"Soy un marginal"

Dossier
Por Carlos L. Zamora

MVC-007FLa bibliotecaria no pudo evitar el sobresalto: aquel individuo de figura quijotesca buscaba información sobre el sabor de la carne humana. Él debió presentarse para sacarla de su estupor: Se llamaba Guillermo Vidal y escribía una novela…

Nada distingue mejor a este escritor tunero nacido en 1952 que su extraordinaria capacidad de trabajo. Si se le ve en alguna reunión, tertulia u homenaje es porque no siempre pudo eludir el reconocimiento público y en esos lares es casi una leyenda a pesar de su obstinada intención de desmerecerlo, para lo cual se vale de la mejor de las ironías o la más dulce de las bromas, según sea el caso.

Ha recibido casi todos los más importantes premios que se conceden en los géneros de cuento y novela en su provincia y en el país. Pero nada le gratifica más que la posibilidad de escribir.

 

¿Qué recuerdas del novel Guillermo Vidal? ¿Cuáles fueron tus motivaciones iniciales, tus lecturas, tus paradigmas?

Siempre he sido un lector voraz, de muy joven leía novelas de vaqueros (Silver Kane, A. Rolcest, Marcial de La Fuente Estefanía y también las de Corín Tellado) y seguí en las lecturas hasta que en el preuniversitario me las agenciaba para no ir a clases y leer a Tolstoi, Dostoievski, Balzac, Kafka. Leía por placer, porque sabía que era importante aunque no supiera por qué. Un día vi a unos que se reunían para leerse trabajos. Inventé una historia. No les gustó y llevaban razón. Después empecé a escribir desaforadamente. No sabía que sería escritor, me interesaban las historias. A mi hermano le había gustado un cuento. Se llamaba “La puerta del sótano”. Seguí haciéndolo en condiciones muy difíciles, en un sitio donde no había biblioteca, ni escritores, ni mucha gente interesada. Seguí. Un día le pedí a Dios que quería publicar un libro. No creo que hubiera muchos que le dijeran eso a Dios. En 1979, regresé a Las Tunas después de siete años de ausencia. Había escrito el cuento El pozo, que luego apareció en mi segundo libro: Se permuta esta casa que obtuvo el David del 86. Fue en el 79 que conocí por primera vez a un escritor de verdad: Imeldo Álvarez. Me invitó a una sesión del taller literario. Escribió unas cartas animándome. Me sentía eufórico, pero tampoco entonces creí ser escritor. A principio de los ochenta me invitaron a un encuentro en Santiago. Me hospedé en una habitación con David Lobera, escritor de Puerto Padre. Me dijo “¿No crees que nos han engañado diciéndonos que somos escritores?” Me quedé frío. Aún lo estoy. Creo que me han engañado, que la gente es demasiado buena o algo así. No me atrevo a leer mis libros publicados. Cuando lo hago, por obligación, veo enseguida las meteduras de pata. Pero cómo pude hacer eso, Dios.

 

En más de una ocasión he leído o escuchado tu agradecimiento público a un grupo de escritores que de alguna manera contribuyeron a tu formación o posterior promoción…

A José Soler Puig lo he querido como a un padre. Me ayudó con su ejemplo, pero también me dedicó horas, tantas que ya no sé si parte de mis métodos de trabajo eran, o no, los de él.

A muchos otros les debo tanto que no podría pagarles jamás. Eduardo Heras León, trabajó mucho conmigo, me indicó lecturas, me dijo cosas que debía saber. Onelio, Noel Navarro, Alberto Rocasolano; Waldo González publicó mis primeros textos en revistas. Asistí a varios entrenamientos con mi querido amigo Salvador Redonet. Nunca estuve solo.

 

Me gustaría que me comentaras sobre la suerte de tus novelas antes de llegar a la letra impresa.

Nunca sé que escribiré al día siguiente y hasta me parece que ya no sabré escribir, me aterra mucho eso, aunque hay ocasiones en que logro algún apunte, pero aún así no me confío, la novela se va haciendo sola, con toda mi incoherencia por medio, me dejo llevar, sin miedo, sin preocuparme por si a alguien no le puede gustar o me puedan censurar. Yo no me censuro. En realidad mi primera novela fue El quinto sol que fue finalista de un Premio Casa. Lo supe porque ese año el jurado de Cuba era Jesús Díaz. Lo encontré en un ómnibus y estaba muy contento con mi libro. Lo había leído muy bien. Los cubanos finalistas fuimos ese año Zoe Valdés y yo. No sabía entonces que Zoe escribiera novelas.La segunda fue Matarile y tenía tantos libros inéditos que creía volverme loco y no había manera de salir de aquello. Escribí 200 cuartillas y no sirvieron: las rompí porque mi amigo el escritor Ramiro Duarte me dijo que eran una porquería. Tenía razón. Escribí cien más. Las rompí. Después sentí que ese era el tono y escribí muy rápido en medio del monte y a mano.

Sacha me pidió la novela. No se la di. Me envió un segundo aviso y fui a la editorial y le dejé un horrible manuscrito. La novela salió y hablaron de ella. Me gusta lo que se dijo. Las cartas de mis amigos y el miedo de algunos y la indignación de otros.

Ya he dicho que no soy un escritor complaciente. No lo soy. Escribo sobre temas que no me dejan en paz. No me importa lo que otros piensen. Hago lo que se me antoja.

 

¿Tu incursión en la literatura transitó por algún otro género, ajeno a la narrativa?

Sólo algunos trabajos de crítica. Quizás algún día arme un libro sobre el trabajo de la novela, pero siempre sobre narrativa, hoy escribo novelas porque me siento mucho más cómodo.

 

¿La carnalidad de muchos de tus personajes obedecen a una intención verista de atender la realidad?

No pensé nunca en eso, hasta creí que mis personajes eran más bien nostálgicos, pero de todos modos no pienso en ello cuando escribo mis novelas, no es una intención en sí, prefiero que se vean como yo los veo mientras escribo y que parezcan de verdad.

 

Aun cuando algunos de tus asuntos o personajes pudieran tener una connotación más universal hay casi siempre una remisión a tu entorno más inmediato… ¿persistes intencionalmente en ese tratamiento de lo “local”?

Puedo citar una numerosa cantidad de autores que escribieron desde lo local: Rulfo, García Márquez, etc y no pareció demasiado inquietante, sin embargo he ido cambiando muchos registros y el lector va a encontrar esos cambios, pero de no haberlos me parece que de lo que se trata es de tratar de escribir lo mejor que uno pueda y si eso tan extraño y contradictorio como es la calidad se logra, no me preocuparía en lo más mínimo si mis historias se desarrollan en París o en una aldea o en mi propio pueblito polvoriento.

 

¿No te preocupa que pudieran marginarte de alguna manera por esa razón?

Es que soy un marginal

 

¿A cuál de las generaciones o grupos de narradores establecidos por la crítica te adscribirías voluntariamente?

No me adscribiría a ninguna. Yo respeto a quienes hacen estas evaluaciones y agradezco cuando me colocan en una de ellas. A saber me han puesto en la generación de los 80, como puente entre los 80 y los 90 y en la de los 90. Pero ya dije que no creo en las generaciones sino en las degeneraciones. Tengo valiosos amigos en todas ésas y me alegra ver mi nombre junto a ellos. Sólo eso.

 

En tu haber están varios de los más importantes premios literarios que se conceden en el país: 13 de marzo, David, UNEAC… y algunos otros de verdadero atractivo, por diversas razones, tanto en Cuba como en el extranjero.¿En qué medida ellos han influido en tu obra y en tu vida?

Los premios son la gran alegría momentánea y el dinero que se gasta uno sin que dé tiempo a pensarlo. No hay que estar como un pedante vulgar creyéndose algo por haber ganado premios cuando hay grandes que nunca los ganaron y otros los ganaron y fueron olvidados. Quizás algunos sirvieron para conocer a personas interesantes.

 

Hay un determinado tipo de lectores que creen y/o quieren encontrar en tu obra cierta intención de subvertir algunos paradigmas. ¿Qué opinión te merecen? ¿Cuán intencionado puede ser el escritor en estos aspectos?

Si uno es escritor entonces tratará de subvertir y de indignar y de molestar, así que no comprendo a los lamebotas que se pavonean por los cenáculos jactándose de sus miserias. Si se es un escritor de veras se deja uno la vida en lo que hace y no anda de payaso como un siervo de la gleba, ni haciendo declaraciones que satisfagan al poder. Yo estoy para eso, así que tiene razón, aunque nunca lo hice para crear determinado escándalo ni hacerme notar. Es parte de mi condición estar mejor en contra que a favor.

 

Vivir “en provincia” te ha granjeado entre los lectores prácticamente un mérito adicional cuando se juzga el éxito y popularidad de varios de tus libros. Pero me imagino que sea una situación bastante complicada, incluso contradictoria… (¿?)

Vivo en Las Tunas por razones sentimentales y familiares y no debía preocupar esto demasiado, pero tampoco me jacto de ello ni creo que haya un mérito especial por estar fuera de la capital. Tú sabes muy bien lo que es vivir en pequeños pueblos. Tienes la ventaja de cierto sosiego, de poder estar fuera de los cenáculos y las comidillas, y por eso mismo no existes para un poco de gente que vive en la capital y se cree dura. Aquí sigo tan indignado como siempre y tan interesado en escribir mis novelas que haría en cualquier sitio. Si un día me largo, puesto que no me comprometí a no hacerlo, es por alguna razón especial. Hasta hoy sólo quiero que me dejen en paz para hacer mi trabajo.

 

¿Cómo juzgas la difusión de tu obra en el país y fuera de él?

En ocasiones creo que no existo. Sin embargo no me perturba en absoluto. Ya se conocerán mis libros. Quienes tienen que leerlo no dejarán de hacerlo. A veces me entero de que hay lectores que me siguen en otros países. He recibido elogios por parte de desconocidos que me han llenado de rubor.

 

Tu novela Las manzanas del paraíso, que obtuvo el Premio Casa-Teatro de República Dominicana, ¿qué repercusión editorial ha tenido?¿está en los planes editoriales del país?

Me dicen que se vende muy bien en varios países. Yo traté de publicar esta novela en Cuba y no pude hacerlo, luego presenté la edición de Plaza Mayor en la última Feria del libro y se vendieron todos los ejemplares que la editorial puso a la venta en moneda nacional y se vendieron otros en dólares. Habría que contar con esta editorial para publicarla, pero no creo que haya demasiado interés en hacerlo, ni demasiadas posibilidades.

 

Mejor suerte ha tenido aquí La saga del perseguido (Letras Cubanas,2003), que ha recibido además del Premio “Alejo Carpentier” una promoción editorial.¿No resulta contradictorio?

Es una novela distinta (quizás me ha quedado mejor) y efectivamente ha recibido una excelente promoción editorial. He presentado esta novela en el Palacio del Segundo Cabo, en Villaclara, Camaguey, Las Tunas, Santiago, Feria Internacional del Libro de Guadalajara, y estoy muy complacido. Sólo que la televisión nacional se ha esforzado por no dar publicidad a mi libro como usualmente hizo con otros. De todas maneras no pueden borrar mi libro ni las molestias que a unos les cause. También escribo para indignar y pago mi precio, y no tengo el menor interés en ver mi fea cara en la tele. En todo caso lo lamento por el libro, pero se ha vendido y leído mucho.

 

Entre lectores y amigos se disfruta tu suspicacia de utilizar nombres propios reales para tus personajes, con lo cual consigues hacer sonreír a más de uno… ¿alguna pretensión de comicidad?

No, ni siquiera me imaginaba algo así, aunque sí existe, por ejemplo una excelente amiga a quien podrían atribuírsele ciertos rasgos de Sandra M., aunque lo que se cuenta no es cierto. La verdadera tenía un enamorado o amigo italiano a quien le envió la novela y el hombre se indignó muchísimo porque ha creído que esas descripciones encendidísimas fueron ciertas. No puedo evitar que eso me agrade porque lo han creído. ¡Han creído las mentiras que escribí!

 

El abordaje de aspectos polémicos y controvertidos de nuestra realidad ¿qué consecuencias ha tenido en tu producción literaria?

Las historias comienzan a interesarme y luego ya son obsesiones y debo escribirlas sin pensar en lo polémicos que sean los temas o lo controvertidos, no he buscado especialmente que ello ocurra, pero sí, me interesa que mis libros despierten verdadero interés y sean polémicos y controversiales e indignen y molesten y provoquen porque el escritor es un provocador. Es así como lo concibo y como quiero ser.

 

¿En qué medida influyeron los años de profesor universitario en tu formación como escritor?

Disfruté la docencia y padecí el burocratismo y la mala fe de algunos que me hicieron ir de las aulas. Ya pagarán por ello. Aprendí algo de literatura mientras enseñaba, conocí a buenas personas e hice amigos. También enemigos. Allá ellos.

 

Actualmente diriges un taller de jóvenes escritores que pretenden ser nuestros futuros novelistas ¿qué te reporta esta labor? ¿Cuáles son tus recomendaciones ineludibles? ¿Se puede “aprender a escribir una novela”?

Estoy trabajando con un grupo de autores que se atrevieron a escribir novelas por primera vez. Impartí un ciclo de conferencias y los mandé a trabajar. Especialmente me ocupé de que hubiera un buen comienzo y mucho cuidado con el punto de arranque. Suelen enviarme sus trabajos por e-mail todas las semanas y yo les doy mis opiniones. Evito tensionarlos y no quiero que se parezcan a lo que hago (sería un desastre, claro). Les oriento lecturas de acuerdo a cómo escriben. Es una experiencia muy gratificante porque en un año habrá unas cuantas novelas en el aire. Ya uno ha terminado y estoy complacido. Cuatro o cinco novelas habrá de buena calidad. No tengo dudas de ello. Da un trabajo tremendo. Algunos comienzan a quejarse y dicen que no era tan fácil escribir novelas. Claro que lo sé.

 

¿Cómo, cuándo, dónde, escribe Guillermo Vidal sus libros?

Hoy escribo con ordenador y muy rápidamente después de un trabajo previo que es más o menos: orar a Dios, leer algo de Biblia, leer fragmentos de novelas que me interesan y que nunca son las mismas, acariciar algunos libros que me agradan. El ordenador es muy bueno para el novelista si se tiene talento (esa palabra tan confusa). No suelo escuchar música mientras escribo, sólo cuando reviso y depende de mi estado de ánimo hago la selección.

 

¿Qué escribes hoy?

Escribo una novela, casi dos. Tengo una terminada: La mugre (Sobre un doble adulterio y un crimen). Entregué a mi editorial (Oriente) una novela El mendigo bajo el ciprés.Hay una broma entre algunos de mis amigos acerca de la cantidad de trabajo que realizo. Sin embargo reviso y doy a algunos para que lean y me descuarticen. Soy muy trabajador. Casi un esclavo de la literatura.

Publicada en: La Gaceta de Cuba, marzo-abril del 2004, pp. 37-39.