Apenas se habla de Sadeq Hedayat. Después de la publicación de La lechuza ciega (Siruela, 1992) o El búho ciego (Hiperión 1992) no recuerdo haber visto otros títulos suyos en las librerías, ni ningún comentario o artículo sobre él en los suplementos literarios. Me prestaron un volumen con dos novelitas suyas publicadas en 1952 por el Instituto Franco-Iraní “l´Impasse” y “Demain”, una edición bilingüe persa-francés. El traductor, en una breve introducción, explica sus dificultades para trasladar al francés el persa de S. Hedayat, coloquial y lleno de giros populares, que se hablaba en las calles de Teherán. Para algunas expresiones sugiere que se publicará en breve un glosario ya que no se encuentran en los diccionarios. Otras, en notas explicativas a pie página, alude a frases “peu claires”, por ejemplo cuando el personaje describiendo la codicia de las gentes de su ciudad dice que ésta se les sube de la parte baja del cuerpo hasta las mandíbulas “ la convoitise leur était remontée, du bas du corps, dans les mâchoires”. Utiliza la palabra nécessaire refiriéndose a la caja donde el protagonista guarda todos los utensilios para fumar su opio, mientras que la traducción literal sería boîte aux mille métiers. Otra expresión curiosa y que se repite un par de veces a lo largo de la narración es la que utiliza para describir el sobresalto del personaje que luego recupera el dominio de sí mismo y que se manifiesta en el movimiento de su nuez “sa pomme d´Adam remua et revint à sa première place… En l´Impasse (callejón sin salida) reconocemos enseguida muchas cosas del mundo obsesivo e inquietante de Hedayat, el sentimiento de vacío y absurdo de la existencia, la angustia y la soledad de sus siempre torturados personajes y también la extraña belleza que reina en toda su obra, y que en esta novelita está llena de melancolía. En l´Impasse, Hedayat nos descubre la vida monótona y sin ilusiones de Sharif, un funcionario de provincias, que después de una vida errante, se instala para pasar su vejez en su ciudad natal. Nos desvela, sus manías, su desencanto, sus demonios personales, el resentimiento que siente por su carácter arisco y su fealdad cuando cada mañana se contempla en el espejo. También sus costumbres y pequeños placeres: beber arak y fumar opio para después, bajo sus efectos, contemplar extasiado su álbum de viejas fotografías, testigo del transcurrir de la vida, del paso destructor e inexorable del tiempo. Vemos su vieja mansión familiar con sus amplios salones, su jardín y un estanque enorme. Un criado fiel, una perdiz y un perro que vigila al ave, conforman su mundo y su vida apática y vencida, cercada por la fatalidad, de la cual, Sharif es consciente. Ante cualquier acontecimiento, se dice a sí mismo “tenía que pasar” (cela devait arriver…). Un día, la llegada inesperada de Majid, el hijo de un amigo, nos descubre el secreto que esconde su pasado, el acontecimiento que destruyó su vida: su amor por Mohsen, su compañero y amigo de juventud, el único que lo aceptaba tal y como era, alguien que él consideraba demasiado especial para este mundo, y que murió trágicamente ahogado en el mar ante la presencia e impotencia de Sharif. Si la llegada de Majid, viva estampa de su padre, abre de nuevo su herida, a la vez, Sharif siente recuperar al amigo y la vida que creía definitivamente perdida. Sin embargo, poco tiempo después, el drama vuelve a repetirse, y un día Majid aparece ahogado en el estanque de la casa sumiendo a Sharif en la desesperación, entregándolo a la locura, convirtiéndolo en una sombra errante entre la vida y la muerte. Muy lejana a Abâdé (la poblada), la ciudad persa, con sus ruinas de tierra roja, es la India de Rabindranath Tagore. Pueblos y aldeas de Bengala invadidos por una vegetación exuberante: selvas, bosques de bambú, fuentes y ríos, paisajes nocturnos con la luz de la luna reflejada en el Ganges… casas y palacios abandonados. Alguien del lugar cuenta la historia al viajero o al recién llegado de los que allí vivieron, de lo que ocurrió. ¿Pero ocurrió realmente? Fantasmas, muertos y aparecidos, pueblan estos cuentos de R. Tagore, otro escritor de lo extraño, traducidos del Bengali y publicados en 2008 por Arléa, Histoires de fantômes indiens. Si en S. Hedayat encontramos la idea del eterno retorno, la fatalidad que rige nuestra vida sin que podamos hacer nada, el hombre apresado en su destino que contempla impotente repetirse el mismo drama y comete los mismos fallos y equivocaciones, en R. Tagore estas historias estrafalarias (farfelues) de fantasmas, como las han calificado, y llenas de humor negro, dan un tono irreverente y disparatado a la muerte. Los muertos irrumpen en la vida de los vivos asustándolos, sobresaltándolos, cansándolos con sus peticiones y llamadas de atención, torturándolos con sus burlas. ¿Pero qué es lo que quieren? Parecen insatisfechos (en su condición de cadáveres) añorantes, vengativos por haber perdido su belleza, bienes y privilegios, por ser remplazados por otros, por no haber vivido más y más intensamente. En “Le squelette”, el espíritu de una mujer que fue bella y sensual, se presenta una noche en busca del esqueleto que utilizan unos estudiantes para aprender anatomía y recuperar aquellos huesos suyos en torno a los cuales, un día, hubo tanta belleza. En “Obssession”, el esqueleto de una mujer que murió asesinada por su avaricia reaparece, tal y como huyó la noche de su muerte, cubierto con todas sus joyas, pero, ante el terror de su marido, en su calavera brillan los mismos ojos oscuros de largas pestañas que tenía en vida. En “Au coeur de la nuit” la risa de la mujer difunta, ante las promesas de amor eterno y fidelidad que su marido confiesa a su nueva esposa, invaden la noche y le hacen enloquecer. En “Les pierres affamées”, un recaudador de impuestos que se instala en las ruinas de un viejo palacio, es embrujado por una cautiva ansiosa de amor y libertad, que vivió doscientos cincuenta años atrás. Todas estas historias van acompañadas de chasquidos de huesos, crujidos, entrechocar de tibias, andares rígidos, dedos descarnados, voces entrecortadas de ultratumba… y ellos, los vivos tiemblan de miedo y angustia, su pelo se eriza y se les pone piel de gallina, a otros se les hiela la sangre…otros no se creen sus historias y les piden educadamente que se vayan ya porque va a llegar el día… Por último el cuento de “La morte vivante”, es la historia de una mujer que se convierte en su propio fantasma y para demostrar a los demás que no está muerta, tendrá que morir. “Los vivos temen a los fantasmas y los fantasmas temen a los vivos. En las orillas opuestas del río de la muerte dos entidades existen: los vivos y los muertos”, concluye la pobre mujer. Mundos extraños.
Mundos extraños
Sonia García Soubriet
