Bendiciones sin réquien para Guillermo Vidal

Palabras in memoriam

Por Mario Jorge Travieso, Pastor Mayín

guillermo-vidal-sobre-autor-otrolunes32-24Entre las muchas cualidades de hombres de éxitos que afloran en la palabra de Dios hay características comunes que los distinguieron de caudillos seculares. Humildad, fe, oído para escuchar la voz de Dios y obediencia son algunas de las particularidades distintivas de pastores, profetas, apóstoles y hombres que Dios usó para enviar importantes mensajes a la humanidad. Cualquier hombre que se ponga en las manos del Dios Todopoderoso podrá ser usado por el Gran Yo Soy, independientemente del sexo, color de la piel, educación, o grado cultural, si posee un corazón tierno y manso, pues Dios no busca en los hombres títulos, o fuertes economías, Él busca corazones sencillos dispuestos a obedecer sus preceptos.

No obstante entre todos los hombres usados por el cielo hay una condición que no podrá ser borrada de la historia de ninguno de los elegidos y que nos sirve a nosotros de paradigma, si es que deseamos ser parte del ejército del Dios Altísimo. Es que además del staff de talentos y dones dados para el servicio del hombre, existen dos cualidades del carácter que aparecen unidas que son necesarias desarrollar y que no viene como añadidura divina, sino que se desarrollan en el bregar diario. De la misma manera que un albañil pone ladrillo tras ladrillo hasta levantar el edificio, el hombre va perfeccionando hábitos tras hábito hasta desarrollar cualidades determinadas, eso significa que el carácter no se hereda de ningún progenitor sino se adquiere por esfuerzos volitivos. Así llegamos a la elemental conclusión que los dones no bastan para triunfar, se necesita por tanto que cada hombre aporte la dosis necesaria de carácter para cumplir su llamado. Es por eso que en Escritura Bíblica vemos a grandes hombres de Dios a pesar de sus muchos dones, trabajar muy duro y sin temor al fracaso para poder cumplir con el diseño trazado por el Rey.

Observemos ahora algunas aristas fundamentales en la historia de Josué. Aconteció después de la muerte de Moisés, siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué, hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: “Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie. Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Éufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio. Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo. No te dejaré, ni te desampararé.” (Josué 1: 1-5) El Señor le habla a Josué y le dice a partir del verso primero del Capítulo uno de su libro varias recomendaciones de trascendencia, porque cuando Dios habla no dice tonterías.

1. Moisés ha muerto. Eso significa: Ahora te toca a ti levantarte como caudillo para guiar al pueblo.

2. Recibió la ordenanza de pasar el Jordán y eso era algo difícil.

3. Recibió la orden de repartir la tierra, eso era poderoso por cuanto sería un mérito que Moisés no pudo alcanzar. Dicho de otra manera donde fracasó Moisés, Josué tenía el llamado a triunfar.

4. Dios le dio la orden de poseer la tierra, pero Israel tenía que conquistarla y para esto Josué estaba siendo llamado.

5. Dios le asegura que nadie le podrá hacer frente en los días de su vida.

6. El Señor le dice que no lo dejaría.

7. También le expresa que no lo desampararía.

Luego de pronunciar estas siete enérgicas declaraciones y ordenanzas, le dice a Josué tres veces en tan sólo 4 versos, que tiene que esforzarte y ser valiente: “Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas”. (Josué 1. 6)

Es decir, Dios le expresa a Josué, estoy contigo, esto es lo máximo que una persona puede recibir del Dios de la Biblia, pero luego le reitera: Eso no basta (texto parafraseado). Hay algo que depende de ti. Tienes que esforzarte. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas. (Josué 1. 9)

El propio Moisés, en el libro de Deuteronomio, le dice a Josué con mucho rigor que se esfuerce, porque una tarea grande le espera.

Y llamó Moisés a Josué, y le dijo en presencia de todo Israel: “Esfuérzate y anímate; porque tú entrarás con este pueblo a la tierra que juró Jehová a sus padres que les daría, y tú se la harás heredar. Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides”. (Deuteronomio 31: 7)

Ahora son los ancianos, líderes de la nación, los mismos que habían caminado junto a Moisés, los que le dicen a Josué que se esforzara. Ellos le dicen las mismas palabras que con anterioridad ya Dios le había dicho.

Entonces respondieron a Josué, diciendo: Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos adondequiera que nos mandes. De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti; solamente que Jehová tu Dios esté contigo, como estuvo con Moisés. Cualquiera que fuere rebelde a tu mandamiento, y no obedeciere a tus palabras en todas las cosas que le mandes, que muera; solamente que te esfuerces y seas valiente. (Josué 1: 16-18)

 

Conclusiones parciales.

Cuando uno lee que Dios por tres veces le dice a Josué que se esfuerce y que sea valiente. Luego es el propio Moisés quien lo recalca, y por último los líderes de la nación, que estarían debajo de su ordenes, se lo espetan sin cortapisa, entonces cualquier mente que no posea un retraso mental moderado pensará, que el hombre que Dios llamó a cumplir una misión tan importante como la delegada a Josué, estaba siendo consumido por una incontrolable fobia al fracaso.

Si le pidieran alguna opinión sobre a Josué, a uno de esos cubanos bien machotes que existen por las regiones del Oriente de la nación, dirían que este hombre era el más excelso guayabito1 de toda la nación de Israel. Pero gracias a Dios que no abundan muchos teólogos cubanos, porque cualquiera que conociera a un Dios sabio, justo y Todopoderoso, como el que aparece en la Biblia, estará seguro de que Dios no se equivoca en su llamado y es preciso en poner las personas correctas en medio de los tiempos más complicados.

Al hacer un análisis más profundo de otros líderes de Dios vemos como también se repite en ellos el mismo mandato. David pide a sus seguidores que se esfuercen. Esfuércense, pues, ahora vuestras manos, y sed valientes; pues muerto Saúl, vuestro señor, los de la casa de Judá me han ungido por rey sobre ellos. (2 de Samuel 2: 7)

David llama a Salomón a que se esforzara. Estas son las últimas palabras que él le dedicara al heredero del trono. Yo sigo el camino de todos en la tierra; esfuérzate, y sé hombre. (1 de Reyes 2. 2) Este mandato es impresionante, más cuando sabemos que padre e hijo no se verían más y sin lugar a dudas habría muchas cosas que David tendría que decirle a su joven príncipe. El rey de Israel a pesar de sus incontables talentos fue un líder esforzado y valiente desde el principio de su llamado.

En el texto, que a continuación colocamos, él lo reconoce porque sabe la necesidad de caminar la milla extra. Aquí manda a su hijo a que sirva a su generación esforzándose en hacer la Casa de Dios: “Esfuérzate, pues, y cobra ánimo; no temas, ni desmayes. He aquí, yo con grandes esfuerzos he preparado para la casa de Jehová cien mil talentos de oro, y un millón de talentos de plata, y bronce y hierro sin medida, porque es mucho. Asimismo he preparado madera y piedra, a lo cual tú añadirás. Tú tienes contigo muchos obreros, canteros, albañiles, carpinteros, y todo hombre experto en toda obra. Del oro, de la plata, del bronce y del hierro, no hay cuenta. Levántate, y manos a la obra; y Jehová esté contigo”. (1 de crónicas 22. 13- 16)

Otro texto importante en el que un hombre es llamado a esforzarse es el que aparece en el libro de Daniel. Una impresionante figura celestial le dice a Daniel que se esfuerce. Recuerdo que este hombre no le tenía miedo ni a los leones hambrientos del reino de Persia. “Y aquel que tenía semejanza de hombre me tocó otra vez, y me fortaleció, y me dijo: Muy amado, no temas; la paz sea contigo; esfuérzate2 y aliéntate”. (Daniel 10: 18)

El libro de Daniel deja una sentencia confrontadora para la iglesia de hoy, porque la amada de Dios necesita despertar del letargo en que vive, para levantarse y alumbrar a las naciones. “Mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará”. (Daniel 11. 32).

Los que dimiten son los que se dejan vencer por los infortunios, las circunstancias, o los imponderables, pero hay otro género de deportistas que nunca se dan por vencido. Sólo los campeones tienen extra. Sin dudas hay recompensa para los que ven coronados sus esfuerzos.

El profeta Hageo manda a dos indiscutibles líderes post exílicos a que se esfuercen. Uno era gobernador y otro sacerdote. Son incontables los hombres y mujeres, que aparecen dentro y fuera de la Biblia, que se han movido dentro un marco de mucho trabajo y sacrificio. Profetas, gobernadores y sacerdotes, apóstoles, pastores, evangelistas, maestros, ministros de liberación, alabanzas e intercesión, que pudiera mencionar, pero mejor volvemos a la escritura y escuchamos al gran profeta Hageo:  “En el mes séptimo, a los veintiún días del mes, vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo: Habla ahora a Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y a Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y al resto del pueblo, diciendo:¿Quién ha quedado entre vosotros que haya visto esta casa en su gloria primera, y cómo la veis ahora? ¿No es ella como nada delante de vuestros ojos? Pues ahora, Zorobabel, esfuérzate, dice Jehová; esfuérzate también, Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote; y cobrad ánimo, pueblo todo de la tierra, dice Jehová, y trabajad porque yo estoy con vosotros, dice Jehová de los ejércitos”. (Hageo 2: 1-4)

 

Guillermo Vidal: un hombre de Dios

Fuera de la escritura conocí a un hombre excepcional, que entre muchas cualidades que poseía era esforzado y valiente. Se llamó Guillermo Vidal. Su mamá era mi vecina y él la visitaba regularmente. Fue en esa casa donde lo vi por vez primera, y lo cierto era que el tipo no me caía muy bien. Son esas primeras impresiones que uno recoge de una persona cuando no lo conoce, pero que después, al dialogar y conocerle, todo cambia.

De Guillermo tengo mucho que decir, pues fui su amigo personal y también su pastor por muchos años. Estando en la iglesia ganó dos grandes premios internacionales: uno creo que fue en España y el otro en Dominicana. Luego de recogerlos, enseguida sacó su diezmo y lo puso para ayudar a la obra misionera.

Guillermo fue un hombre muy esforzado y valiente; siempre lo demostraba sin hacer mucha algazara. Los que le conocieron saben que su físico no era nada envidiable: desgarbado, medio jorobado y sin mucha fortaleza muscular, parece que la creación le despojó de todo encanto varonil, por eso su fortaleza estaba en su corazón, porque a pesar de sus limitaciones físicas, no le tenía miedo ni al mismo Sansón si se le presentaba delante. Sabía lo que quería y lo defendía con pundonor. Es que el Dios sabio siempre compensa su creación, pues lo que le faltaba a Guillermo en belleza física se lo devolvió multiplicado en inteligencia y sabiduría. El primer don es envidiado en la juventud, pero los otros le servirán al hombre para toda la vida y a muchos de los que nos ha pasado como Guillermo estamos agradecidos de ser más fuerte de mente que lindo de cara.

Recuerdo la mañana de un ayuno donde prediqué sobre el amor hacia los enemigos y oramos mucho por Cuba: él llegó a la iglesia con un remordimiento grande hacia Fidel Castro y la Revolución Cubana, pero ese día se desparasitó, soltó toda la amargura que por años lo tenía enfermizo y salió hecho un hombre nuevo, no como lo soñó Martí, sino como lo diseñó Jesucristo.

También acaricio en mi mente el día que me citaron para una estación de policía. Eso lo hacían frecuentemente para intimidarme, pero en esa ocasión las presiones se fueron a los tonos mayores, porque me recogieron en una moto y me sacaron de dicha gendarmería con no muy buenos modales. Fue el Capitán Aquilino Torres quien me llevó en su vehículo. Fui conducido a una Unidad Policial desconocida para mí; allí los insultos llovieron y las presiones se hicieron desmedidas cuando me negué a firmar un acta preparada por ellos para finalizar los cultos en la calle Cucalambé, número 8.

Todo el hombre que sale de una encerrona comunista donde se usa el lavado de cerebro y cuyos métodos tiránicos desbalancean la plenitud del sistema nervioso central sabe cómo concluye la cita. Al salir del cuarto lúgubre y volver a sentir el calor y la luz de la lumbrera mayor sobre mi esqueleto, mi corazón galopaba salvajemente mientras mi mente veía fantasías, sin expresar los signos de mis nervios que quedó atontado con intimidaciones y provocaciones.

Fue entonces, que divisé a Guillermo frente a la Unidad de Policía. En verdad no sabía si él que veía era mi amigo, el escritor, o un embuste de mi vista. Si era Guillermo, ¿quién se lo había dicho?

La verdad es que el misterio no lo reveló a Guillermo sangre ni carne, sino el Padre celestial, que lo sabe todo.

Pero ver a Guillermo Vidal apoyar a su pastor y a la obra de Dios fue para mí impresionante, porque sabía a lo que se arriesgaba. Las consecuencias podían ser desde la pérdida del brillo que gozaba por ser un escritor célebre, hasta la expulsión de su honroso puesto de trabajo.

Lo cierto es que su presencia me reconfortó y me dio fortaleza para continuar sin claudicar.

Un hecho poco conocido fue que entregó varias veces su casa para hacer las largas vigilias de toda la noche, la cual no era ni muy de él. La iglesia estaba siendo muy perseguida por el gobierno cubano y a él no le importó nada. Puso en juego otra vez su reputación porque en aquellos tiempos la Iglesia II Edén tenía conflictos irreconciliables con el régimen. Solo bastaría decir que Eugenio Ramos, quien era el líder partidista que atendía la iglesia, también dirigía la educación, y Guillermo era profesor universitario. Así que con el sólo hecho de comentarse que Guillermo era miembro de la controversial iglesia, ya era un gran problema, pero Guillermo no sólo tenía una membresía activa, sino que era un líder dentro de la institución: ni siquiera en esas horas convulsas se negó a ocupar el cargo de presidente de los hombres.

Como cristiano demostró su denuedo con mucha humildad: a pesar de su prestigio como escritor asumió las tareas más sencillas que como pastor le encomendé.

Fue predicador del evangelio. No podría decir que mejor predicador que escritor, pero si como escritor tuvo éxitos, como predicador también los alcanzó y creo que estos últimos le acompañaron toda la vida. Siempre predicó en células de hogar, además de pasearse por diferentes misiones como predicador itinerante.

Guillermo fue un hombre agradecido de Dios y que caminaba en lo sobrenatural, demostrándolo en su propia familia. Una de sus victorias en el Señor fue ver al Todopoderoso, el mismo que se le apareció a Abraham en su ancianidad, responder su oración, apenas un tiempito después de haberse convertido. Su esposa por muchos años no podía tener hijo y ambos habían perdido la ilusión, pero Dios hizo un milagro con Solangel y después de 20 años de matrimonio apareció el heredero.

La mayor valentía que un hombre puede demostrar en este mundo es creer las promesas del Dios Todopoderoso. Al madurar en el Señor, su esposa Sol se convirtió en la secretaria de la iglesia mientras Guillermo predicaba en dos pequeñas células que él mismo comenzó. Estas más tarde se convirtieron en iglesias y permanecen hasta hoy (2014).

En otro de los cultos donde predicó fue en el Puerto de Manatí. En esta célula, aunque no la comenzó él, contribuyó para que luego se independizara y se convirtiera en una nueva iglesia de la L.E.C.

Por último, no sé si fue un privilegio o una gran responsabilidad el haberle acompañado en el hospital en sus últimas horas de su vida terrenal. Guille era muy recatado. El se sentía morir aquella noche, me lo decía a cada rato, pues los dolores le carcomían el pulmón. Un hombre esforzado en la vida no le gusta depender de otros, se veía apenado cada vez que me pedía que lo moviera en su cama, estaba casi desnudo, me miraba como pidiendo disculpa. Lo estimulé porque no podía caminar y lo lleve a rastras al baño varias veces, para casi orinar con él en cada intento. Al llegar las 6 pm tuve que abandonar el hospital, pues a esa hora sacan a los acompañantes. Esta vez no hubo revelación: nadie predijo que horas después Guille dejaría de existir humanamente.

Al otro día por la mañana lo despedimos, por un tiempo, de su iglesia, de su esposa Solangel y de Guillermito, su pequeño hijo. Los hombres esforzados y valientes casi nunca mueren; menos, los que dejan una huella en su generación. Guillermo escribió libros y los escribió muy bien, dejó un heredero producto de la oración sobrenatural del justo, plantó varias iglesias que permanecen en la actualidad y dejó un testimonio irreprochable no de un hombre bueno y perfecto, sino de alguien que abrazó la fe de verdad, creyó y se dejó transformar por el poder del evangelio y, después que lo hizo, nadie pudo en sus días de cristiano levantar el dedo acusador contra él.

En el momento de la despedida de su sepelio en la funeraria de su amada tierra natal, Las Tunas, en todos los que estábamos primó un mismo sentimiento: Guillermo no necesita de un réquiem. Los réquiems se los dejamos a los que se entierran sin esperanzas. Para Guillermo hay un cielo que lo esperó con la mejor de las recompensas: La vida eterna.

Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen. (Apocalipsis 14: 13)

← Volver al índice

Notas del artículo

  1. En Cuba guayabito u guayabita es el ratoncito más pequeño que siempre anda huyendo dentro de las casas para que no lo maten.
  2. Significado de la palabra esfuerzo: (De esforzar). El vocablo tiene cuatro acepciones fundamentales. 1. Empleo enérgico de fuerza física contra algún impulso o resistencia. Un esfuerzo se realiza siempre y cuando haya un obstáculo. 2. Empleo enérgico del vigor o actividad del ánimo para conseguir algo venciendo dificultades. 3. Ánimo, vigor, brío, valor. 4. Empleo de elementos costosos en la consecución de algún fin.