De cómo la "Guillermomanía" invadió Oriente

Sobre su vida y su obra

Por Arnoldo Fernández Verdecia

guillermo-vidal-sobre-autor-otrolunes32-5En una de las conversaciones habituales sobre literatura, uno de los amigos que más lee por estos parajes,  consideró a Alberto Garrido paradigma de escritor en el oriente cubano. Al leer Matarile, La saga del perseguido y Las manzanas del paraíso,  del tunero Guillermo Vidal Ortiz, cambió de criterio.

A propósito de sus revelaciones le mostré mi colección de su obra1. Para mi amigo había comenzado la “Guillermomanía” que  nos había invadido en los 90  y  hoy es abrasadora. En estas páginas presentaré brevemente los elementos que dan lugar a ese fenómeno, y  algunas características de la obra de Guillermo Vidal que la hacen un referente imprescindible para los que escriben en el mapa literario cubano, sobre todo en la zona oriental.

Llamo “Guillermomanía” a la predilección por la obra y el modo de ser de Vidal Ortiz, al extremo de construirse una imagen que mitificó su manera de vestir, hablar, gesticular. Unos señalaron su melena y barba a lo Moisés de Michelangelo, con pulóver negro, jeans y sandalias, sus espejuelos a lo John Lennon, el escritor irreverente, de sabrosa picardía e inteligencia avispada. Se acudió a esta  representación, por los atributos que la hacían diferente, ante una sociedad homogénea en su escenificación pública. Se estrenó con ello, un modo de escribir y  ser  a lo Vidal Ortiz.

También su poética devino referente imprescindible,  pues desarrolló una perspectiva centrada en la vida cotidiana; la voz rural alcanzó un tono peculiar en la misma, que lo diferenció de otros escritores de su generación. “Me alegraba como carajo viajar sobre un camión mientras veía las casas  de campo y los animales por todas partes y los guajiros arando la tierra a lo lejos”2, dice el protagonista de Los cuervos. En el citado texto, narra su experiencia sexual con inocencia:

“Había mierda de animales por todas partes, pero nos acomodamos en una esquina. Yo estaba muerto  de miedo porque en realidad nunca lo había hecho con ninguna, sólo  las había visto en fotos y eso. En cuanto llegamos al rincón ella se había puesto  como loca y me la cogía por encima del pantalón y me la sacó y se la pasó por allí mientras me besaba por todas partes”.3

Las  historias narradas tienen una universalidad original:

“Ahí está el pozo y aunque tiene brocal no dejan que uno se acerque porque el diablo empuja y nosotros velamos que no haya nadie y nos asomamos y nos vemos las caras y gritamos  eh y sentimos el eco y hay un olor húmedo  y terrible allá abajo, yo no sé como Manolón se baja todos los años a limpiarlo. Tremenda fiesta se arma el día de la limpia. Nos bañamos ahí mismo quieran o no. Nos ponemos como si tuviéramos ganas de ayudar y al poco rato estamos empapados”.4

Nuestros clubes de “Guillermomaníacos”  se fundaron en 1994, fecha en que se publicó oficialmente Matarile, la novela más célebre de Vidal Ortiz. Tuve el honor de ser uno de los precursores y contaminar a muchos amigos. Éstos  fueron multiplicando su obra, al extremo de devenir  obsesión para los lectores jóvenes de la zona oriental.

A propósito de Matarile, algunas ideas al momento de su publicación  motivaron agudas reflexiones y encandilaron nuestra adhesión al autor: “Soñé que era profesor en una escuela al campo y me morí del susto”5. “Nunca te hagas profesor porque eso es peor que morirse”6. El texto tiene la “ingenuidad” de narrar el primer día de clases de un educador recién graduado con todos sus matices y la vida en el sistema de becas, algo que molestó a  muchos  de los “guardianes mediocres” de la ideología. Fue muy criticado por dos de las estaciones radiofónicas de la isla: Progreso  y  Rebelde. Su lectura deparó algunas sorpresas, no sólo ironizaba la imagen del pedagogo desde la ficción, sino también cómo se experimentaron en provincias diferentes sucesos del acontecer nacional: el servicio militar, las becas para La Habana, la zafra de los Diez Millones, la vida interna de los institutos superiores pedagógicos, la cárcel, el ejercicio de la docencia en las escuelas en el campo; temas familiares como la sexualidad, la migración y la lucha por la subsistencia. Todos condimentados con una picaresca captada en los ambientes rurales donde se desenvuelven los protagonistas, especialmente Toño. Otro de los personajes  logrados es Marcos Puñeta, encarnación de la prepotencia,  o Rincón, persona estricta en el cumplimiento de los deberes castrenses.

Al leer el conjunto de la obra de Vidal Ortiz, se comprende que Matarile es una novela de experimentación en el uso del lenguaje y la técnica narrativa. Es considerada un poema escrito como una larga novela, o viceversa, lo cierto es que los críticos no logran ponerse de acuerdo para clasificarla. Las temáticas que propone y desarrolla  son recurrentes en toda su  poética. Los cambios y rupturas estructurales se producen en la forma de ser, del habla y de la lengua del cubano rural.

En aquellos tiempos, finales de los 90 y principios del 2000, teníamos un taller literario provincial en Santiago –el Luis Díaz Oduardo-; éramos felices con la idea de creernos escritorazos como “el Guille”. La suerte  de encontrarlo personalmente llegó con la invitación a una Feria del libro. En la tarde, “nuestra deidad” presentaría una de sus últimas novelas: Ella es tan sucia como sus ojos, a cargo de Aida Bahr, directora de la Editorial Oriente  por aquellos años.  Empecé un monólogo sobre “el Guille”, una especie de delirio que rayaba en lo cursi. El escritor Eduard Encina dijo: ¿Por qué no le dices todas esas cosas? Casi me muero de espanto, por eso no me di cuenta de  su desaparición, al rato regresó. Y me dijo: Ahí lo tienes. De un tirón le conversé lo que había leído, mi predilección por Matarile. “¿En verdad lo entendiste? Es un texto difícil.”  Casi se lo conté. Su rostro estalló en una risa quijotesca. “¿Como joven, te sirve de algo?”   Atiné a responderle: Maestro, en sus páginas encontré una forma inteligente de “criticar” a la gente puñetera que lo vuelve a uno loco. Me abrazó y en forma ceremonial  exclamó: “¡Es increíble que en oriente me lea tanta gente!”.

Al escuchar sus palabras pensé en  las digresiones de uno de los personajes de Los cuervos sobre el proceso escritural: “…el oficio corrompe, vulnera, trabajar como un burro durante horas no es tan agradable como algunos fingen…”7

Para los que vivimos un insilio de soledades  y laberintos en el extremo oriental de Cuba, Guillermo Vidal es uno de los escritores que mejor refleja nuestro mundo, nuestro dolor;  sus palabras son lo único que nos queda, lo único que no emigra, lo único que permanece. El Guille no está en el Paraíso ni en el Infierno, está en cada uno de los que hicimos de su imagen una “Guillermomanía”. Siempre recuerdo los argumentos que justificaron su permanencia en las Tunas para agarrarme al terruño y poder escribir:

“Me va bien porque vivir lejos del mundanal ruido, permite que no me jodan. (…) Los viajes me deprimen un poco, pero a veces asisto a ferias en otros países, no a tantas, y me siento como un bicho raro y apenas hablo con la gente y sueño con volver a casa para no estar en salones y protocolos que me apocan, que me hacen decirme qué hago aquí, por qué no me quedé en casita, sin tanto barullo. Es que soy muy tímido. Aún así, imparto conferencias y doy entrevistas y salgo por la tele y nadie se da cuenta de que me cuesta mucho trabajo. Prefiero las conversaciones privadas, la gente sencilla, y detesto las frivolidades que llegan a asquearme”.8

 

← Volver al índice

Notas del artículo

  1. En ella sobresalen: “Se permuta”, “Los iniciados”, “Los enemigos”, “Confabulacion de la araña”, Las manzanas del paraíso”, “La saga del perseguido”, “Ella es tan sucia como sus ojos”, “El amo de las tumbas”, “Las hijas de Sade”, “El quinto sol”, “Los cuervos”, “El mendigo bajo el ciprés”, “Alcobas profundas” y “Salsa paradise”.
  2. Guillermo Vidal Ortiz: Los Cuervos, Biblioteca de Creación Literaria, España, (S.A), p.19
  3. Guillermo Vidal Ortiz: Los Cuervos, p. 24.
  4. Véase Guillermo Vidal Ortiz: Se permuta esta casa, Ediciones Unión, La Habana, 1987, p. 44.
  5. Guillermo Vidal Ortiz: Matarile, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1993, p. 124
  6. Guillermo Vidal Ortiz: Matarile, p. 116.
  7. Guillermo Vidal: Los Cuervos, p. 57.
  8. Guillermo Vidal Ortiz: Entrevista en www.literaturacubana.com, junio de 2003.