Banquete de poetas

Santiago Gamboa

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Qué banquete de poetas tan suculento el que se está dando la muerte desde hace ya una temporada.

Empezó hace pocos meses con Álvaro Mutis en México, y no acababa uno de acostumbrarse a eso tan triste cuando pum, se anunció la muerte de Juan Gelman, que también vivía en México y que también era Premio Cervantes, y pocos días después otra vez, zas, ¿quién cayó ahora? Félix Grande, un poeta español poco conocido en Colombia pero entrañable, amante del flamenco, y luego, dios santo, ¡José Emilio Pacheco!, es imposible, no puede ser que José Emilio Pacheco se vaya tan joven, pues sí, Pacheco también, y entonces yo empecé a mirar alrededor y me dije, carajo, están atacando a la poesía, algo hizo la poesía, ¿qué habrá sido?, ¿será por algún poema?, y empecé a leer y leer, pero no encontraba motivos, y seguí buscando y entonces pensé, será una cuestión de generaciones, y al pensarlo caí en cuenta de que en enero también murió Josep María Castellet, el gran antologador y crítico de la generación de Jaime Gil de Biedma y José Agustín Goytisolo y Carlos Barral, y me entraron unos nervios terribles, y me dije, ¿pero qué vamos a hacer con tanto poeta muerto?, y una voz me respondió, pues lo mismo de siempre, seguirlos leyendo, piensa en Villon y en Rimbaud y en León de Greiff y en… Entiendo el concepto, dije, en San Juan de la Cruz, por ejemplo, y la voz dijo, ¡eso!, así que seguí mirando los periódicos con miedo, sobre todo El País, de Madrid, que puede ser uno de los últimos medios de prensa escrita del mundo que ponen a los poetas muertos en primera página, y me dije, bueno, ahora la muerte estará tranquila con todo lo que tiene en el buche, tendrá que hacer la siesta, como las anacondas, y me distraje y pensé en esto y aquello e hice un par de viajes y leí unos cuantos libros, y un buen día abro y otra vez, dios santo, ¡Ana María Moix! No sólo la admiraba sino que además la conocí brevemente, le pedí su autógrafo, y en esas estaba, buscando con calma el librito que me firmó para acariciar las letras con los dedos cuando pum, otra vez, ¡Leopoldo María Panero!, y ahí sí que me tapé los oídos un buen rato, asqueado, y me grité a mí mismo, ¿cuál es la lógica?, ¿por qué no logro entenderla? Pensé en Panero y me vinieron a la memoria varios versos, muchos, y esa frase suya en una entrevista que tanto me perturbó por su simpleza, “¡Es que no me respetan en los bares!”, así que no me quedó más remedio que aceptarlo: a la muerte le gusta la poesía española.

Y fue ahí cuando se me ocurrió, creo, la mejor explicación de lo que está pasando, la única que puede explicar esta absurda errancia de poetas, y me dije, ¡pero claro!, ¿cómo no lo pensé antes? Lo que pasa es que allá lejos, en las llanuras de la muerte, en la gris ciudad de la muerte, algún nuevo funcionario sensible y amante de los versos decidió organizar un congreso de poetas en lengua española. “En su calidad de poeta, está usted cordialmente invitado a nuestro I Congreso Internacional de Poesía”. Ofrecen viáticos, pensión completa. Transporte y diligencias de visado. Buen hotel con vista al mar. La lista de invitados es larga. Algunos ya han ido llegando y de otros sólo se ha recibido confirmación de asistencia.

Del Autor

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Santiago Gamboa
(Bogotá, 1965). Escritor considerado uno de los más reconocidos nombres de las actuales letras colombianas y latinoamericanas. Realizó estudios de literatura en la Universidad Javeriana de Bogotá y en la Universidad Complutense de Madrid, donde obtuvo el título de licenciado en Filología Hispánica. Entre 1990 y 1997 residió en París, donde cursó un doctorado sobre literatura cubana en la Universidad de la Sorbona. Trabajó como periodista en el Servicio América Latina de Radio Francia Internacional y como corresponsal de El Tiempo de Bogotá. Ha vivido, además, en Roma y Delhi, India. Entre sus libros destacan: Perder es cuestión de método, La vida feliz de un joven llamado Esteban, Los impostores, El síndrome de Ulises y Necrópolis. El síndrome de Ulises fue finalista del Premio Médicis en 2007. “Necrópolis” fue ganador del Premio La Otra Orilla en 2009. Sus publicaciones más recientes son Plegarias nocturnas (novela, 2012) y Océanos de arena, diario de viaje por Oriente Medio (2013). Actualmente reside en Italia.