Buscando al rey David en Santa Clara

Sobre la novela El corazón del rey, de Félix Luis Viera

Rafael E. Saumell
Sam Houston State University

El corazón del rey
Félix Luis Viera
Innovación Editorial Lagares, México, 2010

 

Felix-Luis-Viera-Librario-Narrativa-OtroLunes38En medio de una borrachera, Robertón, personaje medular en la novela de Viera, le aconseja a su joven discípulo de dieciocho años de edad y a quien llama “numantino”: “dedica tu vida a buscar el corazón del rey, búscalo siempre…que ésa sea tu divisa: buscar y hallar el corazón del rey y tomarlo para ti…Si lo hallas habrás triunfado y triunfarás toda la vida…” (411).

Suena raro escuchar un consejo de esa naturaleza salido de la garganta de Robertón. Se trata de un hombre alcohólico, violento, adúltero, sin ocupación laboral fija, promiscuo, marido, padre y amante frustrado, muy cercano a la muerte cuando pronuncia aquellas palabras. En dicha exhortación hay dos referencias culturales de notable importancia para comprender cuáles son los temas filosófico-morales subyacentes en esta novela: la primera relacionada con La Numancia de Miguel de Cervantes, la segunda con el rey David del Antiguo Testamento.

Sabemos que numantino es quien resiste hasta el sacrificio de la propia existencia los cercos de un poder y de una fuerza militar superiores que quiere apoderarse de una ciudad y sojuzgar a sus habitantes. Bariato, personaje de La Numancia, actúa en consecuencia con esos principios al lanzarse desde una torre antes que rendirse a las tropas romanas: “y si ha sido el amor perfecto y puro/ que yo tuve a mi patria tan querida, /asegúrelo luego esta caída.”

La alusión indirecta a David es también digna de notar, máxime cuando sirve para darle título a la obra. Se conoce mucho su victoria sobre el gigante Goliat contada en el libro I de Samuel (17:1-58). Al contrario de Bariato, el rey de los judíos logra vencer a su adversario. En todo momento, incluso cuando yerra y comete graves pecados, cuenta con la guía y protección de Jehová quien halló en su elegido a “un varón conforme a su corazón (I Samuel 13:14). [Mi énfasis]

Ya aclaradas esas referencias culturales, nos planteamos la siguiente pregunta: ¿qué puede hacer un muchacho de Santa Clara, Cuba, estudiante de la carrera de Administración, oveja negra de su familia, dedicado a hacer pequeños negocios clandestinos, atrapado en una sociedad gobernada por una ideología totalitaria, causante de grandes y penosos cambios históricos, para cumplir  con el consejo dado por su mentor?

Tanto Robertón como el Numantino se enfrentan a graves circunstancias. Saben que no tienen cabida en el proyecto político bajo el cual viven malamente. Tampoco disimulan sus creencias. Se atreven a no ser impostores en un referente donde la simulación y la doble moral constituyen la norma. Se han trazado la pauta de ser consecuentes con sus modos de pensar. Dos son los retos fundamentales que enfrentará el Numantino: el suicidio a lo Bariato, o echar la pelea según el ejemplo de David frente a Goliat.

Está claro que Robertón no le ha pedido que se mate. Su única alternativa radica en hallar y forjarse un corazón conforme a los dictados de su conciencia, que sea leal a los principios que el primero le enseña durante sus conversaciones o mediante esporádicas notas donde aquel le transmite sus doctrinas sobre lo humano y lo divino.

El Numantino debe saber o aprender viviendo que le esperan numerosas pruebas de las cuales saldrá o triunfador o derrotado pero siempre bajo las condiciones señaladas. Robertón no le exige que sea un modelo de virtudes. A decir verdad, el David bíblico, el fundador de Israel, no siempre lo fue. De ese modo se crea la fundamentación ética y estética del protagonista.

No es un  “héroe positivo” al estilo del realismo socialista, comprometido favorablemente con la edificación del estado marxista-leninista. En todo instante debe promover los principios de libertad que el nuevo régimen niega a sus ciudadanos, incluso entre sus antagonistas ideológicos, especialmente Benito su condiscípulo y Maritza, su novia.

¿Cuáles son los rasgos del “héroe positivo” que el Numantino no debe reunir? Leamos la definición elaborada por Marta Policinska:

El realismo socialista se basaba en una serie de clichés que movían al héroe positivo. Uno de ellos era la pertenencia a la “familia”, no en sentido natural, sino a la gran familia de luchadores por la misma causa. Otro era el martirio y el sacrificio: como mínimo el héroe positivo debía llevar un estilo de vida ascético, con una dedicación total a la construcción del comunismo. También se repetía mucho el motivo según el cual una persona relativamente asocial es guiada por un mentor que le hace ver la luz de la nueva realidad, que refleja el ritual de la iniciación…El optimismo era obligatorio – había que presentar la realidad como una especie de paraíso, un mundo idealizado, en el que era posible conseguir todo lo que se deseaba con mucha fuerza. (126)

Queda claro, pues, que las anteriores no son las cualidades que exhibe el Numantino en la novela, ni los atributos que Robertón le ha inculcado. Sus retos cotidianos son varios: tiene que resistir las presiones que provienen del medio político reinante; no ser revolucionario ni simular serlo; polemizar con su propia familia que lo critica debido a su comportamiento social; debe seguir los pasos de su mentor y no los dados por los integrados de quienes más cerca está, es decir, Benito y Maritza; no puede acatar la moral socialista ¿FALTA ALGO AQUÍ? debe hacer muy buena amistad con La Sama, homosexual, con Mercedes, antigua prostituta; no puede trabajar para una empresa socialista; no puede dejar de polemizar abierta y duramente con sus adversarios políticos.

Cuando tomamos en cuenta las premisas anteriores, se podría llegar a la conclusión de que la novela de Viera puede ser catalogada como muy densa en materia política, que sobran algunos de los comentarios del narrador, que parecen excesivos los berrinches ideológicos de Robertón, que se repiten hasta la fatiga las polémicas con Benito y Maritza; que son largos y reiterativos los episodios dedicados a las colas que hacen sobre todo el Numantino y la Samaritana. Más que narrar hechos en los cuales se involucran los personajes, estos se dedican a comentar lo que sucede en la ciudad por culpa de los gobernantes. De ahí que la mayoría de las acciones son verbales, esto es, se reducen a conversaciones y a narrar las pugnas existentes entre los personajes. Están reducidos a comentar lo que pasa afuera, no tienen ni control ni voz ni voto sobre lo que les ocurre. El gobierno lleva la voz cantante.

Por eso Robertón, el Numantino y, en ocasiones, la Samaritana se ocupan de desafiar a las autoridades allí donde éstas no pueden ejercer mucha o ninguna influencia. Por ejemplo, lucrar en el mercado negro, hacer trampas en las colas y comprar cualquier cosa que se venda, a especular con los pocos artículos que circulan en la red comercial. Entre tanto, les da por beber cantidades navegables de ron sentados en bares y cabarets de medio pelo, acompañados o no de sus amantes, a acostarse con cuanta mujer lo consienta, caminar y dar paseos a pie, en ómnibus o en taxis dentro de los límites de la ciudad, siempre denunciando lo malas que están las cosas en Santa Clara.

 

Ninguno de los personajes le da tregua al lector para que éste pueda apreciar otra cosa que no sea leer las andanadas interminables que ellos arrojan contra el régimen. Lo que se discute sin cansancio es el lado invariablemente feo del país. Con ese tipo de trama y de concepción de los personajes, cualquier obra literaria corre el alto riesgo de ser considerada una tarea narrativa de mucha habladuría y de escasas acciones dramáticas.

No obstante, a esta objeción podría responderse que la vida en Santa Clara es así de aburrida, predecible y monótona. Casi no hay nada que hacer excepto quizás aventurarse a participar en una de las tantísimas movilizaciones patrocinadas por el gobierno, digamos las tareas agrícolas. En cierto momento, el Numantino y la Samaritana se enfrascan en una competencia –llamada emulación– para cortar cañas de azúcar. Salen mal parados y solo los salvan del ridículo la solidaridad mostrada por los cortadores más diestros.

La otra tarea programada en las que se meten Robertón y el Numantino tiene que ver con los juegos de béisbol. Sin embargo, ni el uno ni el otro va al estadio para recrearse y apoyar al equipo local sino para poner en marcha un mecanismo de apuestas ilegales.

Como se ha visto, el narrador no esconde ni sus fobias ni sus rechazos. De manera descarnada y exacerbada destaca en repetidas ocasiones la escasez material, la pobreza, la represión, la discriminación, la persecución contra los homosexuales, las prostitutas y los jóvenes diferentes, la falta de alimentos, los mediocres espectáculos de cabaret, la imposición de normas arbitrarias de conducta y de consumo, la pésima calidad de las bebidas y la rampante doble moral representada por los parientes de la Magalí, primera pareja del Numantino.

 

De la ciudad de Santa Clara el Numantino habla sin cesar. Describe minuciosamente sus calles y edificios, explica las distancias que median entre un sitio y otro, de las ventajas y desventajas de moverse a pie, en taxi o en autobús. Hace el inventario de los comercios inaugurados antaño, es decir, previo a la decisiva fecha de 1959. Apunta y detalla el deterioro circundante, se queja de los trastornos que afectan el paisaje externo e interno de esta urbe que ahora le parece menos cordial, que se ha vuelto incómoda para sus habitantes, que ha sido empobrecida.

Raymond D. Souza ha escrito que Tres tristes tigres (1967) es una rapsodia nocturna sobre La Habana antes de 1959 (100). Por su parte, Viera ha compuesto un réquiem por su Santa Clara en trance de extinción. El Numantino se queja ante Magalí después de pasear por el barrio El Condado, donde el presente ha acabado con el pasado: “… ¿Y qué me hallo? ¡¿Pero qué me hallo?! Pues las mismas tiendas de víveres minúsculas, lóbregas, enrecovecadas, pero ahora con sus estantes casi vacíos y mosqueadas de personas con la Libreta de Abastecimiento en ristre en busca de la ración mensual de esto y de lo otro….Pero todo muerto. Es decir, todo desbordado de tedio. Todo repleto de letreros sobre “el futuro de la patria…” (187).

Algo semejante le pasa a Sergio, el protagonista de Memorias del subdesarrollo (1965): “Desde que se quemó El Encanto la ciudad no es lo mismo. La Habana parece ahora una ciudad del interior, Pinar del Río, Artemisa o Matanzas. Ya no parece el París del Caribe…Ahora parece más una capital de Centroamérica, una de esas ciudades muertas y subdesarrolladas, como Tegucigalpa o San Salvador o Managua…hay pocas cosas buenas en las tiendas, pocos artículos de consumo de calidad. Es la gente también…” (15). Tanto el Numantino como Sergio sudan nostalgia y agonía por el mal estado de sus respectivas ciudades. El lector no va a encontrar ninguna paz ni ningún relato paralelo que lo desvíe de la obsesión por la política que caracteriza la vida y la literatura cubana.

El Numantino es una persona solitaria a pesar de mantener buenas relaciones con Robertón, la Samaritana, y las dos mujeres más influyentes en su vida: Magalí y Maritza. Al final todos se marchan de Santa Clara menos el Numantino que no sabe qué senda escoger. Robertón y Benito mueren, cada cual según sus estilos de vida. La Samaritana se marcha clandestinamente de la isla aunque les anuncia a los vecinos que viaja a La Habana (448-449). Antes, y sin previo aviso, Magalí se ha fuga en una lancha (318-321). Maritza, la última novia del Numantino prefiere no renunciar a su vocación revolucionaria y se separa de él. Con Magalí el Numantino pudo establecer una fuerte intimidad emocional y sexual pero con Maritza no logró ni lo uno ni lo otro, si bien en la despedida ella le confiesa: “-De algo sí estoy segura: tú eres de buen corazón, te lo repito, por eso te he querido” (496).  Días antes, él le había redactado y enviado una larguísima carta (476-489) donde le expone sus objeciones contra la sociedad que ella ha decidido defender.

A Benito lo llora cuando se entera de que fue acribillado a balazos aunque en circunstancias nunca aclaradas: “Y quizá yo quería al muerto más que ellos [sus compañeros militares]; porque yo lo quería por la entraña, y ellos por la política. Benito y yo nos parecíamos mucho, aunque pensáramos exactamente distinto” (432). Robertón cae muerto mientras alcanzaba el orgasmo y en plena borrachera (459).

Una vez pasados estos acontecimientos recibe una visita en su casa de dos oficiales del DTI (Departamento Técnico de Investigaciones) que lo conminan a enderezarse, es decir, a conseguir un empleo fijo, a renunciar a sus negocios ilegales y entrar en suma por el aro. Les pide un mes de plazo para resolver asuntos pendientes antes de tomar el camino que le han marcado los policías.

 

Luego se dirige a casa de Mercedes, una antigua prostituta con la cual se ha acostado varias veces. A estas alturas del relato, ella ha decidido cambiar de destino. Va a casarse con Apolonio, un militante del Partido Comunista  a quien conoce en el Círculo Infantil donde trabaja. Esta mujer tiene un agudo concepto de la soledad que comparte con el joven: “…No creas que la soledad es estar sola…porque ahora la soledad es este Gobierno…si el Gobierno tiene todo el poder sobre los pasos de una, tiene también la fuerza para dejarte sola…” (513).

De inmediato le manifiesta que dada su situación a él le quedan tres opciones en Santa Clara y, de paso, en toda Cuba.

-Una, que se beneficie de sus antiguos contactos en el tráfico de bebidas; que se meta en el negocio de alquiler de habitaciones para parejas que necesitan privacidad para hacer el amor; que asuma la venta ilícita de anticonceptivos.

-Dos, que se meta a trabajar en una oficina.

-Tres, que coja una lancha y se vaya para los Estados Unidos (513-515).

Luego de enumerarlas ella le pregunta: “-¿No vas a responder nada?” Él se queda callado. La novela termina con un comentario de Mercedes: “-Mira, está lloviznando”.

Es en este preciso momento donde confluyen el consejo de Robertón y las proposiciones de Mercedes. Sabe que necesita comenzar a buscar el “corazón del rey”. O se suicida personal y políticamente o se enfrenta a Goliat.