"Un profesor excepcional"

Dossier
Por Nora Amalia Vargas León

Guillermo-Vidal-2Alina de la Rosa Ochoa, Licenciada en Español y Literatura, del Instituto Superior Pedagógico Pepito Tey, de Las Tunas, fue alumna de Guillermo Vidal durante los años 1988 a 1990. Lo que leerás a continuación es parte de su relación con él como profesor y amigo.

Si algo se destacaba en su personalidad era el ser fiel, fiel en primer lugar a Dios tras haberle conocido, a sus amigos, defendía con pasión todo aquello en lo que creía, Cuando tuve problemas no pasó un día en que no supiera de mi, si no podía ir él mandaba a alguien. Me duele ese tiempo que medió sin que nos viéramos, no enterarme de su enfermedad, son cosas que aún me duelen.

Entristecida por la ausencia de quien consideró el hermano que nunca tuvo, Alina de la Rosa Ochoa, actual pastora de la iglesia evangélica en Las Tunas, antes alumna de Guillermo Vidal, comienza a hablarme de este hombre a quien define como un profesor excepcional, alguien que marcó lo que es hoy su vida, en la cual también incidió su otro maestro inolvidable, Carlos Chacón.

Conocí a Guillermo en el año 1985 cuando comenzaba a ganar sus primeros premios, yo era la especialista de literatura de una institución de cultura que tenía en ciernes un taller literario, al cual él acudía, y donde ejerció muchas veces como jurado. Llegamos a entablar una amistad muy fuerte, le gustaba fastidiar.

Recuerdo una vez que andábamos de jurado por Manatí, (poblado donde nació Alina), y estábamos en el restaurante, mi esposo a mi lado y en eso hace su aparición Guillermo, desde el umbral de la puerta comenzó a ser como un auténtico gay, a lo que se le unió mi esposo y yo en medio de aquello con todas las miradas encima me moría de vergüenza.

Era tremendo, un día tocaron a la puerta de mi casa, ya en Las Tunas, y pregonaban ajo, salí presurosa para comprar y cuando abrí la puerta, allí estaba Guillermo, poniendo la voz como de mujer vieja, pregonera de mercancías. Así era él.

También viví su cambio. Había sido una persona muy marcada por el rencor, desde los trabajos que pasó en su niñez hasta los problemas que tuvo que enfrentar ante la incomprensión de su obra. El cambio no fue de golpe, lo fue haciendo paulatinamente. Amó a Jesús poderosamente, independientemente de sus triunfos como escritor, logró alcanzar la gloria de los hombres y de Dios.

¿A qué no sabes que era epiléptico?, me increpa. Era un hombre enfermizo, se curó en nuestra iglesia. Tampoco sabes que tenía dotes para sobar (pasar la mano por las piernas para destruir el empacho, una costumbre arraigada en muchos cubanos). Él nos aplicaba ese procedimiento a nosotros.

Recuerdo que una semana antes de su conversión, se burlaba de un hombre que según él parecía un bobo, tan grande arrodillado, con las manos en alto y los ojos cerrados, orando, y después me dijo, Alina ahora el bobo soy yo.

Conocer a Dios le hizo perdonar a sus enemigos, terminar con sus rencores, él supo perdonar.

En 1988 fue mi profesor de literatura latinoamericana y caribeña, era ésta una de sus pasiones. Como profesor era único, no solo cumplía el programa establecido por el ministerio de Educación, se salía de él, se movía en el aula como si fuera el escenario de las novelas, nadie podía dormirse en sus clases, nos impulsaba a investigar a sacar nuestras propias conclusiones como lectores, nos hacía cómplices del autor. Disfruté mucho cuando leímos en el aula Pedro Páramo.

Era un hombre muy apasionado, vi el nacimiento de su amor con Solangel, no puedo olvidarlo, era un 6 de enero de 1990 y él le había autografiado el último de sus libros, recalcaba el regalo tan hermoso que le habían obsequiado en el día de reyes. La miraba tan lindo, era dulce con ella

Yo también aparezco en uno de sus libros, en Ella es tan sucia como sus ojos, mi nombre y mis características están en él. A mi esposo también le dedicó un libro, fue El quinto sol y le puso como él mismo le decía para Vero querido. Mi esposo se llama Bernardo Domínguez, y él le nombraba Vero.

Siempre gustó de retraerse, no le gustaba andar en grupo, aún cuando lo hiciera, se iba quedando atrás, y cuando se incorporaba al grupo ya venía con una idea. Son rasgos que aprecio en su hijo Guillermito, juega solo y de momento dice su misma frase. Creo que este niño será un día un gran escritor.

Ha sido la única persona que me dijera esas cosas que él decía, y yo lo dejara hacer, nunca me puse brava y te confieso que de verdad era terrible, fastidiador, fastidiador.

Doy gracias A dios por haberlo conocido y por recibir sus inolvidables clases.