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Género, erotismo, magia y estilo literario en “Dos Palabras”, cuento de Isabel Allende

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“Dos palabras”1, la historia inicial y central de los “Cuentos de Eva Luna” de Isabel Allende, es un relato que explora las relaciones amorosas y sensuales, en las que el erotismo se enriquece con ingredientes de encantamiento mágico.

El relato propone además un prototipo de mujer atípico en su entorno que convierte a los hombres en personajes secundarios seducidos por Belisa, la seducción suya es universal porque el instrumento de su hechizo es ella misma, su cuerpo y su olor, y divide esos hombres en dos especies: los aceptados, representados por el coronel, y los rechazados que encarna el mulato.

Simultáneamente la historia de Belisa es una mezcla armónica de realidad y fantasía, el mundo de Belisa está construido de manera que los hechos de su mundo, por extraordinarios o fantásticos que puedan parecernos, no entran en conflicto con las leyes naturales.  Por eso la duda no tiene espacio en ellos, ni los hechos alcanzan el estadio de lo extraño o sorprendente.  Así no es posible cuestionar la posibilidad de vender el mejoramiento de la calidad de los sueños (11), ni el aprendizaje del diccionario “desde la A hasta la Z” (13).   A esto a se le ha llamado Realismo Mágico, y los “Cuentos de Eva Luna” de los que hace parte “Dos palabras”, están inmersos en esta controvertida definición2.

 

La relación mágico erótica

En “Dos palabras”, el erotismo se manifiesta en el discurso acompañado de elementos mágicos usados para seducir o rechazar.  Aunque los recursos nigromantes aparecen desde el comienzo cuando el narrador nos cuenta de la existencia de la palabra única y “secreta” usada “para espantar la melancolía” (11-12), ellos hacen parte de una mezcla de atributos eróticos y mágicos que marcan la historia de manera especial a partir del momento del encuentro entre Belisa y el coronel forajido, y ella logra percibir que se trata del “hombre más solo de este mundo” sorprendiéndose “por su voz suave y bien modulada” (15).  La atracción sensual que de inmediato despierta en ella ese “hombre más temido del país” y el miedo a la muerte a manos del mulato, se unen para decidirle a aceptar el encargo del discurso del coronel aspirante a presidente, pero lo trascendental en la decisión es el deseo erótico que le desencadena ese macho prototipo que la impulsa a desear “tocar a ese hombre” y “recorrerlo con las manos”, porque percibe “el palpitante calor” de su piel (16).   La ansiedad sentida en el primer encuentro se repite en el segundo, y es el momento esperado por Belisa para usar sus recursos de hechicera, reforzando la magia con el sortilegio de la palabra única y secreta que le permitirá atrapar para siempre al coronel no solo por el arte del embrujo, sino por la poderosa sensación erótica que le regala a él  el cuerpo de Belisa convertido en instrumento universal de arrobamiento, amarrándolo después con el filtro de amor de las palabras encantadas que ayudarán a hacer inolvidables el olor que desprendía y “el calor de incendio que irradiaban sus caderas, el roce terrible de sus cabellos, el aliento de yerbabuena susurrando en su oído las palabras secretas”, el filtro de amor brujo (17).

jorge-chavarro-otrolunes32-2Por ser universal la seducción de Belisa a partir de su cuerpo fetiche, el mulato al igual que el coronel también es conquistado, la diferencia estriba en que al coronel lo seduce por decisión propia, no son los hombres quienes deciden sino Belisa, el mulato no le interesa aunque note “sus ojos suplicantes de perro perdido” y decide expulsarlo de su entorno con la misma firmeza con que atrapa al elegido, el poder de su conjuro le permite apoderarse de quien quiera,  pero también utiliza la taumaturgia discursiva para detener al mulato cuando intenta tocarla, y él percibe el encantamiento hecho palabras que le espantan el deseo “porque creyó que se trataba de alguna maldición irrevocable” (17).

La magia subyugante se encadena al objeto erótico que es el cuerpo de Belisa, a su vez arma inicial de la conquista que le llega al coronel revestida del fetiche de su aliento y del olor de sus cabellos y su cuerpo.  Belisa no requiere bebedizos ni naipes para quitar el sueño y desatar la pasión, sus elementos mágicos intrínsecos, seducen, conquistan y retienen, formando todos juntos, palabras y fetiches, el filtro de amor que transforma al coronel en un esclavo obnubilado, un líder que pierde “los sentidos” y llega a caminar “como un sonámbulo” (19).  El conjuro de sus palabras solo puede ser curado en el ensalmo de su presencia, al entenderlo el mulato corre a buscarla nuevamente, a traer a la “bruja” que le dejo un “encantamiento susurrado al oído” (19), un embeleso que subyuga y obliga a vivir prisionero en sus confines, en el hechizo endemoniado que no puede deshacerse y hace entender a los hombres del coronel por qué se tornan mansos “los ojos carnívoros del puma”,  “cuando ella avanzó y le tomo la mano” (20)3.

 

Representación de género

La literatura latinoamericana, ha construido una serie de arquetipos femeninos paradigmáticos dentro de su entorno social, dichos modelos son en general unidimensionales y abarcan un espectro que va desde la princesa bella y virgen, hasta la bruja prostituta y vampiresa (Muñoz 11).  Igual ocurre con los arquetipos masculinos construidos en el modelo patriarcal, agresivo e insensible del macho.  La identidad de género en los personajes masculinos de “Dos palabras” parte de un escenario en que el macho encuentra el medio apropiado para la expresión de su masculinidad convencional.  Sin embargo, lo varonil se transforma en el curso de la historia a partir de la forma como esos hombres se relacionan con el personaje femenino (Muñoz 7).  A su vez, el personaje femenino transgrede el universo convencional, sustentando buena parte de su poder en la  argumentación inteligente sin abandonar lo emocional que se acredita a la naturaleza femenina, ni la capacidad de seducción a partir de “recursos de mujeres”4.

Belisa Crepusculario vende palabras.  El perfil que nos dibuja el narrador no hace referencia a su belleza física, estaría de más, sin embargo mantiene en lo descrito sus “firmes piernas” y “senos virginales” de las que el mulato no “apartaba los ojos” (16), para no romper de un solo tajo con los viejos paradigmas, pero el recurso lo utiliza solo para ayudarse a resaltar los elementos eróticos del argumento con los cuales logra Belisa hacerse omnipotente al sumarlos a su otra fuente de poder derivado de su racionalidad en el dominio del discurso, el cual no juega en detrimento de su condición de mujer emocional ni con su capacidad de seducción, por eso características consideradas masculinas como son la capacidad de controlar las emociones, y las decisiones de competir y de seducir (no de  ser seducida), hacen parte de los rasgos de Belisa.

La protagonista de “Dos palabras” asume tareas y objetivos masculinos sin poner en riesgo su femineidad, y es en esa caracterización femenina en que se inscribe su oficio desde el cual coloca a las mujeres en el terreno tradicional de lo intuitivo y a los hombres en el pensamiento lógico porque sus palabras son “capaces de tocar con certeza el pensamiento de los hombres y la intuición de las mujeres” (16), y por ser Belisa quien maneja la palabra y no un hombre, subvierte el paradigma tradicional femenino y masculino y se coloca  por la fuerza de la palabra y con su poder de seducción, asumiendo el liderazgo sobre los hombres de su entorno, hombres por demás esquematizados como viriles, protectores y fuertes.   La subversión que representa Belisa de los rasgos estereotípicos femeninos que como mencionábamos antes la hacen omnipotente, es puesta en entredicho de alguna manera por el objeto erótico que elige, al tratarse de uno que aunque se doblegue ante ella, es símbolo jerárquico, interpretable como una forma de respeto a las estructuras sociales en que vive el lector (Mendíbil 14-15).

La descripción inicial del mundo masculino se enmarca en el modelo convencional que describimos antes y del que paulatinamente van alejándose los personajes.  La hombría del coronel y sus hombres se sustenta en su retrato de guerreros míticos eternamente unidos “al estropicio y la calamidad” (14), leales al jefe y dirigidos por machos singulares: el mulato gigantesco símbolo de fuerza y obediencia, y el coronel fiero y solitario revestido de autoridad indiscutible.  Aunque Belisa es el instrumento final de la transformación del coronel y de sus hombres, él mismo ya había dado un paso en esa vía sin el cual el cambio no habría sido posible: quiere ser presidente para dejar de lado el fastidio que le producía “el terror en los ojos ajenos”, el ver huir a los hombres y el saber que abortaban las mujeres con el solo anuncio de la presencia de sus huestes, quería entrar en los pueblos “bajo arcos de triunfo” y “comer pan recién horneado” para poner fin a su dieta bandolera de “higuanas y sopa de culebras” (15) (Muñoz 24).

La transformación es paulatina porque el rapto de Belisa fue un estropicio más usado como el camino para liberarse del estigma, el modelo masculino se desliza hacia una masculinidad reestructurada tanto en el coronel como en sus hombres, que mutan su imagen de guerreros a la de hombres capaces de juntarse para escuchar y seguir con emoción el discurso escrito por Belisa  para el coronel, cuyos ojos amarillos también brillaban de entusiasmo (17).

Los hombres del coronel son también transformados a causa del discurso exorcista de Belisa, su palabra encantadora y mágica transforma no solo el objeto al que propone su palabra “única y secreta”, sino que su arenga logra alterar todo el universo en que se mueve, cambiando a los hoscos guerrilleros en simples ciudadanos ejerciendo el poder y el deber civilista del ejercicio electoral, acompañando al coronel en su periplo en el que “repartían caramelos y pintaban su nombre con escarcha dorada en las paredes” (18), así logra que su imagen se transforme ante los asustados habitantes de su mundo, y entra en sus pueblos triunfal, armado de “la lucidez poética de sus argumentos” que se hacían perdurables en la esperanza creada por su nueva figura que quería “corregir los errores de la historia”.

Finalmente el coronel sucumbe, es el macho domado que no teme mostrarse sensible, que necesita de la mano de Belisa para continuar andando.

 

Magia, fantasía y realidad en “Dos palabras”

El término “Realismo Mágico (RM)”, ha sido utilizado por más de seis décadas para resaltar las especiales características observadas en la novela hispanoamericana del siglo XX, peculiaridades que según Ángel Flores se advierten a partir de 1935 cuando aparecen los cuentos de Borges “Historia universal de la infamia” y la novela de María Luisa Bombal “La última niebla”.   Flores entiende el “RM” como la literatura hispanoamericana inspirada en la europea de comienzos del siglo XX y la define como “una mezcla de realidad y fantasía” con “gran preocupación por el estilo”.  Una década más tarde aparece el artículo también clásico de Luis Leal que propone el “RM” como “una actitud ante la realidad” que permite “el descubrimiento de la misteriosa relación que existe entre el hombre y sus circunstancias” sin pretender “copiar o vulnerar la realidad circundante” diferenciándose de realistas y surrealistas a pesar de la huella de estos últimos, porque su propósito no es reproducir la realidad sino “captar el misterio que palpita en las cosas”(Abate 148) sin la necesidad de crear mundos imaginarios para escapar de la realidad cotidiana (Mena 398).

La polémica se expande por la inclusión casi inmediata del concepto de “Lo Real Maravilloso Americano (LRMA)”, y en el encasillamiento de autores en uno u otro, lo que se ve agravado por la flexibilidad en el uso de los dos términos que va de la sinonimia a la diferenciación, y agrandada luego con la llegada a la escena del debate Mágico Realista de la preocupación por lo Fantástico y lo Maravilloso,  lo que ocurre inicialmente con Leal cuando desliga el Realismo Mágico de la Literatura Fantástica, y de los movimientos Modernista, Surrealista y Vanguardista (Abate 148), y que es posteriormente revisada cuando esa misma literatura es observada bajo el prisma que aportaron Todorov y años más tarde Barrenechea, lo que se ha convertido en el más importante punto de la controversia5.   Llarena en su “balance crítico” (Llarena 107), llama la atención sobre el origen del problema que comienza cuando se insiste en calificar al RM y LRMA como una continuación o variante de la literatura fantástica, lo que se pudo justificar al comienzo del fenómeno porque era urgente “darle nombre al proceso de <desrealizacion> de la nueva literatura” y no se encontró un mejor ni más cercana expresión para bautizarlo (Llarena 108).  La confusión acerca de la utilización de ambos vocablos traslada la falta de acuerdo a los parámetros para incluir en cada rango a los autores estudiados.  La propuesta de Llarena aunque trata de ser unificadora y sintetizadora de lo que se tenía al finalizar el siglo XX, establece una diferencia entre RM y LRMA, porque aunque las dos trabajan de igual manera el material fantástico y el espacio imaginario, son diferentes en “el proceso sistemático de verosimilizacion” y “la convivencia no conflictiva entre realidad y fantasía” y se queda con la denominación de magicorrealistas para los relatos que admiten materiales míticos en los que la verdad se determina por “el punto de vista prelógico, no diferenciado”.  Ubica además a Carpentier y Asturias en LRMA (Llarena 116).   Ángel Valbuena Briones, citado por Abate (148), lo ve como “una visión de un mundo sorprendente, de una realidad en que la fantasía y el mito forman parte de ella” e incluye en la categoría a Borges y a Cortázar.

Lucia Inés Mena haciendo un esfuerzo de síntesis de lo que hasta 1975 se había dicho, propone que el “Realismo Mágico consiste en una cierta penetración de la realidad, de parte de algunos autores, que hace que su cosmovisión sea más profunda compleja y poética.”  Y que sumergirse de tal manera en la realidad “produce el desdoblamiento de ésta” pudiendo mostrarnos no solo lo “objetivo de las cosas, sino también su lado oculto, ambiguo y misterioso.”   A partir de estos planteamientos propone como Mágico Realistas a Rulfo y García Márquez, quienes “anclados en su terruño nativo”6 crean “una problemática y una mitología” hispanoamericanas que supera los límites del regionalismo logrando además hacerse universales con el auxilio de su gran refinamiento técnico.  Mena también acepta la propuesta de excluir de la categoría a Borges y Cortázar por su creación de mundos imaginarios imbuidos “de un hondo sentido filosófico” e identificados con la Literatura Fantástica, e igualmente a Asturias y Carpentier dada la influencia del Surrealismo en sus obras, a pesar de reconocerles su anclaje al terruño y la mitología americanas.  Sin embargo, es unánime la aceptación de la influencia del movimiento surrealista en el Realismo Mágico por su “rebelión contra las normas”, “la búsqueda de lo maravilloso”, “el culto de lo absurdo” y “el uso de tiempos no cronológicos” (Abate 152).

Mena, apoyándose en la definición inicial de Roh, adjudica el realismo mágico al campo de lo maravilloso, porque su objetivismo le permite penetrar la realidad en mayor medida haciendo que sus misterios hagan parte de esa realidad que se complementa con lo misterioso y lo sobrenatural aunque lo maravilloso es solo un ingrediente del realismo mágico y no es suficiente para definirlo  (Mena 399-406).

Las propuestas se hacen más analíticas y desapasionadas a partir de 1980.   Es en ese contexto que aparece el trabajo de la Brasilera Irlemar Chiampi, que es considerado otra piedra angular en el debate a partir de su estudio de las relaciones semánticas y pragmáticas de los textos magicorrealistas, que le permiten proponer una lista de cinco rasgos constitutivos del RM  los que a continuación transcribo tomándolos de Abate (150):

  1. Efecto de encantamiento del receptor;

  2. Enunciación problematizada (función metadiegética de la voz y proliferación barroca de significantes);

  3. Remisión a un referente discursivo (lo “real maravilloso”) integrado a un sistema de ideologemas de americanismo, cuyo significado básico es la no disyunción;

  4. Articulación sémica no contradictoria de las isotopías natural y sobrenatural;

  5. Combinatoria sémica de las dos modalidades: desnaturalización de lo real y naturalización de lo maravilloso.

Después de este recuento teórico es importante hacer notar que el desacuerdo existe también en el establecimiento de las fronteras generacionales, porque no es posible observar entre lo que se denomina “boom” y “post-boom” un real límite en el rango de edad de los autores (De la Fuente 240 y 264), como tampoco ese frontera existe en la temática que los mismos autores del boom desarrollaron después de los años noventa del siglo pasado en la cual concuerdan con los autores del post-boom que continuaron escribiendo (De la Fuente 255 y 264).

Allende ha sido llamada “la discípula y contraparte femenina” de García Márquez entre otras cosas por “una hermandad obvia de estilo, técnica y temática” (Mendíbil 10-15),  pero no es lo generacional ni su comparación con García Márquez lo que hace de Allende una escritora de la que algunas de sus obras como sus “Cuentos de Eva Luna” y el que nos ocupa “Dos palabras”, deban ser entendidas como parte  del Realismo Mágico, sino el haber comprobado que ellas están inmersas en lo que hemos entendido como la caracterización de la categoría, vayamos de nuevo a la historia.

En “Dos palabras”, el narrador asume la historia de Belisa mostrándola inmersa en su particular universo, con el cual mantiene una misteriosa relación simbiótica a partir de sus especiales circunstancias, las que ocurren desde su nacimiento e infancia, envueltos en la realidad de la magia y la tragedia que la amarran a su mundo haciendo innegable y cotidiana cada cosa, sin necesidad de crearle imaginarios de otros mundos ni falaces escenarios.   Sus acciones desentrañan los misterios de su vida como parte de la magia inmersa en la vida misma, de manera natural, igual que si hubieran ocurrido de otra forma más corriente.

Esa forma de penetrar la realidad del mundo de Belisa por parte de Allende “que hace que su cosmovisión sea más profunda, compleja y poética” y que logra mostrarnos “su lado oculto, ambiguo y misterioso”, es el mismo descrito para caracterizar a Rulfo y García Márquez, y que hemos aceptado con el nombre de “Realismo Mágico (RM), por eso es ella misma quien busca su nombre “hasta encontrarlo” y vestirse con el (11), porque era tan grande la miseria en su familia “que ni siquiera poseía nombres para llamar a sus hijos” (12).

Lo misterioso y ambiguo se muestran desde su anclaje en el mundo real, del que paulatinamente y sin contradicciones y usando solo el arma retórica y poética de su discurso, va alejándose para adentrarse en el mundo de lo maravilloso y extraordinario.  Belisa emprende el viaje con el que burla a la muerte “siguiendo el espejismo del agua” (12), y no solo lo consigue sino que también descubre el destino transcendental de la escritura.   Años después, cuando es raptada por el mulato, al final del camino de tortura atada de pies y manos, “un sorbo de aguardiente con pólvora” le permite volver a la vida (14).  El discurso redentor que escribe para el coronel esta “hecho de palabras refulgentes y durables” para que no se hicieran ceniza con el uso, el coronel lo aprende y lo repite en cada pueblo dejándolo descansar entre jornadas,  pero lo que no abandona son las dos palabras secretas en las que reincide “cuando lo ablandaba la nostalgia, las murmuraba dormido, las llevaba consigo sobre su caballo, las pensaba antes de pronunciar su célebre discurso y se sorprendía saboreándolas en sus descuidos” (18).

Con todo, el universo de Belisa vive lejos de lo sobrenatural y lo fantástico, las leyes  que rigen su mundo son un todo coherente que aleja del lector la duda y la sorpresa aunque parezcan extraños, porque lo maravilloso y misterioso hacen parte de él porque de ellos el realismo mágico está embebido y ligado (Mena 406), además de estar sujeto a su terruño americano, de cuyos mitos ha extraído su naturaleza y su fuerza.

Memorias de un espía

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“The reader will perceive how awkward it would appear to speak of myself in the third person, so at the risk of being deemed egotistical, I shall use the first person in the future pages of this work.”

Pat Floyd Garret.
The Authentic Life of Billy, The Kid.

 

En Mapa dibujado por un espía (Edición al cuidado de Antoni Munné. Galaxia Gutenberg, S.L., 2013), el narrador utilizado por Guillermo Cabrera Infante (CI) se vale, entre varias, de un fragmento de la cita arriba indicada para adelantar la perspectiva narrativa que empleará en el relato que cubre una breve (cuatro meses de 1965) aunque importante parte de su vida. Elimina el resto de la frase de Garrett después de aludir a la tercera persona. Parecería que no quiere arriesgarse a que lo tilden de vanidoso o, peor aún, de ególatra.

El resumen de la trama es más o menos el siguiente: se trata de las causas del que sería su último viaje a La Habana desde Bruselas donde ocupaba un cargo diplomático, al enterarse de la grave enfermedad de su mamá Zoila quien luego falleció, según el dictamen médico, por complicaciones de una infección en los oídos. Por entonces llevaba casi unos tres años radicado en Bélgica adonde lo asignaron luego del cierre de la revista Lunes de Revolución y del comienzo de la política cultural establecida por Fidel Castro en su célebre “Palabras a los intelectuales”.

Anticipa que a lo sumo pasará una semana en la ciudad y que aprovechará la ocasión para regresar con las hijas que tuvo con Marta Calvo. Pasado ese lapso y ya listo para entrar en el avión, recibe una llamada telefónica donde le comunican en perfecto idioma cubano:

rafael-saumell-1-otrolunes32“-Oye, ¡tremenda bomba! No te puedes embarcar. El doctor [Raúl] Roa quiere verte mañana en el ministerio” (104). Los cuatro meses que siguen hasta que lo autorizan a marcharse dan pie para despertar sus temores y sospechas de maquinaciones políticas tejidas en contra suya por rivales conocidos y desconocidos. Este paréntesis donde la ansiedad por irse casi lo enferma, le sirve para ponerse al día del rumbo del país, para actualizarse en profundidad de cuanto de divino y humano le refieren sus amigos en visitas al apartamento, paseos a la playa, encuentros en restaurantes y las inesperadas amantes que conquista durante repetidas aventuras extra matrimoniales.

En “Nota a esta edición”, Munné narra la pre-historia del: “De hecho Mapa dibujado por un espía podría no haber existido nunca: su autor lo escribió y lo depositó en un sobre que no se volvería a abrir hasta muchos años después de su muerte” (7).  “¿Por qué?” se pregunta uno. La primera respuesta que surge en la mente tiene que ver con las infidelidades cometidas por él contra su esposa Miriam Gómez que se había quedado sola en Bruselas.

En cuanto a la parte política del texto, no resulta probable que el narrador, por ignorancia o mala fe, tuviera la intención de perjudicar a nadie. Si como afirma Raymond Souza (Guillermo Cabrera Infante: Two Islands: Many Worlds, 1996) y acredita Munné (7-8), el texto fue escrito en 1973, para ese momento habrían ocurrido dos incidentes letales para muchas de sus amistades: el arresto y posterior “confesión” de Heberto Padilla y la celebración del I Congreso de Educación y Cultura. De los mentados como tales, probablemente Lisandro Otero fue el único que se salvó de la debacle.

Todavía más. Antes de que CI falleciera en 2005, unos cuantos de los mencionados ya andaban en período de rehabilitación. El vía crucis al cual fueron sometidos había cesado. Lamentablemente, sin embargo, otros murieron a destiempo, no tuvieron el consuelo de ser  vindicados mientras vivieron, si bien CI sí se ocupó de hacerlo desde Londres. Digamos, el suicidio de Albertico Mora. También en La Habana, lenta pero firmemente se ha desagraviado a Piñera. Ahí están los homenajes presididos por Arrufat y el riguroso además de cariñoso libro de Carlos Espinosa Domínguez (Virgilio Piñera en persona. La Habana: Ediciones Unión, 2003) por sacar a relucir un par de ejemplos.

Es probable que la enorme carga extra literaria de Mapa, aparte de la preferencia de CI por la tercera persona, expliquen la presencia de ese contrapunto entre las dos perspectivas narrativas que caracterizan este libro. Llega un instante en que el lector se pregunta, “¿pero quién narra aquí?” En su clásico Teoría de la narrativa (Madrid: Ediciones Cátedra, 1990), Mieke Bal estudia esa estrategia y arriba a la siguiente conclusión: “Cuando no se realiza diferenciación alguna entre estos dos agentes distintos [los que ven y los que hablan], es difícil sino imposible, describir adecuadamente la técnica de un texto en el que se ve algo –y en el que se narra esa visión” (108) [el énfasis en cursiva proviene del original].

Por un lado, en el “Prólogo” el narrador usa la primera persona varias veces: “Fue allí, repito”; “El día que lo conocí”; “Fue la única vez que lo vi”; “Me operé de la garganta. Recuerdo que…”; “A mi regreso”; “El día 28 me fui a Barcelona, a recibir el premio Joan Petit Biblioteca Breve, concedido…a una novela mía, la primera…Estuve dos días…” (I-XVII).

Sin embargo, cuando arranca la narración lo primero que notamos es una hilera de asteriscos seguida de la frase: “acostumbraba a sentarse, por un falso sentido democrático, al lado del chofer. Pero esa tarde de junio de 1965…él decidió sentarse detrás, junto a la secretaria. Eso le salvó la vida” (37). A partir de ahí, y al contrario de Garrett, decide escudarse en la tercera persona. El relato abandona la primera para refugiarse en la tercera.  ¿Por motivos de modestia y para crearse una distancia con lo narrado? ¿A eso se debe el cambio de focalización, el vaivén entre “yo” y “él”? El “Prólogo” introduce al “yo” autobiográfico e introspectivo; el narrador del “Mapa” es omnisciente. Tendremos que aguardar hasta el final para aprender a qué se debe esa alternancia de pronombres y cuál de los dos prefiere.

 

*****

 

Como se ha dicho antes, en La Habana recibe y se junta con una buena cantidad de amigos. El lector no familiarizado con la historicidad de ellos, es decir con los pelos y señales de esas personas reales, tiene a su disposición una “Guía de nombres” agregada al cierre del libro. Esto se debe quizás por decisión del editor o de la viuda o de los dos. En la lista hay tirios y troyanos: desde personas que nunca se distanciaron de ni demonizaron a CI y otras que sí lo hicieron con mucho gusto y abnegado fervor.

El lector no tiene más que revisar la historia reciente de la literatura cubana para enterarse de los avatares de cada individuo. Una cosa sí debe quedar muy clara. El narrador se refiere a ellos tal como los apreciaba en 1965, antes de que se produjesen los cismas apuntados arriba y la subsiguiente toma de posiciones de los involucrados. Por consiguiente, no debe sorprender que trate tal y como eran en aquellos momentos a Lisandro Otero, a Tomás Gutiérrez Alea, Titón, o a Harold Gramatges, en una esquina, o a Antón Arrufat y Virgilio Piñera en la otra. En ese año decisivo para CI, todos seguían siendo amigos y compañeros de profesión. El acto de refrescar la memoria implica, como CI escribió en otro lugar, no cambiar el pasado, solamente recordarlo.  Por eso el libro no está empañado de desavenencias ni de graves decepciones ni de reproches ya existentes y acumulados hacia 1973, esto es, desde el presente en que el narrador llevó a cabo la narración de aquellos cuatro arduos meses de 1965.

No es un ajuste de cuentas a posteriori. Más que de técnica narrativa se trata de una postura ética. Ésta les confiere a estas memorias noveladas un grado de nobleza importantísimo: de nostalgia por lo que pudo ser y no fue, de frustración ante los gobernantes de nuevo turno, de desencanto político, de amor por esas zonas del pasado reconstruidas y de aflicción por la pérdida de una ciudad, por la llegada del fin de una época, tal y como uno de los personajes resume el impacto simbólico que acarrea la muerte de Zoila Infante.  El narrador coloca los asuntos y a las personas en el sitio justo donde las dejó atrás y para siempre. Es el relato de una larga despedida. El título de una película italiana estrenada en Cuba durante los setenta del siglo anterior podría resumir esos sentimientos: Nos amábamos tanto (Ettore Scola. C’eravamo tanto amati, 1974).

Antes de que esta obra fuese rescatada del olvido por Miriam Gómez, ya se sabía cómo recordaban a CI varios testigos de su vida. Su bibliografía abunda en severos análisis sobre las obras y conductas políticas de los más fuertes denostadores que tuvo, varios de los cuales figuran entre los amigos que lo atendieron y visitaron en 1965. Por eso no debe extrañarnos la recepción entre laudatoria y polémica que ha tenido Buscando a Caín (La Habana: Ediciones ICAIC, 2012) de Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco.

En unas declaraciones reproducidas por Diario de Cuba, Mirabal dice: “Cuando nuestro libro de ensayo sobre Guillermo Cabrera Infante estaba por salir, vaticiné que su destino sería similar al del poeta Juan Clemente Zenea. El presagio se cumplió el pie de la letra, y no solo eso sino que algunos trasladaron la desconfianza y la ojeriza también hacia nosotros. Los ataques —y los llamo así porque de ningún modo puede pensarse que se trataba de ejercicios críticos—, los furibundos embates políticos que recibimos, se sucedieron tanto fuera como dentro de la Isla, aunque no con la misma importancia que el estímulo y el aliento de otro muchos situados en una y otra orilla. En medio de esas batallas inútiles, que quizás se repitan con la publicación de Buscando a Caín, decidimos pagar el costo intrínseco de escribir en Cuba sobre un autor amado con la misma firmeza que es odiado” (http://www.diariodecuba.com/cultura/1361384127_186.html).

Por supuesto llaman la atención las pasiones tan encontradas que avivan la persona y la obra de CI. El hecho de que Mirabal compare su investigación sobre CI con las calamidades de Juan Clemente Zenea, traidor para españoles y mambises por muchas décadas, es una formidable prueba al canto.

Son precisamente los amigos de 1965, los que lo siguieron siendo o lo renegaron más allá de aquel año, quienes ponen al día al narrador sobre lo acontecido en Cuba desde el momento en que se monta en el auto de Gramatges en el aeropuerto de Rancho Boyeros y en dirección a la funeraria. Carlos Franqui le pregunta por Sabá, a lo cual el narrador le responde que sigue en España. Franqui le comenta: “Mejor sería que no viniera…Bueno, aquí ha comenzado una etapa de persecución y de dogmatismo y mejor sería que se quedara en España” (45).

A través de Titón se entera de las purgas ocurridas en la Universidad de La Habana contra los estudiantes considerados “raros”. Arrufat y Piñera le cuentan las campañas homofóbicas orquestadas y desatadas por el gobierno a través del Departamento de Lacras Sociales, y el celo puesto en el ataque por Ramiro Valdés entonces Ministro del Interior. En un momento Piñera comenta: “No creo que Guillén haga algo por nadie…Ni siquiera por Bola de Nieve. Por cierto se dice que Ramiro Valdés ha jurado no descansar hasta que Bola de Nieve y Luis Carbonell se vayan de Cuba” (90).

Oscar Hurtado, además de ciencia ficción, le habla de lo sucedido en Teatro Estudio y de la caída en desgracia de Vicente Revuelta. Mientras pasea por La Habana extraña los desaparecidos anuncios lumínicos, el cierre de antiguos negocios, el avance hacia la ruina adonde es encaminada la ciudad moribunda, antes elogiada en la novela con la que ganó su primer premio. Se queja de los ruidosos actos propagandísticos que anuncian el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en Argelia.

Con sus anteojos, como el personaje Sergio Malabre de Memorias del subdesarrollo (1965) recorre la ciudad en desgracia hasta donde pueden captarla los lentes: “Observó el paso regular pero cansado, los brazos fláccidos a un lado, el aire lacio, y todos le parecieron como agobiados por un pesar profundo…Y todos caminaban igual. Ya supo qué parecían: ¡los zombies de Santa Mira en la Invasión de los muertos vivientes!” (61).

No obstante, y al revés que Sergio, al narrador de Mapa no simpatiza con la idea del empobrecimiento material como prueba del triunfo del nuevo sistema. Sergio, el aspirante a revolucionario, tiene una opinión muy distinta: “se rompen las cosas, se caen a pedazos. Las ruinas son un calmante. Yo no me preocupo” (México: Joaquín Mortiz, 1975: 36). Sergio es un joven acomplejado de su origen burgués, capaz de deshacerse de los padres y de la esposa para vivir en solitaria libertad la nueva experiencia social. Aborrece su pasado y cuanto se relacione con esa idea: “Me alegro de haberme quedado solo en el apartamento, sin familia y casi sin amigos en Cuba. Yo no me muevo, no me voy…Me alegro porque yo lo que tenía montado era un gran teatro: ni me importaba la elegancia de mi mujer, ni quiero a mis padres, ni me interesaba ser el representante de la Simmons en Cuba…ni mis amigos lograban otra cosa que aburrirme” (10).

En fuerte contraste, el hombre de Mapa no padece de ningún trastorno por haber sido burgués o no, de hecho nunca lo fue. Sus padres fueron militantes del partido comunista antes de 1959, su papá es el presidente del Comité de Defensa de la Revolución de la cuadra. Tampoco los amigos que lo frecuentan y miman cargan sentimientos de culpabilidad como no sean los vinculados con la impotencia de no poder acabar con los desaciertos del gobierno al cual Sergio, aún en medio de sus contradicciones, quiere sumarse.

Nuestro diplomático en vilo añora el paisaje urbano que comienza a erosionarse sin remedio: “Él miraba las calles familiares y a la vez ajenas, vacías de automóviles, por donde pasaban a buena velocidad…con la vía de Guanabo, tan descuidada ahora y antes, que era como un jardín junto al mar. La yerba crecía en los canteros y desbordaba hacia el camino. La decoración tan geométricamente trazada estaba destruida por la vegetación…Pensó que era una lástima. Aquel antiguo vergel no tenía la culpa de haber sido planeado por Batista” (65-66).

Sergio no se queda atrás a la hora de expresar los estragos que padece la ciudad: “La Habana parece ahora una ciudad del interior, Pinar del Río, Artemisa o Matanzas. Ya no parece el París del Caribe…Ahora parece más una capital de Centroamérica, una de esas ciudades muertas y subdesarrolladas como Tegucigalpa o San Salvador o Managua” (15).

Es el único sitio de convergencia entre Sergio y el narrador de Mapa. La depauperación de La Habana está en marcha, va perdiendo su esplendor. En Mapa leemos: “Bajaron por Obispo y se sintió bien caminando por aquella calle tan querida, ahora vacía de automóviles y peatones. Apenas se veía nadie y su alegría se disipó en cuanto empezó a ver los antiguos comercios de la calle ahora cerrados para siempre…él caminaba por la calle del recuerdo: viva, llena de gente, colmadas sus librerías de lecturas promisorias…Luego encontraron otras ruinas y su asombro momentáneo dio lugar al sentimiento de finalidad, de término, de cosa que se acaba” (94-95).

A lo antes dicho hay que agregar otras carencias. En primer lugar de sinceridad y de transparencia por parte de los funcionarios que, en el último minuto y a unos pasos del avión que lo regresará a Europa con sus hijas, lo llaman para mentirle y asustarlo. A renglón seguido se suma una etapa de cruce de laberintos burocráticos donde nadie le informa claramente en qué consiste su destino presente, que harán con él que ya no es completamente dueño de su vida. Se crea un ambiente ominoso de conversaciones donde sobreabundan las sospechas, las especulaciones, los chismes, los dimes y diretes, los gestos artificiales, con la excepción de esos buenos amigos, entre ellos Albertico Mora que a pesar de estar en desgracia aún mantiene acceso a los niveles supremos. Hasta le facilita la entrevista clave con Carlos Rafael Rodríguez. De ella sale convencido de que se le permitirá viajar.

Si algún texto cubano tiene más de una semejanza con El proceso (1925) de Franz Kafka es Mapa dibujado por un espía. Aún más, hasta las historias de estos libros muestran rasgos en común. Ambos fueron salvados y publicados póstumamente gracias a la desobediencia y a la buena fe de los testamentarios: Max Brod y Miriam Gómez, respectivamente.

Para un lector aún joven en este año de 2014, resulta conveniente que se entere y confirme de que, por lo menos desde 1965, se han acumulado hasta hoy quejas bien fundadas y de cualquier índole sobre el gobierno: por escasez de comida, de transporte, de libertades individuales, por violación de derechos sociales y económicos, las razones iniciales y únicas del empobrecimiento moral y material de cualquier nación.

A cada rato el diplomático se lamenta del menú omnipresente en la casa, arroz y papas o arroz y frijoles, de los precios de los dulces y de la comida en cualquiera de los dos restaurantes Carmelo. Tiene un momento feliz cuando su hermano Sabá lo invita a almorzar y logran comer bistec y hasta compran un buen tabaco allí. Luego deciden salir a la terraza, piden un café pero se lo niegan porque está limitado a los comensales, ¡a pesar de que ellos lo acababan de ser!

Con esas experiencias a cuesta ya se había convencido de que si conseguía tomar el vuelo, no retornaría. A pesar del empujón decisivo de Carlos Rafael Rodríguez desconfiaba aún de su estrella. Dentro del avión comenzó a contar: “Él sabía que cuatro horas de vuelo más tarde llegarían al punto sin regreso: de ahí nadie podía hacer volver el avión hacia Cuba. Lo esperó pacientemente…Cuando llegó la hora de vuelo que esperaba…buscó…unas hojas escritas, las abrió para leerlas y leyó lo que había escrito: ‘Cabrera Infante acostumbraba a sentarse, por un falso sentido democrático…” Es decir, como broma que se guarda el narrador, al final nos enteramos del significado de los asteriscos y de quién es “él” (378).

Al respecto hay una crónica de cine publicada en julio de 1960 y recogida en Un oficio del siglo veinte (La Habana: Ediciones R, 1963): “Buñuel, la Caridad y el Cristo que ríe”. Allí escribe: “…hay que creer en el final de Él, en que Arturo de Córdoba hipócritamente se refugia en un monasterio y se confiesa curado de sus celos incoercibles, pero al retirarse se marcha haciendo eses, mostrando su vieja insania todavía intacta…” (463-464). CI es él con su manía de tratarse como si fuese otro y, sin embargo, él mismo. En aquel libro inicial responde así a la pregunta “¿Caín es el tercer hombre?”: “…a Caín siempre le gustó la tercera persona” (16).

En Texas, siempre en Texas, marzo de 2014.

Venezuela y la izquierda Disney

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Aunque no acostumbramos a reproducir trabajos ya publicados, entre los numerosos acercamientos a la compleja situación que vive Venezuela en las últimas semanas, nos ha llamado mucho la atención este artículo escritor por la colega escritora Gisela Kozak. Una mirada venezolana sobre la situación venezolana y su impacto en la intelectualidad internacional.

 

Al leer los comunicados “Situación de Venezuela”, de la Red Conceptualismos Sur, y el correspondiente a la directiva del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), los cuales circulan por distintas redes sociales, no se puede sentir menos que sorpresa al ver la reedición de los maniqueísmos  de la guerra fría en círculos académicos, intelectuales y artísticos en los que suponíamos había calado la  reflexión sobre el fracaso de los socialismos reales del siglo XX. Estos círculos han tenido una indudable hegemonía dentro de las convencionalmente llamadas ciencias sociales y humanidades y, luego de dicho fracaso, se empeñaron  en renovar sus armas contra el  neoliberalismo y contra el enemigo de siempre, la hegemonía norteamericana, con un nuevo discurso. El postmarxismo ─con autores como Ernesto Laclau, Chantal Mouffe, Judith Butler, Slavoj Žižek, Michael Hardt, Toni Negri entre otros─ se propone superar esquemas como la lucha de clases en el contexto del  materialismo histórico, teoría  que suponía el socialismo como destino inevitable del capitalismo. Leer más…

María Teresa, Gran Duquesa de Luxemburgo

 El 14 de Febrero de 1981, día de los enamorados, se unían en matrimonio los hoy Grandes Duques Enrique y Mª Teresa de Luxemburgo. Se había conocido en Ginebra, cuando ambos estudiaban la carrera de Ciencia Políticas, ella hija de un banquero cubano y él hijo de los Grandes Duques Juan y Josefina Carlota de Luxemburgo.

El 14 de Febrero de 1981, día de los enamorados, se unían en matrimonio los hoy Grandes Duques Enrique y Mª Teresa de Luxemburgo. Se habían conocido en Ginebra, cuando ambos estudiaban la carrera de Ciencia Políticas: ella, hija de un banquero cubano y él, hijo de los Grandes Duques Juan y Josefina Carlota de Luxemburgo.

 

Entre los hijos de Cuba que se han incorporado por matrimonio a las casas reales europeas, la que más alto ha llegado es María Teresa (Née Mestre Batista-Falla), gran duquesa de Luxemburgo, y por ello, obviamente, consorte de un monarca constitucional.

Antes de continuar me parece conveniente aclarar el término gran ducado cuya significación es prácticamente desconocida para la mayoría de las personas, inclusive las más instruidas.

Un experto en materia de monarquías ha expresado que: “Los títulos utilizados por la realeza europea han sido, por orden descendiente: Emperador (Káiser en Alemania y Austria, Zar en Rusia), Rey, Gran Duque soberano, Duque soberano y Príncipe soberano. Los príncipes españoles y portugueses se titulan infantes; los austriacos archiduques, y los más importantes príncipes rusos grandes duques (que equivale en su lengua a grandes príncipes)1. Leer más…

Fluctuación estilística en Pablo Picasso

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La fluctuación estilística es una característica que se aprecia en toda su carrera artística. Como ya hemos señalado, en La vie [36]  se produce una acentuada discontinuidad de estilos. La individualidad del hombre que aparece retratado contrasta con la ejecución generalizada de las cabezas de las dos mujeres; el relativo naturalismo sensual de los amantes choca con el tratamiento arcaizante de la madre con el niño; de igual forma el aspecto crudo y primitivo de las obras dentro de la obra sugieren su carácter simbólico ya que implican que cada una de las tres zonas tiene una identidad y significado propios que va más allá de la aparente unidad temporal y espacial del conjunto. Esta fue seguramente la primera vez que, por razones estratégicas, Picasso superpuso una variedad de estilos arbitrarios dentro de una sola pintura.1 Leer más…

Murió Panero

Leopoldo María Panero (Madrid, 16 de junio de 1948 - Las Palmas de Gran Canaria, 5 de marzo de 2014)

Leopoldo María Panero (Madrid, 16 de junio de 1948 – Las Palmas de Gran Canaria, 5 de marzo de 2014)

Lo conocí en la Universidad Autónoma, cuando yo era un estudiante que escribía sonetos satíricos y él un poeta maldito, egregio (para los que vivíamos en la sombra), siempre vestido de negro, que había salido hacía poco en el Desencanto y en una antología de la revista Poesía, la revista más bonita jamás publicada en España.

En la revista, yo había visto su foto, vestido como un estudiante de lo sesenta, un aire vago a lo Benet del “nunca llegarás a nada”, y en una pose ligeramente desequilibrada, como alguien que está a punto de decir algo importante, o huir en retirada. En el Desencanto, lo había visto en blanco y negro, ya más escorado hacia el negro que hacia el blanco, oblicuo en sus palabras y en su mirada, y definitivamente ejemplar. Leer más…

Dos buenos cuentistas mexicanos: Samperio y Parra

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Samperio

Palabras que se me ocurren mientras estoy leyendo los cuentos de Al fondo se escucha el océano (Editorial Educación y Cultura, México, 2014), de Guillermo Samperio: raros, atractivos, extraños, diferentes, imaginativos, despiadados, surrealistas; en ocasiones Carver, a veces Rubem Fonseca o Bukowski. Los anteriores podrían ser parientes cercanos de los cuentos de Samperio, pero no precisamente serían lo que habitualmente llamamos influencias. Leer más…

Buñuel in memoriam (V): Nazarín y La vía láctea

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Uno de los temas recurrentes de la filmografía de Luis Buñuel es la religiosidad  cristiana,  y en particular su más conocida variante, la del catolicismo.

En anteriores artículos hemos señalado el empleo  del simbolismo cristiano en Viridiana y la interpretación críptica de los preceptos bíblicos  en  El ángel exterminador.

Pero ahora, en el análisis de Nazarín  (1959), filme con una duración de 94 minutos, nos abocamos a una “mise en scene” cristiana de principio a fin. Leer más…