Algo de un amigo en todo

Palabras in memoriam

Por Luis Pérez de Castro

…siempre imaginé que estabas presente,
y es que no te has ido.

guillermo-vidal-sobre-autor-otrolunes32-16Me han pedido que escriba sobre Guillermo Vidal y no me he podido negar. Pues su imagen desaliñada, rostro cubierto por una barba ribeteada de blanco, ropas como tiradas sobre el cuerpo y desenfadada manera de decir, inundaron cada vericueto de mis sentidos, removieron los cimientos de aquellos recuerdos que sedimentaron mi carrera como escritor. Y no tuve a más que preguntarme: ¿Cómo hacerlo? ¿Por dónde empezar? Entonces evoqué aquellas imágenes de Guillermo Vidal junto a Amir Valle en aquel lejano año 2002, donde, con una sonrisa más que diáfana picaresca, en la entonces casa de visita de cultura de la ciudad de Santa Clara y durante una sesión de trabajo del taller de creación literaria Carlos Loveira, me dijo: Ya estás listo para caminar por ti solo, pero si lo vas hacer tienes que hacerlo con seriedad. Evoqué al Guillermo Vidal de mis lecturas obligadas, al hombre sonrisa en ristre, sorteando obstáculos y perdido entre la maldad de Los cuervos, el que con ese mismo aspecto desaliñado se convirtió, y no por azar y para asombro de todos, en El mendigo bajo el ciprés, al hombre que para resguardar su conciencia, no perforaran su fe y solo lo reconocieran como uno más dentro de la gran multitud, se fingió dormido bajo Las alcobas profundas. Evoqué a ese hombre que permanentemente miraba hacia atrás, a su vida, la que puede ser la vida de todos, y denunciaba con profundidad y estoicismo su niñez signada por la pobreza y la familia dividida: el barrio opresivo, atrapado y sin una salida posible de la rutina cotidiana, las frustraciones por tanta inútil sobrevida, la violencia bajo una fachada indescifrable, la vejez y la muerte. Y más que evocar redescubrí al hombre/amigo, al escritor que con el presupuesto (siempre inicial) de la descomposición de una familia –presupuesto vigente en la familia cubana actual- por la vía más espeluznante, nos adentra en esa asombrosa trama donde la marginalidad y el horror, como orden del día y sin otra opción que la desesperanza sobre la mesa de cada cubano, condicionan el accionar de su personajes. Redescubrí al hombre/amigo que desentraña lo más recóndito de los seres y la sociedad, eso que está más allá de las apariencias y que, junto al amor y la amistad, también perdura la envidia, los celos, las carencias que inducen al envilecimiento y la ignominia.

Me han pedido que escriba sobre Guillermo Vidal y no me he podido negar. Y aunque lo intenté, no niego el nudo que se alojó en mi garganta, las lágrimas que nublaron mis ojos, pero no impidieron que lo trajera de regreso a estos días tan cercanos a la exasperación y sin una partícula de luz que lo diferencie de sus días vividos, de sus historias y conflictos, repletas de misticismo y cercana a lo mundano, lo que es decir, a su realidad histórica, a tanta oscuridad y desasosiego y donde, sin una justificante creíble, lo incrustaron. Nada pudo impedir –ni impedirán-, que lo siga evocando, que eternamente yo sea ese otro mendigo reflejado en su espejo, el que mira hacia atrás, y se ve a sí mismo y a todos los que lo acompañaron en este largo camino hasta el ciprés donde aun se percibe el aroma del último café, donde reinventa sus historias y, terminado de sortear los obstáculo impuestos por el ¨prójimo¨, nos tiende su mano/amiga.