«Decidimos reproducir esta entrevista, una de las últimas concedidas por Guillermo Vidal,
porque creemos que en ella se tocan aspectos interesantes de la vida y obra de este autor,
y porque, al publicarse en un periódico de provincia, no tuvo la repercusión que debió haber tenido.»
Esta entrevista me la debía a mí mismo hace mucho tiempo. Cuánto placer sentí al departir por algo más de una hora con un escritor al que algunos critican pero al que la gran mayoría admira. Conocer de cerca algo más de la vida y la obra de un hombre distinguible, hasta estilísticamente hablando, me resultó una experiencia, de esas de las que no se viven todos los días.
Ser el “Amo de las tumbas”, el renombrado “Matarile”, o simplemente el “perseguido” tunero más codiciado, en estos momentos, por periodistas y críticos, convierten a mi entrevistado en hombre luz, al extremo de que hoy llega a acusarse a ciertos jóvenes creadores de escribir “a lo Guillermo Vidal”.
Es este destacado exponente de la narrativa cubana contemporánea el protagonista de esta charla, que tiene a su favor la luminosidad de El quinto sol y los exquisitos encantos de Las manzanas del paraíso.
Comencemos por el pasado. ¿Cuándo nació tu vocación por las letras?
Parece que fue un año muy lejano, porque cuando niño era un lector voraz, devoraba todo lo que aparecía ante mis ojos y un buen día dos buenos amigos me dijeron: “Mira, eso es una biblioteca, puedes sentarte y leer u obtener libros en préstamo”, y yo me sentí deslumbrado. Nací, al parecer, con una extraña vocación por las letras. Después en el preuniversitario me comía la guásima1 para leer. Es imposible que yo comprendiera entonces cómo me suspendieron en Matemática, Física, Química, Geografía… por yo estar leyendo a clásicos de la literatura universal, sin saber que mucho tiempo después yo escribir novelas, por supuesto muy lejos de la calidad literaria de estos autores.
En los años 70, yo le pedí a Dios que quería hacer una obra y ya llevo una docena, es decir, me dio una respuesta. Ahora a veces me miro extrañado y digo, no puede ser, no es posible.
Los eneros te sonríen en los premios. ¿Hay algo en ello de magia, hechizo o fortuita coincidencia?
Lo descubrí contigo, cuando lo dijiste, porque yo no había pensado en eso, pero evidentemente he tenido meses muy malos; agosto por ejemplo, es pésimo para mí, se me acaba el dinero, se me muere la gente, me ocurren las cosas más duras, familiarmente hablando, y yo casi que me preparo para la llegada de ese octavo mes, pero estoy por creer que los fines y comienzos de años son muy buenos, incluso con la llegada de enero y febrero me siento feliz, y esto puede ser visto de muchos modos. Y si hay algo de magia o algo desconocido aún, yo lo admito, como acepto que las personas tengan esa fe en algo que aún no es, pero que podría ser.
Merecedor de varios premios importantes, algunos diríamos de lujo; ¿Cuál crees que le falta a tu colección?
No, yo jamás he concursado por hacer una colección y mucho menos de premios. Lo he hecho por otras razones; una, por publicar; otra, aunque pueda resultar un poco feo, por necesidades económicas; y una más, por aliviarme también y alegrarme si gano. Yo soy un tipo que ha perdido muchos concursos, pero todos ellos me han estimulado. Pero te digo algo,a estas alturas no me muero por un premio, sino por escribir una gran novela. La necesito.
Siempre has admirado la obra de Carpentier. ¿Qué significa para ti ser el ganador del premio de novela que lleva el nombre del escritor más universal de la literatura cubana?
Lo he leído, copiado, y me ha impresionado la prosa, el ritmo, y en particular su técnica en los relatos más que en las novelas. Aunque no escribo como él, y podría ni siquiera ser digno de amarrar los cordones de sus zapatos, admiro ese lenguaje muy fuerte, con una cultura enciclopédica, y por lo tanto un premio con ese nombre es algo que honra, alegra y hace feliz a uno.
La saga del perseguido, obra ganadora, te lanzó una vez más al estrellato. ¿Qué hay de nuevo en ella?
He ido cambiando paulatinamente de registros, de tonos, ahora soy más reflexivo, cuidadoso, incluso hasta desde el punto de vista de la lengua. Si creo que hay algo que pueda impresionar al lector, es precisamente la saga del miedo que uno puede llevar dentro, porque es la historia de alguien que ha matado a un niño y se da a la fuga y cuida su vida miserable, que vale para él más que cualquier cosa. Esta novela, que se publicará en septiembre, puede ser considerada también como una metáfora del medio.
¿Consideras que estás en la mejor etapa de tu vida profesional?
Sí, vivo en una época de lucidez total, me siento una persona madura que sabe qué quiere hacer, pensar y escribir. Estoy en plena capacidad literaria, en un momento creativo realmente impresionante; y un ejemplo de ello son Los cuervos, que la redacté en un tiempo récord y fue Premio Dulce María Loynaz. Esta novela, además de El amo de las tumbas, La saga del perseguido, más una que entregué a la editorial Oriente, titulada El mendigo bajo el ciprés, están marcando, a mi modo de ver, un momento distinto en mi manera de narrar.
¿Alguna de ellas es tu preferida?
No me atrevo a darte un nombre. Es como pedirle a uno el hijo favorito; sin embargo, le tengo especial cariño a Matarile y a Las manzanas del paraíso, por lo que me dieron de bueno y de malo, a Los cuervos, porque la hice en un momento que debía probarme a mí mismo; y una especial curiosidad a La saga del perseguido.
¿Crees que no has escrito tu mejor novela. ¿Cuál, cómo y cuándo sería?
Uno nunca escribe su mejor novela. Quizá ya lo hice y no lo sé, pero yo tengo esa esperanza; ahora mismo estoy reescribiendo una que espero sea excelente, pero… no se sabe lo que va a salir.
Desgraciadamente tus últimos textos no están al alcance de los tuneros. ¿Cómo se siente un escritor que se sabe más leído y reconocido fuera de sus propios predios?
Como un fantasma, muy incómodo. Me da muchísima pena. Ahora por ejemplo de Los cuervos, se van a vender en la Feria 30 ejemplares, que no alcanzan, y mis mayores lectores están aquí. No disfruto ver mis libros en ninguna parte. Me da mucho gusto que mis obras abandonen muy rápido las librerías, que se las roben hasta de las bibliotecas, pero saber que no llegan a mi tierra, me da tristeza.
Lo que dices también es señal de fama. ¿Te gusta o la disfrutas?
No, la fama la tienen mis libros. Si yo tuviera mucha fama los carros me pararían, nadie me diría “descarado”…
Escribir en provincias ¿qué tema? Para otros escritores, ese es un problema, no para ti, pues como bien comentaste una vez, ya no te lamentas de ser del interior, porque a ti, como lo fue para el santiaguero José Soler Puig, le roncan los cojones.
Pues sí, me roncan los cojones. Yo soy Guillermo Vidal, y ahí está mi obra…
¿Pero si residieras en La Habana, la suerte sería mayor?
Excelente pregunta. Quizás me hubiera abierto más puertas, pero mi profesión es muy digna dondequiera que me encuentre. No importa donde vivas, sino que lo que escribas lo hagas con la vida y creyendo que es importante.
Algunos críticos te consideran el novelista por excelencia de las letras cubanas. ¿Te crees merecer ese título?
Respeto el criterio de esas personas, pero no creo que tengan la razón. Yo soy un tipo que simplemente escribe y que quiere hacer buenas novelas, pero no hay que exagerar.
¿Consideras que tu literatura presenta rasgos distintivos dentro de todo el concierto de voces de la actual narrativa cubana?
Sería demasiado pedante decir algo así. Yo no soy crítico, pero si algunos lo dicen, me gusta que lo digan, porque a fin de cuentas uno no quiere parecerse a los demás.
¿Por qué para muchos eres un animal raro, distinto a los demás?
Algunos lo dicen para molestar, otros con muy buena intención. Respeto criterios, pero sigo haciendo lo que he creído conveniente. Nunca te puedes llevar por eso. Te llenarías de molestias y entonces no vas a ser un escritor, sino alguien que necesita buscar espacio.
Entonces, ¿quién es en sí Guillermo Vidal?
Un hombre que escribe, que ama profundamente a su esposa, hijos y amigos, y que trata de mantener una vida pulcra si es posible siendo él mismo muy sucio y turbio. Soy alguien que quiere escribir libros y que sabe hace muchos años quién es; pero, me considero alguien común y trabajador como los demás.
¿Por qué gustas de usar barba y pelo largo siempre recogido?
Te juro que por nada particular, ni mítico, ni simbólico, sino por un simple gusto.
¿Cuál consideras que sería la pregunta que debería haberte hecho y no lo hice?
Me estás diciendo que exprese lo que quiera.
[Medita varios minutos… y:]
No hay nada más importante para mí que Jesucristo, porque con él hablo. No soy un fanático, sino una persona que ha tenido experiencias vitales, y esto quizás lo publiques o no, pero en mi vida esa marca es importante, me permite lucidez, ánimo y fuerzas para seguir, y porque no me considero otra cosa que un hombre muy pecador, muy sucio, que ama profundamente a Dios.
Entrevista publicada en el periódico provincial de Las Tunas, Cuba.