Guillermo Vidal: el paraíso perseguido, las manzanas

Palabras por su muerte

Por Eugenio Marrón

Puede considerarse la primera novela sobre la intolerancia hacia la homosexualidad en Cuba.

Guillermo Vidal Ortiz – Dossier 33

Pocas veces fueron los cinco sentidos tan pródigos entre nosotros a la hora de un hacedor de ficciones, alguien que tenía el don sin tregua de escuchar con ingenio las palabras, observarlas con detenimiento, olfatear los resquicios de grafías y sonidos, saborearlas en silencio o en corrillo, palpar la fibra íntima de sus posibilidades. Entonces, como en un rapto digno de Carlos Enríquez, el jinete se iba al galope con ellas en torbellino y era el relato que comenzaba. Era Guillermo Vidal, dueño y señor de historias y personajes que calaban los huesos, viejo chamán niño de la tribu que, cada noche alrededor de la hoguera, se sienta a escuchar el arte de su hechizo.

Los cuentos y las novelas que conforman su cuerpo escrito son un viaje a los más diversos parajes de la naturaleza humana, siempre allí ubicua en luces de agonía y en sombras de resurrección, no importa que una calle o un barrio puedan encontrarse en una geografía precisa, o que un nombre sea el recuerdo de un suceso, la cicatriz de un sueño. Lenguaje duro del vivir a salto de mata, criaturas desamparadas y desobedientes, paisajes de campo o de ciudad, llamas y temblores de la carne en tinieblas, soledades del alma en el abismo, pero también humor pícaro y corrosivo, gracia de fiesta en penumbra, jolgorio, lágrimas. Y ternura, una ternura infinita para contar.

La muerte de Guillermo Vidal es una putada descomunal, justo en el momento en que -Lezama dixit- había alcanzado su mejor definición, con una madurez de labor y empeño digna de los grandes -y él lo era, o mejor: lo es-, conocedor fiel del bien narrar y de las rutas más diversas que conforman tan alto linaje. Descendiente de Faulkner y Rulfo, de Lino y Montenegro, de Arreola y Guimaraes Rosa, de Onelio y Arenas. Lector voraz, conversador sabichoso, discípulo atento de Carpentier, Lezama, Soler Puig, peregrino de las escrituras hebreas bajo el sol del oriente cubano. Y amigo fiel, de lealtades chapadas a la antigua en uso de nobleza y corazón. El paraíso perseguido fue su estancia. Las manzanas el convite que nos deja: sus libros. ¿Qué importa la serpiente?.

Holguín, y mayo de 2004