Piensen lo que quieran de este inquisidor… pero cuando le conocí un año atrás y le escuchaba hablar durante aquel encuentro de escritores en Bayamo, en un tono desenfadado, sin poses de intelectual, con una franqueza que muchas veces echaba mano a la ironía y hasta a la procacidad, sentí deseos de someterlo al rigor formal de una entrevista.
Me preguntaba si esa manera tan natural de proyectarse, que contrastaba incluso con su edad, su estampa de profeta barbado y de cabellos largos, y su mirada azul de iluminado, era consustancial a la personalidad de Guillermo Vidal. Pensé que quizás él no estaba consciente de estarse convirtiendo en una de las figuras narrativas más importantes de las letras cubanas en la actualidad: ganador de varios premios, admirado por su persistencia en el oficio de escritor y su tenacidad para querer hacer carrera desde su natal Las Tunas, esa Cenicienta del oriente de la Isla, tan distante de la megalómana Habana donde se reparten las glorias.
¿Sería capaz “el Guille” de mantener su espontaneidad bajo encuesta o se sentiría empujado a almidonar el verbo, como quien teme la visión escrutadora del crítico o sabe que sus palabras serán sopesadas por los lectores tanto o más que sus propios libros? La ocasión para responder a mis interrogantes “se escribió sola” -pues aquí no vale decir “se pintó”-, cuando a mediados de este año salió a las librerías, publicada por la Editorial Oriente, una novela suya de título y temáticas “escandalosas”.
La lectura de Ella es tan sucia como sus ojos terminó siendo algo más que un buen pretexto… Así que espero el escritor me disculpe por “la trampa” que le tendí… y dejo a los lectores que juzguen por sí solos a la hora de decir la última palabra sobre Guillermo Vidal.(1)
Ella es tan sucia como la vida
“Pueblo chiquito, infierno grande”, reza un conocido refrán. Y en el escenario provinciano donde transcurre la historia se cometen varios de los siete pecados capitales y se violan no pocos mandamientos. Se describen incestos, adulterios, crímenes… como si quisiera hacerse un catálogo de atentados a la moralidad aceptada. Además, casi todo el tiempo el peso de un entorno saturado de mezquindades parece aplastar a los personajes y empujarlos a la nostalgia o la evasión. ¿Cuáles fueron sus intenciones al escribir Ella es tan sucia…? ¿entregar una fábula moral? ¿tal vez hacer el retrato sociológico de un ambiente humano?
Soy demasiado inmoral para haber concebido deliberadamente algo de tales dimensiones, pero no descarto la posibilidad de que se hagan ese tipo de lecturas. Como suelo pasar una buena parte de mi vida entre bibliotecarias, un día descubrí que podía hacer de aquello una novela. Hace poco Francisco López Sacha me hablaba de la sutileza de haber dejado un crimen suelto en mi cuento “Confabulación de la aña”. Eso me llamó profundamente la atención y me dije que podría relacionarlo con un incesto, algo que la mayoría ve con asco. Ya lo demás fue conseguir el tono de los dialoguitos de mis amigas que son tan interesantes. Cuando comencé a unir, me pareció que no debía extenderme en el tema del incesto, porque me interesaba más seguir con el lenguaje kitsch de los personajes.
A pesar de su brevedad, la novela no solo es pródiga en el registro de disímiles comportamientos humanos, sino también en la multiplicidad de recursos expresivos utilizados: cambios en las voces narrativas y perspectivas temporales, manejo del suspense al dosificar la información que se brinda al lector… ¿Por qué escogió esa manera de desplegar el argumento y no otra más convencional?
Ya antes he escrito novelas más convencionales. Ahora solo intentaba no aburrir. O, al menos, no aburrir a tipos como yo. Me la quise jugar con un discurso como el de esta novela. Estoy muy consciente del andamiaje técnico que empleé, pero quería que se leyera como si tal cosa, sin que hubiera tropiezos por la cantidad de recursos. Claro que contaba conque mis colegas se darían cuenta de ello, pues mis colegas suelen ser lectores muy pervertidos.
Entre todos los artilugios narrativos, hay uno que predomina: el diálogo entre las dos protagonistas es conducido al estilo cinematográfico, obviando las acciones, enmarcando los silencios… Esos pasajes, en que las bibliotecarias comentan trivialidades y hacen repaso de la telenovela, evocan a El beso de la mujer araña, de Manuel Puig, en la que un homosexual le contaba películas melodramáticas a su compañero de celda guerrillero. Como “buen posmoderno” que se le ha tildado de ser, proclive a admitir sus influencias, ¿reconoce haber seguido tras la impronta del escritor argentino?
Reconozco que le debo esta novela a Manuel Puig, y me alegro porque leí con voracidad todos sus libros. El beso… me ha gustado muchísimo, y él es toda una escuela y uno se siente compulsado a interactuar con su estilo. Pero el mundo narrado sí es mío, y la atmósfera… Es que hay algo en mi pueblo que lo asemeja a cualquier otro lugar del continente. No lo copié, creo yo, pero si hubiera llegado a copiarlo, la novela me habría salido mejor.
Ella es tan sucia como sus ojos fue vendida en La Habana durante la Feria Internacional del Libro. Entonces fue casi imposible adquirirla por la voracidad de los lectores. ¿A qué atribuye ese éxito inmediato? ¿Será que Guillermo Vidal goza ya del fervor del “escritor de culto”?
No tengo la menor idea, pero me dio mucha alegría ver que se vendían todos los ejemplares, y que algunos me agitan el libro en plena calle y pelean, y dicen horrores de las pocas tiradas y la distribución, y se roban mis libros de la biblioteca. Eso me da mucha curiosidad. En mi pueblo, en la biblioteca, mis libros no paran y están viejitos de tanto manoseo. Debe ser porque me ven a diario y dirán: ¿Y este tipo qué? Algunos saben que yo no ando de un lugar para otro ni arrastrado detrás de nadie por lograr una publicación; a fin de cuentas mi trabajo es escribir y en eso soy muy serio.
¿Hay quienes han señalado que la clave del éxito está en el título “de gancho”, que remueve el subconsciente libidinoso y todavía machista, atribuido al cubano común?
Lo del título salió de mis inquietudes para nombrar mis libros. Un amigo me trajo un texto de rock duro en el que hablaba de una mujer deseada y a la vez demasiado “cerda”. Me pareció que encajaba perfectamente, incluí la cita… A algunos les ha parecido un ardid. ¡¿Y qué?! Las ventas se soltaron y me alegro.
Sin embargo, aunque el libro ha tenido buena recepción por parte del público lector, la crítica ha mostrado pereza a la hora de manifestarse. Los comentarios, escasos, han apuntado debilidades dramatúrgicas y apresuramiento. ¿Cómo ha tomado esos señalamientos y la tibieza de los “doctos”?
Una periodista dijo que debí escribir más sobre el incesto y, en general, me pareció que hablaba como una lectora que se siente timada. Yo respeto mucho esa opinión y estuve a punto de ofrecerle mis disculpas, pero luego comprendí que precisamente estaba consciente de lo que dejaba, era un riesgo y pago por él. Antes había hablado maravillas de El quinto sol en la misma publicación, entonces no se lo agradecí por timidez y ahora lo hago, le agradezco sus dos notas. Ojalá siga leyendo mis libros. Otra habló maravillas desde la revista Sic; me gustó mucho lo que dijo.
“Creo que era Faulkner quien decía: Nunca te rebajes contestándole a un crítico, nunca. No soy Faulkner, ojalá hubiera escrito una décima parte de lo bueno que él escribió. Pero mis libros están ahí. Que la gente diga lo que quiera porque ya estoy trabajando en el próximo.
“Leo las críticas con cuidado, si son honestas. En mi interior intento aprender de los buenos consejos de aquellos que intentan realizar una lectura crítica sobre uno de mis libros. Los que no escribieron nada y pudieron, será que no les interesó, o no la leyeron y simplemente pasan de esta novela.”
Anteriormente, cuando salió Matarile en 1993 y fue uno de los libros más vendidos de ese año, muchos pensaron que reunía mérito suficiente para alcanzar el Premio de la Crítica. Sin embargo, no pasó de ser finalista. ¿Cree que en su relación con los críticos del patio exista algún “síndrome” que los distancie o acaso cierta subvaloración?
En ese caso sí creo que hubo una buena dosis de miedo a divulgar un libro que me trajo tantas alegrías como disgustos. La novela que ganó esa vez es de alguien que ya no está entre nosotros y al que siempre admiré. Lo que sí me alarmó fue la ausencia de críticas en las publicaciones, porque muchos de mis colegas me escribieron elogios en cartas personales, muchas decenas de cartas y llamadas y recados y comentarios. Los libros se vendieron y no hablaron de reeditar. Sé que no lo harán a sabiendas de que volverá a tener éxito de ventas. Lamento que leyeran mi libro con tanto odio y con tanto miedo. Otros, sin embargo, lo disfrutaron… Escribí el libro tanto para los que dijeron: “¡Bingo!”, como para los que hablaron de que debían encarcelarme. Lo escribí con una calma tremenda, en medio del campo, oyendo la música de los pájaros.
Desde Se permuta esta casa, aquel cuento que le dio a conocer cuando alcanzó el Premio David, en 1986, en el que el personaje está dividido entre el deseo de deshacerse de la vivienda y el ancla que le lanzan los recuerdos, hasta Ella es tan sucia…, en la que las mujeres protagonistas sustituyen las pasiones reales por ficciones de telenovela mientras permanecen aferradas a sus vidas minúsculas, al trabajo insulso, a los maridos adúlteros, a la remembranza de pasadas glorias, toda su literatura parece estar anegada por una corriente de apego desmesurado a las raíces o hasta de temor o dificultad para desprenderse de los lastres de la memoria. ¿Qué vínculos reconocería entre esas historias y su vida más allá del escritor? ¿con su decisión de seguir haciendo su carrera literaria desde Las Tunas, por ejemplo?
Algo de uno habrá en las historias, algo que incluso escapa a nuestra conciencia, pero en general he inventado una gran parte de estas historias porque son esa parte probable de la realidad, eso que se descarta, que es siempre más de lo que logramos vivir, ese “y si hubiera sucedido de este modo o de este otro”, ¿cuántas versiones de eso que pudo no ocurrirnos y nos ocurre? Dios sabrá.
La gente a veces cree que he vivido todo aquello. En ocasiones he vivido aún peor, pero la vida, que es una mierda, también es bella.
“En 1990, cuando gané el premio UNEAC, un colega me recomendó que me fuera para La Habana. No era malo el consejo porque, como todo el mundo sabe, desde acá todo es más difícil para un escritor: no es acá a donde vienen los editores, ni donde se hacen los conciliábulos para viajar ni donde se descarta, ni se dice que alguien es un grande sin serlo a derechas. Nadie me echa tierra en los ojos a estas alturas con lo que leo y es bueno, y lo que es malo a pesar de los bombos y platillos. Pero tampoco nadie en ningún sitio me daría una casa. Es que soy un outsider. Y en Las Tunas tampoco tengo casa a derechas. No hay compromiso por mi parte con ir o no a parar a cualquier sitio de este puto mundo.
Él es tan solo un tipo que escribe
Dos etiquetas persiguen a Guillermo Vidal, la de “escritor de provincia” y la de adscribirse a la “corriente posmoderna”. ¿Qué explicación le encuentra a esto que, a primera vista, podría parecer un contrasentido, o tal vez una paradoja?
Lo de “escritor de provincia” es para descartar, para la insidia, porque pueden decir que soy muy bueno acá o que qué me creo. Tan solo soy un tipo que escribe desde aquí, sabe Dios por qué. Escribo hoy desde aquí, aclaro. Toda mi vida lo más que he hecho es leer, y leo cuanto me llega; mis amigos muchas veces me auxilian, me urgen, intentan ayudarme y a veces lo consiguen. Lo de “corriente posmoderna” es algo de la crítica o de los que clasifican, pero no es algo que me disguste.
Ella es tan sucia… fue precedida por Las manzanas del paraíso, premio Casa de Teatro en República Dominicana; después llevó Los cuervos al concurso Dulce María Loynaz, de Pinar del Río, donde también alcanzó el máximo galardón; y ha revelado recientemente estar trabajando en una nueva novela. Ha llegado, a todas luces, a convertirse en un escritor prolífico y con capacidad para convencer a los jurados. ¿Cree que tiene alguna “fórmula especial” para lograr ambas cosas?
Escribo todos los días. Mucha gente se justifica diciendo que hay que pulir y revisar, pero uno puede escribir dos cuartillas al día, y revisarlas, y en seis meses tienes una novela extensa. Quizás hay mucha pereza o justificación y seguro habrá mil respuestas para seguir de vago en los cenáculos, haciendo el vivo. Yo trabajo como un animal y no puedo evitarlo; soy un escritor a tiempo completo a pesar de las dificultades. Lo que hago en un día cualquiera es muy simple. Madrugo, oro a Dios para que me permita escribir, leo casi siempre libros que me nutren, por ejemplo: la Biblia, a Proust y a Joyce, a quienes siempre creo redescubrir, y a algunos novelistas europeos y latinoamericanos de los que todo el mundo lee. Por las tardes leo lo que debe uno leer para que no le digan que no leyó.
¿Quisiera hacer alguna revelación sobre la alquimia de esas mieles que prepara en secreto? (2)
Si fuera posible dejarlo para un poquito más adelante…Ya la escribí, pero alguien la lee por estos días y preciso dejarlo en paz, adelantar hoy algo le podría parecer de muy mal gusto. Prometo hablar de ello en breve si me vuelves a preguntar.
Por último, aunque ha dicho antes no creer en la trascendencia, después de tantos libros publicados, premios alcanzados y una meritoria tropa de lectores al acecho de sus ficciones, ¿siente haberse ganado la trascendencia, aún a pesar suyo…?
Hay quien se muere creyendo que es un grande y luego se sabe que no lo es. Me gustaría que mis libros se leyeran por mucho tiempo, pero en todo caso que trasciendan ellos, a mí que me dejen la vida y la muerte en paz.
Notas:
1 – Guillermo Vidal Ortiz nació en Las Tunas en 1952. Con su primer libro de cuentos, Los iniciados, obtiene el Premio 13 de Marzo en 1985; Se permuta esta casa gana el David en 1986 y Confabulación de la araña, el premio UNEAC, 1990. Su novela Matarile (Letras Cubanas, 1993) fue finalista del Premio de la Crítica. En 1995 obtuvo el premio Hermanos Loynaz con la novela breve El quinto sol; en 1998 gana el premio internacional de novela Casa de Teatro, en República Dominicana, con Las manzanas del paraíso; y en el 2000, Los cuervos alcanza el premio de novela Dulce María Loynaz. Ha publicado además los volúmenes de cuentos Los enemigos (Unión-Letras Cubanas, 1994) y Donde nadie nos vea, (Editorial Oriente, 1999), y la novela Ella es tan sucia como sus ojos, (Editorial Oriente, 2001).
2 – Es difícil guardar un secreto entre los escritores; ni siquiera el más dulce. De todos modos, diré que “un pajarito me habló al oído” sobre la novela que Guillermo Vidal estaba escribiendo bajo el título de Las mieles secretas.
Tomado de la sección De la Cuba Literaria
