “nobleza” está integrada por antiguos altos funcionarios del Partido, sus esposas y allegados. Estos sacan por medios ilícitos grandes fortunas de orígenes opacos y, además, se procuran la residencia o la ciudadanía en países benévolos como el Canadá, por ejemplo. ¿Quién dijo que la monarquía y la nobleza son cosas del pasado? Quizá Lampedusa tuvo razón en aquello de que en política todo tiene que cambiar para que se quede en lo mismo. Menos posibilidades vislumbro de una penetración cubana en la súper blindada monarquía británica. El intento de Wallis Simpsom provocó una crisis constitucional en el siglo pasado. Solo en el siglo XXI una plebeya, inglesa eso sí, Kate Middleton lo ha logrado. La excepción confirma la regla7.

En resumen la pequeña ínsula caribeña ha tenido un papel relativamente importante en un tema en el que nada hacía pronosticar que se destacara y en el que en condiciones ordinarias posiblemente hubiera sido objeto del choteo tan característico de nuestro suelo.

Notas del artículo

  1. Véase la página 17 de Los reales primos de Europa de Juan Balansó, publicado en Barcelona por Planeta en 1992.
  2. Se opuso y no participó en la invasión de Bahía de Cochinos por estimar que estaba controlada por la CIA y que favorecía una abierta injerencia extranjera en los destinos de Cuba.
  3. Hay que hacer constar que los Falla son originarios de San Juan de los Remedios, una de las siete primeras villas fundadas por los españoles durante la conquista y colonización de Cuba. Al igual que los Batista se les puede considerar old money y se han destacado también como mecenas.
  4. La familia reinante de Luxemburgo está emparentada con los reyes de los belgas, con las dinastías de Suecia, Noruega y Dinamarca, así como con los Orange que reinan en los Países Bajos, también con la familia real británica, con la reinante en el principado de Liechtenstein y con la casa de Borbón española.
  5. Como nota curiosa es de consignar que al firmar el acta de ascensión al trono escribió María Teresa en español y no en francés, alemán o luxemburgués, lenguas oficiales del país.
  6. Hubo inclusive una relación poco o nada ortodoxa en relación con el asunto que nos ocupa. Según varias fuentes la cubana María Teresa de Montalvo y O’Farrill, condesa viuda de Jaruco, fue amante de José Napoleón I, rey intruso de España. A la muerte de la susodicha Pepe Botellas intentó conseguir los favores de la hija de la difunta: la condesa de Merlín, pero fracasó en su propósito. Como se sabe la De Merlín es una autora cubana que escribió en francés. El dato sobre la condesa viuda de Jaruco lo consigna el distinguido historiador español Rafael Abella en su libro La vida y la época de José Bonaparte, publicado por Planeta en 1999. Véanse pp. 124 y 176. Aparece igualmente recogido en la obra del distinguido historiador cubano Manuel Moreno Fraginals, Cuba-España / España-Cuba. Historia común, publicada en Barcelona por Grijalbo-Mondadori en 1995. Véase la p. 185. Como quiera que la monarquía bonapartista era espuria esta relación también lo fue.
  7. No quiero terminar sin mencionar a una precursora: Antoñita Domínguez, esposa del general Serrano, duque de la Torre, regente de España tras el destronamiento de los Borbones en 1868, un regente con tratamiento de alteza. Después Serrano ocupó la presidencia de la Primera República española, por todo lo cual Antoñita fue dos veces la primera dama de España, como quien dice a un paso del trono. La interesante historia de esta precursora cuyo nombre completo fue María Antonia Domínguez y Borell, condesa de San Antonio, la he recogido en las pp. 71 y ss de mi libro Cuba, la patria grande y la patria chica, publicado en Valencia, España, por la editorial Aduana Vieja en 2012.

Del Autor

Leonel Antonio de la Cuesta
Profesor universitario en los Estados Unidos durante cuatro décadas. Dirigió durante dieciocho años el Programa de Formación de Traductores e Intérpretes de Florida International University. Está acreditado por la American Translators Association y es uno de los principales analistas de Derecho constitucional cubano. Ha publicado varios libros, entre ellos Constituciones Cubanas desde 1812 hasta nuestros días y Cuba. La patria grande. La patria chica, editado por Aduana Vieja, Valencia, España, 2013.