El arte del actor

Waldo González López

teatro-antiguo-otrolunes32

Con el fin de concluir el tema de mi anterior colaboración sobre la actuación en las escena, iniciada en el número anterior de OtroLunes, he escogido varios criterios de reconocidas figuras que han descollado en este complejo, pero siempre atractivo arte.

En consecuencia, he seleccionado diversos puntos de vista de actores, directores artísticos, profesores y productores, todos reconocidos por su intensa y extensa labor en sus respectivas profesiones/labores.

Ante todo, el actor o «histrión» era el nombre otorgado en la comedia o tragedia grecolatinas al que representaba “disfrazado”, esto es: con el vestuario acorde con su papel.

Los primeros histriones fueron danzantes que los ediles de Roma enviaron a buscar a Etruria hacia 363 A. C. Luego, devinieron actores parlantes; mas, por su condición servil, eran vistos como personas infames, por lo que no podían adquirir el derecho de ciudadanos romanos. En consecuencia, su nombre era y sigue siendo, para algunos, objeto de desprecio.

Si bien trasladado del término clásico, el «histrión» sirvió para designar a cualquier artista con su vestuario, aunque con el tiempo derivó en la designación de los actores teatrales en general, además de llamar, irónicamente, a las personas que en su vida cotidiana actúan con demasiada afectación o “pose”, tal se dice con aun mayor ironía.

De acuerdo con ello, el actor o histrión  representa un significativo papel con su cuerpo y voz, talento y praxis en su desempeño, en tanto apoya intensamente al espectáculo, que sin su decisiva participación, no es posible. Porque él es un creador que, guiado por el director y/o realizador, debe combinar/fusionar con sumo acierto las capacidades antes mencionadas: su talento, sensibilidad y praxis, como asimismo el conocimiento adquirido en previos estudios que han ido conformando su carrera.

En consecuencia, cada uno de los especialistas que siguen a continuación, con sus criterios, coincidentes o no, ofrecen en conjunto valiosas apreciaciones sobre el arte del histrión y sus ‘Dramatis personae’ (lista de personajes de la obra), tal se designa el elenco que interviene en el drama, y cuyo significado (“las máscaras de la acción”) resulta fundamental para el (o los) actor(es).

De tal suerte, en la obra escrita, los “‘Dramatis personae’ aparecen al principio de la pieza, aunque luego pueden repetirse delante de cada acto con los que intervengan. Habitualmente, las representaciones teatrales incluyen, en el cuadernillo de mano los ‘Dramatis personae’ junto al elenco de actores que representa cada papel.

Tras aclarar este punto (conocido por la mayoría de quienes asisten al teatro), creo oportuno comenzar a revisar los distintos y no distantes criterios de cada uno de los especialistas escogidos.

 

El actor en su sociedad

En el volumen así titulado, tan singular como el resto de sus libros publicados, el actor, director, dramaturgo y profesor argentino Juan Carlos Gené (nacido en Buenos Aires el 6 de noviembre de 1929 y fallecido el 1º. de febrero de 2012), expreso sobre el oficio de actor, en el que descollaría: “Como el camino de Damasco, se me apareció. No lo puedo explicar. Es bien raro el oficio del actor”, decía. Pero además expresaría:

 Pocas cosas tan vulnerables como un actor, un ser que quiere actuar y que suele poner en esa necesidad la totalidad de su libido. El siglo nos da ejemplos numerosos de esa vulnerabilidad: el macartismo desencadenó una ola de catástrofes profesionales, provocando suicidios y depresiones de muerte, con sólo despertar el terror en las empresas productoras, que no se atrevían a contratar actores incluidos en aquellas siniestras listas negras; nuestra última dictadura asesinó actores díscolos, o los obligó al exilio o a la muerte profesional dentro del país; en períodos democráticos anteriores, las listas negras también circularon e hicieron serios daños. No se trata sólo de la imposibilidad de ganarse la vida, sino de algo más grave: la pérdida del sentido de una vida que no puede hacerse, como la del escritor o el pintor, en soledad; los actores, para ser, necesitan un colectivo dentro del cual puedan significar, y si eso no se les da, la imagen de la muerte los visita con obsesiva frecuencia. En medio de tales convulsionados movimientos, el teatro sigue su propio camino, porque en su medida humana, sigue despertando la atención de pequeñas asambleas de público que cada día, en todas partes, se reúnen para celebrar el rito de la vida. Y ese es el cambio social que el teatro ha logrado hacer, en eso ha consistido su gran revolución: en preservar la medida humana cuando la espiral de deshumanización se hace más vertiginosa y más y más poderosa”.

 

El actor en su creación

Juan Carlos Gené (6 de noviembre de 1929, Buenos Aires, Argentina - 31 de enero de 2012)

Juan Carlos Gené (6 de noviembre de 1929, Buenos Aires, Argentina – 31 de enero de 2012)

En esta obra, Juan Carlos Gené subrayaba que:

El teatro es presente constante como la vida, para la que el pasado ya no es y el futuro no lo es aún. La representación teatral, como la vida, nace, deviene y muere. La representación de mañana se parecerá, seguramente, a la de hoy, porque ha sido cuidadosamente preparada asegurando cómo se relacionan sus partes; pero la subjetividad del actor no es la misma de ayer, ni el público es el mismo, ni el mundo en que esta nueva representación se realiza, es el mismo que ayer. El hecho teatral vivo y auténtico, ocurre una sola vez y es irrepetible. El actor es el teatro, el único código imprescindible de la representación. Un actor puede crear teatro ante el público, puede realizar todas esas formidables modificaciones, sin texto previo, sin director que lo contenga, sin escenógrafo que diseñe su espacio. En cambio si el dramaturgo, el director o el escenógrafo intentaran prescindir del actor, en la misma intención estarían produciendo la desaparición del teatro. Pero la situación así planteada, no puede invertirse. Sólo sin actor no hay teatro.

Y para seguir con el propio Gené, en otro de sus libros (El actor en su historia), subrayaría:

El teatro es el actor vivo, en situaciones de representación, frente a un público y el ocaso del actor […] significaría la desaparición del teatro mismo. Porque ya sea desde el teatro literario de los grandes dramaturgos, ya desde las creaciones colectivas, desde las puras imágenes visuales o sea cual fuere la forma de espectáculo que se exhiba, es la presencia viva del actor lo que teatraliza los hechos. Y quizá deba verse […], en tan radicales cambios en la concepción del espectáculo a lo largo de la historia, un saludable y purificador retorno a las fuentes, a los orígenes (el teatro-danza, por ejemplo, recupera la integralidad del hecho actoral que estaba perdida desde la antigüedad). Quizá se trate de una vela de armas, a la espera del retorno del valor de la palabra como vehículo de comunicación y de expresión de la verdad.

Por fin, en el último de sus libros sobre el actor y la escena (Veinte temas de reflexión sobre el teatro), al ampliar su espectro, Juan Carlos Gené remarcó que

[…] el teatro ha sido siempre y sigue siendo la terca custodia de una luz para los hombres; para los que lo hacen y para quienes lo presencian; para quienes lo escriben y quienes lo corporizan; los que lo pueblan de técnicas y de artes que sintetizan las tareas más nobles y bellas que los hombres han realizado. Estoy, en este tiempo, amándolo y contra él. No creo en el azar como motor de la vida, sino en su misterio. Y en todo sigo viendo causa de reverencia, invitación al asombro. El teatro presenta al hombre como es, angelical y homicida, tierno y cruel. Nunca ha sido el teatro ámbito de almibaradas visiones del hombre. Y cuando tal cosa ocurrió, sus cultores cayeron en el olvido. Permite ver a los hombres desde perspectivas que nunca ofrece la realidad; y nos enseña a descubrir y amar, precisamente, lo que la realidad oculta: a comprendernos y aceptarnos y también a cuestionarnos y no aceptarnos. Ése es el sentido de este oficio y es lo que da al oficiante una nobleza y una trascendencia que casi siempre ignora. El teatro es reserva de la vida, en gesto de aprecio y celebración de sí misma. Es el espacio de la dignidad del hombre.

 

marco-antonio-de-la-parra-otrolunes32Como anunciaba arriba, otros destacados autores latinoamericanos han abordado el tema; otro de ellos: Marco Antonio de la Parra (dramaturgo, escritor, ensayista y guionista de cine y televisión, miembro de número de la Academia de Bellas Artes del Instituto Chile, médico cirujano, psiquiatra y Director de la Escuela de Teatro Universidad “Finis Terrae”) subrayaba con acierto, en su volumen El cuerpo del actor, que

Todo el quehacer teatral flota entre el cuerpo y la palabra. Entre el territorio y la evocación. Estamos en el cuerpo, somos la palabra. Sin palabras no somos humanos. Sin cuerpo no somos ni estamos. Cantantes y bailarines, nos preguntamos por qué no se nos enseña sencillamente a cantar y a bailar. Es el momento de mayor libertad del cuerpo y del alma, si es que el alma es lo que reside en la palabra, si es que el alma existe. El alma, eso que se va y nos deja sencillamente convertidos en un cuerpo que está, pero que ya no es. Aventuramos una reflexión sobre el cuerpo del actor y el actor como cuerpo, intentando tomar contacto con un posible teatro total que va desde el texto a la imagen sin olvidar la corporeidad como esa particular condición humana de ser solamente y siempre más que un cuerpo.

Por su parte, el destacado intérprete y profesor argentino, Carlos Ianni, al anunciar su Taller de Actuación, dedicado a jóvenes aficionados y estudiantes avanzados de esta profesión y de dirección escénica, precisa que:

Un actor en situación de representación frente a un público, constituye el teatro en lo que tiene de insustituible y permanente: el hecho vivo, corporal, que transcurre en un tiempo real frente ante el espectador. El teatro puede prescindir de escenario convencional, de escenografía que lo ocupe, de texto prescrito, de toda clase de efectos y hasta del director; pero si da el paso de prescindir de la presencia del viva actor, desaparece como teatro.

Como el actor es el teatro y es el actor el eje de todo teatro, aún de aquel que se realiza sobre un texto previo y bajo la conducción de un director, la formación del actor es el eje de toda formación teatral. De ahí que lo esencial de la estructura pedagógica que se propone siga los criterios de la formación continua.

Es el actor, su cuerpo (que es su ser), quien hace la lectura del texto dramático literario o lo crea desde su propia fantasía: el teatro es un arte corporal, porque es en el cuerpo del actor donde aquél vive y llega al espectador. Por eso, no se distingue técnicas corporales de técnicas interpretativas sino que orienta la interpretación desde impulsos corporales y forma al actor en la conciencia permanente de su corporalidad, que es de donde surge la acción, la afectividad, el pensamiento y la palabra.

Otro destacado intérprete, en este caso natural de Puerto Rico y residente en Miami, Carlos Fontané, tras una larga carrera como intérprete, al anunciar su iniciación en la dirección artística y el inmediato estreno de su primera puesta en su nueva etapa, precisaba en su página de Facebook (el 16 de agosto de 2013) que:

En la carrera de un actor hay momentos que te marcan y viven contigo toda la vida. Hoy fue el ensayo general de la obra Nuestro lado de la cama, del panameño Jonathan Prosper, con los desempeños de la actriz venezolana Liliana Rodriguez y el actor cubano Pedro García. […] Para mí, en lo personal es un momento maravilloso en mi carrera de 30 años en el teatro y la televisión. En consecuencia, me estrenaré como director de teatro en esta bella ciudad de Miami que me ha adoptado y le doy las gracias a Dios por darme la oportunidad de hacerlo en un proyecto excelente con actores de primera.

Otra interesante opinión, por la larga praxis en el medio, es la del conocido empresario rioplantense Carlos Rottenberg (Presidente de la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales y Musicales y propietario de 15 escenarios repartidos en cuatro edificios en Buenos Aires y otros cuatro en Mar del Plata), quien es, con razón, un amplio conocedor de la rica escena rioplatense (vasta por los numerosos teatros que pueblan la vida nocturna del Gran Buenos Aires). Por ello, es válido y de pleno interés su punto de vista vertido en la entrevista “El secreto de los buenos actores en Argentina es el teatro independiente” (publicada en el diario El País por el colega Francisco Peregil, el 7 de febrero de 2013). Allí, confiesa Rottenberg las para él decisivas claves de lo que denomina con razón “el milagro argentino”, asimismo distingue los públicos de su país y el español, entre otros aspectos de interés:

[…] el teatro es algo artesanal. La tecnología no puede arreglarte a un mal actor. Y el público argentino tiene mucha admiración por los actores nacionales. Nuestro espectador es nacional en el 95% de los casos. Somos la tercera potencia teatral después de Londres y Nueva York. Con la diferencia de que aquí lo hacemos para el público local y allí lo hacen fundamentalmente para los turistas. Una de las primeras cosas que hacen los veraneantes es ir a reservar sus boletos. Es curioso. ¿Por qué en Barcelona, por ejemplo, que tiene playas y mejores teatros que Mar del Plata, no ocurre eso? El hábito de ir al teatro en verano no se puede inculcar. A veces estoy en Madrid y veo 22 salas del circuito comercial abiertas. Pero nunca encuentro el semillero. Solo veo tres o cuatro lugares alternativos. ¿Y cómo vas a cumplir con 22 teatros comerciales si no te llegan actores de la verdadera escuela, que es el teatro independiente? El secreto en Argentina es que todo pasa por ese tipo de teatro. Y lo digo yo, que soy del circuito comercial. Yo fui a ARTEI (la Asociación de Teatros Independientes), y propuse, creé y pagué un premio a la producción de teatro independiente que comenzó en 2012. Lo propuse siendo presidente de una cámara comercial, es decir, de los malos de la película. Pretendo que todos los años se entregue un premio y se generen nueve o diez productos más de teatro independiente. Lo hago por convicción ciudadana pero también como negocio mío, para que salgan nuevos actores.

Uno de los problemas que tiene el teatro aquí y en España es que cada vez vemos más gente de pelo blanco en las butacas. Y el teatro independiente es un gran motor para llevar gente nueva a las salas. Cuando voy a Madrid, hay un teatro, el Alfil, que cambia periódicamente de espectáculo. Y pienso que este es el camino. No podemos estar haciendo siempre las mismas comedias de hace 40 años para el mismo público porque el mismo público, por una cuestión generacional, desaparece.

Yo no cambiaría nunca el oficio que te da la calle, lo cotidiano de la profesión, por ir a estudiarlo de libros. Creo que hay que ser teatrista antes que empresario. Y psicólogo más que teatrista. Saber entender que nuestra mercadería son seres humanos. Conozco gente muy rica que duró 10 minutos en la profesión porque creen que con dinero se hace. Y acá se hace poniendo el cuerpo, escuchando mucho a quién sube al escenario, porque el empresario no vende entradas; el que vende entradas poniendo su talento es el actor. Nadie va a entrar a mi teatro porque Rottemberg sea el empresario. Entonces, si me preguntas cuál es mi fórmula: buscar y proteger al talento. Cuando protejo al talento me estoy protegiendo a mí mismo. Cuando el actor te dice ‘estoy mal con mi mujer, y eso me tiene con la cabeza en otro lado…’, para mi es tema de Estado. Igualmente, si un actor tiene maltrecho su ego porque creía que su nombre iba a ir primero en un cartel al lado de otro actor que iba a ir segundo y llega al teatro y lo ve al revés y se deprime por eso… Hay que atenderlo. En resumen: actores, actores, actores. Y mucho teatro independiente.

 

Por su parte, el actor cubanoamericano Andhy Mendez, quien —graduado de The New York Conservatory for Dramatic Arts y destacado durante los últimos años, por sus notables desempeños en la escena newyorkina (Strawberry and Chocolate, Between Two Worlds, Downside Risk, The Duchess of Malfi, I Am a Camera, Macbeth: Let It Be, Pullman Car Hiawatha y Loved: In Four Shorts— confesaba al colega Arturo Arias-Polo (en la entrevista: ‘El teatro te convierte en buen actor’, publicada en el Nuevo Herald, a propósito del reciente estreno (en el On.Stage Black Box, del Miami-Dade County Auditorium, de Miami) de Sotto Voce, drama escrito y dirigido por Nilo Cruz y con los desempeños, además, de Franca Sofia Barchiesi y Arielle Jacobs): “El cine te hace famoso y la televisión te da dinero. Pero el teatro te convierte en buen actor”. En consecuencia, el joven intérprete tempranamente fijó su residencia en New York, la capital del mundo “porque allí es donde se hacen los buenos actores”, dijo también al periodista.

sonya-smith-otrolunes32Por su parte, la destacada actriz venezolano-norteamericana Sonya Smith ha corroborado su talento no solo en las gustadas telenovelas, donde ella, sin duda, descuella por sus desempeños, sino sobre todo, por su acercamiento a la escena, donde se formara años atrás. Una particularidad que resulta significativa en la notable intérprete es la siguiente. La actriz confesó (en una entrevista publicada, el domingo 20 de octubre, en el diario El Universal de su natal Venezuela) aspectos reveladores de su carrera que corroboran su talento. Así, al preguntarle el colega Yolimer Obelmejías Valdéz: A las telenovelas internacionales las precede una fama de que en ellas hay mucha competencia, que tienen un ambiente muy reñido, ¿cómo ha hecho para que este tipo de situación no la afecte?

La actriz, sin dilación, respondió:

—La carrera como actor no solamente está reñida y competida a nivel internacional. Obviamente, al abrirse este mercado, que tiene muchísimas posibilidades, donde pueden integrarse actores de todas partes, es un mercado muy deseado, pero yo creo que es igual; que es un mercado competitivo en cualquier otro país, incluso en Venezuela cuando quieres ganarte un papel, también hay una competencia. Lo que uno tiene que hacer siempre es destacarse por el trabajo, por el profesionalismo, usar herramientas más importantes que uno pueda tener como actor y también estar en el sitio adecuado en el momento preciso. Si están buscando a una persona, tener la oportunidad de ir a hacer el casting y de ganarse a la parte. Yo creo que lo que lo representa a uno es su trabajo, su profesionalismo y experiencia, ésas son tus cartas de presentación.

En Miami, Sonya ha participado en sendas puestas presentadas en el Teatro Trail, bajo la dirección de la relevante actriz y realizadora Liliam Vega, a partir de textos de la dramaturga  y profesora también cubana Raquel Carrió. Ambas le han permitido a Sonya corroborar su nivel de primera actriz. Así, con la original puesta de Bodas de sangre (García Lorca) y Un tranvía llamado deseo (Tennesse Williams), corroboró su sólida formación y valía.

Gretel Trujillo en "Josefina La Viajera" - Foto: Ernesto García.

Gretel Trujillo en “Josefina La Viajera” – Foto: Ernesto García.

Traigo ahora a otra muy destacada actriz: la también cubana Grettel Trujillo, sobre la que escribí, en artículo (publicado en mi columna de la web teatrenmiami.com), acerca de su excelente interpretación en la reposición del monólogo Josefina La Viajera, del dramaturgo, narrador y poeta Abilio Estévez, lo que sigue:

Metáfora de la Isla (el subtítulo «Una indagación sobre la nacionalidad y el exilio» no es gratuito) recrea esta obra de connotados rasgos dramatúrgicos y líricos, permeados con un cántico de nostalgia por la identidad y la cubanía nunca olvidadas, sino, al contrario, recuperadas en la distancia que, por su connotación de lejanía/cercanía, resulta más objetiva, crítica y, de hecho, superior. Porque se siente, se sufre y se valora lo que se pierde desde la distancia del exilio, y no en la actual Cuba. «La vejez no es motivo de risa; es una tragedia», afirma —siempre sentenciosa— Josefina La Viajera, quien asimismo, con Abilio, connota, calderoniana: «El mundo es un escenario… El mundo es un pañuelo», leit-motiv argumental que, lazo conminatorio, intrínsecamente vincula esencia e ideario del ejemplar monodrama, uno de los mejores escritos por autores cubanos, desde la inauguración y el desarrollo del Primer Festival del Monólogo (1988-1998), a propósito del que este crítico publicara la selección de carácter antológico La soledad del actor de fondo, por Ediciones Unión, en 1999.

En otro momento, connota Josefina: «103 años andando, navegando, volando… creyendo que caminaba…», como testimonio de la triste/trágica irrealidad/realidad de varios millones de cubanos exiliados en diversos ámbitos del mundo.

Grettel corrobora esa afirmación de su personaje con dolor/humor, característica aportada por nuestra idiosincrasia hispano-criolla («mezcla que descubrí en ella de un poco de todas las actrices y cantantes cubanas», tal confesó en una entrevista de la colega Sara Moreno para El Nuevo Herald), cuando subraya, con la entera verdad de un país: «El mundo es un enjambre de cubanos fugitivos».

Poderoso e intrincado tejido —cuyos infinitos hilos se enriquecen por constantes referencias a la cultura cubana y de otras latitudes vinculadas a la nación (Francia,  España, Estados Unidos, Haití…)— resulta el texto centrado en esta anciana vehemente/lúcida, atribulada/demente, dominadora/dominada que provoca la participación del público emocionado/sonriente, nostálgico/gozoso, al verse reflejado en esta suerte de espejo que entrega, nítida, la imagen de la Cuba del recuerdo y la saudade.

Logos e imago, poesía y verdad, realidad y fantasía, en fin, notable arte dramatúrgico, interpretativo y de realización que, sumados y consumados en virtud de la transcendental interpretación de Grettel Trujillo, evidencia su gran talento y deslumbrante capacidad interpretativa, su plena organicidad, sus certeras intenciones, como el dominio de su aparato fónico y los resortes vocales y gestuales.

Todo ello a resultas del summum culminante de su entrega antológica de esa «criatura fascinante de 120 años que se llama Josefina Behaurnais», tal sentenciara la actriz en la citada entrevista, en la que también confesara que este hermoso monodrama «es casi una catarsis colectiva de amor y desamor».

Si bien antes Grettel brillara en la escena miamense con su habitual talento en Ana en el Trópico, de Nilo Cruz, Electra Garrigó, de Virgilio Piñera, y El enano en la botella (que antes le estrenara a Abilio en Cuba), ahora, con la reposición de Josefina La Viajera (escrito para ella por el propio dramaturgo y presentada el 23 de abril de 2010 en Teatro en Miami Studio), gracias a su magistral interpretación, pone en alto la mejor escena latina y, en particular, cubana en esta ciudad, por fortuna, cada vez más teatral, tal subrayé días atrás en otra de mis crónicas.

Claro que en tal logro tuvo su decisiva participación la extensa e intensa praxis del experimentado director cubano Rolando Moreno, cuyo anterior espectáculo Retrato de Aura (con adaptación suya y realización del hermoso relato del recién desaparecido narrador mexicano Carlos Fuentes) evidenció su vocación por la fabulación y la poesía escénicas, gracias a las muy buenas actuaciones de Daysi Fontao y Tomás Doval. Tal ahora acontece en el monólogo de Abilio.

Mas, ahora cito a la intérprete, quien —conocedora a fondo de su profesión— definiría con acierto la escena, cuando, sentenciosa, le confesó a Sarah Moreno: «El teatro ha sabido adaptarse a los tiempos, pero sin perder la esencia, la médula de este tipo de arte que es comunión de almas, magia, mascarada, ilusión y, lo más importante, los hombres siempre necesitarán hacer “catarsis”».

 

Gerardo Riverón

Gerardo Riverón

Y ya que estoy hablando de destacados actores cubanos, no puedo dejar de mencionar a Gerardo Riverón, al que hice la entrevista para mi columna de TeatroenMiami.com: «El teatro es magia». Allí, al preguntarle al relevante intérprete teatral, como de TV, ¿qué motivó en ti el interés por la actuación y desde cuándo te iniciaste en ella?, me respondió:

-Waldo, la actuación es algo innato en mí, desde que tengo uso y razón. [desde la infancia] empecé a soñar con ser actor, y todas las tarde mi hermana y yo nos subíamos a una lomita que quedaba cerca de la casa y creábamos nuestro propio programa de radio, donde hacíamos cuentos, escenas y cantábamos. Era un juego que me divertía mucho y me hacía soñar. Cuando cumplí los once años, mis padres se mudaron para La Habana y, a partir de ahí, empecé a conocer más este mundo, descubrí el teatro, el cine y la TV. Fue entonces cuando me incorporé a grupos aficionados y empecé a dar clases de actuación. Escribí, actué y dirigí la obra de teatro La Indiscreción, con la que merecí un premio en un concurso de teatro de las FAR. Esto me sirvió para conocer a Virginia Grutter, una costarricense que dirigía el Conjunto Dramático de Pinar del Río, adonde fui a trabajar una vez terminado el Servicio. En Pinar del Rio solo estuve un año, de ahí pase al Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), por medio de una convocatoria que hicieron buscando nuevos talentos […] Después de un curso de preparación de seis meses, me contrataron en el ICRT y empecé a trabajar en toda la programación de radio y TV, Teatro-ICR, Cuentos, Horizontes, Grandes Novelas, Teatro testimonio, Aventuras, etc., alternando con las novelas de radio. Fueron años de mucho trabajo y aprendizaje, con directores como Roberto Garriga, Carlos Piñeiro, Vázquez Gallo, Loly Buján, Marcos Miranda, Severino Puentes, Abel Ponce, Pedro Álvarez y Jorge Ramón. Asimismo,  actores como Enrique Santisteban, Reinaldo Miravalles, María de los Ángeles Santana, Ana Lasalle, Margarita Balboa, Consuelo Vidal, Raquel Revuelta, Aurora Pita y otros. Sería imposible nombrar a todos los que, de una u otra manera, me guiaron y me enseñaron la técnica y los secretos de la actuación. Tuve los mejores profesores del mundo, a quienes admiro y respeto mucho y a quienes le debo solo agradecimiento por haberme  ayudado a lograr mi gran sueño de ser actor […]. Como bien sabes, el teatro es la base para el actor, pues no tiene trucos, no Es el medio  por excelencia donde se integran todas las disciplinas, la voz, la dicción, la expresión corporal, la proyección, el dominio escénico. Un buen actor de teatro puede funcionar en cualquier medio, no así al revés. El teatro es magia, cada función es única e irrepetible. Es donde pones en práctica todos los métodos de actuación. Me encanta ese contacto directo con el público, es mágico [En Cuba] hice obras como Yerma, con el Conjunto de Danza Nacional; Confesión en el Barrio Chino, en el Teatro Nacional; Doña Rosita la Soltera, con el Ballet Nacional de Cuba. Todas grandes producciones y puestas memorables que me aportaron un caudal de conocimientos y experiencia”.

En mi entrevista con el valioso actor y director venezolano, residente en Miami, Sabas Malaver (publicada en mi columna de la webTeatroenMiami.com), tras visionar meses atrás su desempeño como director y actor en la recurrente pieza de Jean Genet Las criadas y durante el XII Festival Latinoamericano del Monólogo «Teatro a una Voz», en Cuando vuelva la primavera, monodrama escrito por él, con el apoyo de algunos clásicos poemas del gran peruano César Vallejo, me confesaba: “Waldo, desde que era un niño, descubrí que la vida es más hermosa, divertida y honrada creando  juegos irreales de los planos de la dureza del lado humano. Y profesionalmente desde hace 22 años, porque probé otras profesiones, y no me quedaban bien. Así, pues, como medirse un traje, el teatro me quedó justo a la medida, lo tengo en la piel, nací para llevarlo siempre conmigo y, si las circunstancias y el tiempo me lo permiten, lo seguiré vistiendo hasta el fin de mis días. Soy actor y me apasiona hacerlo, creo que me vi obligado a enfrentarme al rol de director, por circunstancias a requerimientos personales como artista y creador, y tomé el reto, porque me siento con capacidad de ejercerlo, y enfrentarme más que como director, a ser guía, y catalizador de muchas ideas que están pidiendo con urgencia salir y darle forma sobre un escenario; y gracias a todos los grandes y verdaderos directores con los que tuve honor de trabajar, tomé las herramientas necesarias. Creo que siempre escogería hacer arte.  Aparte de traer ideas frescas, con directores extranjeros era esencial; y tuve la gran dicha y oportunidad de viajar a varios festivales internacionales de teatro, como conocer agrupaciones dirigidas por maestros como Peter Brook, Giorgio Strehler, Tomaz Pandur y Bob Wilson, y, en particular, mi gran guía e inspiración de la mano del maestro Carlos Giménez; era inevitable las ganas de más ideas, cómo no apasionarte por un gran teatro”.

En otra entrevista, esta vez en “Con el destacado teatrista Gilberto Subiaurt «¡La vida es el don superior!», asimismo publicada en teatroenmiami.com, yo apuntaba, en relación con su debut en Miami, que su dedicación, su praxis, su constante estudio, como su rigor expresado en todas sus facetas expresivas, le han abierto las puertas, como sus propios textos (la mayoría monólogos), que abordan la problemática contemporánea con una visión globalizadora, tal corresponde al arte y las letras actuales, cuando más que nunca el mundo es un pañuelo, como reza el viejo adagio popular. En el Festival Internacional de Monólogo Latinoamericano “Teatro a una Voz”, primero presentaría su monólogo Condenados en Teatro Icarón (dirigido por la actriz Yvonne López Arenal) y luego reestrenaría su más laureada pieza: Condenados, como la más reciente Polvo, Al preguntarle, ¿qué es el teatro para un actor de tanta energía, fuerza y preparación como tú?, me respondía el intérprete matancero: “Waldo, el teatro es el espacio físico y temporal en el que se pone a prueba la capacidad expresiva de un ser (actor) en códigos bien diversos e instrumentos. Un actor en la plenitud de su trabajo se descubre cuando comienza a sudar mucho, y eso no es por el calor: es la energía. “[…] tiene que estar lo más preparado posible; si no, se queda sin llegar, por la sencilla razón de que no salió, no emprendió el viaje de la interpretación verdadera. El teatro nos da sin dudas la posibilidad de creernos de pronto que más allá de actores, somos pues, bailarines, acróbatas, reyes, mendigos, sufridos, victimarios, etc. Para esa vastedad es necesario estar preparados”. Luego, al preguntarle: Tú has escrito, representado y dirigido varios monólogos. Así, ¿qué es el monodrama para Gilberto Subiaurt?. Enseguida, me respondió: “Waldo, bien sabes tú —que, tras visionar durante una década el primer Festival del género en La Habana, preparaste y prologaste la primera antología del monólogo cubano: La soledad del actor de fondo — que es una genuina prueba de fuego. Por ello, no creo que alguien joven se deba aventurar en el monólogo. Y cuando digo joven, no hablo de la edad biológica, sino de la madurez en las tablas, porque eso lleva un tino casi exacto de todos los resortes de la actuación […]  el monólogo es el sombrero lleno de conejos, palomas y pañuelos del mago. A dondequiera que él llega, saca su sombrero y ahí, comienza el hechizo, ¡y a ver conejos, palomas y pañuelos se ha dicho! Ese es el sombrero de la magia de un actor. Es algo que debe llevar debajo de su abrigo para sacarlo, así de sencillo. Creo que es al decir de aquí, como su ID”.

jorge-cao-otrolunes32

Jorge Cao.

Y ya para concluir, en otra crónica/entrevista/reportaje con otro muy destacado intérprete cubano: “Figuras de la escena latinoamericana. El actor cubano Jorge Cao”, yo apuntaba: “Tras estudiar Arte Dramático en La Habana, en 1964, realizó un Postgrado en el Instituto Superior de Arte Anatoly Lunacharsky de Moscú y es Profesor Titular Adjunto, Título de la Facultad de Cine y TV, Instituto Superior de Arte de Cuba. Su currículum en la escena es tan amplio como singular: incursionó en el teatro en obras como: Melodía varsoviana de Loenid Zorin, Cyrano de Bergerac de Rostand, El burgués gentilhombre de Moliere, El chino de Carlos Felipe, Fulgor y muerte de Joaquín Murrieta de Pablo Neruda y El día que me quieras de José Ignacio Cabrujas, entre muchas otras. En el cine también logró una visible carrera. Así, entre los filmes en que ha participado, figuran: Plaf de Juan Carlos Tabio, Adorables mentiras de Gerardo Chijona, Sueño tango de Guillermo Centeno, Amores de Lidia Mosquera, Puertas cerradas de Emilio Alcalde y muchas más. Por su relevante labor en el cine y la TV, merecería no menos singulares lauros, como los Premios al Mejor Actor de Reparto en el Festival Latino de Nueva York, por Plaff (1987); India Catalina al Mejor Actor Extranjero, Cartagena de Indias (Colombia, 1996), Nominado al Premio INTE, como Mejor Actor de Reparto por La venganza, y Villano Favorito, por El último matrimonio feliz (2009). El teatro —tal han afirmado tantos buenos actores— es la escuela, el fuerte bastión de todo actor que pretenda alcanzar la mayor calidad. Y ello lo ha logrado, a lo largo de su intensa y extensa carrera, el valioso y experimentado intérprete. De acuerdo con su temprana afición por la escena, cuenta en su Blog, el estupendo intérprete de TV y teatro, que el cine: «Fue el sueño de mis juegos infantiles convertido en realidad, es esa manera de trascender y quedar.» Sobre la TV, también afirma allí que: «Es la posibilidad de contactar y comunicar a millones de personas, sensaciones, emociones y compartirlas. Es entretenerlas desde la perspectiva de la intimidad de sus hogares y ser parte de sus vidas cotidianas.» Tras conocer buenas actrices y valiosos actores colombianos, primero en Cuba durante décadas en los Festivales Internacionales (donde asistía como crítico y periodista) y, desde julio de 2011, en Miami (donde he conocido a valiosos intérpretes de ese país que laboran en los grupos teatrales cubanos y latinos de La Pequeña Habana y en las televisoras en español), muchos constaran con este critico que la patria de García Márquez es una plaza fuerte en el mundo de la actuación. Y justamente, en esa Colombia de formidables actores, intérpretes y compañías escénicas, Jorge Cao labora, desde más de dos décadas atrás, en el teatro, el cine y la TV, como asimismo imparte clases de actuación y dirección. Por ello, Colombia entraña no poco para Jorge Cao en su reconocida carrera actoral.

En la entrevista, con Carolina López Fernández (elempleol.com) “Si volviera a nacer, volvería a ser actor”, la colega afirma que el intérprete, desde que llegó a Colombia, tuvo la oportunidad de “antagonizar telenovelas como Pecado santo, con Patricia Ércole en 1995, La sombra del deseo, con Amparo Grisales en 1996 y una de las mejores telenovelas del país y por la que es principalmente conocido, La mujer del Presidente, junto a Robinson Díaz y Cristina Umaña, en 1997. Después de este arrollador éxito gestado por el propio director de cine y televisión, Jorge Alí Triana, trascendió a la pantalla grande colombiana y participó en la ópera prima de Ernesto Maccausland El último carnaval y otras cintas latinoamericanas.

Sobre su pasión por la escena y su estancia en región colombiana de Valledupar —donde ofrecería un taller de teatro de teatro— creo válido reproducir dos de sus respuestas a las preguntas que le formulara en una entrevista realizada por el diario colombiano Vanguardia (el 29 de julio de 2011). Al preguntarle el periodista, ¿cuál es el secreto para ser un buen actor?, respondió Cao: “No hay secreto. Tienes talento o no lo tienes. No hay buenos ni malos, hay actores o no actores”. A otra pregunta del colega: ¿qué tiene por decirle a los vallenatos que admiran su carrera artística?, respondió el intérprete: “que los amo, que hay que seguir luchando por su identidad nacional. A los que incursionan en el teatro, les recomiendo estudiar; la gente quiere llegar a ser estrella de televisión, no artista  y hay que definirse; se debe tomar este oficio como una profesión que requiere mucha preparación”.

Hasta aquí por hoy. En la próxima edición abordaré otro tema que será igualmente de interés para los lectores de OtroLunes.

Notas del artículo

    En mi labor como crítico, destaco el apoyo del extenso e intenso Archivo de la web del Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral (CELCIT) que, desde 1975, realiza una valiosa acción en provecho del teatro argentino y latinoamericano

Del Autor

Waldo González López

Waldo González López
(Puerto Padre, Las Tunas, Cuba. 1946) Poeta cubano, ensayista, crítico literario y teatral, antólogo y periodista cultural. Graduado de Teatro en la Escuela Nacional de Arte (1971) y Licenciado en Literatura Hispanoamericana, Universidad de La Habana (1979). Hasta el 2011, cuando abandonó la Isla para venir a residir a Miami, integró la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en sus Asociaciones de Poesía, Literatura para Niños y Teatro.

Laboró en la Escuela Nacional de Arte (donde impartió clases de Historia de la Literatura para Niños y Jóvenes, en la Cátedra de Teatro para niños fundada por él y la actriz y directora escénica María Elena Espinosa, y de Historia del Teatro Universal y del Teatro Cubano, también creó el Archivo de Dramaturgia).

Entre 1990 y 2010, fue periodista cultural de las revistas Bohemia, Mujeres y Muchacha y colaboró con las especializadas Casa de las Américas, Unión, La Gaceta de Cuba, Universidad de La Habana y Biblioteca Nacional José Martí. Recibió importantes reconocimientos por su labor escrituraria y periodística, como, entre otros: Mención del Concurso Plural (México, 1990) por su poemario Salvaje nostalgia; Premio “13 de Marzo” (1976), de la Universidad de La Habana, por su poemario para niños Poemas y canciones y varias Menciones en los Concursos «Ismaelillo», de la UNEAC y «La Edad de Oro», de la Editorial Gente Nueva. En la Isla, publicó una quincena de poemarios, un volumen de ensayo, dos de crítica literaria y otro de crónicas, así como diversas antologías de poesía y poesía para niños, décima y décima para niños, cuento y teatro. Colaboró con publicaciones extranjeras con ensayos, artículos, crónicas y poemas. Sus versos han sido traducidos al inglés y francés y publicados en revistas de EUA y Francia, así como ha publicado poemarios en México y Colombia, y un volumen de ensayos sobre lectura y literatura en Ecuador.