Aplástame

Patricia Suárez

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Candy Crush, literalmente, “aplastar caramelos”, en eso consiste todo. Tenés que combinar tres caramelos y aplastarlos. Bajar las avellanas y las guindas. Eliminar la gelatina en 27 movimientos, en 50 movimientos, en 60 segundos. Además de gelatina puede haber hielo, crema y jaulas. Tratar de conservar las 5 vidas, y en el caso de perderlas o bien esperar unos veinte minutos para que el sistema te envíe una, o bien pedirla a los amigos de Facebook. Amigos que te envíen vidas, nunca van a faltar por poco sociable que seas: Candy Crush Saga está en primer lugar en descargas y juegos en Facebook desde que la empresa King lo lanzara en 2012. Tiene cerca de 20 millones de usuarios activos diarios en Facebook. Contando todos los smartphones y tablets, Candy Crush Saga es jugado más de 700 millones de veces por día, o sea, unas 26.000 millones de partidas mensuales en Facebook, equipos móviles y el sitio King.com. Ni el ermitaño más recalcitrante se quedaría sin vidas para seguir jugando. Y para los argentinos, es la panacea: en la Argentina, King tiene más de un millón de usuarios activos diarios tanto en móviles como en Facebook. Argentina es el mercado más importante para King en Sudamérica junto con Brasil. Los números lo dicen todo: el juego tiene en Facebook más de 60 millones de Me Gusta, cifra que equivale al total de muertos en la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo. Claro que hay una diferencia bastante importante entre una desgracia y una adicción. El perfil del jugador típico de Candy Crush son las mujeres de entre 25 y 55 años. Como el juego tiene la facilidad de que se pueden hacer unos tiritos a cualquier hora y en cualquier parte, llena momentáneamente cualquier agujero existencial y así es como te engancha. Las mujeres consultadas para Ñ, juegan en el trabajo, mientras preparan la comida, cuando se durmió el bebé o las noches solitarias en las que las plantó el novio. Uno de los mejores efectos del Candy Crush es que pone tu mente en otro lado, en las primeras partidas. Sin embargo, como exige un 100% de concentración en el tablero, luego de una hora ininterrumpida de juego te quema la cabeza tanto como podría hacerlo el paco y te deja agotado mentalmente. Efectos secundarios nocivos: dolores de espalda, oculares; de pronto el Candy Crush invade como un alien tu mente y se te aparece en sueños; las baldosas de las calles por las que caminás son caramelos que se alinean para ser aplastados. Los jugadores adictos vivencian además algo llamado EFECTO ZEIGARNIK. Este efecto curioso debe su nombre a la psicóloga rusa Bluma Zeigarnik, quien en un café de Berlín observó en los camareros la tendencia a recordar los pedidos pendientes de servir, pero se olvidaban  fácilmente de los pedidos que ya habían despachado a los clientes. Tal vez esto sea algo propio de los cafés de Berlín más que de la mente, porque no se escuchó de un solo caso de un camarero de San Telmo que no cobre lo ya servido. No obstante, el ZEIGARNIK hace que el jugador del Candy vaya siempre por más y olvide lo aprendido en niveles inferiores. Así, desperdicia un montón de tiempo en el intento de recordar cuáles eran los movimientos adecuados para salir airoso.

Durante la partida, si hay suerte, te aparecerán los boosters: la bomba de chocolate, los peces de gelatina, el martillo piruleta. Si no hay suerte y estás ansioso por terminar la partida, podés comprar movimientos extra o un booster, que te ayuda a salir del atasco. La compra se hace a través de Facebook, se paga con tarjeta de crédito. Candy Crush es un juego de los denominados freemium, que son aquellos que se juegan gratis pero permiten hacer compras dentro del juego. Estas ayuditas que podés conseguir proporciona a la empresa King 850,000 dólares en venta diarias: lo que se dice “un dinero”. Cuando se completó el nivel, la pantalla suena “Sugar Crush!”: podés pasar al siguiente nivel. La nena gordita que patrocina el juego ríe. Al parecer se llama Chuchela y tendrá serios problemas de obesidad en el futuro. No se sabe cuál es el futuro de la nena, pero sí el del jugador: hay 450 niveles en Candy Crush Saga y después del Nivel 30 las cosas se ponen difíciles. Por fortuna, la característica solidaridad del homo sapiens hace que muchos especímenes se esfuercen en encontrar trucos para pasar de nivel en el juego y publican sus trucos en innumerables páginas web. Si las leés comprenderás que el martillo piruleta es al Candy Crush lo que era el Santo Grial para los templarios. En el Candy Crush no podés ganar nunca, sólo pasar de nivel.

La empresa King, con sede en Dublín, no tiene un pelo de tonta y a fines de marzo hará una Oferta Pública Inicial en la Bolsa, de 22.2 millones de acciones a entre 21 y 24 dólares por título. Eso pondría a su capitalización de mercado inicial en torno a 6,600 millones dólares en el extremo inferior o 7,600 millones en el extremo superior, de acuerdo a un informe de CNNMoney. Los que tienen unos ahorros, ya saben en qué pueden invertir. Porque el Candy Crush Saga podrá tener mil contraindicaciones, pero el éxito está de su lado. Hoy por hoy el aburrimiento genera soluciones drásticas; la cuestión es que la solución en sí no saque a la luz nuestras miserias. Hace trescientos cincuenta años, Pascal escribió: “Toda la infelicidad de los hombres procede de una sola cosa, que consiste en que no sabemos quedarnos tranquilos en una habitación”. Candy Crush Saga reflexionó sobre la frase de Pascal y logró que te quedes tranquilo frente a la pantalla y te aburras como nunca antes, que te aburras apasionadamente.

(Parte de esta nota fue publicada en Ñ, Clarín el 25 de marzo de 2014)

Del Autor

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Patricia Suárez
(Rosario, Argentina, 1969). Narradora, poeta y dramaturga. Es una de las escritoras más prestigiosas y reconocidas del mundo editorial argentino. Ha sido merecedora de importantes premios: Revista Cosecha Ñ, 2007; Premio Mario Vargas Llosa NH de Relatos, 2005; Premio Clarín, 2003; Hucha de Oro, 2002; Premio del Fondo Nacional de las artes 2000, I Premio Casa de América de Narrativa Innovadora, 2000, Juan Rulfo, 1997. Como autora de infantil y juvenil recibió en 2005 el Premio Destacados ALIJA. Como dramaturga obtuvo el Premio Argentores 2005, Primer premio del Instituto Nacional de Teatro, 2007; y el Premio Fondo nacional de las Artes, 2001. Autora de una prolífica obra de más de treinta títulos en narrativa, literatura infantil y teatro, sus publicaciones más recientes en esos géneros son: (La cosa más amarga – Nouvelle, 2011; Lucy – Novela, 2010; Álbum de PolaroidsNovela, 2008; Delito Privado - Crónicas urbanas, 2008, en narrativa; La verdad sobe Pinocho - Novela corta, 2013; Estamos grabando - Cuento, 2012; El príncipe Melocotón - Cuento, 2011, Boris Orbis y la Vieja de la Calle 24 - Cuento, 2011; Pollito Matón - Cuento para niños, 2010 y La Bella demente - Novela infantil, 2010, en literatura infantil y juvenil; y La Germania - Piezas de teatro, 2006; Herr Klement - Obra de teatro, 2006; Leones, osos y perdices - Piezas de teatro para niños, 2005 y Trilogía Peronista - Obras de teatro, 2005, en dramaturgia.